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EL ESTIMULO Y UN SENTIDO DEL ORDEN La mejor motivación es despertar el interés

Principios del entretenimiento

EL ESTIMULO Y UN SENTIDO DEL ORDEN La mejor motivación es despertar el interés

Todos los días llegan a las clases de violín que imparte el doctor Shinichi Suzuki, niños de dos a tres años de edad, llevados de la mano por sus padres, para tomar sus lecciones. Al principio, muchos de ellos van con cierta renuncia; miran con curiosidad aquí y allá, o bien se dedican a saltar por todo el corredor, sin mostrar ningún interés en el violín. Si de pronto se pretende obligar a un pequeño a tocar el violín, eso sólo puede conducir a llantos, rabietas y una intensa reacción en contra del instrumento, ya que en esta etapa el niño empieza a desarrollar su ego y un sentido de su yo.

De manera que al principio, el doctor Suzuki le permite al niño hacer lo que quiere cuando se presenta cada semana y deliberadamente no le pone un violín en las manos. Muy pronto observa que el pequeño se siente muy tranquilo a observar cómo toca un niño de su misma edad. En el transcurso de dos o tres meses, habrá memorizado toda la pieza que ha estado tocando su amigo y él mismo estará ansioso de tocarla. El maestro espera hasta el momento en el cual el niño ya no puede controlar su entusiasmo y sólo entonces le da su primera lección de violín. Este periodo de espera varía según los diferentes niños pero cuando mucho, dura alrededor de seis meses.

“La mejor motivación es despertar el interés”. Es el principio fundamental de las enseñanzas del doctor Suzuki. De acuerdo con él, lo peor que puede hacerse es obligar a un niño renuente a “estudiar y practicar”. Una vez que el pequeño muestra un verdadero interés en el violín, su progreso será rápido y notable, a veces incluso sorprendiendo al mismo doctor Suzuki. Como dice el proverbio: “Una persona hace bien la cosas que le agradan”, y no hay ningún método de educación más efectivo que despertar el verdadero interés y entusiasmo del niño. Para ello, el principal papel de los padres es despertar ese interés: en vez de enseñar al niño a contar, el padre o la madre deberían interesarlo en los números, y en vez de enseñarlo a pintar y a escribir letras, deberían interesarlo en la escritura misma. En otras palabras, el papel de los padres es preparar a su hijo para la educación.

Por supuesto, a fin de despertar el interés, es esencial crear las condiciones adecuadas para ello: por ejemplo, no existe forma alguna de despertar el interés de un niño por la pintura sin proporcionarle lápices y papel. Al tener siempre a su alrededor lápices y papel,

el pequeño desarrolla el deseo de pintar. Exigirle al niño su interés sin allanarle el camino es como pedirle a un perro que pida algo sin ofrecerle ningún alimento.

Muchos adultos a quienes les agrada la música o la pintura pueden atestiguar esto, imputándolo ya sea a que en el pasado alguna vez se vieron obligados a tomar clases de música o de pintura, o bien, por otra parte, a que jamás tuvieron oportunidad de familiarizarse con esas actividades.

El niño demuestra interés en cualquier cosa que tenga ritmo

El disco Fox in Sox tiene una enorme popularidad entre los niños norteamericanos, igual que la pintura del doctor Seuss que lleva el mismo título. Se trata de un disco educativo, un ejercicio en la práctica del lenguaje y como pueden ver por el título, el sonido de la “o” y de la “x” (que en ingles suena “ks”) forman una rima. Y a su vez, las palabras rimadas forman un ritmo. El disco también tiene una melodía animada y un ritmo regular al cual no pueden evitar reaccionar no solo los niños sino también los adultos como yo. Ese disco no pretende obligar a los pequeños a memorizar las palabras, sino que les permite captarlas en una forma natural a través de ritmo, y eso fue lo que más me impresionó de él. Alienta al niño a estudiar un idioma, al mismo tiempo que disfruta de la música, sin ningún rastro de memorización o entrenamiento mecánico. Tales técnicas de combinar la música y el lenguaje desafortunadamente aún no se desarrollan en Japón, pero podría ser que gran parte de los logros de la educación temprana en Estados Unidos se deban a esta insistencia en interesar al niño, más que obligarlo.

La mayoría de nosotros probablemente reaccione a una forma negativa a la palabra “estudio”, como si inconscientemente nos preparásemos a rehusarnos, sugiriendo que en nosotros literalmente se ha inculcado una asociación con el concepto de coacción. En verdad el estudio debería efectuarse con una sensación de disfrute. Igual que en el proverbio japonés que dice: “el dependiente de una tienda cercana a un templo aprende a cantar un sutra”, el hijo de un conocido mío, que es monje de un templo, ha aprendido todos los sutras que su padre canta todas las mañanas. El sutra es un canto rítmico y se canta llevando el compás de un gong, de manera que el niño debió aprenderlo de forma natural. Sin embargo, habría sido una experiencia agobiante si lo hubiesen obligado a memorizarlo.

¿Reñirían a su hijo por desgarrar el papel tapiz de un muro? ¿Cómo le explicarían que lo que hacía es “malo”? Ustedes hacen una distinción entre lo que es “bueno” y lo que es “malo” sobre la base de su experiencia y de la moralidad de su sociedad, pero el niño que apenas tiene unos cuantos años de edad no tiene forma alguna de saber si el hecho de desgarrar el papel tapiz es bueno o malo. Si se le reprende de una forma demasiado severa, quizá no desee volver a repetir esa acción, con objeto de no repetir la desagradable experiencia de recibir una reprimenda. Pero tal vez, al mismo tiempo, se sienta demasiado agobiado por el episodio, lo cual podría tener un efecto perdurable sobre su floreciente creatividad.

El señor Seishiro Aoki, psicólogo infantil, ha estudiado la forma en que un niño distingue lo bueno de lo malo. Dice que el niño considera como buena cualquier experiencia que le ofrece un sentimiento de emoción o placer. Por ejemplo, se han citado las palabras de muchos niños secuestrados, cuyos casos han aparecido en los periódicos con grandes titulares y que en respuesta al interrogatorio de los padres una vez que los han recuperado, concerniente a la razón por la cual se fueron con personas extrañas, responden: “Era una persona interesante, no era mala”. ¡Según parece, los secuestradores tienen su propia psicología infantil y saben cómo atraer a los niños, intrigándolos! El niño que considera como buena cualquier cosa que le interesa, sigue al secuestrador sin la más mínima sospecha.

Esta identificación de lo que es “bueno” con lo que es placentero y agradable sólo corresponde a los primeros años de vida. Cuando el niño adquiere un poco más de experiencia,

empieza a igualar lo bueno no con lo que es

placentero, sino con lo que es digno de alabanza. Si hace un mandado y su madre lo alaba por ello, llega a la conclusión de que lo que hizo fue bueno o

correcto. En contraste, considera malo aquello por lo cual se le reprocha o se le castiga, acabando por

sentirse resentido o desgraciado. Identifica lo que es malo por sus resultados desagradables.

Supongamos que ustedes continuamente reprochan a su hijo porque toca muy mal el violín, o porque no puede aprender a leer. Para el niño, la experiencia en su totalidad le parecerá como algo que lo hace sufrir, de allí que se trata de algo erróneo o malo; así como es malo desgarrar el papel tapiz, también lo es tocar el violín. Algunos de nosotros llegamos a la edad madura detestando el violín o el idioma ingles simplemente porque nuestras experiencias de estas actividades durante los primeros años de la infancia fueron desagradables.

De allí que en vez de imponerle a su hijo su concepto de adultos de lo que es bueno o malo, sería mucho más efectivo vigilar que tenga asociaciones agradables con lo que es

“bueno” y desagradables con lo que es “malo”. Su hijo desarrollará rápida y libremente cualquier talento que posea, dependiendo de la forma en que ustedes distribuyan las alabanzas o las culpas.

El interés de su hijo sólo será significativo si se lo sostiene

Aun cuando antes mencioné que lo que es interesante para el niño es el mejor estímulo para él, en este aspecto hay un problema involucrado: para un niño pequeño es extremadamente difícil mantener su interés en una actividad individual, simplemente debido a su infinita curiosidad. Si se le abandona a sus propios recursos, tenderá a distraer su atención de una cosa a otra, con una rapidez que deja a sus padres bastante perplejos. Hasta cierto punto, es una reacción adecuada para su etapa de desarrollo y cualquier intento de obligarlo a concentrarse en una sola cosa sólo lograría frustrarlo. Su curiosidad es necesaria, puesto que lo hace abrirse a una gran variedad de experiencias del mundo, las cuales son vitales para el desarrollo de su cuerpo y su mente.

Sin embargo, no les recomiendo dejar al pequeño abandonado totalmente a sus propios recursos. Así como existe un problema para el pequeño cuyo interés se restringe únicamente a una cosa… y la forma más extrema de esto es el autismo… también existe un problema para un niño incapaz de concentrarse, ya que corre el riesgo de creer con una “mente de mariposa”.

Es normal que el niño llegue a encontrar, en una forma natural, entre las incontables cosas estimulantes del mundo externo, un objeto de especial interés, el cual cultiva por sí solo. Sin embargo, la mayoría de los casos, es ente proceso es necesaria cierta ayuda por parte de los padres. El que los padres adviertan y reaccionen o no, tan pronto como su hijo muestre señales de desarrollar tal interés especial, puede tener una importancia decisiva para mantener ese interés. Como antes mencioné, un interés floreciente puede crear o agotarse, con la misma rapidez, en un instante; de manera que es muy importante que los padres capten precisamente ese momento. Uno nunca puede saber cuál de los incontables intereses del niño tiene la posibilidad de desarrollarse incrementarse, siempre que se reconozca la posibilidad.

Cierto padre, investigador del mercado de consumo en la ciudad de Matsuyama, me escribió para hablarme de si éxito al identificar en su hijo un interés floreciente en el

momento adecuado y cómo lo ayudó a mantener vivo ese interés. Según su carta, el padre observó que más o menos a los dos meses de edad, por alguna razón su hijo se sentía fascinado por una de las letras del alfabeto japonés, la letra no. (En el alfabeto japonés, el sonido no se describe como una sola letra.) El padre procedió a señalarle al bebé cualquier palabra que incluyera la letra no: ajinomoto (glutamato monosódico) y nori (un alga marina comestible) a la hora de las comidas, y asu no tenkiyoho (pronostico del tiempo para mañana) cuando aparecía en la televisión, pronunciándole cada vez la palabra. Alrededor de los cuatro meses de edad, el padre le enseño XYZ, WTF, HNM, usando como ayuda visual una tabla del alfabeto: el niño las memorizó rápidamente. A los dieciocho meses de edad empezó a interesarse en las marcas de los automóviles y de los aparatos electrónicos, de manera que el padre lo alentó a que señalara e identificara las marcas, en reacción al momento en que él se las nombraba; y a la inversa, a nombrar el nombre de fábrica como una reacción a la marca.

Este esfuerzo de parte del padre, aun cuando desde nuestro propio punto de vista parecería un ejercicio trivial de un padre cariñoso, que dista mucho de ser insignificante para el mantenimiento y la expansión de toda la gama de los intereses y las experiencias

del pequeño hijo.

La mejor forma de estimular el interés en su hijo es la “repetición”

Si un adulto se encuentra escuchando repetidas veces la misma historia, digamos tres o cuatro veces al día, es muy probable que se canse de ello. Puesto que yo soy muy impaciente, me irrito y me muestro inquieto si tengo que escuchar la misma historia, aunque sólo sea dos veces. Sin embargo, cuando era pequeño, les suplicaba a mi padre y a mi madre que me contaran los mismos cuentos de hadas una y otra vez, sin jamás llegar a cansarme de escucharlos. Cuando ahora pienso en ello, me es muy difícil ponerme en el lugar de ese niño pequeño.

No obstante, como ya he comentado, la repetición es de suma importancia para el proceso de conexión de circuitos que tiene lugar

durante la infancia, a fin de formar la base del cerebro. La repetición de una misma cosa, una y otra vez, es

deseable no sólo porque un bebé nunca se fastidia de ello, sino porque debido a que la infancia es un periodo en el cual los niños todavía no reconocen el fastidio, también es el

periodo indicado para el desarrollo correcto del sistema de circuitos esencial para el futuro funcionamiento

pieza musical complicada si se le obliga a escucharla varias veces al día, ya que no hay duda de que la capacidad de absorción de un pequeño es en verdad notable.

Durante ese periodo, la repetición tiene otra función importante: la de estimular el interés en el niño. A medida que un pequeño memoriza los cuentos de hadas y las canciones que ha escuchado repetidas veces, empieza a exigir que le cuenten una historia o que le canten una canción particular, haciendo interminables preguntas acerca de ellas. Memoriza su cuento preferido y al mismo tiempo expresa su curiosidad de ese cuento y acerca del mundo.

Y la curiosidad da origen al interés, el cual a su vez da nacimiento a la voluntad,

esencial para que el niño

madure y se convierta en un adulto. Esa voluntad de actuar, para que sea efectiva, no

crece como si sucedería en una hoja de papel en blanco. El interés estimula la voluntad y esa voluntad es la que motiva

al hombre a progresar. De manera que un bebé que escucha cuentos de hadas una y otra vez, crece y se convierte en un niño pequeño que empieza a mostrar interés en una historia con grabados, después en las letras del alfabeto y por último se siente impulsado a leer por sí mismo.

Una pareja conocida mía, amos obligados a trabajar fuera de casa, internaron a su bebé recién nacido en una guardería durante un año y dos meses. Cuando el bebé regresó a su hogar, su desarrollo

había sufrido un severo retraso; sin embargo, alrededor de los cuatro o cinco años de edad empezó a mostrar un gran interés en la música, particularmente en las clases de piano y violín. Los perplejos padres descubrieron que, sin lugar a dudas, el pequeño había carecido de estímulos en la guardería, pero antes de la hora de dormir y mientras hacía sus ejercicios le ponían discos como las canciones de cuna de Schubert y Mozart y el Vals de los Patinadores. La falta de estímulo mental por una parte y, por la otra, la repetición de ciertas piezas musicales, condujeron a un casi retraso de su desarrollo intelectual, pero a un elevado grado de sensibilidad a la música. Creo que al escuchar la historia de ese niño recibí una inapreciable lección sobre el desarrollo temprano.

La imaginación y la fantasía infantiles son los gérmenes de la creatividad

A menudo escucho a los padres decir: “Quiero educar a mi hijo para que sea sumamente creativo”, y en este libro he escrito mucho acerca de la creatividad en los niños. Pero mucho me temo que los actuales sistemas de educación, en casi todo el mundo, solo

insisten en saturar de conocimientos la cabeza del niño. Se está educando a la infancia para que esté bien informada, pero cuando el niño crece no sabe qué hacer de sí mismo. Esto me ha llevado a pensar en la necesidad de fomentar una verdadera creatividad en los niños durante la infancia.

¿Qué es la creatividad? Es algo sumamente difícil de definir, pero a un nivel más sencillo yo diría que significa la libre expresión de la imaginación y de

la intuición, dentro del contexto de un interés serio: y a un nivel más avanzado, alguna forma de intervención o descubrimiento. A este nivel elevado de del intelecto creativo, el aprendizaje y la imaginación funcionan juntos. Lo que sí es muy cierto es que toda esa clase de logros tiene su punto de partida en la experiencia emocional subjetiva y la receptividad de la infancia. Esto quiere decir que los sueños

y las fantasías del niño, que a menudo parecen improcedentes para los adultos, son los gérmenes mismos de la creatividad.

Supongamos, por ejemplo, que le dan a su hijo un títere o una máscara con la figura de algún animal. Se identificará con ellos y se convertirá en ese animal, quizá inventando su propia historia basada en una experiencia real en el zoológico, o en alguna historia que le han contado. De la misma manera, su reacción ante una pintura puede expandir su imaginación a su propia manera individual, inconcebible para cualquier adulto. Se dice que Leonardo da Vinci, el gran pintor y científico renacentista, durante su infancia veía brujas que revoloteaban por el techo y extrañas criaturas que se agitaban entre las manchas y las grietas y los muros de su casa.

Supongamos que un adulo dibuja una olla y el niño la ve como si fuese un pez con una gran boca muy abierta. El adulto puede censurarlo, diciendo: “No seas tonto; es una olla, no un pez”. Pero esa clase de reacción sería un error; es como arrancar el botón de la imaginación justo cuando está a punto de florecer.

La siguiente historia inventada por un niño de cinco años y que se publicó en la revista Early Development. Es un ejemplo de la imaginación libre y creativa del niño, la cual es de suma importancia que los padres acepten y fomenten, sin jamás aplastarla.

Un hombre trató de apoderarse de un cesto y en su interior encontró unas monedas de oro; entonces se las llevó a casa y después las monedas se convirtieron en hojas. Una vez más, encontró un cesto debajo de un risco. Lo abrió y en su interior encontró muchas clases de frutos. Se los comió todos y después se dirigió a un campo y cortó muchas flores. Eso es todo.

Cultiven en el niño pequeño la intuición (sexto sentido), en vez de la técnica y la razón

Normalmente, se dice que el hombre posee cinco sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Pero además posee otro, el llamado “sexto sentido”. En el caso de la mujer, ese sexto sentido es particularmente bueno para detectar una relación amorosa extramarital del esposo, pero en verdad, el sexto sentido es un elemento muy importante en cualquiera que logra algo grandioso. De un hombre cuyo sexto sentido está altamente desarrollado decimos que es “un hombre con una poderosa intuición”, los hombres que han realizado grandes inventos y descubrimientos siempre han confiado en ese sexto

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