“Para que haya acontecimiento e historia, es preciso que un ven se abra y se dirija a alguien, a algún otro que no puedo ni debo determinar de antemano, ni como sujeto, yo, conciencia, ni como animal, dios o persona, hombre o mujer, vivo o no vivo (...)” Jaques Derrida.
La narración histórica descrita en el sentido postestructuralista es apertura plena al acontecimiento, apertura radical a la diferencia. Esto constituye un aporte a la constitución democrática radical, ya que implica deconstrucción de las constelaciones hegemónicas, y el develamiento de la arbitrariedad de la tradición. Cuando esta narración histórica es realizada por los medios, se pierde ésta apertura radical a la diferencia, por tanto, se pierde el potencial democratizador de la narración histórica debido a que los medios condensan los acontecimientos en una concatenación narrativa elíptica, que limita la
différance. Considerando que el contexto democrático contemporáneo es un
espacio altamente mediatizado, se ve permanentemente sometido a la sustracción del acontecimiento, a la eliminación de la alteridad; en definitiva a la eliminación de aquella différance que permite las interpretaciones múltiples.
Para conocer como se realiza la mediatización de la historia en un contexto de democracia radical se explicará en primer lugar cómo operan los medios de comunicación de masas, específicamente la televisión, en tanto aparato mediático [I]. En segundo lugar, se observará el contenido elíptico y homo-
hegemónico de la narración mediática, como aquello que substrae la diferencia e impone condiciones de legibilidad. [II], para concluir con la noción de narración histórica mediática, como el dispositivo central que afecta el despliegue de la democracia radical.
[I] Operaciones de la televisión. Artefactualidad mediática televisiva como discordia activa en movimiento.
En la sociedad actual la comunicación fluye por ámbitos funcionalmente diferenciados, en este sentido, la mayoría de las comunicaciones son mediatizadas. Por tanto, la vivencia del pasar del tiempo, de la historia está influida de manera radical por los medios de comunicación de masas, la prensa, la radio, el cine y, especialmente la televisión. La subjetividad estará inevitablemente configurada por las comunicaciones mediáticas televisivas.
Derrida frente a esto plantea que los medios de comunicación de masas son el elemento principal para mantenerse al día, para tomar el pulso de los acontecimientos al ritmo indeterminable en que suceden. Se erigen como una mutación que puede ser técnico-económica o técnico- política, cuya principal característica en términos de efectos en la subjetividad, es que impone modelos de legibilidad110. Sin embargo, la mediatización y los efectos que esto tiene en la configuración de la sociedad es un análisis transversal en la teoría social y sociológica contemporánea.111 Derrida plantea al respeto: “¿Quién pensaría su tiempo hoy, y sobre todo, quién hablaría de él, les pregunto, si en primer lugar no prestara atención a un espacio público, por lo tanto a un presente político transformado a cada instante en su estructura y su contenido por la tele
110 Derrida, Jacques. 1992. El otro cabo. La democracia, para otro día. Colección Delos. Ediciones del Serval. Barcelona. Pp. 93-94.
111 Véase por ejemplo Thompson, John, Los Medios y la Modernidad, Habermas Jürgen, Facticidad y Validez, Capítulo IX.
tecnología, de lo que tan confusamente se denomina información o comunicación?”112.
Es en este espacio social mediatizado, tienen lugar las luchas por la hegemonía de los diversos discursos, que en tanto particularidades buscan tener un efecto universalizante. Este presente político, de lucha por la hegemonía, se expresa a través de los medios de comunicación e información, aunque en el espacio público mediático no tienen cabida la expresión de todas las particularidades que luchan por tener hegemonía en el presente político113.
En la televisión, el tiempo se constituye como un artefacto de actualidad. “La actualidad es un acontecimiento producido, ha sido creada, es activamente producida, performativamente interpretada por numerosos dispositivos ficticios o artificiales, jerarquizadores y selectivos de los que disponen los medios de comunicación: el tiempo mismo, la actualidad es un artefacto, en su mismo acontecer el tiempo es calculado, forzado, formateado por un dispositivo mediático”114. Esto se define como la artefactualidad115, pues el tiempo y la actualidad se construyen como un discurso que en el universo mediático se define como “escritura tele tecnológica116”.
El tiempo y la actualidad se construyen como una síntesis artificial, pues consta de una imagen sintética, una voz condensada y todos los complementos que simulan la actualidad real. Esto otorga cierta virtualidad al acontecimiento producido, pues son construidos como discursos en vistas a los dispositivos
112 Derrida Jaques. 1998a . Ecografías de la televisión: entrevistas filmadas. Eudebas ediciones. Universidad de Buenos Aires. Argentina.
113 Véase Laclau.1993. Op.Cit.
114 Derrida, Jacques. 1998a. Op.Cit. P. 15
115 Este concepto es una fusión que realiza Derrida entre artefacto y actualidad, pues la actualidad como discursos, en tanto es construida es un artefacto. En Jaques Derrida. 1998a. Ecografías de la Televisión. Op. Cit.
mediáticos. Por tanto esta “realidad” que nos llega en forma de actualidad a través de los medios de comunicación en el espacio público está hecho ficcionalmente en forma de un montaje que implica una multiplicidad de elementos mediáticos como textos, diálogos, declaraciones, imágenes, etc. Lo que se constituye en una paradoja, pues a través de una multiplicidad de elementos se muestra una homogeneidad.
Pero esta artefactualidad y virtualidad del tiempo no puede ser vista como una oposición a la realidad, pues toda realidad es producción de realidad. La realidad es algo en permanente construcción, por lo tanto la idea de virtualidad televisiva no implica que se construya como algo menos real que la realidad misma.
El concepto de virtualidad, no puede oponerse a una realidad actual que también está performativamente creada y producida. Sólo una perspectiva logofonocéntrica nos podría llevar a pensar que un mundo real inteligible e inmediato existe y que el ser humano puede tener conocimiento de él118. Desde nuestra observación, la abstracción que realiza la televisión ya no es metáfora de algo real, sino que es simulación, en el sentido que plantea Baudrillard, donde “La simulación no corresponde ya a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de realidad sin origen ni realidad: lo hiperreal”119. La simulación de la televisión no es necesariamente es simulación al estilo tradicional de la teoría crítica, que alude a un ocultamiento de lo real en el sentido ideológico, sino que esta simulación en si misma real, en tanto la realidad no tiene origen.
117 Para el postestructuralismo la realidad siempre es creada.
118 Peretti Della Rocca, Cristina, Jaques Derrida: Texto y Deconstrucción, Pp. 74-75 119 Baudrillard, Jean. 2002. Cultura y Simulacro. Editorial Kairós. Barcelona. P 9.
La hiperrealidad televisiva es el producto de una síntesis irradiante de modelos combinatorios de acontecimientos, en una narración mensaje, en el hiperespacio mediático. La hiperrealidad constituye el abrigo imaginario – en palabras de Baudrillard- de toda supuesta realidad, en este sentido la hiperrealidad que nos muestra la televisión es en sí misma la narración que relata la televisión. De esta manera, toda distinción entre lo real fáctico y lo imaginario se diluye en la generación de una simulación de diferencias120.
Es posible entonces hacer la distinción entre disimular y simular121. Si existe simulación no hay posibilidad de desenmascarar nada, pues no existe la realidad fáctica, solo hiperrealidad, y remite a una ausencia; mientras que disimular es ocultar una presencia, fingir no tener lo que se tiene.
La televisión en tanto aparato de mediatización de hiperrealidad, sociológicamente opera en la simulación, es decir, de la negación radical del signo como valor y de la narración de significantes en concatenación. La televisión en términos estrictos simula una representación, ya que envuelve la realidad fáctica y comunica el simulacro de la misma.
En este sentido, la comunicación que se emite de la televisión contiene la potencialidad de erigirse como escritura, teniendo en consideración en el caso chileno las limitaciones políticas a este despliegue. Desde los planteamientos de Jaques Derrida, la diferencia entre la escritura “escrita” y la escritura teletecnológica radica en que en los libros, el lector saber escribir, sin embargo, en lo audiovisual y en la informática, esto no sucede, pues el destinatario plausiblemente no tiene ninguna competencia técnica en cuanto a la génesis, la producción de lo que recibe. En este sentido, la realidad en la televisión es una construcción ficcional, que se superpone a la posible realidad fáctica irreducible.
La televisión en tanto aparato masivo, en cierta forma monopoliza el efecto de actualidad, en un proceso de apropiación centralizadora de los poderes artefactuales que crean el acontecimiento122. El tiempo en la televisión tiene un valor y ritmo propio, produce otra distribución, otros espacios, ritmos, relevos, formas de toma de la palabra e intervención pública y privada. El tiempo televisivo no implica temporalidad no real, es un tiempo que existe como otro tiempo, un tiempo virtual123, cuya apropiación, la apropiación del tiempo televisivo, el tiempo en la televisión, obedece a un ordenamiento técnico que realizan quienes ejercen el poder mediático124. En la televisión el tiempo es valor, el tiempo se erige virtual y es cooptación del supuesto tiempo universal, el tiempo del espacio público, que se procesa y se expresa, se mediatiza, a través de la televisión.
[II] Narración mediática teletecnológica.
Tal como vimos en el Capítulo III, existe multiplicidad de formas de narrar la Historia en tanto acontecimientos pasados, narrar la diversidad de tiempos en que pueden enmarcarse, así como pluralidad de formas de abarcar el sentido histórico, con diversos matices de tracendentalidad o presencia causal entre acontecimientos. Una de ellas es la versión indecidible de J.Derrida. Considerando lo anterior, podemos afirmar, que en un contexto demócrata radical la universalidad solo existe si se encarna en una particularidad, pero ninguna narración particular mediática -histórica o no- debería tornarse homo- hegemónica, si no se ha convertido en el habla de efectos universalizantes. A modo de ejemplo, en la forma de narrar en la televisión chilena, se observa el problema del mutuo rechazo de lo universal y lo particular, donde la interdependencia se transforma en relación de negatividad, la universalidad
122 Derrida, Jacques. 1998. Ecografías de la Televisión. Op. cit. P17.
123 Derrida, Jacques. 1998. Ecografías de la Televisión: Entrevistas Filmadas. Buenos Aires 124 Ibídem.
exilia a la diversidad. En este sentido la constitutiva resistencia de lo universal a fragmentarse y de lo particular a integrarse – componentes claves de la narración - convergen en una integración homogenizante y hegemónica de la narración mediática, de la realidad.
La narración mediática es homohegemónica. Por un lado es hegemónica ya que la dicotomía entre la universalidad posible de la narración y la particularidad constituyente de lo narrado es superada debido al efecto universalizante de la sucesión de acontecimientos, por tanto la narración es la representación de una imposibilidad. Se representan estas particularidades concatenadas sin dejar espacio a la différance, sin dejar espacio a la inconmensurabilidad entre lo universal de la narración posible y la particularidad de lo narrado mediáticamente. La narración mediática televisiva, tal como está constituida en la actualidad a través de la artefactualidad, niega el descentramiento y sobre determina la presencia de la particularidad que configura toda narración, es decir, representa algo más que una identificación narrativa, simula identidad totalizante.
La universalidad de toda narración quiere decir que aquellos elementos que la componen son partes tendencialmente vacías, que solo pueden ser llenadas con particularidades, contingentes, a través de su vacuidad. Lo anterior produciría en términos sociológicos efectos en la estructuración / desestructuración de las relaciones sociales (y la interpretación de la realidad)125.
Tal como lo expone Ernesto Laclau, “lo universal está vacío, sin embargo, precisamente como tal está siempre lleno, (…)es decir hegemonizado por algún
125 Laclau, Ernesto.2000. Identidad y Hegemonía: el rol de la universalidad en la constitución de lógicas políticas. En Butler, Laclau, Zikek. Contingencia, Hegemonía, Universalidad: Diálogos contemporáneos en la Izquierda. Fondo de
contenido contingente, particular que actúa como sustituto; en resumen, cada universal es el campo de batalla en el que una multitud de contenidos particulares lucha por la hegemonía. Todo contenido positivo de lo universal es el resultado contingente de la lucha hegemónica, pues en sí mismo lo universal está absolutamente vacío”126. La configuración misma de la temporalidad televisiva como artefactualidad, limita la configuración de una narración mediática con contenido como acontecimiento, hegemoniza, en el sentido que plantea Laclau.
La síntesis elíptica de la narración mediática, es en sí misma protética y condensada; la manera de ordenamiento de los pseudo-acontecimientos presénciales de la narración mediática es elíptica, produce un efecto narrativo potencial, energético totalizante.
La narración mediática como montaje elíptico se compone en una selección de unidades narrativas, una sucesión de fragmentos, cuya selectividad y anulación puede variar de acuerdo al plano o punto de vista de quién realiza la concatenación. Este relato se enmarca en una secuencia de las acciones, emociones, imágenes, configurados en fragmentos de aconteceres. La narración mediática es el arte de la elipsis, selecciona los elementos y los ordena en una narración montaje127.
La potencialidad de la materia de la narración televisiva, se imprime en su hegemonía constituyente, y conforma la uniformidad propia de la narración- montaje televisivo, configura en definitiva su característica de homohegemonía.
126 Laclau, Ernesto.2000. Op.cit. P.64.
127 En el cine por ejemplo, en la narración cinematográfica se puede hacer la distinción entre Elipsis de estructura y Elipsis de contenido. (1)Elipsis de estructura: Están motivadas por razones de la construcción del relato: algunos géneros o argumentos exigen que se oculte una parte de la acción a los espectadores. (2) Elipsis de contenido: Están motivadas por razones de censura social, autocensura, moralidad, etc. Véase González-Serna, José Mª. ” La Narración Cinematografía”. Disponible en http://www.auladeletras.net/material/narracin.pdf.
El ritmo en la artefactualidad, la prisa de la narración provoca la explicación resumida de los mínimos que componen la pseudo-estructura narrativa, estas dimensiones se erigen en la narración como acontecimientos vaciados de
différance, y llenos de presencia causal hegemónica.
En la narración mediática televisiva, lo que parece agravarse es la pasividad respecto a esta lógica homohegemónica, ya que además no se favorece la interactividad con el receptor del relato televisivo: El público queda relegado en su diversidad, y paradojalmente es observado como unidad, donde solo se le interroga parcialmente, se le omite, y no se permite la intervención democrática. Esta toma de la palabra del público, solo se permite a través de las condiciones fácticas, que devienen de la operatividad misma artefactual de la televisión y de las condiciones actúales en que opera la televisión chilena128.
Es pertinente aquí introducir la distinción entre escritura escrita y teletecnológica derridiana. La narración mediática se enmarca en el tipo de escritura teletecnológica, donde el público queda en el entorno de la operación narrativa audiovisual, pues no tiene competencias técnicas en cuanto a la génesis de la narración observada.129 En concordancia con nuestros supuestos, la relación entonces entre mensaje de la narración mediática y la audiencia es de efecto, de impresión, homologable a la relación con la obra de arte. Paradojalmente, la relación no difiere sustancialmente de otra narración, en el sentido que la escritura teletecnológica tiene toda la potencialidad de la escritura. En este sentido la narración mediática es aporía, es decir imposibilidad inscrita en la operación misma, de ser escritura y no serlo. En si misma contiene la imposibilidad de orden racional de constituirse en archiescritura.
128 Estas condiciones serán analizadas en leal capítulo V. Sobre Medios Radicales.
La narración mediática en términos de su operación se constituye como cualquier narración, en una concatenación de acontecimientos seleccionados de manera jerarquizada. Sin embargo, por estar constreñida al tiempo televisivo, se instituye como montaje elíptico, se funda en una pseudo forma compleja de acontecimientos (mínimos) concatenados, pero que omite en su estructura uno o más elementos130. Esta omisión se debe a la particularidad temporal de las narraciones teletecnológicas, donde el tiempo se constituye de diferente manera al tiempo en la narración como escritura alfabética, el tiempo es impuesto, no pertenece al interlocutor, sino que el público se dispone a ser inyectado del tiempo mediático, no tienen otra alternativa, lo que en términos ideales no debiese afectar el sentido o la inteligibilidad, pero la afecta. Ese otro tiempo, el tiempo de los medios, produce sobre todo otra distribución, otros espacios, ritmos, formas de toma de la palabra e intervención pública. Lo que es invisible, ilegible, inaudible en la pantalla de la mayor exposición puede ser activo y eficaz.
La narración televisiva como montaje elíptico puede tener diferentes formas, una de ellas es la narración histórica mediática, la que se erige con especial importancia por su capacidad constitutiva de actualidad y por tanto de la percepción subjetiva del pasado, del exterior constitutivo de toda identificación democrática. La narración mediática quebranta la temporalidad y hace uso de un tiempo virtual, un tiempo condensado, cuya forma en la tele tecnología es la normal, ya que es inevitable la selección de acontecimientos significativos, para la construcción de la narración, por lo que funciona como elipsis.
130 Significado de Elipsis. (Del lat. elipsis, y este del gr. ἔλλειψις, falta). 1. Forma Gramatical. Figura de construcción, que consiste en omitir en la oración una o más palabras, necesarias para la recta construcción gramatical, pero no para que resulte claro el sentido. 2. Supresión de algún elemento lingüístico del discurso sin contradecir las reglas gramaticales; p. ej., Juan ha leído el mismo libro que Pedro (ha leído). Fuente. RAE. Diccionario de la Real Academia Española.
Solo pocas veces en la televisión el tiempo es un tiempo fiel al tiempo de la no virtualidad. Es un tiempo abolido, donde se mezclan tiempos diferentes en el mismo espacio, en un caos temporal. En la televisión el tiempo es temporalidad trastocada, tiempo anulado, tiempo condensado, donde están permitidos los saltos de comienzos, los anticipos, las retrospectivas.
La actualidad se constituye por acontecimientos, los que son recogidos por la narración y condensados en una síntesis de sentido, en torno a un tema. El acontecimiento desde la visión de Derrida, corresponde a una singularidad, que en definitiva es la cosa de la différance.
Ahora bien, el acontecimiento en la narración mediática televisiva se configura en neutralización de acontecimiento. El acontecimiento artefactualizado por la televisión, es liberado de la différance, y es corrompido por la presencia, ya que al limitar el trazo, la iteración entre acontecimientos, ya no se es subversión, ya no hay dislocación entre acontecimientos mínimos concatenados en una narración, sino que hay pura condensación impresionista, nace una perspectiva jerarquizada del aparato narrador, limitando la indecisión de toda actualidad,