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Capítulo V. Medios Radicales 106

4. Estructura narrativa histórica mediática en Chile 136

En este punto describiremos empíricamente la existencia en Chile de una diversidad de públicos que exige de la televisión diferentes estructuras de narración histórica mediática. Con esto podemos observar que el requerimiento de diversidad está anclado en las preferencias de las diversas subjetividades, por tanto la constitución de medios radicales no es sólo una relación teórica abstracta desligada de la realidad y anclada a una imposición teórica o normativa de democracia radical, sino que también tiene que ver con una multiplicidad y diversidad que se está dando en la sociedad chilena actual. Esta

diversidad de subjetividades, en este caso las hemos definido bajo la definición de públicos socioculturales. Por razones y limitaciones operativas propias del análisis empírico, se han agrupado en seis, según características sociales y culturales, a través del método estadístico de análisis multivariado176.

Según las propiedades vistas en el punto anterior, que son las que constituyen analíticamente la narración histórica mediática, se configuraron 6 tipos distintos de narraciones históricas mediáticas que a la vez corresponde a 6 tipos distintos de públicos televisivos. La configuración de estas narraciones históricas mediáticas, según la conjugación de propiedades anteriormente descritas pueden ordenarse según su mayor o menor propiedad escritural.

La configuración de públicos socioculturales es una agrupación estadística que se realiza a partir de un conjunto de variables que indican patrones sociales y culturales insertos en la subjetividad de las personas. Hemos conceptualizado subjetividad como un entramado simbólico complejo, indeterminado que puede definirse como la constitución del yo en la indecibilidad, Implica auto- observaciones y hetero-observaciones del entorno constitutivo.

El entorno constitutivo definido desde el antagonismo expresa la imposibilidad de constituir una identidad, y plantea el concepto de identificación como operar de la subjetividad; por tanto, cada uno de estos públicos socioculturales expresa una identificación que es en sí misma imposible y necesaria.

Por tanto la configuración de estos públicos socioculturales se ha realizado mediante una operación pragmática que en la forma de narración atrapa algunas dimensiones de la subjetividad de las personas, en una síntesis de

176 Esta agrupación fue realizada a través de un cluster sociocultural estadístico realizado por las autoras,durante una de asesoría para Televisión Nacional de Chile, TVN, en el área de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Santiago de Chile (2005-2006) .

auto-observaciones y hetero-observaciones del yo en la indecibilidad177 que constituyen la identificación.

Si bien las subjetividades son mucho más complejas e indeterminables que los públicos socioculturales, estos logran captar dimensiones de la subjetividad agrupadas arbitraria y operativamente en esta constelación de públicos.

Como se puede observar en el siguiente esquema, en Chile existen diferentes preferencias de narraciones históricas mediáticas, según los públicos socioculturales. Estas preferencias varían desde narraciones configuradas con un mayor grado escritural a narraciones que privilegian la condensación y la presencia. En las narraciones históricas mediáticas no escriturales, la presencia puede expresarse en las personificaciones que se hacen del relato histórico, en la monocausalidad atribuida a la narración de los acontecimientos históricos o en la concepción de la narración histórica como expresión de un orden trascendental.

Esquema: Diversidad de preferencias de narración histórica mediática de públicos socioculturales según su grado escritural.

177 Con esto nos referimos al proceso metodológico y operativo mediante el cual se ha configurado esta tipología de públicos socioculturales a partir de una encuesta que intenta captar las auto-observaciones y hetero-observaciones que realizan las personas de ellos en el mundo y de sus condiciones en la indecidibilidad. Esta auto-observación y hetero- observación del yo se realiza siempre desde el propio individuo pero en referencia a su exterior constitutivo. De esta manera estas observaciones fueron captadas operacionalizadas y agrupadas por razones empíricas en una

Cuando planteamos una narración histórica mediática con mayores grados de escritura nos referimos a una narración mediática que cuenta con elementos que permiten que ella se configure en cierta medida como una différance donde exista el espaciamiento y la temporización. Esto dentro las posibilidades reales que tienen las narraciones mediáticas de constituirse como escritura debido a la limitación temporal propia de la televisión, y tomando en consideración que la mayoría de las narraciones históricas mediáticas se constituyen como un relato condensado y elíptico.

Para realizar este ordenamiento de narraciones históricas mediáticas se respondió a la pregunta acerca de “cuál es la estructura narrativa histórica televisiva que tiene cada uno de los públicos socioculturales”. Esta estructura narrativa da cuenta del tipo de narración histórica mediática que distintos públicos socioculturales preferirían.

E S C R I T U R A

Narración Histórica Mediática

P R E S E N C I A 1. Observador del acontecimiento 4. Observador moralista 2. Observador Icónico 3. Observador Sujeto -colectivo 5. Observador emotivo 6. Observador Agobiado

Preferencias de Narración Histórica Mediática

¿Qué tipo de narrativa histórica puede ser televisada para cada público sociocultural? ¿Cuál es la estructura narrativa que tiene cada uno de los públicos socioculturales?

Estos públicos socioculturales se constituyen como observadores, tanto de la narración histórica mediática como de la identificación del yo en la indecidibilidad.

Por tanto las estructuras narrativas de la narración histórica mediática se desprenden de ciertas subjetividades presentes en la sociedad, que se han agrupado en esta tipología de observadores de la narración histórica mediática, y que de esta forma constituyen una simplificación de las subjetividades presentes en Chile.

Pero a pesar de ser una simplificación de las subjetividades indecidibles, esta agrupación de observadores televisivos permite develar que en Chile, la estructura narrativa de la historia mediática que las audiencias no es homogénea sino que coexisten diversas estructuras narrativas y preferencias. Estas estructuras narrativas constituyen la narración histórica mediática ideal que cada observador televisivo preferiría.

Estas estructuras narrativas de la historia mediática ideal son las que exploraremos a continuación, comenzando por la estructura narrativa configurada en mayor medida como escritura, que es la del observador del acontecimiento y terminando por la estructura narrativa configurada en mayor medida como presencia, que es la del observador agobiado.

Para el Observador del Acontecimiento [1] la narración histórica mediática debe ser verosímil y argumentada racionalmente. En este tipo de estructura narrativa los finales de las narraciones históricas mediáticas son una construcción múltiple y los acontecimientos pueden quedar abiertos a un horizonte indeterminado, por tanto, se abre la interpretación a la diferencia. En esta estructura narrativa los acontecimientos históricos son multicausales y

múltiples, contienen diversos énfasis e interpretaciones que deben ser finalmente interpretados por el espectador. Una estructura narrativa televisiva configurada de esta manera otorga amplios márgenes de interpretación acerca de la historia, por tanto permite la iterabilidad, el espaciamiento y la temporización dentro de lo que una narración mediática puede ser. Por tanto en este tipo de narración histórica mediática el espectador se encuentra con una narración histórica configurada en mayores grados como escritura.

Para el observador icónico [2], la estructura narrativa televisiva de la historia debe estar centrada tanto en imágenes como en relatos argumentados, pues para este tipo de observador tanto la imagen como el argumento tienen el mismo valor. En este tipo de estructura narrativa se espera una concatenación coherente de los acontecimientos, aunque con menor exigencia de justificaciones que para el observador de los acontecimientos. Lo importante en esta estructura narrativa es que la narración se constituya como un solo relato coherente y ordenado, que contenga causalidades aunque éstas sean múltiples y diversas. Una narración histórica configurada de esta manera también se erige como escritura178, pues no se constituye como un relato centrado en alguna verdad sino que se abre a la diferencia. Pero en esta estructura narrativa, a diferencia de la estructura narrativa anterior, la narración y la imagen deben estar más condensadas, por tanto la iterabilidad y el desplazamiento de la narración como escritura se ve un poco más coartada que en el caso de la narración histórica que prefiere el observador del acontecimiento.

La estructura narrativa del observador sujeto-colectivo [3] está organizada por valores que expresan el sentir colectivo de una sociedad. Para este tipo de

178 Se erige como escritura siempre dentro de las limitaciones a la escritura propias de toda narración mediática elíptica y homo-hegemónica.

observador la historia es producto de la acción colectiva y de los ideales comunes de una sociedad. Los acontecimientos se concatenan a través de justificaciones valóricas definidas colectivamente y su final puede estar cerrado o quedar abierto, sólo si se mantiene la esperanza de la realización de un valor predeterminado. De esta manera en esta estructura narrativa la différance no queda totalmente cerrada, aunque existen ciertos grados de predeterminación. Esta predeterminación del futuro gira en torno a un valor, por tanto esta narración posee un centro ordenador que no es totalizador, pues el valor que predetermina y cierra el futuro no está plenamente definido, por lo que la predeterminación queda en cierta medida indeterminada, dejando ciertos espacios a la interpretación. Por tanto esta estructura cuenta con un eje ordenador que deja espacios para la iterabilidad.

Para el observador moralista [4] la narración histórica mediática debe otorgar la seguridad moral de un pasado ordenado en el presente del caos. En esta estructura analítica de la historia televisiva, se pone en el centro el valor trascendental de la moral, que en cuanto presencia se expresa en determinadas pautas de acción. Por tanto en esta estructura narrativa toda narración histórica se articula con la moral en el centro, la narración de los acontecimientos debe tener un final cerrado, debe expresar una coherencia moral que reafirme las ventajas de un orden social basado en un solo valor trascendental que se torna totalizador del relato. En este tipo de narración histórica los valores morales se vuelven totalizadores, pues la argumentación gira en torno a una idea esencial de verdad que en este relato histórico no se cuestiona. A partir de este tipo de estructura narrativa, la narración de la historia comienza a perder más claramente la forma de escritura, y las narraciones comienzan a configurarse más claramente desde la presencia, pues se van observando cada vez menos trazos que potencien el espaciamiento y la temporización, que son aspectos necesarios para constituir la différance en la escritura.

La estructura narrativa de la historia mediática del observador emotivo [5], al igual que la estructura narrativa del observador moralista [4], posee un centro estructurador. Pero en el caso del observador emotivo la narración histórica está basada en personajes, con quienes este tipo de observador establece una relación mediática emotiva de identificación y reconocimiento. En esta estructura narrativa la fuerza que mueve los acontecimientos es monocausal y lo central son los personajes y las relaciones emocionales que se establecen entre ellos. En este caso la presencia se vuelve más concreta y se hace más evidente, pues la esencia ya no está sólo en una máxima moral sino que se personifica y se centra en los personajes implicados en los acontecimientos narrados.

Por último, el observador agobiado [6] posee una estructura narrativa que concibe a la historia como un reflejo del orden trascendental del cosmos y del universo. En este sentido la historia relata el drama humano basado en la jerarquía binaria del bien y el mal. En esta estructura narrativa la historia se centra en los personajes, pero ya no sólo en referencia a las relaciones emocionales que establecen entre ellos, sino que relacionados a su comportamiento moral según una trascendentalidad mayor. La narración histórica debe observar el comportamiento del personaje juzgándolo según sus buenas y malas acciones, así como también la ocurrencia de pequeños acontecimientos concretos que confirmen esta estructura universal y reduzcan al máximo la incertidumbre. Por tanto en este caso la predeterminación de la narración histórica es total, se da una totalización plasmada de una cosmovisión donde el devenir de la historia es una confirmación del orden universal. En este sentido la narración histórica relata un mundo de maldad donde los personajes bondadosos finalmente son reconocidos y liberados de sus sufrimientos y los personajes malos castigados.

De esta forma, este tipo de narración histórica es paradigmática de una narración constituida como presencia que expresa abiertamente una metafísica de la presencia, ya que es una narración de la historia que está estrechamente ligada a la búsqueda de un principio originario que permita conocer, organizar y unificar coherentemente la realidad. Por tanto en este caso cualquier relato histórico no es más que un reflejo de una estructura trascendental que subyace a todo lo existente.

Con esto podemos observar que a través de esta tipología de estructura narrativa, las narraciones varían desde una narración histórica mediática configurada como escritura que permite una apertura a la diferencia, a la iterabilidad y una liberación de la presencia, hasta una narración histórica que se erige como el reflejo de un orden universal totalizado con una idea trascendental de bien y mal de corte escatológico.

Esto nos demuestra que la subjetividad es diversa y que no existe una identificación pura en el sentido de la identidad, sino que existen antagonismos que capturados en una expresión narrativa articulan diversas particularidades. De esta manera las múltiples narraciones históricas mediáticas que logramos atrapar de la realidad empírica son diversas e incluso en algunos casos contrarias, pues varían en la concepción de historia que relatan. Esta diversidad que logramos captar mediante el constructo simplificador de la tipología, probablemente ha reducido la diversidad aún mayor del contexto actual.

Pero la diversidad de narraciones históricas mediáticas que cada público sociocultural preferiría pone en evidencia los requerimientos, que desde la realidad fáctica se observan, de una mayor pluralidad en la narración de la historia que se realiza televisivamente. Por tanto desde las diversas subjetividades presentes en el mundo descentrado actual, y articuladas

operativamente en la tipología de estructuras narrativas, se puede observar la necesidad de que las diversas narraciones parciales constituyan una archi- narración histórica mediática. Esta archi-narración histórica mediática reúne dentro de sí una multiplicidad de formas de narraciones históricas mediáticas, que operan como trazos de esta archi-escritura que es archi-narración mediática. Por tanto la configuración de esta archi-narración mediática, que implica que el conjunto de las narraciones mediáticas sean escritura, es lo que va conformando medios de comunicación radicales, que permiten realizar una legibilidad radical de la historia, pues los espectadores cuentan con una diversidad de versiones acerca de la historia que abre la interpretación.

Esto pone en cuestión la forma de televisar la historia que se ha realizado en Chile, la que ha sido narrada de forma homogénea, pues los canales de televisión chilenos apuntan más hacia una transversalidad de audiencias que a una segmentación de la diversidad. En Chile, la mayoría de los programas están hechos para un público estándar o con pequeñas variaciones, por tanto los canales televisivos chilenos tratan de disminuir la multiplicidad de preferencias179, homogeneizándolos según un criterio ordenador que impone legibilidad como presencia.

El criterio o eje ordenador de la televisión chilena está dado por la publicidad y por la venta de audiencias a avisadores como la única forma de mantener un financiamiento estable. Por tanto para configurar programas televisivos o narraciones mediáticas se busca un mínimo común denominador que agrupe y homogenice a esta diversidad de públicos, que como lo mostramos factual y operativamente, nos encontramos con públicos televisivos que esperan de la televisión narraciones mediáticas diversas, que impliquen una multiplicidad de

antagonismos narrativos que visibilicen la iterabilidad indeterminada de la sociedad actual.

Además de esta limitación dada por la homogenización de las audiencias se observan otras limitaciones para la constitución de una archi-narración mediática que contenga dentro de sí una diversidad de narraciones históricas mediáticas parciales - de las cuales, las narraciones históricas mediáticas descritas anteriormente son sólo un ejemplo del requerimiento de diversidad que se da desde la realidad empírica.

Una de las limitaciones para la constitución de una archi-narración histórica mediática televisiva es el actual operar del Consejo Nacional de Televisión, cuyas implicancias fueron descritas anteriormente. Por otro lado también se encuentra limitando la archi-escritura propia de unos medios radicales imposición de legibilidad dada por la parrilla programática que genera una homogeneidad de la programación entre canales, que también fue descrito anteriormente.

Si el operar de la televisión chilena, desde su pluralidad ínter-canal, y entre canal, las imposiciones normativas impuestas por la fuerza del CNTV, y la no consideración de la multiplicidad de antagonismos narrativos (heterogeneidad de audiencias) que conforman el espacio público mediático, son manifestaciones de una observación transversalista y homogenizante, esta observación parcial se enmarca entonces en la observación de mundo homogéneo, en la observación de la diversidad de audiencias y opiniones frente a las narraciones como una especie de “opinión pública”.

Esta obsesión mediática televisiva por la llamada opinión pública, corresponde a la no observación de la iterabilidad presente en el espacio público, en otros

términos, la no coordinación entre el operar mediático televisivo y la diversidad del espacio social.

Desde la observación de Jaques Derrida, la opinión pública es la silueta de un fantasma, es el ajuste en un constructo de las exigencias y realidades contradictorias del espacio público180. En definitiva, la llamada opinión pública no existiría, y no tendría fundamento en las opiniones o en las subjetividades del espacio público, ya que la diversidad ahí operante es pura imprevisibilidad cambiante, contingente, no manejable en su totalidad.

La opinión pública es “literalmente efímera, no tiene estatuto, puesto que no está sujeta a la estabilidad, ni siquiera a la constancia en la inestabilidad”181, en definitiva ella misma tiene su propio fundamento de su no existencia. Es probable entonces una opinión hegemónica, pero nunca pública, ya que el fundamento de la hegemonía es el vacío de su constitución, y la posibilidad de alteridad, de otro modo se erigiría como tiranía.

Los medios en general, observan la multiplicidad iterante del espacio público basados en el “datos” o constructos simplistas, como el people meter o encuestas de opinión182, la llamada opinión pública trasversal ahí construida, no es representativa, ni expresa generalidad, ni la suma de los fragmentos del espacio público, sino que “se la cita, se la hace hablar, se la somete a ventriloquia”, en definitiva se manipula su inexistencia, se impone en su estructura la incoherente homogeneidad de la observación mediática. La televisión produce ésta opinión pública, como constructo unidimensional, como disfraz del espacio público iterante, imposibilitando el espaciamiento y