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1.7 MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL

1.7.1 Estructuración del concepto de asentamiento palafitico:

Los Asentamientos palafíticos, se definen como un conjunto de viviendas ancestrales usadas desde épocas precolombinas por los indígenas y negros. Las viviendas están alzadas sobre pilotes de madera con una altura promedio de 1.50 mts y esta altura depende del nivel más alto al que llegan las aguas sobre las cuales fueron edificadas.

El proceso de poblamiento de estos asentamientos comienza con una pareja, la cual ocupa un espacio reducido del terreno y estos heredan a la segunda generación parte de este terreno, surgiendo una agrupación residencial parental que van ocupando por partes el terreno. Los nexos parentales generan prácticas diarias de uso del suelo en el espacio libre y no construido del terreno (Mosquera, 1999), en donde no hay límites formales entre lo público y lo privado, convirtiendo estas áreas en espacios de uso colectivo.

Inicialmente los asentamientos palafíticos tienen un trazado lineal que generalmente se ubica sobre una vía que puede ser terrestre o acuática, sin embargo pueden presentar variaciones del modelo sencillo lineal paralelo al agua a un trazado trasversal perpendicular al agua. Hay casos de asentamientos que tienen un trazado trasversal a dos aguas y otros con dos hileras de viviendas; estos nuevos trazados hacen necesario que las viviendas se adapten a las condiciones del relieve (Mosquera, 1999, p 35).

La creatividad y capacidad de adaptación de estos asentamientos se traduce en unas categorías que especifican la localización, el diseño del trazado y el tamaño. Según la localización, los asentamientos palafitos pueden clasificarse como asentamientos de orilla, de falda, costeros, y sobre vías terrestres. Esta implantación depende de la estabilidad de la configuración natural: componentes topográficos, extensión de suelo disponible, capacidad productiva del suelo.

De acuerdo al trazado, estos pueden clasificarse en lineal con hilera única o con doble hilera, lineal trasversal en T, perpendicular, perpendicular lineal con pendiente, nuclear, polinuclear e hibrido sin embargo se pueden encontrar otras categorías, pues en el desarrollo del asentamiento pueden darse variaciones o combinaciones en los trazados (Mosquera, 1999, p 36).

Con respecto al tamaño, pueden presentase asentamientos nacientes e incipientes, asentamientos menores, medianamente consolidados y mayores, centros veredales, centros de cuencas y cabecera municipal, esto depende de la cantidad de casas y de los equipamientos comunales y servicios que tenga (Mosquera, 1999, p 38).

Sobre sus habitantes se puede mencionar que han generado unos códigos sociales y culturales que favorece el sentido de pertenencia por el sitio donde se localizan y se han interiorizado de manera tal los riesgos y dificultades de los palafitos, que ha permitido adaptarse a las carencias

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que adolecen y han entretejido a lo largo del tiempo una fuerte cohesión social entre todos sus miembros.

Se infiere que como en otros espacios, culturas y territorios estas piezas únicas, tradicionales y autóctonas pueden soportar procesos de evolución permitiendo una adaptación a las nuevas condiciones y una mayor permanencia en la memoria y cultura de las personas (Ávila & Toro, 2003)

Este proceso de evolución se está dando de forma espontánea y no pretende modificar las características vernáculas que caracterizan estos territorios. Sin embargo, para que se den los procesos de mejoramiento deben mirarse con un poco de romanticismo que permita preservar las edificaciones (Ávila & Toro, 2003), pero que favorezca a las comunidades en su evolución y mejoramiento, sin perder sus raíces y así poder valorar y entender el concepto de palafito.

Teniendo en cuenta estas premisas y valores, los asentamientos palafíticos deberían tener la oportunidad de ser admirados realmente como una riqueza urbana del lugar donde se encuentran. Sin embargo son considerados como zonas precarias y marginales por sus carencias habitacionales y porque se han convertido en una opción para familias de bajos recursos económicos, produciéndose asentamientos por procesos de invasión en los cuales no están dados las condiciones sanitarias para la conformación de una configuración espacial adecuada.

Estas organizaciones espaciales con unas condiciones adecuadas y pertinentes dan oportunidad de revaluar la forma como se miran los palafitos. Lo anterior ha permitido inferir que a partir de una mejor integración del palafito con el ambiente y con la sociedad, dentro de una idea planificadora con fuerte sentido de responsabilidad social y con la participación comunitaria, se puede dar el inicio para una reconversión de la forma como los moradores asumen su lugar de vivienda.

El texto vivienda y arquitectura tradicional del pacifico Colombiano20, reporta que es difícil establecer una tipología de la vivienda del Pacífico territorialmente generalizada, pues los modelos y tendencias dominantes son cambiantes según las circunstancias y los lugares. Las diversas situaciones de orden geográfico, social o económico inciden de manera determinante en la adopción de las tipologías arquitectónicas y formas de construir la vivienda, lo que se refleja con la tipología espacial de los asentamientos y su localización en cada lugar con los Centros Urbanos que dominan la región desde su interior y desde las regiones vecinas (Mosquera, 2010). Sin embargo, se han establecido unos prototipos que dependen del tamaño, importancia y desarrollo económico y social en cada caso: La vivienda autóctona y la vivienda tradicional. La primera consiste en la vivienda indígena americana las cuales mantienen los rasgos esenciales

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del tambo ancestral21 y constituye un buen ejemplo sobre la adaptación de una edificación a las condiciones del medio natural. Estas construcciones tienen tres niveles: debajo de la casa y a ras del suelo donde se guardan las herramientas, leña, canoas, se instala el gallinero o la marranera. En el espacio definido por el piso y las vigas se desarrollan actividades familiares cotidianas y de relación con los vecinos. No existen separaciones físicas y debajo de la cubierta se instala un altillo para almacenamiento de productos, víveres, ropa y demás utensilios.

El rancho negro de palma22, es otro tipo de vivienda autóctona, es un albergue más elemental, que se encuentra en las zonas selváticas de producción. Este ha sufrido de mejoras técnicas y de sus materiales puesto que muchas veces su dueño aspira a tener una casa con cubierta industrial. La vivienda autóctona23 se ha ido trasformando a la vivienda tradicional24, se mantienen las

características iniciales del rancho, pero se mejora la calidad constructiva de la vivienda. La vivienda tradicional es actualmente un modelo tipológico de uso frecuente. Es una alternativa de modernización. Esta vivienda tiene varios espacios diferenciados que se organizan en torno a un corredor que une la entrada y la parte trasera de la casa. Pueden desarrollarse en una o dos plantas y contar con tres o cuatro habitaciones, sala, comedor, una cocina y baño.

Actualmente, en muchas de las cabeceras del Pacífico se reproduce la vivienda tradicional como una adaptación cultural a unas condiciones espaciales y sociales diferentes, las cuales se integran al espacio urbano, conformando los llamados barrios anfibios, que guardan el mismo principio. Este concepto es relativamente nuevo y resulta de la conformación de asentamientos palafíticos dentro de un espacio urbano como respuesta a procesos de invasión por la escasez de suelo para la vivienda. Pero la vivienda tradicional también sufre un proceso de transición, en donde la construcción implica el uso de cemento, hierro, gravillas y hay una sustitución de los pilotes de madera por columnas en concreto en la cual se levanta una vivienda de piso tradicional siendo esta unas viviendas urbanas conectadas a pozos sépticos individuales o a un alcantarillado que presenta diversos problemas y un acueducto artesanal en el que se aprovecha la lluvia para abastecimiento de agua.

Se identificó que los hábitats palafíticos tienen formas de asentarse. Existe un modelo disociado que está integrado por unidades de vivienda o de equipamientos no conectados entre sí peatonalmente y son agrupaciones lineales de varias parcelas unifamiliares. En el modelo compacto, si dichas unidades aparecen próximas entre sí a menos de 10 mts y un modelo

21 Tambo, se refiere a una plataforma de piso cuadrada u octogonal elevada sobre pilotes altos y cuya cubierta por un

amplio techo cónico de hojas de palma que desciende hasta poca distancia de la plataforma para proteger el interior de la lluvia, el viento y el sol, sin necesidad de cerramientos exteriores.

22 Enramada provisional construida en palos del monte y hojas de palma sin trabajar, levantada del suelo o del agua

por pilotes de baja altura constituidos por troncos gruesos, generalmente de forma cuadrada con cerramientos exteriores e interiores en latas o esterillas y los espacios se organizan sobre un corredor central.

23 Hace referencia a la vivienda que es propia del lugar.

24 La vivienda tradicional se identifica con el concepto de herencia y es la tipología mas usada en los pueblos y áreas

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asociado sí está integrado por unidades de vivienda o de equipamientos conectados entre sí peatonalmente (Mustieles & Golarranz, S.F). Obviamente no existen modelos asociados pero si compactos, como es el caso de la ciudad de Quibdó: Se constituyeron como barrios anfibios con altas densidades dispuestos a lo largo de puentes que proyectan una vía del casco central. No obstante estos barrios se fueron conformando por la agregación de viviendas independientes, resultando lugares carentes de fluidez en su interior (CODECHOCO, 1991)

Estas altas densidades de población, las carencias en servicios básicos y considerar la micro cuenca como una ventaja para resolver el problema de desagües, residuos y demás ha generado una problemática ambiental que radica en la presencia de residuos y excretas en las partes bajas de las viviendas y en el interior de las manzanas, situación que se acentúa por la disposición de aguas residuales que proviene de sectores próximos al sector. Los residuos depositados en los ríos logran ser arrastrados por las aguas del río como proceso de limpieza, pero se acumulan en las zonas de planicie, ocasionando taponamiento y estrechamiento del cauce. La ubicación de viviendas en las laderas de los ríos favorece los procesos de erosión e incrementa la sedimentación del río, originando que las aguas y sustratos de los ríos estén deteriorados y requieran un proceso difícil y largo para sanitizar.25

Las micro cuencas con el paso del tiempo, van perdido su carácter de zonas de protección, convirtiéndose en zonas urbanas altamente densificadas, lo que favorece el deterioro y desequilibrio del ecosistema, generándose una ruptura en los flujos de energía y las relaciones naturales26 que en estas zonas se daba, puesto que es un medio que no estaba habilitado para ser

el receptor de una gran carga de desechos. La huella ecológica27 que se ha generado por los procesos de urbanización de los ríos sin visión ecológica (Leal, 2010) podría considerarse significativa, aunque el río Atrato se mantiene en condiciones que permiten usarlo como fuente de alimento y demás actividades ya mencionadas que se viven alrededor del río, las quebradas urbanas no han corrido con la misma suerte, su deterioro es tal que podrían considerarse cloacas de la ciudad y posiblemente es así como la comunidad las ve y las usa.

Debido a las carencias en servicios, los asentamientos localizados en zonas de riesgo generan procesos negativos en los cuerpos de agua cercanos, no siendo coherente con la legislación que hace prohibiciones y estipula la necesidad de tratar las aguas servidas antes de ser dispuestas en cuerpos de agua. Ahora bien, la proliferación de asentamientos sin condiciones habitacionales, es un fenómeno que no parece revertirse, porque es un fenómeno que se ha visto agravado por la

25 Sanitización, desinfección de un lugar.

26 El ecosistema es un sistema conformado por seres vivos y no vivos que interactúan entre sí, de forma que

conforman una organización ecológica caracterizada por el intercambio continuo de energía, materia e información entre todas sus partes y de estas con el exterior; es además una unidad espacial y un nivel de organización de la material

27 es un indicador del impacto ambiental generado por la demanda humana que se hace de los recursos existentes en

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condición social, económica y de seguridad del país. Esto ha conllevado a que se le dé una posición central en el análisis sociológico urbano, acerca de las conductas y percepciones de sus habitantes (Doré, 2008). Para entender entonces lo que significa precariedad y marginalidad urbanase analizan inicialmente dos conceptos:

Emilie Doré, socióloga, define

la persona marginal como una persona excluida e los mercados inmobiliarios y laborales formales, y que por ende vive en barrios que facilitan el acceso a terrenos fuera de las negociaciones clásicas, la mayor parte del tiempo en zonas no urbanizables, escarpadas, rocosas, desérticas, sin infraestructura previa, y donde predominan actividades económicas con o sin regulación del estado. (2008, p. 84)

Rubén George Oliven, antropólogo urbano anuncia que:

Los estudios de marginalidad urbana en América Latina tienden a formar tres líneas de pensamiento relativamente separadas: una que enfoca los aspectos económicos del problema, otra los aspectos políticos y la tercera los aspectos culturales.

Entendiendo que la dependencia económica es responsable de la marginalidad de una parte de la población, la relación entre urbanización y política en los países subdesarrollados, asociando la primera a la radicalización y la violencia política (Oliven, 1980), favorece los procesos de migración de una población hacia la ciudad con unas expectativas que no son satisfechas generando frustración aceptado el término cultura de pobreza, categorizando los pobres como marginales, creyendo que son personas diferentes y al mismo tiempo no lo son (Oliven, 1980) Estos puntos de vista llevan a pensar que la marginalidad es un concepto transversal, que radica en la relación de elementos con una estructura social que está en constante interacción y es ésta forma de relacionarse lo que define la precariedad y marginalidad, en la cual la población oscila entre el repliegue y el progreso, la esperanza y la frustración, siendo este antagonismo lo que caracteriza a la población marginal (Doré, 2010). Además el termino marginalidad y pobreza no es un término fijo, dependiendo de las relaciones podría tener “apellidos28 que amplían el

espectro del concepto lo que permite replantear la categorización de los asentamientos y la población. Se refiere entonces que podría darse una marginalidad funcional, que está relacionada con la percepción de olvido y desamparo de las comunidades por el abandono o exclusión por parte de organismos gubernamentales que deben garantizar la calidad de vida de la población, y marginalidad física entendida por el aislamiento y las dificultades para la accesibilidad y circulación de asentamientos, y por la forma en que se transforma el espacio que ellos habitan.

28 Lina María Hurtado y María Eugenia Cepparo, han definido que la marginalidad no es un concepto fijo y hablan

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En este sentido, las condiciones de vida de una población pueden definirse y categorizarse entre marginales y no marginales, las cuales se ven afectadas por las acciones político-administrativas que determinan el desarrollo social, económico, político, cultural y ambiental por la percepción de la comunidad.

El crecimiento poblacional y las dinámicas económicas de la región junto a la situación de orden público han generado procesos de desplazamiento hacia la ciudad de una población que se ubica en zonas no aptas para ser urbanizadas por los diferentes riesgos que pueden existir. Lo que categoriza estos nuevos asentamientos como zonas de alto riesgo.

Estas situaciones de alto riesgo están determinadas por las condiciones hídricas y el alto nivel de pluviosidad de la ciudad de Quibdó, pues las cuencas de las quebradas son las más propensas a ser habitadas a pesar del riesgo por inundación existente, lo que convierte a los nuevos asentamientos en zonas “marginales” y a sus pobladores en personas catalogadas como “pobres”. Lina María Hurtado (2.005) considera que esta categorización de pobreza y marginalidad urbana tiene su fundamento en las metodologías de medición y en los discursos tradicionales de desarrollo, que en pocas ocasiones tienen en cuenta el contexto ambiental y sociocultural de las ciudades. Sobre esta base se recalca los postulados propuestos por Max-Neef (1998) quien plantea de forma general “la necesidad de promover un desarrollo orientado a la satisfacción de las necesidades humanas, es una teoría que trasciende las posiciones convencionales tanto económicas como sociales, políticas, culturales, porque visualiza al ser humano como el ente primordial y motorizador de su desarrollo, y este desarrollo debe estar articulado al plan global de cada nación”.

El Departamento del Chocó se ha caracterizado siempre por ser el menos desarrollado de los de Colombia. Lo anterior ha sido así porque no ha existido una verdadera visión de cambio y desarrollo futuro de sus dirigentes, o bien las ideas o personas que llegan con el ánimo de hacer y desarrollar proyectos que trasciendan por encima de sus necesidades individuales, a menudo son calladas o pierden esa ilusión y pasión por el trabajo colectivo ante el rechazo y poca muestra de compromiso mostrado por las personas que ostentan el poder para hacer y ejecutar el cambio. El Departamento del Chocó cuenta con una posición geopolítica importante. Sin embargo está sometido al atraso en todos los niveles de desarrollo por la falta de políticas claras y coherentes del Estado y sus dirigentes. Las generaciones futuras hay que enseñarles a hacer ver las riquezas tanto naturales y culturales con que cuenta el departamento y deben empezar por apropiarse de la identidad como chocoanos, luchadores, con una nueva generación de pensadores y gestores de su propio desarrollo. No se debe seguir esperando a que las soluciones de los problemas más elementales vengan de afuera, cuando son los mismos chocoanos quienes deben idear las maneras y crear las acciones a seguir para garantizando su subsistencia y desarrollo del Pacifico.

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Reafirmando lo anterior, en el momento de redefinir la forma como se observan los asentamientos palafíticos a través de la planificación del territorio, es importante pensarlo no como una herramienta técnica, sino como un proceso de gestión importante para promover y resaltar la participación de la comunidad con el fin de conocer como ellos visualizan su entorno y cuál es su imagen esperada. Así la misma población dejará entonces, de sentirse excluida y marginada y sea el motor de su propio desarrollo.