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Las consecuencias de la movilidad: efectos políticos

XXVI

La movilidad social es un proceso sumamente complejo y que puede ser analizado desde una multiplicidad de puntos de vista y medido por una variedad de índices: en la exposición an- terior nos hemos limitado tan solo a algunos entre ellos, y es en términos de los mismos que trataremos ahora de examinar el significado del proceso y sus consecuencias para la socie- dad argentina.

En primer lugar se hará una breve síntesis de lo tratado hasta ahora. El hecho fundamen- tal que afectó la movilidad en la Argentina fue el crecimiento muy rápido de la proporción de los estratos medios los que se incrementaron a razón del 0,56% anual entre 1869 y 1895 y entre el 0,27 y el 0,29% anual en las épocas posterio- res hasta 1947, continuando presumiblemente con el mismo ritmo en la década del cincuenta. Debido a esta expansión, y según nuestras esti- maciones, y en la hipótesis mínima de ninguna movilidad de descenso entre las personas de origen medio, durante la época de la inmigra- ción masiva, por lo menos un 20% de las per- sonas de origen manual ascendía a los estratos

correlación entre estas variables. Utilizan- do una serie de unos 12 países para los que se cuenta con datos relativos a movilidad13 puede verse que el coeficiente más elevado se da entre proporción de estratos no ma- nuales en la población y proporción de hijos de padre manual que asciende a no manual (0,931). Al mismo tiempo el tamaño relativo de los estratos medios se halla relacionado con el grado de desarrollo medido por el in- greso nacional bruto per capita (0,651). La correlación directa entre movilidad manual en no manual e ingreso bruto nacional per

capita, es también positiva: 0,731. Un autor

ha realizado un análisis análogo con relación a la movilidad de las personas de origen ma- nual hacia las “élites”. Aquí parecería darse el mismo tipo de correlaciones (Marsh, 1963: 565-575), a mayor tamaño relativo de los es- tratos de élite, mayor movilidad en términos de porcentaje de hijos manuales que logran ascender a ellos. A su vez, el tamaño relativo de las “élites” se correlaciona con el grado de desarrollo (medido en término de por- centaje en ocupaciones no agrícolas). Pero la correlación directa entre este indicador y

13 Datos tomados de Miller (1960). El coeficiente de correlación empleado en el de Spearman.

la movilidad hacia las élites resulta mucho menor o nula.

Si se confrontan las estimaciones formula- das con relación a la Argentina (sobre el plano nacional), en cuanto a la movilidad manual en no manual, se observa que durante la época de la inmigración masiva, incluso en la hipótesis mínima (ningún descenso entre los no manua- les), la Argentina se situaría en el nivel del gru- po medio, y si se colocaría en el grupo de movi- lidad más elevada. Estas confrontaciones están limitadas a índices de movilidad, computados en escala nacional. Si restringimos la compara- ción a medios urbanos únicamente el porcenta- je de ascensos entre los hijos de padre manual a estratos no manuales en Buenos Aires resulta ser más elevado que cualquiera de los corres- pondientes a las ciudades citadas por Miller.14

14 Frente a la tasa de 36,5% de ascenso de los manua- les, en Buenos Aires hallamos el 24,1% para Melbourne 29,4%, para San Pablo, 5,7% y 30,9%, respectivamente para dos ciudades belgas, etc. Naturalmente, la tasa de Buenos Aires resulta más elevada que todas las demás tasas nacionales de los 13 países incluidos analizados por Miller, es posible que en la alta tasa de Buenos Ai- res influya algo la composición por edades (se trata de jefes de familia y no de toda la población), pero aun teniendo en cuenta esta circunstancia se trata de una movilidad muy elevada.

del grado y la forma de dicha movilidad. Sin embargo, no cabe duda de que con la indus- trialización se produce una expansión de los estratos medios y a su vez este proceso con- duce a un aumento de movilidad, por lo me- nos en el sentido que tiende a transformar a los campesinos en obreros, y estos en emplea- dos, y otros dependientes de cuello blanco. Además, en el mismo sentido opera la extre- ma diferenciación ocupacional producida por el avance tecnológico.

Lipset y Bendix (1963: Cap. II y III) han se- ñalado que en todas las sociedades industriales existiría una tasa elevada de movilidad y que a este respecto existirían pocas diferencias entre ellas, en tanto los procesos estructurales men- cionados son, por definición, comunes a este tipo de sociedades. No parece del todo ocioso

señalar que, por lo menos, con respecto a cier- tas formas de movilidad, se registran diferen- cias entre las sociedades industriales, y estas diferencias parecen relacionarse precisamente con el grado de desarrollo industrial.

Esta relación, sin embargo, no parece ser di- recta: por ejemplo, la tasa de movilidad de personas de origen manual que ascienden al no manual, depende en primer lugar del ta- maño de los estratos no manuales y en grado menor del nivel de desarrollo económico. A su vez, ese último aparece relacionado con el tamaño de los estratos medios y movilidad manual a no manual se mantiene también con relación a países en los cuales ya se ha pro- ducido el período de gran expansión de tales estratos. Alguna evidencia en este sentido puede verse a través de los coeficientes de

Cuadro 26. Movilidad manual en no manual en 13 países* (circa 1950)

Países % hijos manuales que ascienden a no manuales Porcentaje estratos medios Mínima Máxima Promedio

Italia, Finlandia, Puerto Rico, Hungría 8,5 14,5 12,1 25,5

Holanda, Alemania, Occidental, Noruega, Japón, Dinamarca, Gran Bretaña

19,6 24,8 22,6 36,3

Suecia, Estados Unidos, Francia 25,5 29,6 25,5 50,2

pueden formularse sobre tales efectos están todavía en el campo de las hipótesis plausi- bles, mas no comprobadas.

XXIX

No nos referiremos aquí a las repercusiones de la movilidad en el orden individual sino a su posible impacto en el comportamiento co- lectivo, particularmente en la esfera política. La hipótesis generalmente aceptada indica que una alta tasa de movilidad, en especial desde los estratos manuales, tiende a favorecer la integración de estos estratos al orden social existente. Así, el hecho de que en los Estados Unidos no haya nunca surgido y prosperado un fuerte movimiento popular de izquierda socialista y comunista (en contraste con Eu- ropa), se explicaría por la característica de sociedad “abierta” que posee aquel país en contraste con las naciones del viejo mundo. Lipset y Zetterberg (1963) han sugerido una modificación de esta hipótesis introduciendo como una variable importante las ideologías y valores imperantes en cuanto al sistema de estratificación y la movilidad misma.

Según estos autores no hay una relación directa entre las tasas de movilidad y la in-

tegración, sino que dependerá del tipo de ac- titudes más igualitarias o más jerárquicas el que la movilidad efectiva ejerza influencia en cuanto a la integración. Una sociedad muy je- rarquizada (como en Europa) no registrará los efectos integrativos de la movilidad, a pesar de que esta sea alta (por ejemplo igualmente alta que en los Estados Unidos), por cuanto o bien será mucho menos visible, o bien re- sultará igualmente frustrante, pues, de todos modos, habrá barreras para el ascenso de la mayor parte de las personas hacia posiciones aun más elevadas.

No es posible discutir aquí, en detalle, esta nueva hipótesis que, por cierto, repre- senta un avance importante con relación a la formulación, un poco simplista, de una relación directa entre tasas estadísticas de movilidad y sus efectos sociales. Ya se vio que dentro de las sociedades industriales existen diferencias en cuanto a los varios tipos de movilidad, y que el tamaño de los estratos medios resulta ser el mayor factor en la movilidad desde los estratos manuales (y los Estados Unidos registran uno de los más amplios). Ello podría indicar que si bien actitudes e ideologías constituyen un factor interviniente importante, el volumen físico de la movilidad no dejaría de tener efecti- Con relación a la movilidad hacia las “élites”, la

comparación resulta más azarosa, por cuanto las variables definiciones del término influyen aun más en el tamaño y por lo tanto en la movi- lidad. Tomando una definición equivalente a la de los niveles 6 y 7 de la clasificación empleada en Buenos Aires, el porcentaje de manuales y medios que ingresan a las élites en Buenos Ai- res (el 17,8% resulta superior al registrado en la mayoría de los países, con excepción de Suecia y Estados Unidos, restringiendo la compara- ción a los países con un tamaño de élite ligera- mente superior, igual o inferior al registrado en Buenos Aires. Por lo que se refiere al descenso desde posicones no manuales o manuales se tiene la misma impresión de un alto grado de fluidez en la sociedad argentina, o por lo menos en la zona de Buenos Aires.

Estas comparaciones sugieren entonces que en la Argentina, desde la época de la inmigra- ción masiva, y presumiblemente con igual o mayor intensidad después, se produjo un grado de movilidad que puede calificarse de “eleva- do” cuando se toma en cuenta lo ocurrido en otros países. Esta afirmación se aplica tanto a la movilidad manual hacia no ocupaciones ma- nuales como a la inversa, y con alguna reserva también parece aplicable el caso de la movili- dad hacia las élites.

XXVIII

Si los estudios comparativos relativos a la medición de la movilidad, o de algunos de sus aspectos, resultan todavía fundados so- bre bases inseguras, nuestros conocimientos acerca de las repercusiones del proceso, en cuanto a la estructura y el funcionamiento de la sociedad, tampoco son muy firmes. Se cuenta con algunos datos, pero no hay en rea- lidad investigaciones que se hayan propuesto analizar expresamente el problema, incluso en forma parcial. Por otra parte, tales reper- cusiones pueden ser distintas no solo según el tipo de movilidad de los estratos que afecta su intensidad y su ritmo, sino también según el contexto histórico social en el que el pro- ceso tiene lugar. En este sentido, índices aná- logos pueden tener implicaciones diferentes según el tipo de sociedad y la situación histó- rica en que se dan. Estas afirmaciones no sig- nifican que debe presumirse una especie de indeterminación entre procesos de movilidad y otros procesos sociales pues, por el contra- rio, existe la convicción de que la movilidad constituye un fenómeno de singular impor- tancia en la explicación de la dinámica social en muchos de sus aspectos. Pero es necesa- rio tener presente que las afirmaciones que

que se iba acercando a la que se registra en los países industriales.15 La misma analogía po- dría mencionarse con relación a la ausencia de un pasado feudal, ya que el grupo de familias tradicionales de la Argentina en ningún modo podría considerarse análogo a la aristocracia europea por sus características intrínsecas, ni por su significado con relación al ethos iguali- tario o jerárquico de la sociedad. Con relación a esto puede decirse que, aunque la Argentina carece de mitos populares igualitarios como ocurre en los Estados Unidos, no cabe duda de que se trata de una sociedad mucho más iguali- taria que la de los países de Europa en todo lo referente a valores, actitudes y relaciones in- terpersonales.16 En realidad, en la experiencia

15 Entre 1937 y 1954 la proporción del Ingreso Nacio- nal que correspondía a los salarios y sueldos, pasó del 47% al 56% (o del 46% al 60% según la forma de cálculo). Estas proporciones se redujeron considerablemente en los años posteriores. Cf. República Argentina (1955). Para las mejoras en las clases populares entre 1940 y 1950 ver Germani (1952: 559-578).

16 En la misma encuesta sobre estratificación un 74,3% de los jefes de familia atribuyeron a condicio- nes y esfuerzos personales del éxito en la ocupación o el trabajo y solamente el 22,4% a conexiones familia- res, suerte, falta de escrúpulos y opiniones similares. La idea de que con la “buena preparación y estudios”

del inmigrante, la Argentina debió parecer, por lo menos durante la época de la inmigración masiva, una sociedad mucho más abierta, en la

(34,9% de las respuestas) o “trabajar mucho” (19,3%) y otros medios similares es posible avanzar parecía ser compartida por la mayoría de las personas, aunque en menor medida en los niveles económicos-sociales más bajos:

nivel eConóMiCo

soCial: 1 (bajo) 2 3 4 5 6/7 (alto)

% que atribuye el éxito al esfuerzo y a las condiciones

personales 55,8 68,1 76,5 81,5 84,2 82,8 Estas actitudes observadas en un momento de crisis política y económica, parecerían indicar creencias po- sitivas acerca de las posibilidades de mejoras ocupacio- nales sobre el plano individual.

Desgraciadamente no se cuenta con investigaciones o datos sobre el tipo jerárquico o autoritario de las re- laciones personales particularmente entre superiores e inferiores. Un ejemplo de extremo igualitario puede ser dado en las relaciones entre estudiantes y profeso- res en la universidad, en fuerte contraste con Europa. También en las relaciones dentro de la empresa el trato tiende a ser más igualitario que jerárquico (por cierto mucho más que en Europa Meridional, en Italia o en España).

vidad. Por otra parte, es necesario recordar que la movilidad actúa en todo caso dentro de un complejo de circunstancias y que es este mismo complejo el que se relaciona con las actitudes de los grupos sociales afecta- dos por ella. Así, al tratar de explicar por qué en los Estados Unidos no han prospe- rado los movimientos de izquierda entre los estratos populares, Lipset y Bendix (1963, énfasis propio) enumeran seis diferentes condiciones:

ausencia de un pasado feudal; 1.

la alta tasa de movilidad que ha tendido 2.

a mantener la ideología de una sociedad abierta;

el aumento de las oportunidades educacio- 3.

nales;

el tipo de carrera de los empresarios,

4. que

parecería confirmar las creencias acerca de la igualdad de oportunidades;

la presencia de inmigrantes y de minorías 5.

raciales que ocupan las posiciones más humildes, mientras que los nativos ascien- den;

el crecimiento económico y el consumo de 6.

masa, que ha tendido a reducir las diferen- cias en el nivel de vida entre clases medias y populares.

XXX

Ahora bien, apoyándonos en la argumentación anterior, no parece fuera de lugar sugerir que en la Argentina por lo menos uno de los fac- tores decisivos que ha desalentado la consti- tución de grandes movimientos populares de izquierda, como ha ocurrido en los países euro- peos, ha sido precisamente la alta tasa de mo- vilidad que se registró en el país por un período muy prolongado. Este proceso, además, se vio acompañado por algunas de las circunstancias que Lipset y Bendix y otros autores invocan para los Estados Unidos. Por cierto, no se ha alcanzado la etapa del “consumo de masa”, mas durante muchas décadas, y hasta el reciente re- troceso y estancamiento, el nivel de vida de la Argentina, por lo menos para los dos tercios de la población total que se concentra en Buenos Aires y Litoral, fue relativamente elevado; la expansión de las oportunidades educacionales fue en extremo pronunciado, como lo indican las proporciones mencionadas en una sección anterior que por lo menos alcanzan a ingresar en la Universidad; durante el período de expan- sión industrial que se interrumpió al comienzo de la década del cincuenta, la participación de los asalariados en el producto nacional estu- vo creciendo hasta alcanzar una proporción

relación a su familia, ha modificado su posición social, lo expone a presiones contradictorias en cuanto a su orientación política y esta circuns- tancias, como ha sido probado reiteradamente, tiende a traducirse en retraimiento.

XXXII

No poseemos en la Argentina estudios simi- lares que permitan conocer los efectos de la movilidad sobre la orientación política, pero lo que puede extraerse de observaciones “im- presionistas” y la analogía con los estudios mencionados hacen por lo menos plausible la hipótesis de que la movilidad haya producido efectos similares. Si volvemos al Cuadro 14, re- lativo a la composición social de los diferentes estratos en Buenos Aires, veremos que en las clases populares solamente un 35% había na- cido de una familia obrera (niveles 1 y 2) una proporción mayor (el 37%), había nacido en hogares de nivel medio alto (3 a 7), y el res- to, aunque nacido en ambiente obrero, había tenido diferentes experiencias de ascenso (de calificado o no calificado o viceversa). A esta movilidad hay que agregar otra proporción de personas que experimentaron movilidad as- cendente o descendente en su propia carrera

ocupacional: por ejemplo, entre los 21 y los 45 años había por lo menos un 28% de individuos que habían pasado de niveles manuales a no manuales y otros 13,5% que había recorrido el camino inverso. Aunque con todas las reservas del caso e insistiendo sobre el carácter hipoté- tico de la afirmación, es difícil sustraerse a la impresión de que este intercambio entre estra- tos sociales, era considerable heterogeneidad de orígenes tiene un papel de importancia en el hecho de que en la Argentina, a pesar de la alta concentración de obreros industriales en pocos centros urbanos, no se hayan desarrollado par- tidos de masa, de orientación similar a la que se observó en Europa. En efecto ni el socialismo, ni el peronismo pueden considerarse tales. El primero, que por lo demás nunca pasó los lími- tes de la zona de Buenos Aires, fue siempre una expresión moderada que durante mucho tiem- po funcionó más bien como una alternativa del electorado independiente del partido típico de las clases medias, el radicalismo.

Por otra parte, hasta 1946 por lo que se sabe, no aparece una diferenciación pronunciada del voto sobre líneas de clase tal como es el caso, por ejemplo, de Italia o Francia.17 Después de

17 Las correlaciones ecológicas entre voto obtenido por los varios partidos y distintas categorías ocupacio-

que eran inexistentes o mínimos los obstácu- los, la desigualdad, y la diferenciación jerárqui- ca característicos de sus lugares de origen.

XXXI

Para entender el efecto específico de la movi- lidad en la orientación política de los estratos populares y de los estratos medios, es necesa- rio también prestar atención a la composición de estos estratos, tal como resulta en virtud no solo de la movilidad de ascenso, sino, también, de la de descenso. Por el efecto acumulado de la movilidad intergeneracional e intragene- racional, tanto de ascenso como de descenso disminuye la homogeneidad de los diferentes estratos en tanto estos resultan compuestos por personas que, ya sea por origen familiar, ya sea por experiencia personal propia, han per- tenecido a niveles sociales muy diferentes. En la medida en que la orientación política resulta condicionada por la socialización temprana, las personas móviles deberían llevar consigo en el nuevo ambiente actitudes correspondientes a su posición de origen; por otra parte, en la me- dida en que tales actitudes están afectadas por las nuevas experiencias personales debería ha- ber una adecuación a las orientaciones predo-

minantes en los estratos a los que han llegado a pertenecer en el presente. En realidad, la rela- ción no es de ningún modo simétrica y el hecho de ascender o descender introduce diferentes efectos, los que, además, resultan también con- dicionados por las circunstancias histórico-po- líticas peculiares de cada situación. De todos modos la evidencia sistematizada por Lipset y Bendix en una variedad de países muestra que

[…] el proceso de intercambio social a través del