idiomáticas con marcos semánticos
VALOR SEMÁNTICO
2. Elementos para la lectura del tarot
2.3. Etapas del Juego.
La doctrina adivinatoria, en general, atribuye propiedades mágicas, ocultas y misteriosas a estos arcanos15. Una revisión rápida es fructífera
en ejemplos: Álvarez (1988) afirma que las cartas del tarot de Marsella deben ser “consagradas” de acuerdo a un ritual en el cual “la persona se sienta de frente al Este, aprovechando la fase lunar del cuarto creciente, en la hora de Júpiter” para que luego de la consagración los arcanos conserven “vibraciones energéticas del oficiante con su instrumento” (Ibíd.: 184); Jiménez del Oso (Sin año) habla de la “capacidad humana de anticiparse en el tiempo” (Ibíd.: 9) y comenta que “no se sabe de dónde surge este poder. Puede que esté implícito en los naipes o puede que sea el lector quien imponga, mediante el tarot, su propia solución” (Ibíd.: 17).
En la práctica del tarot, es decir, en procedimientos que los tarocistas que han participado como informantes en esta investigación siguen, el aspecto mágico de la lectura aflora en recomendaciones: se debe, por ejemplo, mantener los arcanos guardados en un paño color violeta o rojo mientras no se los usa (en la doctrina también vale esta recomendación: luego de la consagración, “las cartas deberán ser envueltas en un paño de seda, de color violeta, y guardadas durante siete días en un sitio
15 Tomamos como referencia la definición de ‘magia’ en el Diccionario de las religiones
de Pike: “arte, o supuesto arte, que trata de conseguir resultados sobrenaturales utilizando sustancias materiales, ritos e invocaciones y, por regla general, solicitando la ayuda de seres sobrenaturales buenos o malos” (Ibíd. 1994: 292)
vigilado. Al cabo de este período pueden ser usadas por su dueño” (Álvarez. 1988: 184)), o bien conviene realizar un rito de carga o descarga de arcanos siguiendo procedimientos de exposición a la luz lunar o al humo de un incienso.
Son prácticas que evidencian una concepción mágica de estos objetos, mágica en que atribuyen relaciones entre una causa material – que es la práctica del procedimiento del caso – y un efecto imperceptible y sobrenatural que no tiene una relación explícita o evidente con su “causa”.
El contexto social y situacional de este juego adivinatorio implica mínimamente dos participantes que se relacionan en una dinámica que puede caracterizarse como sigue: el consultante busca en el tarocista un mensaje y trae consigo una consulta que opera como motivo inicial. Este motivo se puede traducir en una inquietud vital, una preocupación, una dificultad, una búsqueda de orientación: qué debo hacer en este momento, qué va a pasar, cómo interpretar lo que me ocurre, qué resulta favorable, cuáles son los riesgos que corro, cómo se presentan mis posibilidades, persisto en esa relación, etc. Idealmente el consultante es un extraño para el tarocista y el tarocista es un extraño para el consultante; y, sin embargo, el tarocista debe decodificar para el consultante un mensaje sobre estos temas.
El consultante debe manipular las cartas, y el orden específico que resulte de esta manipulación supone una configuración que aplica sólo a quien la produzca. Se puede decir que esa ordenación conforma una “clave” que el tarocista luego descifra.
En la lectura el tarocista “leerá” cada carta como una escena que representa un momento en la vida del consultante. Hablará al consultante de las influencias que está recibiendo y recibirá en el futuro; le hablará de cómo proyecta, qué horizonte mira desde su presente; también describirá la situación actual del consultante; le hablará de él, de sus relaciones con las otras personas y de sus motivos y razones. Finalmente emitirá un juicio, que puede ser una sentencia, una admonición, un consejo, un imperativo, una advertencia, una pregunta... En una sesión de lectura del tarot se despliega un rito que representa ciertas operaciones. Qué pasos se siguen en la sesión y cómo se realizan depende de las convenciones de cada tarocista. Aquí exponemos en términos generales una manera de realización, una convención. En la práctica lo que encontramos son muchas maneras diferentes, digamos convenciones particulares, para esto – este es un rasgo común a varias de las especificaciones del juego. Algunas tarocistas no le entregan las cartas al consultante, otras prefieren no tocarlas mientras se realiza la lectura.
(i) Limpieza y carga. Los naipes deben estar ordenados
numéricamente, con El Loco (arcano sin numeración) al inicio16. El
tarocista entrega la baraja al consultante quien deberá realizar movimientos con los naipes con el fin de representar la remoción de toda energía residual (de lecturas anteriores, por ejemplo). Después desordena la baraja y toca los naipes, siempre con la figura tapada, con lo que representa el acto de transmitirles su propia “energía” y “contingencia”. Cuando estén listos (el consultante determina cuándo sucede esto) junta la baraja y la divide en tres partes sobre la mesa, que el tarocista reordenará de modo tal que ninguna parte conserve la posición que tenía antes de la división.
(ii) Entrega. El consultante entrega las cartas al tarocista,
representando la “instrucción” o “autorización” que da al último para que interprete “sus” arcanos en lenguaje (el tarocista debe procurar conservar la orientación de los arcanos del consultante cuando en la lectura sea significativo que estén al derecho o al revés).
(iii) Configuración. El lector ubica los diez primeros arcanos en las
posiciones determinadas por la tirada de la cruz celta.
(iv) Lectura. El lector, de acuerdo a las posiciones de los arcanos y los
significados que derivan de las figuras, va organizando y construyendo el mensaje para el consultante.