• No se han encontrado resultados

Evolución de la novela realista en el siglo

In document Huysmans: identidad y género (página 157-161)

Y LA MASCULINIDAD CULPABLE

3.1. Huysmans y su evolución desde el naturalismo

3.1.1. Evolución de la novela realista en el siglo

Este hecho, la descripción milimétrica de ambientes, es deudor de la evolución de la escritura novelesca del sigloXIX, que a su vez lo es del am-

biente positivista que propiciaron los avances de la Ciencia durante dicho siglo. La novela que nace con el sigloXIXse convierte en un extraordina-

rio instrumento de exploración de la Historia y de análisis de la sociedad —que era, no en vano, uno de los grandes leitmotiv de la escritura natu- ralista. Ese conocimiento del mundo circundante, inspirado en las cien- cias, denota un deseo de inscribirse en una amplia práctica social y

399 «Il est à la fois naturaliste et mystique, sauvage et civilisé, franc et retors», en J.-K. Huysmans, Les Grünewald du musée de Colmar, Hermann, Éditeurs des Sciences et des Arts, París, 1988, p. 54.

política: el conocimiento científico del entorno puede contribuir, para los escritores de lo real, a reformar el mundo en el sentido que ellos crean necesario —como señala Jacques Dubois en su estudio sobre Les romanciers

du réel.401Aunque la inmensa mayoría de los autores del incipiente siglo XIXfueran de ascendencia burguesa, no eran menos conscientes por ello de

la situación de enajenación a que estaba siendo sometida la clase obrera du- rante el desarrollo industrial de la época. Época convulsa en que se obser- vaba la evolución de una sociedad a tres velocidades —nobleza, burguesía y classes dangereuses—, cuya repercusión en la política fue clara: tantos cam- bios de régimen respondían a la lucha que cada uno de estos grupos socia- les llevaba a cabo ya sea en contra ya sea a favor de los sempiternos privilegios de la nobleza y el clero.

La inclusión del pueblo llano en la problemática novelesca es una in- novación propia y exclusiva de la producción literaria del sigloXIX. Como

observa finamente Erich Auerbach en su Mimésis,402la doctrina clásica li-

teraria imponía que los temas triviales o poco elevados fueran tratados de modo burlesco. Fue precisamente el empuje realista del sigloXIXel que pro-

pone el tratamiento serio de los temas «bajos»: vida popular, vida domés- tica, vida carnal y sensual. El realismo ambiciona instaurar este universo inferior en nuevos territorios de la novela.

Recordar cabe la sentencia que en epigrama incluyó Stendhal al co- mienzo del capítuloXIIIde su Rouge et le noir —atribuida por él mismo a

Saint-Réal: «un roman: c’est un miroir qu’on promène le long du chemin». Él mismo explicará varios capítulos más adelante que si ese espejo que se pasea a lo largo de una carretera reflejara tan pronto el bello azul del cielo como el fango o los charcos del camino no debería acusarse al escritor de inmoral:

son miroir montre la fange, et vous accusez le miroir! Accusez plutôt le grand chemin où est le bourbier, et plus encore l’inspecteur des routes qui laisse l’eau

croupir et le bourbier se former.403

401 J. Dubois, ob. cit., p. 22.

402 E. Auerbach, Mimésis. La représentation de la réalité dans la littérature occidentale, Ga- llimard, Tel, París, 1990.

Cómo no ver en este planteamiento una reivindicación de la solidari- dad con el fango, con los problemas del arroyo; o el ataque directo a quien, disponiendo de los medios para acabar con el barrizal y convertir el camino en una vía practicable —el inspector de caminos— permite que perviva el barro. Stendhal, aun con su perfil esteta y artístico, prefigura con este tipo de aseveraciones la novela social, la obra de denuncia que el realismo más descarado a lo Balzac o a lo Zola explotaría en las décadas venideras. Un arte social que entraría en oposición con el parnasiano arte por el arte, que re- presentaría la tendencia más formalista en la literatura del sigloXIX.

Los temas elevados —que, como hemos visto, echaba de menos nues- tro Huysmans— pasaron a ser patrimonio histórico en la medida en que los nuevos escritores, los nuevos novelistas, se hacían con el apoyo de un pú- blico cada vez más amplio —gracias al desarrollo de las técnicas de impre- sión y distribución. El tratamiento convencional de las relaciones sentimentales daría paso, en este avatar de lo novelesco, a la descripción de las relaciones carnales, «leur nécessaire contrepoint dans l’impatience du désir et de la pulsion charnelle», como señala Dubois.404Es decir, privile-

gio de lo bajo, de lo instintivo como parte integrante de la vida, amén de numerosísimas tramas y situaciones.

René Girard observa algo muy interesante en su estudio sobre la escri- tura novelesca.405Un tema recurrente a lo largo de la historia de la novela oc-

cidental había sido la puesta en escena de un héroe animado por un potente deseo de parvenir, pero de tal manera que siempre se viese marcado por la imitación de un modelo exterior. Como sabemos, el gran modelo para la no- vela decimonónica fue Napoleón Bonaparte, verdadero revulsivo para la ima- ginación escritora y faro del individualismo de la época. Ahora bien, lo que hará el novelista realista del sigloXIXserá poner en duda este modelo y esta-

blecer una dolorosa verdad en la evolución del ya descreído héroe. Este re- nunciará a sus vanas creencias y elegirá un retiro cualquiera del mundo, ya se dé este en el ascetismo, en la muerte o en la práctica de la escritura.

Esta aseveración queda patente a poco que se observe la evolución de dos personajes tan paradigmáticos de la escritura realista como son Fabri-

404 J. Dubois, ob. cit., p. 60.

zio del Dongo de la Chartreuse stendhaliana y el Marcel de la Recherche. Ambos andaban en pos de un sueño aristocrático, de una búsqueda de li- bertad por encima de la sociedad de su tiempo; ambos terminan enamo- rándose de una hija de la burguesía, lo que les devuelve a la pura realidad de los hechos y, de rebote, les empuja a encerrarse en sus respectivos reti- ros. Curiosa evolución la de estos héroes que no conocen los laureles que, por sus cualidades personales, merecían más que ningún otro: dolorosa época que premia más las existencias planas y sin aventura.

Sin duda alguna, uno de los hitos de la novela decimonónica fue crea- do por Gustave Flaubert. Lejos de plantearse la escritura como un espejo del mundo, el autor de Madame Bovary propone más bien una mirada irónica y distanciada que prefigura la novela del sigloXX. Esta mirada queda pa-

tente, según Dubois,406en el rechazo de un cierto tipo de «histeria del texto»

que era propia del romanticismo —y en la que incluso caerá el propio Stendhal, como sabemos. Con Flaubert el discurso se construye desde la retención y la impersonalidad, con el fin de permitir que los personajes ac- túen por sí mismos y se liberen de los hilos con que los guiaba un narrador demasiado presente: el relato va por delante de sí mismo como si nadie lo dirigiese.

A este respecto dirá Flaubert de su Mme. Bovary a su corresponsal Mlle. Leroyer de Chantepie:

C’est une histoire complètement inventée; je n’y ai rien mis ni de mes sen- timents ni de mon existence. L’illusion (s’il en est une) vient au contraire de l’impersonnalité de l’œuvre. C’est un de mes principes qu’il ne faut pas s’écrire. L’artiste doit être dans son œuvre comme Dieu dans sa création; invisible et tout

puissant; qu’on le sente partout mais qu’on ne le voit pas.407

Desapego de la obra que no se podía imaginar en el sigloXVIIIni en los

comienzos delXIX: difuminación completa del artista en su obra, desapari-

ción de su persona en favor de sus personajes, sus criaturas, sus hijos. Y todo lo que la asunción de esta vida vicaria del artista deberá a la descrip- ción exacta de los hechos de sus personajes: vidas hechas de miserias y de defectos, de aspiraciones frustradas y de dejaciones definitivas, de triunfos

406 J. Dubois, ob. cit., p. 213 y ss.

407 G. Flaubert, Correspondance, Gallimard, «Folio Classique», París, p. 324. Carta del 18 de marzo de 1857.

de poca monta y de fracasos. El ideal del héroe clásico ha sido definitiva- mente perdido y enterrado.

Los temas elevados empiezan a ser considerados como demasiado bur- gueses por una parte del público, quien los percibe como una especie de concesión a la molicie. Y aunque resulte caricaturesca su pintura, el perso- naje del revolucionario Sénécal en la Éducation de Flaubert no deja de sen- tar las bases del naturalismo más acérrimo:

qu’avons-nous besoin de laborieuses bagatelles, dont il est impossible de tirer aucun profit, de ces Vénus, par exemple, avec tous vos paysages? Je ne vois pas là d’enseignement pour le peuple! Montrez-nous ses misères, plutôt! Enthou-

siasmez-nous pour ses sacrifices!408

Esta opinión no deja de establecer a las claras el nacimiento de una nueva sensibilidad, basada en el respeto a una parte de la población denos- tada por el arte como no fuera como figurante en los cuadros de costum- bres. El pueblo, con todos sus problemas, sus enfermedades y su atosigada vida, comienza a ser objeto de las investigaciones de los novelistas de la realidad más dotados de conciencia social. En medio de corrientes de pen- samiento influidas por el evolucionismo darwiniano y las teorías sobre el de- terminismo de Hyppolite Taine, la situación del proletariado empieza a ser considerada por los escritores burgueses como el fruto de una injusticia per- petuada para el sometimiento de los y las trabajadoras.

In document Huysmans: identidad y género (página 157-161)