de la transición
El censo de 1869 sorprendió así al país en el momento de su incipiente transformación. Esta debía producirse con ritmo sumamente acelerado, sobre todo a partir de 1880, una vez que los principales problemas políticos fueron resueltos. Desde esa fecha, y con un ritmo que tiene pocos paralelos en la historia de otros paí- ses, la Argentina se transformó, virtualmente en unas cuatro décadas, en un país socialmente moderno, aunque este proceso se basó sobre
una base económica muy vulnerable. Esta base fue, como es sabido, el extraordinario desarro- llo y modernización de la producción ganade- ra y el surgimiento de una moderna y eficiente agricultura (dentro de las condiciones de la época). La economía primaria de exportación, conjuntamente con la inmigración masiva, la modernización del estado, las inversiones in- fraestructurales –particularmente en los trans- portes–, la expansión de la educación primaria, y los efectos asociados a todos estos cambios, en particular la urbanización y el estímulo producido por la ampliación del mercado, y la consiguiente expansión industrial y del sector de servicios, todo esto contribuyó a modificar sustancialmente el sistema de estratificación social, con el surgimiento, en un período suma- mente breve, de un modelo muy próximo del patrón de tipo urbano-moderno.
Es verdad que la base económica de esta transformación careció de la firmeza que le hubiera otorgado un desarrollo industrial ade- cuado. Todo el período en efecto, y como bien se sabe, fue orientado hacia el estímulo de la exportación de los productos agropecuarios, lo que estaba dentro de la ideología libre-cambis- ta dominante, las oportunidades diferenciales que favorecían extraordinariamente este tipo de expansión económica, y last but not least, les representan 0,5%; los empleados y similares
el 3,4%, y el resto, una cantidad muy pequeña, (0,5%), son propietarios de industrias, comercio, y servicios. Estas cifras revelan, que incluso en términos de proporciones numéricas, el sector ganadero es el preponderante. Dentro del estra- to alto pueden considerarse como el sector bá- sico. El sector agrícola, tan reducido, habrá de constituir en el futuro la otra base esencial de la economía. Pero en esta época es apenas visible, desde el punto de vista de su capacidad econó- mica, el pequeño grupo de campesinos medios, que es todavía muy débil. También como sec- tores emergentes (pero todavía embrionarios) pueden considerarse los grupos de empleados y profesionales que están llamados a multipli- carse, con el aumento del poder del estado, la diferenciación cada vez mayor de los servicios de tipo moderno y las crecientes necesidades de organización de la naciente estructura moderna. En la época del censo, a mediados de siglo, todo esto se halla apenas en sus primeros pasos.
El sector “tradicional intermedio”, que para muchos fines debería clasificarse en los estratos inferiores, corresponde a una serie de activida- des llamadas a modificarse sustancialmente en las décadas sucesivas. Se trata claramente de un sector “declinante”, compuesto sobre todo por artesanos, comerciantes, y campesinos. Es
importante notar un sector industrial de cier- ta importancia en el campo de la construcción (1,2% de constructores).
Típicamente, para este nivel de desarrollo económico y social hallamos una gran propor- ción de trabajadores por cuenta propia, entre los estratos bajos (casi el 44 por ciento de la pobla- ción). En general, en el total de la población ac- tiva, la proporción de los que ejercen actividades “por su cuenta” es muy alta (casi las dos terceras partes), un rasgo típico de esta etapa del desarro- llo económico, la que todavía puede observarse hoy en día en varios países de América Latina.
En esta época el sector primario sigue siendo preponderante (más del 40% de la población ac- tiva), aunque es menor de lo que podría esperar- se en este grado de desarrollo. La proporción de extranjeros se mantiene todavía relativamente baja (alrededor del 12 por ciento del total).
La inmigración había comenzado, pero toda- vía no tenía carácter masivo, pues el saldo mi- gratorio en el periodo anterior al censo (1857- 1870) fue de unas 88.000 personas.4 Con todo, los efectos de la inmigración podían empezar a pesar en el área de Buenos Aires, en la que la
4 Para este y todos los demás datos sobre inmigra- ción, véase Germani (1966).
sufrió limitaciones intrínsecas que tendían a mantenerla en un bajo nivel de concentración técnico-económica, de capitalización y por lo tanto de eficiencia. Como lo demuestra el excelente análisis de Ruth Sautu (op. cit.), la prosperidad continuada de la industria no lo permitió sin embargo, dadas aquellas limitacio- nes básicas, dar el salto en el orden tecnológi- co, organizacional y económico, que la hubiese transformado en un sector realmente fuerte del sistema económico. Mas esa prosperidad fue suficiente para tener efectos de largos alcances sobre la estructura social, es decir sobre las características del sistema de estratificación, al contribuir poderosamente a la formación de una clase media cuyo carácter desde el punto de vista de su composición, modo de vida, ac- titudes y aspiraciones, correspondía por com- pleto al tipo de clase media surgido en países de industrialización temprana, sobre la base de un desarrollo económico dotado de una ma- yor flexibilidad, con mayores capacidades de incrementos autosostenidos. Es también posi- ble que esta debilidad intrínseca de la prime- ra fase de la industrialización en la Argentina (que hasta cierto punto se prolonga también en la segunda fase –1930-1960/1970–), tuvo otro efecto en el orden social, en tanto creó una cla- se media que, aunque generada por la actividad
empresarial, se orientó –en los descendientes de esta primera generación empresarial– ha- cia otras formas de actividad, particularmen- te las profesiones liberales y los empleos. En esto puede haber influido también y de manera muy pronunciada tanto la tradición “cartorial” (para emplear el término usado por Helio Ja- guaribe), pre-existente en la sociedad colonial, y después, durante el periodo de transición, como las orientaciones básicas de la población inmigrada, originarias de países como Italia y España, en que las aspiraciones de movilidad, también tendían a orientarse en ese sentido.
La industria además, no fue de ninguna ma- nera el único sector generador de clase media. Más bien constituyó un eslabón necesario en transmitir los efectos multiplicadores de las repercusiones de la expansión económica creadas por la exportación. El sector más di- rectamente vinculado con la expansión de los estratos medios en particular en las décadas posteriores al comienzo del siglo, fue el “tercia- rio”: es decir el comercio, los transportes, y los varios tipos de servicios modernos, desde la organización centralizada y burocrática del es- tado, hasta los servicios bancarios, financieros, de comunicaciones, educacionales, sanitarios, de protección y mantenimiento, recreativos y otros. Por fin, la creciente complejidad de la los intereses de los estratos dominantes que
fueron los principales beneficiarios de este tipo de economía. El estrato terrateniente y sus asociados constituyeron por cierto una élite modernizadora sumamente enérgica, y dotada de notables capacidades, empresariales.5 De paso podría notarse que dicha élite no puede clasificarse en ninguna de las cinco categorías que enumera Kerr (1962), en su esquema del proceso de modernización. No fue por cierto “tradicional”. Su orientación fue claramente capitalista y moderna, y en esto difirió sus- tancialmente de los grupos análogos en otras naciones latinoamericanas. En efecto sus orí- genes fueron relativamente más recientes que los del estrato alto en aquellos países, y su ac- ción fue guiada en medida mucho mayor por criterios de logro, y por actitudes innovadoras. Conjuntamente con las circunstancias favora- bles proporcionadas por la inmensa potencia- lidad económica del país (en términos de las oportunidades creadas en ese momento por la economía industrial de los países de primera industrialización, la demanda de productos pri- marios agrícolas ganaderos, la revolución en
5 Véanse las interesantes observaciones al respecto de R. Sautu, op. cit.
los transportes, y la viabilidad –transitoria– de la división internacional del trabajo, las actitu- des y las capacidades de la élite dirigente, fue- ron sin duda el factor preponderante del ace- lerado proceso de expansión económica y de modernización social ocurrido en esa época.
La primera expansión industrial en la Ar- gentina (1880-1930) fue una especie de sub- producto –imprevisto y hasta no deseado – de la expansión demográfica generada por la in- migración, y el extraordinario incremento del ingreso nacional generado por la economía pri- maria de exportación. Se debió al aumento del mercado generado por la inmigración masiva, a la protección casualmente producida por un régimen tarifario que, finalmente, protegió los productos de mayor valor, y por lo tanto des- tinados al consumo de los sectores económi- camente más favorecidos, y al hecho que, el
surplus creado por la expansión económica,
aunque altamente concentrado en las manos del estrato que controlaba la fuente principal de esa riqueza, pudo sin embargo filtrarse de manera no muy pequeña hacia otros estratos de la población. Por ello estos sectores, si bien en mucho menor medida, pudieron igualmente incrementar, de manera considerable su poder de compra y su participación en los consumos. Pero el tipo de industria que pudo prosperar,
y 1895, descendió un poco entre esta fecha y 1947, y volvió a repuntar algo en el periodo in- tercensal 1947-1960. De todos modos fue siem- pre considerablemente elevado e implicó nece- sariamente un alto grado de movilidad social tanto mayor en cuanto esta transformación se concentró sobre todo –particularmente en la
tercera fase– en las áreas centrales del país, mientras que las regiones periféricas permane- cieron estancadas o fueron mucho menos diná- micas. Por lo tanto el crecimiento de los estra- tos medios fue mucho más pronunciado que el indicado por las cifras del Cuadro 4, que refle- jan el promedio a nivel nacional. La expresión
Cuadro 3. Estratificación socio-ocupacional, 1869-1960* (en porcentaje de la población
económicamente activa).
Categorías socio-ocupacionales 1869 1895 1914 1947 1960
Estratos medios (no manuales), incluyendo los estratos altos (no más del 2/3%)
11.0 25.9 29.9 40.2 44.5
Propietarios y “cuenta propia” agropecuarios, comercio, industria, y servicios
7.1 17.8 14.9 19.9 19.6
Profesionales libres 0.5 1.5 2.6 1.3 1.5
Empleados, profesionales, dependientes (de distinto nivel, todos no manuales)
3.4 6.6 12.4 19.0 23.4
Estratos inferiores (manuales) 89.0 74.1 70.1 59.8 55.5
Trabajadores “por cuenta propia” 51.6 23.8 20.9 5.2 4.8
Trabajadores asalariados (no especializados y especializados) 24.5 36.4 39.2 49.6 45.5
Trabajadores del servicio doméstico 12.9 13.4 9.8 4.8 5.2
Otros – 0.5 0.2 0.2 –
Totales 100.0 100.0 100.0 100.0 100.0
Fuentes: para 1869; ver nota 4; para 1895 y 1914, trabajo preliminar de clasificación realizado por Ruth Sautu en un estudio inédito del Instituto de Sociología, Universidad de Buenos Aires. La agrupación indicada en la tabla difiere de la que realizo la autora en el manuscrito citado, para 1947: Germani (1955); para 1960, clasificación a base de una tabulación especial sobre una muestra del Censo nacional de ese año.
vida industrial, y la transformación de la em- presa, con un incremento creciente del perso- nal burocrático con relación al personal obrero –proceso que no se limitó a los países de alta industrialización– fueron otros tantos factores de expansión de los estratos medios.
El surgimiento de estos estratos, la desapa- rición –o disminución drástica especialmente en las zonas centrales– del antiguo estrato in- termedio “tradicional” (destruido por el efecto combinado de las importaciones de manufac- turas extranjeras, y el surgimiento de activi- dades industriales “modernas, aunque disemi- nadas en unidades empresariales pequeñas y medias), la formación de un sector “proletario urbano-moderno”, el surgimiento de una clase media agrícola si bien no muy grande, y muy por debajo del grado de expansión que los promotores de la política inmigratoria habían preconizado (aunque persiguiendo una políti- ca económica y social de efectos totalmente opuestos), y una cierta diferenciación interna de las elites, fueron los rasgos esenciales de la transformación del sistema de estratificación, durante la tercera etapa de la transición, es de- cir durante del auge de la economía primaria de exportación.
Una de las características que hay que te- ner presente al considerar esta fase, es que
en todos los sectores modernos de los varios estratos (con excepción de las clases altas), se registró un altísimo predominio de los ex- tranjeros de nacimiento, y en el lapso de unas dos décadas, de sus hijos. En los estratos al- tos también hubo extranjeros, pero en menor número; sin embargo se trataba de estratos de relativa permeabilidad, pues los descendientes de inmigrantes pudieron penetrar en ellos con bastante facilidad (en comparación con otros países de América Latina, de Europa y de los mismos Estados Unidos). De todos modos la llamada oligarquía –particularmente su sector más poderoso a nivel nacional– es decir, el gru- po porteño y de la provincia de Buenos Aires, fue de origen mucho más reciente, y nada aris- tocrático (Imaz, 1963).
El Cuadro 3 presenta un esquema sintético de la transformación de la estructura de clases en la Argentina, desde 1870 hasta 1960, y de- muestra, de manera muy clara, la rapidez de los cambios a la vez de su carácter radical.
Como puede verse, durante todo el periodo la expansión de los estratos medios procedió con singular vigor. Esto no se limita solamente al periodo de la “sociedad dual”, sino también a la cuarta fase del esquema, es decir después de 1930. El crecimiento de los estratos medios alcanzó su ritmo más acelerado entre 1869
restantes naciones latinoamericanas. El coefi- ciente de concentración del ingreso (en 1965), que para América Latina en su conjunto (excep- to Cuba), era de 0.57, alcanzaba en la Argentina a 0.48, siendo así inferior al de todos los demás países de la región (pero igual al de Colombia), e inferior al de Francia (0.52). En comparación, países con distribución más igualitaria, como Noruega y Reino Unido registraban un índice de 0.40 (CEPAL, 1970). Este índice, sin embar- go, apenas proporciona una primera aproxima- ción muy grosera, insuficiente incluso para una observación sumaria de la situación. Algo más
precisa es la comparación basada sobre la dis- tribución en diferentes grupos de ingresos de la población. Dividiendo esta en cinco grupos de ingresos (20% más bajo, 30% medio inferior, 30% medio superior, 15% alto inferior, y 5% más alto) se nota que la distribución se acerca a la de los países industrializados, con excepción del cinco por ciento superior, donde se regis- tra una concentración considerablemente alta. Esto no ocurre en los demás países de Amé- rica Latina en los cuales existe una desigual- dad mucho mayor y más generalizada. Ello se debe principalmente al hecho que en la Argen-
Cuadro 5. Distribución personal del ingreso en la Argentina, en América Latina
y países desarrollados, 1965.*
Índice de concentración
Porcentaje del ingreso global recibido por los diferentes grupos de ingreso
20% más bajo 30% bajo 30% medio 15% medio superior 5% alto Argentina 0.48 5.2 15.3 25.4 22.9 31.2 América Latina** 0.57 3.1 10.3 24.1 29.2 33.4 Brasil 0.57 3.5 11.5 23.6 22.0 39.4 México 0.53 3.6 11.8 26.1 29.5 29.0 Francia 0.52 1.9 14. 0 30.4 28.7 25.0 Estados Unidos 0.40 4.6 18.7 31.2 25.5 20.0 Noruega 0.36 4.1 20.6 34.4 25.1 15.4
* CEPAL, op. cit. (datos extraídos del Cuadro 31, reducido). ** En conjunto, excluida Cuba.
“sociedad dual” responde precisamente a esta característica de la coexistencia de áreas desa- rrolladas en contraposición con una periferia interna arcaica. En la etapa siguiente, aunque el desequilibrio se mantiene, la migración masi- va interna, contribuye a modificar la situación de la población del interior que se vuelca hacia las zonas centrales; esto agregado al hecho de que se desarrollan ciertos polos de crecimiento en el interior (por ejemplo la industria automo- triz en Córdoba, y la expansión en Chaco y For- mosa y en parte en el Sur).
Es importante observar que, con excepción del periodo 1869-1895, toda la expansión de los estratos medios –o casi– corresponde al sector “dependiente”, es decir al sector de empleados, dirigentes, profesionales y técnicos asalaria-
dos. El incremento de “independientes” en el periodo 1914-1947, corresponde probablemen- te a la expansión generada durante la segunda fase de industrialización (a partir de mediados de la década del treinta).
Antes de examinar algunas de las concomi- tancias y consecuencias de esta transforma- ción de la estructura de clase, será conveniente considerar brevemente otros aspectos de la es- tratificación. En particular me referiré aquí a la distribución del ingreso y a las características psicosociales del sistema.
Por lo que se refiere a lo primero puede de- cirse que, de acuerdo con los datos y estimacio- nes publicados por la CEPAL la distribución del ingreso en la Argentina se acerca más al de los países europeos y los Estados Unidos, que a las
Cuadro 4. Incrementos porcentuales anuales de los estratos medios,1869-1960 .*
Periodos Incrementos por sectores Total sectores medios Sectores medios
independientes Sectores medios dependientes 1869 -1895 +0.57 +0.45 +0.12 1895-1914 +0.27 +0.04 +0.31 1914-1947 +0.29 +0.10 +0.14 1947-1960 +0.33 0.00 +0.33
También la distribución de frecuencia de la población según el Nivel Económico social (en percentiles) registrada en el Cuadro 6 (ver cuadros en página siguiente) muestra que a me- dida que se pasa de los niveles (objetivos) infe- riores a los superiores, aumenta el porcentaje de auto-afiliación a los estratos medios y altos y correlativamente, disminuye la auto afiliación a los estratos bajos o populares.
Aunque en cada Nivel Económico Social hay cierta proporción de afiliaciones “desviadas” (personas con indicadores “bajos” que se au- toafilian medios o altos y viceversa), en casi todos los niveles hay una clara concentración de autoafiliación en correspondencia con la clasificación en base a indicadores “objetivos”. Es interesante observar dos puntos, puestos en evidencia en la investigación que estoy utili- zando. En primer lugar adonde no se nota una
menos concentración modal (en correspon- dencia con la clasificación “objetiva”), es en el tramo central de la escala (percentiles 41 a 60). Ahora bien, como el NES resulta del promedio de cuatro indicadores (ocupación, vivienda y consumos, educación, ingresos), una propor- ción considerable de los que registran niveles medios, poseen indicadores “incongruentes” (por ejemplo, altos en educación y bajos en in- greso, etc.). La dispersión en la autoafiliación en tales circunstancias puede ser el resultado de que estos individuos perciben en sí mismos características de clase contradictorias entre
sí. El hecho que la “incongruencia de status”
puede afectar la percepción de clase, es decir, en este caso, la autoafiliación a una clase, fue también confirmado en la misma investigación, al observarse que la proporción de “desviados” con respecto a la autoafiliación modal (“ade-
Nivel económico social (Índice compuesto de tipo warneriano; promedio ponderado de indicadores de ocupación, ingresos, vivienda
y nivel de consumo, educación)
Correlaciones (Spearman con auto-identificación)
0.525
Nivel de vivienda y tipos de consumo 0.439
Nivel ocupacional 0.475
Nivel educacional 0.460
Nivel de ingresos 0.396
tina, el sector arcaico y subdesarrollado de la sociedad nacional es muy restringido, en com- paración con los demás países de la región, y esta circunstancia a su vez fue causada por las modalidades históricas de la transición, a sus inicios más tempranos, y al mayor grado de de- sarrollo agrícola e industrial que permitió una absorción más elevada del sector marginal.
La mayor concentración de ingreso en el 5 por ciento más alto de la distribución –rasgo que la Argentina comparte con los demás paí- ses de la región– se debe a la estructura de la propiedad de la tierra (persistencia del latifun- dio), y también a la concentración del ingreso en el sector industrial y de servicios. La exis- tencia de un alto grado de sindicalización, y un funcionamiento relativamente eficiente de es- tas organizaciones, conjuntamente con la exis- tencia de un sector medio proporcionalmente mayor contribuyen a hacer algo más igualitaria la distribución en los segmentos bajo inferior, medio, y medio-superior de la población.
En el examen de la transformación del sis- tema de estratificación social he utilizado, como se ha visto, datos censales relativos a la clasificación de la población en ocupaciones. ¿Hasta qué punto esta clasificación puede to-