Algunas cosas que deben evitarse
Y UNA MIRADA HACIA EL FUTURO
El desarrollo temprano no es una educación preparatoria para el jardín de niños y la escuela primaria
Desde que empecé a escribir con regularidad sobre el desarrollo temprano en una revista semanal, he recibido una gran variedad de reacciones y muchos padres me han escrito narrándome sus propias experiencias, las cuales han confirmado mi manera de pensar acerca del desarrollo temprano.
Por supuesto, hay escépticos y oponentes de mis ideas, pero, en general, todos los padres se muestran entusiastas en lo que se refiere al desarrollo temprano, a pesar de que muchos de ellos todavía lo consideran como una educación para los talentosos o para producir genios. Sin embargo, una madre que ha captado con toda claridad el concepto del infinito potencial existente en el niño, me da la impresión de que considera el
desarrollo temprano en una forma demasiado literal en términos de una preparación para la escuela.
“¿No hay algo malo en la educación escolar actual”, me escribe, “más que en la educación infantil?”. Es de dudar si el sistema educativo actual es adecuado para el desarrollo posterior de las habilidades fomentadas por el desarrollo temprano. Ustedes hablan del desarrollo temprano y de otras cosas por el estilo, pero ¿acaso no es como marchitar un botón si el único fin que se ofrece al niño en la escuela es llegar a ser el mejor alumno, sobre la base de los exámenes?
En Japón, ningún padre está libre de dudas acerca del sistema escolar actual y yo mismo tengo mis dudas. Todos los niños siguen la misma senda, ingresando a la escuela primaria a los seis años de edad, después avanzando a la secundaria y a la preparatoria y, por último, a la universidad. Este sistema es de lo más inadecuado para quienes poseen cierto talento y una carga muy pesada para quienes no son tan capaces. No es posible que un sistema educativo estándar produzca hombres capaces de asumir las responsabilidades del siglo XXI.
Es precisamente debido a ese defecto en el sistema educativo actual, por lo que experimento en forma más aguda la necesidad de un desarrollo temprano. Un niño entrenado en forma adecuada en el desarrollo temprano parece desempeñarse bien en la escuela; da la impresión de crecer sin problema alguno y gozar de buena salud, a pesar del sistema de obtención de calificaciones que impera en las escuelas. Siempre y cuando se haya sembrado una buena simiente en el pequeño durante los años tan decisivos de la infancia, crecerá hasta convertirse en un niño fuerte y capaz de sobreponerse a cualquier circunstancia difícil.
Lo que es más, no puedo creer que el sistema educativo actual dure eternamente. Confío en que los padres insistan en los cambios que deben tener lugar, ya que en ellos descansa el destino de nuestra sociedad y de las futuras generaciones.
A menudo escucho las siguientes objeciones a mis teorías: “Comprendo muy bien lo que usted dice, pero no dispongo del tiempo ni del dinero necesarios para hacer tanto por mi hijo. Después de todo, el desarrollo temprano es para las contadas personas que cuentan con tiempo y dinero”. Sin embargo, el hecho de poder educar a nuestros hijos es algo muy diferente de poder permitirnos ratos de ocio o actividades recreativas. Educar a un pequeño no es algo tan sencillo que sólo pueda hacerse con tiempo y dinero.
Entre los padres japoneses a quienes veo enviar a sus hijos a tomar clases de violín o de inglés, ciertamente, hay algunos que lo hacen simplemente para matar el tiempo o en beneficio de su vanidad. A menudo ataviados con ropa costosa y conduciendo sus propios automóviles, llevan a sus hijos a las clases tan sólo con el afán de exhibirse: ¡no es de sorprender que muchos consideren al desarrollo temprano como un pasatiempo para los ricos! Pero esos son aspectos superficiales, y muchos padres de menos recursos tienen que hacer grandes esfuerzos para disponer del tiempo y del dinero para las clases de sus hijos.
Sin embargo, las lecciones de violín o de idiomas extranjeros no son el único medio de desarrollar el potencial de su hijo. Todos los padres que se preocupen seriamente por sus hijos, pensarán en otras ideas educativas que reemplacen las lecciones de violín y de idiomas. Teniendo esto en mente, y hasta donde me lo permite mi capacidad, yo también he estado pensando en algunas alternativas.
Si suponemos que el tiempo y el dinero son esenciales para el desarrollo del potencial en el niño, ¿por qué entonces tanta gente nacida en hogares opulentos tiene habilidades inferiores, y tantos nacidos en hogares pobres poseen grandes talentos?
Ciertamente, la educación no depende del dinero ni del tiempo, pero ¿no creen que sí depende del amor y los esfuerzos de los padres?
Los padres que carecen de una visión del futuro son incapaces de educar a sus hijos
En Japón, bajo el actual sistema educativo, cualquier persona que estudie puede ingresar en cualquier colegio o universidad, sin importar su linaje, su posición social o sus recursos financieros. Esto en sí es un hecho maravilloso, pero por otra parte, ha dado origen a un mal, la educación universitaria se ha convertido en una finalidad absoluta, asignando un valor irreal a las carreras académicas.
Se piensa que el éxito en la vida es imposible sin un título universitario, por lo que todo el mundo quiere estudiar. Un título de una universidad de primera, garantiza un puesto en una compañía de prestigio, así que todos siguen la misma senda, presentando examen tras otro desde los días del jardín de niños y de la escuela primaria. Esa es la razón por la cual muchos padres consideran al desarrollo temprano como una forma más de ayudar a sus hijos a tener un buen comienzo en la vida, una iniciación temprana hacia un sistema orientado a los exámenes.
Pero, ¿cuánto tiempo durarán estos valores actuales en nuestro mundo en constante cambio? Lo que ahora se considera como lo más deseable no lo será necesariamente el día de mañana y muchos menos dentro de veinte o treinta años, cuando los niños de ahora sean adultos.
Su hijo no podrá ser útil para la siguiente generación si lo educan teniendo en mente sólo el presente; ya que los niños de hoy tendrán que sobrellevar las responsabilidades del siglo XXI, un siglo que está poco menos de veinte años de distancia, pero cuyas exigencias están fuera del alcance de nuestra imaginación.
Los padres que no tienen una visión del futuro serán incapaces de educar hijos que puedan asumir tal responsabilidad. No basta con una perspectiva a corto plazo del presente. No hay ningún padre o madre que no desee y no ruegue por lo mejor para su hijo, pero lo más importante es qué consideran los padres “bueno” y “provechoso”. No creo que los padres que son tan pocos previsores como para evaluar sólo el presente y que no tienen ninguna visión para el siglo XXI, tengan el derecho de educar a sus hijos.
No hay nada más importante que criar a un niño
“Estoy demasiado ocupado cuidando a mi hijo para que también pueda dedicarme a educarlo. Las teorías ideales están muy bien, pero no me es posible ponerlas en práctica”. Con frecuencia me tropiezo con una respuesta como ésta cuando discuto mis teorías acerca del desarrollo temprano. Sin embargo, me parece que el hecho de hacer una distinción entre la crianza de los niños y la educación infantil es en sí el error principal. La crianza cotidiana de un niño pequeño es la educación infantil, es decir, el desarrollo temprano. La actitud de los padres y sus sentimientos hacia el niño son lo que influye más sutilmente en el desarrollo de un pequeño.
Sin lugar a dudas, hay muchas madres que piensan que deben salir a trabajar por razones financieras y también hay otras que creen que hacen todo lo que deben
alimentando al niño y atendiendo a sus necesidades físicas, pero ¿acaso en el mundo hay una educación mejor que el afecto de una madre?
El doctor Shinichi Suziki expresa mi manera de pensar cuando hace hincapié en la importancia de la maternidad y de las madres en la grandiosa empresa de criar a los hijos. De hecho, se sabe que ha amonestado severamente a los padres acerca de este aspecto. “¿Qué significa eso de que no pueden encargarse de su bebé porque están demasiado ocupadas con otras cosas? ¿Acaso en todo el mundo hay un trabajo que sea más importante que criar a su bebé? De ser así, ¿por qué tuvieron un bebé?
La educación de los padres precede al desarrollo temprano
He hablado de la necesidad de que los padres cambien sus actitudes hacia el desarrollo temprano antes de que puedan ponerlo en práctica en la forma correcta. El desarrollo temprano se inicia precisamente con la educación de los padres. Y todo lo que he escrito hasta este momento es una parte de la educación de los padres, en el sentido de que todo ha sido con objeto de abrirles los ojos al desarrollo temprano.
Esta manera de hablar quizá les parezca un tanto ofensiva a los padres que leen este libro; pero no pueden confiar en ninguna otra persona para que eduque a su hijo, en particular cuando es muy pequeño. Sólo hay una forma de hacerlo; ustedes los padres, en particular la madre, deben esforzarse en hacerlo por sí mismos, esforzándose en pensar y aprender por ustedes mismos. No tiene caso decirle al niño, “necesitas esta educación”. Su hijo no puede establecer un compromiso con la forma en que lo crían porque no puede elegir.
Y tampoco pueden imponerle sus ideas a nadie más, declarando, “éste es un buen método de educación, ¿quieren intentarlo con mi hijo y educarlo?” ¿Acaso no es justo que los padres, en bien de su hijo, quieran elegir y decidir por sí mismos acerca de las teorías y métodos educativos que son más convincentes para ellos?
De manera que les suplico que lo primero que deben hacer es educarse a sí mismos. Afortunadamente, el adulto posee una voluntad propia, a diferencia del niño pequeño. Pero con esto no trato de decir que los padres necesiten educarse en el sentido académico de la palabra, quiero decir que deben tratar de aprender voluntariamente por sí
mismos.
Quienes se dedican a la enseñanza no sólo aprenden acerca de sus propias disciplinas, es decir, de los temas que enseñan, sino también acerca de todos los aspectos esenciales de la psicología del desarrollo y de los procesos sociales y emocionales mediante los cuales nos “convertimos” en seres humanos. De igual manera, quisiera que la madre, la primera y mejor maestra de su hijo, aprendiera por sí misma los aspectos
básicos de la teoría educativa, de manera que realmente pueda adquirir una gran habilidad en la crianza de los niños.
Los padres nunca deben olvidarse de aprender del niño
Una de las trampas más peligrosas en las cuales puede caer la madre en la educación de su hijo es la complacencia, que puede deberse a su entusiasmo mismo. Al desear el bien del niño, inadvertidamente puede asumir el papel de un opresor, imponiéndole su voluntad.
Esta tendencia se ve reforzada por la vida tan protegida que a menudo llevan las madres cuando están involucradas en el cuidado de la casa y de los hijos. No debe hacérsele sentir que ella es la única responsable de criar a su hijo, llevando toda la carga sobre sus hombros: Debe contar con el pleno apoyo del padre del niño y de ser posible también con el del abuelo y la abuela; y al mismo tiempo, debe volver su atención a los acontecimientos del mundo exterior.
Pero lo más importante de todo, la madre jamás debe olvidarse de aprender de su propio hijo, con objeto de no caer en el hábito de tratarlo en una forma autoritaria, de acuerdo con sus propios conceptos y sus propias necesidades.
William Wordsworth escribió en una ocasión que “el niños es el padre del hombre…”, mientras que la señora Montessori decía que “el niño es el maestro del hombre”. Esas palabras no fueron escritas como una referencia especial al desarrollo temprano. Son comentarios sobre la vida en general; “el hombre” tiene mucho que aprender del “niño”. El hombre ha estado consciente de la importancia de conocer a su propio yo desde los inicios de la historia y ha estado luchando por alcanzar esa meta. Su estudio del yo ha implicado teorías respaldadas por la ciencia, por los estudios de biología, medicina y psicología. Y la señora Montessori hace el fascinante comentario de que mientras el primer estudio del cuerpo humano se llevó a cabo en un cadáver, el estudio de la mente humana se ha efectuado con un hombre recién nacido, el niño.
Por supuesto no quiero decir que deban emprender un curso académico sobre ciencias biológicas o filosofía. Todo lo que trato de decir es que si una madre se vuelve
complaciente y dogmática es
muy probable que pierda su propio yo; se vuelve incapaz
de una observación y
una evaluación imparciales y serenas de sus propias actitudes y manera de pensar. A fin de evitar esto, es muy importante que la madre sea capaz de observar a su hijo en una forma objetiva: lo que dice y siente y la forma en que se comporta. En esta forma de abordar a
su hijo, lo que encuentre será un descubrimiento de su propio yo y también un conocimiento que podrá aplicar directamente a la educación de ese pequeño.
El sentido en el cual la madre, más que el padre, es quien ayuda al niño a convertirse en un ser humano digno
En el mundo han vivido muchos hombres a quienes se ha calificado de “genios”. Sin lugar a dudas, se trata de individuos talentosos, muchos de los cuales han contribuido grandemente al progreso material y a la felicidad de la humanidad. No obstante, a menudo hay otro aspecto en esos hombres: muchos de ellos no necesariamente fueron felices en su propia vida, debido a que eran emocionalmente inestables o físicamente débiles.
Esos hombres no nacieron genios, ni fracasados y tampoco débiles. Un estudio de su vida a menudo revela que la causa de su infelicidad data de los años de su infancia y de la clase de educación que recibieron entonces. Por ejemplo, el padre y la madre, en particular el padre de esos niños, fueron educadores eruditos y entusiastas. No hay nada de malo en que los padres sean educadores eruditos y entusiastas: por el contrario, podría decirse que fueron precisamente esos padres los que hicieron posible el desarrollo de sus talentos especiales. Sin embargo, esos entusiastas educadores no permitieron que sus hijos jugaran en compañía de otros niños y al verse privados del contacto social y del entrenamiento físico, esos niños crecieron hasta convertirse en seres humanos desequilibrados, por muy talentosos que fueses.
Un buen ejemplo de ellos es el filósofo francés Blaise Pascal, autor de Pensamientos. Pascal recibió en su mismo hogar la rigurosa educación de su padre, quien depositando sus esperanzas en su hijo para los años por venir, se retiró del puesto que ocupaba en el gobierno, a fin de dedicar toda su vida a la enseñanza de su hijo. Le enseñó geografía, historia, filosofía, idiomas y matemáticas. No atestó con hechos la mente del niño, sino que con cautela y constancia trató de inculcar en él una capacidad de pensar por sí mismo. Pascal llegó a distinguirse más adelante en la vida en una forma brillante como matemático, físico y filósofo religioso, y hoy día hay muy pocas personas que no estén familiarizadas con sus Pensées, o Pensamientos, en una forma o en otra. La famosa frase: “El hombre es sólo un junco, el de naturaleza más débil, pero es un junco pensante”, es de Pascal.
No obstante, la mayor parte del mundo no conoce la confesión de ese gran hombre, de que no disfrutó de un solo día de paz después de los dieciocho años de edad, durante su corta vida de treinta y nueve años. Su madre falleció cuando apenas contaba tres años, por consiguiente, jamás conoció el afecto materno. Privado además de la compañía de otros niños, sólo conoció a su padre y su severo entrenamiento. ¿No es razonable que tales condiciones afectaran la constitución física y la conformación mental de Pascal?
Un padre puede criar a un genio anormal; pero un ser humano, bien equilibrado tanto mental como corporalmente, necesita ese aliento que tradicionalmente proporciona la madre. Esa es la razón por la cual no he dejado de insistir en papel de la madre como algo especial para el desarrollo temprano.
Las madres no deben imponer a sus hijos el desarrollo temprano
En japonés, la palabra “educación” por alguna razón connota coerción y presión y esa es la razón por la cual muchos malinterpretan, pensando que el desarrollo temprano obliga a los niños a hacer lo que no quieren hacer, al mismo tiempo que se hace caso omiso de sus intereses y deseos. Por supuesto, los bebés recién nacidos son incapaces de expresar con claridad lo que les agrada y lo que les desagrada; sin embargo, la madre debe ser capaz de adivinar, por las reacciones de su bebé, lo que está dispuesto a aceptar y lo que no está dispuesto a aceptar.
Uno de los papeles de la madre es observar con sumo cuidado qué es lo que quiere su bebé, ofreciéndole el estímulo que tanto anhela. Si se obliga al niño a hacer aquello que no desea, o si se le coacciona a hacer algo en lo que ya ha perdido interés, eso no producirá en ese niño otra cosa que no sea frustración.
Podría decirse que debido a que la palabra “educación” implica cierto sentido de “dar”, cualquiera colocado en una posición de enseñar se apresura a llenar ese papel. Yo mismo considero lo mejor de la educación en el sentido de “dar”, tal y como se logra fuera del proceso total que llamamos “educación”. Por ejemplo, en Japón ningún padre considera que fue él quien le enseñó a su hijo el idioma japonés cuando el niño empieza a hablarlo. Sin embargo, el estímulo a aprender debió surgir en cierta forma de los padres, incluso si nadie lo llama “educación”.
La forma de hablar, las acciones y sentimientos de la madre siempre se transmiten al hijo, influyendo en la formación de sus habilidades y de su carácter. En otras palabras, la vida cotidiana que ambos comparten es educación, a pesar de que no se la conoce con ese nombre. Enseñarle algo al niño es sólo uno de los medios de la educación; no es el todo.
Según el señor Akira Tago, profesor adjunto de la universidad de Chiba, quien se ha dedicado a estudiar los años infantiles de las vidas de hombres prominentes, no hay ningún método educativo que sea más efectivo que aquel que estimula a un niño a sentirse naturalmente motivado, en una forma no compulsiva. Es el único método