11.Críticas científicas a la teoría de la superpoblación
11.4. Gary Becker: La familia como fundamento de la economía
Gary Stanley Becker (1930-2014) recibió el Premio Nobel de Economía en 1992. De origen judío, en 1997 fue nombrado por el papa Juan Pablo II miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias. Es un reconocido experto en temas de población, familia, desempleo y estado del bienestar.
En 1964 Becker publicó la obra El capital humano (Human capital) donde propone un modelo que relaciona el modelo de capital humano con la familia y el crecimiento económico. Becker considera que el capital humano es clave en el desarrollo económico y que la inversión en la educación de los niños de hoy se recupera en el futuro en forma de una mejor y mayor producción.
Becker recuerda que el capital humano procede fundamentalmente de las familias. Son ellas las que se preocupan de sus hijos e intentan promover su educación y valores, con grandes esfuerzos y sacrificios. Con este análisis desmonta todos los ataques contra la familia, situándola en el núcleo de la economía.
Gary Becker prioriza entre todos los factores productivos al capital humano, entendido como todas aquellas habilidades y cualidades humanas que la persona tiene al nacer, que va acumulando durante la vida y que contribuyen a que realice su trabajo de manera más eficiente, aumentando su productividad. Al poner a la persona en el centro de la economía se descubren los vínculos esenciales que existen entre familia y economía. Becker lo resume en dos ideas:
· La familia realiza una gran inversión en capital humano. Esta inversión que realizan los padres en áreas como la salud o la educación, a ellos no les producen beneficios. Nadie más lo haría sino los padres, ni aun el gobierno. Incluso esta inversión implica una renuncia a otros bienes materiales (coches, viajes, etc.) pero esto sólo es posible porque los padres consideran que los hijos son un bien mayor, superior a cualquier otro bien de consumo.
· La sociedad no crece ni se desarrolla si no invierte en capital humano. Cuando los padres realizan un esfuerzo en conseguir que sus hijos sigan estudiando para llegar a la universidad, en lugar de ponerlos a trabajar desde jóvenes, realizan una gran inversión que repercute en el desarrollo global de un país.
Pero esto no es todo. Cuando Becker profundiza en el tema de la familia, presenta el matrimonio como una ganancia donde tanto el varón como la mujer obtienen un beneficio mayor que el que obtendrían permaneciendo solteros. Parte de esa ganancia son los hijos.
El papel de los padres en la educación de los hijos es fundamental en la consolidación de ese “capital humano”. Es en la familia donde se forma la personalidad del niño. Es ahí donde el niño aprende los conocimientos y virtudes que serán altamente apreciados en la sociedad: sentido del servicio, solidaridad, puntualidad, iniciativa, etc. En esta formación, agrega Gary Becker, el papel de la madre es esencial: es ella quien despierta estas cualidades y quien enseña al niño a estudiar, a ordenar sus cosas, a ahorrar, etc. De ahí que el valor específico de la actividad materna debería ser reconocido en, y por la sociedad. Un niño no sólo es un bien para sus padres; es un bien para la sociedad, por ello la actividad materna no es simplemente un bien “privado”; es un bien aportado a la sociedad. Por ello, el Estado debería ofrecer a la mujer las condiciones para que libremente decida consagrarse a la familia, optar por una profesión, o conciliar ambas tareas. La confirmación de esto viene corroborada por un estudio llevado a cabo por el investigador francés Michel Duyme (“lo adquirido y lo innato”), quien ha revelado como la influencia de la familia de acogida, es determinante para el coeficiente intelectual de los niños adoptados (Le Monde, 1 de agosto de 1999).
Becker afirma que es necesario que los matrimonios tengan hijos pues es lo único que garantiza que el crecimiento de un país sea duradero. Por ello llega a afirmar que: “un país sin personas no contará con el capital humano ni con la
mano de obra necesaria para seguir generando riqueza. Sólo con familias numerosas se puede resolver el problema de la pobreza en el mundo”.
Más aún, Becker se atreve a reconocer lo dañino que es el divorcio para la sociedad desde el punto de vista económico. Cuando una pareja se divorcia los principales afectados son los hijos. Estos se ven impactados emotiva y psicológicamente, y esto repercute a corto plazo en sus rendimientos escolares y en el futuro en su productividad. Por todo ello, Becker considera que es urgente poner medidas de apoyo a la familia.
Este punto ha sido corroborado por los estudios del francés Claude Martin quien ha estudiado el postdivorcio en su obra L´apres divorce. Lien familial et
vulnérabilité, 1997. Martin muestra con datos como el divorcio aumenta el riesgo
de marginalización, e incluso de exclusión, del cónyuge separado más vulnerable. En su trabajo Martin constata como la familia se percibe como una riqueza, una protección cercana, un lugar de solidaridad, e incluso un “lugar de supervivencia”, ante las carencias del Estado del Bienestar. La familia es capaz de enfrentarse a problemas sociales que el Estado es incapaz de resolver: rechazo, falta de inserción, exclusión, etc.
Por toda su obra, Gary Becker recibió en 1992 el premio Nobel de economía. Aconseja a las Naciones Unidas, cuya mayor preocupación es reducir el
crecimiento de la población y la miseria en el mundo, que es preferible dar buenos consejos económicos a las naciones pobres, antes que invertir en programas de control de natalidad. La “bomba de la población” sólo se desactiva con la implantación de un sistema económico de mercado libre y la promoción de políticas educativas. Según Becker los anticonceptivos más eficaces son el desarrollo económico y la educación, sobre todo de las mujeres, y no los planteamientos restrictivos de “planificación familiar”.