13.La defensa de la vida humana
13.3. Victoria Gillick: El relato de una madre valiente
La vida de Victoria Gillick es una historia apasionada de lucha por la vida y por el derecho de los padres a educar a sus hijos sin injerencias abusivas por parte del Estado. Esta valiente madre de familia fue capaz de enfrentarse a una ley injusta decretada por el gobierno inglés que pretendía quitar la autoridad de los padres sobre sus hijos. Hacia 1978 una circular del servicio de salud pública inglés – conocido como DHSS – permitió a los médicos prescribir anticonceptivos a los menores de 16 años sin consentimiento ni conocimiento de sus padres.
Madre de cinco hijas menores de 14 años, Victoria Gillick lideró una batalla legal contra esta ley. Como madre se negaba a que sus hijas pudieran recibir anticonceptivos, que en muchos casos eran abortivos, de manos de doctores que suplantarían la autoridad paterna. La argumentación de Victoria era que la entrega de anticonceptivos a menores que no han cumplido los dieciséis años era contraria a la Sexual Offences Act de 1956 y que, además, interfería en los derechos derivados del ejercicio de la patria potestad. La causa consiguió más de medio millón de firmas y en noviembre de 1983 contaba con el respaldo de 200 parlamentarios.
Figura 19: a) Jerome Lejeune, b) Paul Marx, c) Victoria Guillick
Gillick perdió la primera batalla judicial, pero la Corte de Apelaciones le dio la razón en diciembre de 1984. De esta manera consiguió parar la práctica de la circular impugnada en todo el servicio de salud inglés. El Gobierno recurrió ante la Cámara de los Lores ganando finalmente el caso en 1985, con un fallo en contra de la petición formulada por Gillick. La sentencia estableció que, en cada caso, los médicos juzgarían la capacidad de la menor en cuestión para entender el alcance y consecuencia del “tratamiento”.
Al salir de la Cámara de los Lores, Victoria y su marido Gordon volvían amargamente decepcionados por haber perdido – tras cinco años de duro esfuerzo – el último asalto. Pero, como cuenta la propia Gillick, se encontraron con un hombre que les felicitaba efusivamente por “haber ganado”. Aquel hombre “nos hizo ver que nuestro caso había dejado huella en la opinión
pública británica y había hecho historia, aunque nosotros no lo viésemos en ese momento”.
Efectivamente, aunque Victoria Gillick perdió el pleito en la Cámara, lo ganó en el campo de los datos reales. Los agoreros habían pronosticado que si las niñas no tenían fácil acceso a los anticonceptivos, el número de embarazos entre adolescentes aumentaría. Pero esto no se cumplió. Durante los años que la ley estuvo paralizada los embarazos de menores disminuyeron. Así, por ejemplo, lo reconocía la Revista Británica de Planificación Familiar: “La disminución del
número de adolescentes que acudieron a los dispensarios y a los consultorios de los médicos generales no se ha acompañado, contrariamente a lo que se vaticinaba, de una subida general de embarazos no deseados, o bien porque las adolescentes han usado métodos de contracepción que no necesitaban receta médica, o porque se han abstenido del acto sexual” (Guillick, 1998: 268). Al haber, al menos fijado, en dieciséis años la edad para el consentimiento
válido, los Jueces del Tribunal de Apelación habían reducido en una tercera parte la tasa de promiscuidad de las menores. Así de sencillo eran las cosas. Años más tarde Victoria Gillick escribió este fragmento de su vida de lucha contra el Gobierno Británico (Relato de una madre). Allí explica como la Encíclica Humanae vitae resultó profética al advertir que el control artificial de los nacimientos conduciría a la “infidelidad matrimonial, a un rebajamiento del
nivel moral, al desprecio del hombre por la mujer y a la agresividad sexual”.
Gillick comentó cómo la invitación del Papa “a seguir la ley natural y divina en la
cual la humanidad encuentra su realización auténtica y su alegría duradera”,
fue despreciada y ridiculizada por mucha gente, incluyendo una gran cantidad de matrimonios católicos, pero señala como, veinte años más tarde, los temores del Papa sobre el efecto nocivo de la anticoncepción se estaban cumpliendo. En 1989 escribía sobre las contradicciones que suponía la cultura contraceptiva,
“a lo largo de los últimos veinte años, en el tiempo en que más y más parejas han estado usando continuamente la contracepción, el número de divorcios ha crecido como la espuma” (…) “y nos guste o no nos guste, ahí está el hecho de que la infidelidad matrimonial y la conducta irracional son los dos motivos citados con más frecuencia en las causas de divorcios de estos años” (Guillick, 1998: 31). También alertaba sobre sus consecuencias en la vida matrimonial, “La contracepción es una negación fundamental del amor sin condiciones. El
amor contraceptivo es, por ello, una paradoja. Porque si el amor total exige la entrega total de sí mismo, la donación total, la contracepción convierte el don incompleto, a la entrega en condicionado” (Guillick, 1998, p. 33).
13.4.
Madre Teresa de Calcuta: Una vida dedicada a los más
desfavorecidos.
Natural de Albania y naturalizada india, la Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) dedicó toda su vida a la atención de pobres, enfermos, huérfanos y moribundos. En 1950 fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta y para 1996 ya tenía 517 misiones repartidas por más de 100 países por el mundo. Las hermanas misioneras tienen un voto especial, además de los habituales, que es la dedicación a los “más pobres de entre los pobres”. La Madre Teresa decía que comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en la eucaristía y saliendo de casa para encontrar y servir a Jesús en “los no
deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba”.
Por su labor y lucha por la paz recibió numerosos premios y reconocimientos internacionales. Entre todos ellos destaca el Premio Nobel de la Paz que le fue concedido en 1979.
Figura 20: Madre Teresa de Calcuta.
Además de su trabajo por aliviar el sufrimiento de los más pobres, la Madre Teresa de Calcuta denunció en numerosas ocasiones el daño que produce el aborto en las mujeres y sus familias. Ella misma se ofrecía a gestionar la adopción de niños cuyas madres hubieran pensado en abortar por no poder hacerse cargo del hijo. Cuando recibió el Premio Nobel, en su discurso habló de la importancia de la familia, y sobre todo del valioso papel de los padres en la educación de los hijos para construir la paz. Así mismo denunció el aborto como el mayor destructor de la paz.
“Muchas personas están, muy preocupadas por los niños en India, por los niños en África, donde muchos mueren, tal vez de desnutrición, de hambre u otras cosas, pero millones están muriendo de forma deliberada por la
voluntad de la madre. Y ese es el mayor destructor de la paz hoy. Porque si una madre puede matar a su propio hijo ¿Cómo podremos decir a otros que no se maten?”
También dijo que la mejor forma de hacer frente al drama del aborto es con la adopción.
“Estamos combatiendo el aborto con la adopción, hemos salvado miles de vidas, hemos mandado mensajes a todas las clínicas, a todos los hospitales, a todas las oficinas de la policía – por favor no destruyan al niño, nosotras recogeremos al niño… Tenemos una gran demanda de familias que no tienen hijos y desean acogerlos”.
Ante este foro internacional comentó su experiencia de planificación familiar con los métodos naturales.
“En Calcuta, en tan sólo seis años, han nacido 61.273 niños menos gracias a la práctica de los métodos naturales de la abstención, del autocontrol… Les enseñamos el método de la temperatura que es muy bonito y muy sencillo, y nuestros pobres lo entienden. ¿Saben ustedes lo que me han dicho? Nuestra familia está sana, nuestra familia está unida, y podemos tener un niño cuando queremos. Así de claro, esa gente en la calle, esos mendigos, y creo que si nuestros pobres lo pueden vivir así, cuánto más ustedes y todos aquellos que tienen capacidad de conocer los métodos y su sentido sin destruir la vida que Dios ha creado en nosotros”.
Cuando se desató la crisis del Golfo en 1991, la Madre Teresa se atrevió a escribir una carta a los presidentes de Estados Unidos y de Iraq, para impedir que iniciasen la guerra.
“Acudo a ustedes con lágrimas en los ojos y con el amor de Dios en el corazón, para rogarles por los pobres y por los que se convertirán en pobres si la guerra que todos tememos estalla. Les imploro con todo mi corazón que trabajen, que trabajen duro por la paz de Dios y por reconciliarse”.
Otra de las intervenciones más famosas de la Madre Teresa de Calcuta fue durante el Desayuno de Oración Nacional de 1994 que tradicionalmente se celebra cada año en Washington. Allí, frente a la clase dirigente estadounidense, entre quienes se encontraban el entonces presidente Bill Clinton, la primera dama Hillary Clinton y el vicepresidente Al Gore, la fundadora de las Misioneras de la Caridad proclamó con valentía la verdad sobre el crimen del aborto.
el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre”.
“Para mí, las naciones que han legalizado el aborto son las más pobres, le tienen miedo a un niño no nacido y el niño tiene que morir”.
La Madre Teresa y las religiosas fundaron numerosas casas de la caridad, escuelas y orfanatos, ganándose un gran aprecio, pero también la oposición del primer ministro Morarij Desai, que en 1979 la acuso de ayudar a niños con las escuelas y los orfanatos únicamente con el fin de bautizarlos y convertirlos. La Madre Teresa le respondió:
"Me parece que usted no se da cuenta del mal que el aborto está provocando a su pueblo. La inmoralidad está en aumento, se están disgregando muchas familias, están en alarmante aumento los casos de locura en las madres que han asesinado a sus propios hijos inocentes. Señor Desai: quizá, dentro de poco usted se encontrará cara a cara con Dios. No sé qué explicación podrá darle por haber destruido las vidas de tantos niños no nacidos, pero - sin duda - inocentes, cuando se encuentre frente al tribunal de Dios, que lo juzgará por el bien hecho y por el mal provocado desde lo alto de su cargo de gobierno".
Cuando le decían a la Madre Teresa que hay demasiadas criaturas en la India, ella respondía: “¿Piensa usted que hay demasiadas flores en el campo?
¿Demasiadas estrellas en el cielo? Mire a esta niña, es portadora de la vida; ¿no es una maravilla? ¿Cómo no quererla?”