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Capítulo II: El teatro cubano y el reto del juego intertextual

2.1 El Estudio Teatral de Santa Clara: la realidad en el mito

La intertextualidad, constituye sin dudas un recurso fundamental en el proceso creativo del Estudio Teatral de Santa Clara. Sus obras, nacidas bajo el principio de creación colectiva, surgen luego de la profunda labor investigativa y el intenso entrenamiento que realizan tanto su director como los actores. El texto espectacular se construye mediante aquellos elementos aportados por el actor, quien le incorpora aspectos de su personalidad, su interpretación de la situación en la que es colocado y también infinidad de referentes que ayudan a reforzar el sentido. El recurso intertextual propicia el diálogo de voces y la coexistencia dentro del texto espectacular de innumerables textos provenientes de la literatura, la música y los gestos o accesorios que se utilizan en el mismo. Códigos culturales que permiten la comprensión del espectáculo y la transmisión de nuevos sentidos. De este modo la intertextualidad se convierte en un recurso que puede ratificar o contradecir el discurso que se muestra en escena.

El Estudio Teatral de Santa Clara a lo largo de sus veintidós años, ha mostrado, con gran acierto una línea de trabajo en la que el uso del relato mítico es elevado a la categoría de intertexto rector. Su interés no ha sido otro que mostrarnos el presente bajo la piel de historias antiguas y aparentemente alejadas en el tiempo. El mito, de profundo carácter popular permite que cada individuo, espectador que asista a la puesta, comprenda al menos el conflicto central que se está representando. La memoria colectiva que aúna a los hombres

30 y a los pueblos, permite que el mito sea entendido como una historia cuyas fronteras van más allá del tiempo y el espacio. La convicción de que el hombre es y ha sido el mismo, durante siglos, revela que sus conflictos existen desde el comienzo de la humanidad.

Según el Diccionario de la Real Academia Española el mito es la «narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad».75 En la presente investigación se entiende el mito como esa narración cuyo carácter esquemático la hace susceptible a enriquecerse y perdurar. Es la historia de la humanidad narrada por los propios hombres y que se repetirá eternamente mientras este exista.

Margarita Mateo nos explica cómo «parece haber un consenso en considerar el tiempo mítico como cíclico, reiterado, que accede por vías de lo sucesivo a la noción de eternidad».76 Mircea Eliade en su texto El mito del eterno retorno explica cómo «según los mitos, la existencia del hombre es una eterna repetición de los actos realizados por los dioses in illo tempore, una eterna repetición de los actos paradigmáticos determinados en los orígenes».77 En esencia, cada acto realizado por el hombre ha sido realizado antes por otros y su vida es la constante repetición de estos actos. Esta concepción del mito como un eterno retorno ha permitido que su uso sea un recurso eficaz para las obras de teatro. Sobre todo para aquellos creadores de herencia vanguardista, quienes tratan los asuntos y temas contemporáneos mediante historias universales, interpretando relatos de la antigüedad y demostrando la manera en que las grandes conmociones sociales se manifiestan en los gestos y acciones de los individuos de dimensiones míticas. El mito alcanza pues una profunda significación que llega siempre al hombre, porque en todas las épocas se ve reflejado e interpretado. Aunque las concepciones ideológicas del hombre pueden variar según las circunstancias históricas, las actitudes humanas perduran porque siempre se han hallado en sus raíces.

75Diccionario de la Real Academia Española. Disponible en: http://www.rae.es/

76Mateo, Margarita: Paradiso: la aventura mítica, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2002, p 7. 77 Ídem.

31 Grupos como el Estudio Teatral de Santa Clara, distinguen su modo de creación precisamente porque parten de antiguos mitos y no del texto escrito para tratar los temas contemporáneos. De este modo actualizan los viejos conflictos no solo mediante la palabra sino también a través de gestos, movimientos y diversos accesorios que conforman el nuevo discurso.

Los Atridas, obra estrenada en el 2008 y cuya puesta en escena marca un período de madurez en el grupo, se distingue por el uso de diversos intertextos que, unidos instauran el sentido de la misma. En primera instancia se parte del mito griego de los atridas, el conflicto de una familia signada por el destino trágico. Sus infortunios se deben a Tántalo, rey de Lidia, quien por un acto criminal recibió terrible castigo. Pélope, hijo de Tántalo tuvo dos hijos: Atreo y Tiestes. Este último se enamoró de la mujer de su hermano y la hizo su amante. Atreo al descubrir la infidelidad se vengó de su hermano matándole a sus dos hijos y ofreciéndoselos en banquete.

Es aquí donde comienza la obra, dándonos a conocer el conflicto entre los hermanos Atreo y Tiestes. La primera escena, a manera de prólogo, se centra básicamente en la presentación del mito y aquellos arquetipos de conducta que distinguen a estos hombres: el odio, la violencia y la imposición del poder. La maldición es lanzada por Tiestes sobre los descendientes de Atreo quienes expiarán la culpa y cuyo destino estará condicionado por los crímenes de sus antepasados. Con esta entrada se abre a los espectadores una tragedia que bajo el velo del mito antiguo nos presenta un tema que llega hasta nuestros días y cuya vigencia es innegable, la lucha por la imposición del poder, el hombre que somete a los de su misma especie sin miramientos.

Los Atridas, constituye una versión del mito griego de igual nombre, que da pie a que Esquilo escriba en el siglo V su famosa obra La Orestíada. Aunque el argumento que se desencadena en la obra es el mismo del que parte Esquilo en su trilogía, Los Atridas muestra la visión del mito, arquetipo de comportamiento humano, redimensionada y dotada de otras connotaciones. La obra subvierte la visión tradicional de Esquilo de la mujer fatal, asesina de su esposo, a quien traiciona mientras este cumple su deber. Clitemnestra, en cambio, es la madre sufrida, la mujer que ha perdido sus hijos en la guerra, la defensora de

32 valores como la justicia y la paz. No en vano se describe al comienzo de la obra como la “madre rebelde”. La mujer que cuestiona a quienes tienen el poder y lo utilizan para la guerra, a los héroes que pasan a ser monstruos.

Los Atridas, es una obra que refleja el mito desde la realidad contemporánea, definiendo qué sobrevive de este en la sociedad actual y qué no es aplicable ya para nosotros. De este modo desaparecen las connotaciones del incesto y el adulterio ya no es a nuestra vista un motivo tan intenso y portador de sentido como lo son otros temas que aparecen en el mismo. El relato en la obra se ajusta a nuevos fines, cambiar o subvertir la dimensión heroica de Agamenón y mostrar cuánto perdura en la sociedad contemporánea la guerra y la violencia como medio para obtener riquezas. Bajo esta forma el Estudio Teatral no intenta crear un nuevo mito, más bien elabora su obra atendiendo el criterio de Levi Strauss de que cada mito se define por el conjunto de sus versiones.78

Es así como cambia no solo la visión que por siglos se ha tenido de Clitemnestra o el heroísmo de Agamenón. Orestes y Electra, no son más, los jóvenes justicieros que reparan mediante su acción (el asesinato de su madre), un crimen que ha desestabilizado la sociedad. Se convierten ahora en jóvenes conservadores del orden social en el que han vivido, restauradores de una causa en la que Clitemnestra no cree, pues trae consigo la desolación y la pérdida de vidas inocentes. Al asesinar a su madre, Orestes y Electra, asesinan los valores que ella defiende. Clitemnestra es silenciada no por el crimen que ha cometido, sino por las ideas que propugna.

Los antivalores atribuidos a los personajes de Egisto y Clitemnestra en la tragedia de Esquilo y en el mito, desaparecen en Los Atridas, así como la relación que los une. Clitemnestra y Egisto no son los amantes que secretamente han planeado la muerte del rey, ahora el lazo que los une es mucho más fuerte, son madre e hijo, aunque desde el principio de la puesta, se advierte a los espectadores que Egisto es el hijo adoptado y por tanto un huérfano más de la guerra. De cierta manera esta relación que existe entre ambos, exalta la figura de Clitemnestra. Vista durante siglos como la mujer fatal, la asesina del héroe, alcanza en Los Atridas los valores de heroicidad que ya no posee Agamenón. Clitemnestra,

33 se erige como símbolo, de ahí su importancia tan grande dentro de la obra, ella representa las madres que han perdido a sus hijos en la guerra o que viven con el desasosiego de no verlos nunca más. Es madre, es hermana, es hija, y representa en esencia, junto a Egisto la voz de los más débiles, de los que han sido sometidos a guerras feroces, los desamparados, los inocentes, el pueblo que padece las decisiones de quienes ocupan los altos cargos. Clitemnestra y Egisto, entre todos los personajes de la obra, son los únicos que se alzan contra la barbarie que acompaña la guerra.

Es por ello que en la obra la heroicidad de Agamenón constituye una denominación social relativa. Se alza como una categoría social que responde a los intereses de la clase dominante, de quienes tienen el poder en sus manos y defienden determinada ideología. A través de los siglos el héroe se ha distinguido como alguien capaz de sacrificar sus propias necesidades en beneficio de los demás, en consecuencia, el significado de la palabra héroe está directamente emparentado con la idea del sacrificio personal. El héroe se convierte en un símbolo, modelo social a seguir. M. Glowinski nos expone que el principio de creación de estos héroes depende de las concepciones que la sociedad tenga de un tipo de individuo modelo a seguir por su actitud ante la vida, sus reacciones psíquicas y su forma de proceder característica de un determinado grupo social.79 Con gran acierto Renato Prada Oropeza nos explica: «…la connotación de un héroe varía de época en época o de sociedad a sociedad».80 Es así como la heroicidad de Agamenón es cuestionada por Egisto y Clitemnestra. No obstante para quienes representan los defensores de un orden conservador, Electra, Casandra y Orestes; Agamenón es un héroe, como lo será también su hijo, cuando le corresponda vengar la muerte de su padre. La relatividad del término hace que para otros (Egisto y Clitemnestra) Agamenón sea un monstruo. La explicación de Clitemnestra de que buenos y malos se necesitan pues cada cual juega su rol, y la

79 Glowinski nos habla acerca de la categoría de héroe en su artículo «Sobre los personajes» en Selección de

Lecturas de Investigación Crítico Literarias, Editorial Félix Varela, La Habana, 2000. p 419. Este criterio que concibe el héroe como aquel individuo que se sacrifica en beneficio de los demás, es defendido en La Orestiada, la decisión tomada por Agamenón de sacrificar a Ifigenia, su hija, no es vista como un acto criminal sino como una acción heroica.

80 Prada Oropeza, Renato: El estatuto del personaje en de Lecturas de Investigación Crítico Literarias,

34 inexistencia de uno, sería la definitiva muerte del otro, es uno de las nuevas connotaciones que se le añaden al mito en esta relectura:

Egisto: ¡Vamos a eliminar el mal de esta tierra!

Clitemnestra: Eso nos dicen, eliminar el mal, qué sería del bien sin el mal, ellos necesitan enemigos para justificar su existencia.

Egisto: Buenos y malos, malos y buenos.

Clitemnestra: Cambian las máscaras y los héroes y pasan a ser monstruos,

Egisto: Y los monstruos héroes

Clitemnestra: Según lo exige quienes escriben el drama.

El Estudio Teatral, de manera sumamente ingeniosa ha logrado unificar una enorme cantidad de textos, tanto verbales como extraverbales, que hacen de la puesta en escena un texto generador no solo de sentidos sino también, de actitudes. La transmisión de estos sentidos ocurre cuando el espectador es lo suficientemente avezado como para distinguir aquellos textos que se confrontan en escena. La peculiaridad del hecho artístico, radica en su carácter polisémico. Al realizar su propia interpretación, cada individuo comprende de una manera u otra la obra que observa. De lo que no cabe dudas es que mientras mayor sea su memoria cultural, mejor engarzará los textos con los que se juega en escena y más rica y productiva será su interpretación. Es decir, mientras mayor conocimiento posea el espectador sobre los textos que se relacionan en escena y el suceso que se narra, mejor será su interpretación y más claramente asociará el relato mítico con la actualidad.

Los Atridas, bajo la piel del mito griego, muestra la guerra y la venganza como una acción innata del individuo. También la convicción de que las guerras, aún distantes en el tiempo, siempre bajo el pretexto de librar al país de la afrenta, han albergado un único propósito: el enriquecimiento de unos pocos y la pobreza de muchos. De este modo se muestra al espectador nuestra tragedia contemporánea. La confusión, el odio, los deseos de sangre y venganza impide que los hombres vean más allá de sus narices.

35 Clitemnestra: Una tragedia es el mundo, ya no se sabe quien es quien. El humo de las

bombas forma parte de una cortina mucho mayor que nos impide ver.

De este modo a través de la relación intertextual con el mito griego, la familia de los atridas representa el jet set de la sociedad americana y Troya se convierte en una imagen de los conflictos del mundo de hoy. Los personajes de la obra se nos presentan desde una óptica diferente, en dependencia de los nuevos valores que se quiere transmitir. Egisto ya no es el heredero de Tiestes, hermano de Atreo, primo de Agamenón y por tanto aspirante al trono. El egoísmo y la sed de poder son atributos que caracterizarán a Electra. Ella exige venganza, pero su forma de actuar no se deriva del dolor y el sufrimiento. Electra es fría y calculadora, sus razones son obvias, desea conservar un orden social defendido por su padre, tener poder sobre los hombres. Ella representa las actitudes de una clase dominante que somete a los pueblos a su capricho. Electra hace honor a la clase que defiende, a los señores de la guerra, pide a las deidades infernales, las agasaja con sacrificios humanos, su forma de comportarse en escena la distingue como la perfecta amante de la muerte. Ella, al igual que su hermano, renegará los valores que defiende su madre. De este modo la obra nos presenta un mundo real mucho más cruel y despótico que cualquier historia fantástica. Un mundo donde predomina la sofisticación, pero como dijera Joel:

La sofisticación de la crueldad y de la mentira, de la doble moral. Cuando hice esta obra me pareció que el mundo en que vivimos es verdaderamente espantoso, mucho más espantoso todavía que el que se cuenta en la Ilíada, una de las versiones del mito de la toma de Troya, allá todo conservaba un cierto carácter heroico, el saqueador se arriesgaba a la conquista, hoy todo es increíblemente más sofisticado y más cruel.81

Si en la obra de Esquilo, Orestes era un héroe para la ciudad, en Los Atridas es, al igual que su padre, un conquistador, el hombre que cambia de máscara según su conveniencia.

36 Orestes y su comportamiento nos recuerda un poco a los hechos acontecidos en Vietnam, o los que actualmente tienen lugar en el Medio Oriente; los soldados regresan con el título de héroes salvadores de la patria cuando en realidad no han hecho más que destruir familias y provocar la muerte a miles de civiles. Tras la defensa del discurso patriótico se observa una intención, en la que el trasfondo económico es mucho más fuerte. Sin dudas Orestes se nos presenta como otro criminal, pero su carácter es débil, es fácilmente manipulado por Electra, duda de sus actos, rechaza en primera instancia el comportamiento de su hermana, pero al final acaba aceptándolo. En la obra la figura de Orestes es una de las más censurables, porque no actúa por convencimiento propio, el temor a padecer los suplicios que ha vaticinado el oráculo, lo llevan a cometer el repudiable acto de asesinar a su madre. Su acción nunca será heroica sino que fungirá como un pelele que manipularán los de su clase a conveniencia. Una figura icónica en la que se representan las más profundas miserias humanas.

De este modo, en la puesta en escena, Orestes es un saqueador más, un manipulador capaz de hacer cuánto esté a su alcance para obtener riquezas en beneficio propio. Él representa a aquellos hombres que, disfrazados de héroes, regresan a su país con honores que no merecen, victoriosos, pero manchados por la sangre inocente derramada. Es así como en la obra se exponen diferentes puntos de vista ante un mismo problema. El conflicto armado se nos presenta a través de la mirada de quienes sufren los avatares y desdichas, el pueblo y la óptica de quienes tienen el poder, los gobernantes. Las palabras de Orestes: Señores, en la guerra los inocentes siempre sufren, refleja la frialdad con que, Orestes y todos los que de una manera u otra están representados en su figura, asumen el conflicto.

La visión del mito es subvertida no solo mediante los miembros de la familia de los atridas, sino a través de los otros personajes, que por su fuerza en el conflicto adquieren una connotación nueva frente al espectador. Las Erinias, conocidas mitológicamente como las coléricas divinidades, en Los Atridas son las mujeres indefensas, las madres que luchan más allá de la muerte contra los homicidas y entonan los fúnebres cantos.

37 Atenea, la diosa de la sabiduría y el buen juicio, en Los Atridas se nos muestra como una mujer sensual, sofisticada hasta en sus gestos. Textos como los que intervienen en los movimientos que se realizan en escena y el vestuario, son utilizados para subvertir la imagen de esta “defensora de las causas justas”. De este modo Orestes será absuelto y premiado por su acción. Las Euménides, ya no serán las Erinias aplacadas, sino esas mujeres extraordinariamente sensuales que comparten junto con Atenea los mismos privilegios de la clase poderosa. Mediante su vestuario el espectador comprende que estas mujeres representan a las hermosas y ricas damas, a esas señoras elegantes que solo les interesa el mundo cuando este alaba su apariencia. Las Euménides, con toda su belleza exuberante, se erigen como uno de los tantos ejemplos que distinguen la decadencia de la sociedad contemporánea.

De este modo, el interés primordial del Estudio Teatral no es reafirmar las ideas