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CAPÍTULO I: LA PERSISTENCIA DEL BARROCO EN LIMA, SU INFLUENCIA

1.5. Expedicionarios científicos y el dibujo al natural

La ilustración se caracterizó por el florecimiento de las ciencias y, en particular, de la botánica. Este interés ya se había formado como punto de atracción en España, organizándose una serie de expediciones científicas en la segunda mitad del siglo XVIII con la finalidad de estudiar, registrar y catalogar los bienes naturales y culturales del territorio americano. Llegado al trono el rey Carlos III proyectó y multiplicó estas expediciones. En el Virreinato peruano el proyecto se inició en 1777, cuando los botánicos Hipólito Ruiz López y José Pavón y Jiménez llegaron a Lima bajo el auspicio conjunto de las coronas de España y Francia. Esta labor en asociación trajo a los dibujantes José Brunete e Isidoro Gálvez. Años más tarde se uniría el español Juan José Tafalla Navascués, en calidad de agregado botánico, y el dibujante Francisco Pulgar133.

La labor artística del dibujante expedicionario implicaba conocimientos científicos en cuanto a la representación rigurosa y verista que caracterizaba los dibujos botánicos. Ello implicaba el contacto directo con el modelo para lograr una mayor precisión, así lo explica una misiva remitida por Juan Tafalla y Francisco Pulgar al virrey Francisco Gil de Taboada en marzo de 1794, donde se señala “las instrucciones del método que debemos observar en nuestros viajes excursiones y formación de los dibuxos, y descripciones, para el mejor éxito de nuestra comisión, las que observaremos con la mayor exactitud, y zelo a fin de desempeñar nuestro cargo”134

. Al no recibir respuestas inmediatas la labor se

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Algunas expediciones limitarán sus esfuerzos a temas científicos muy específicos. Otras, de mayor amplitud de miras, intentarán abordar un amplio abanico de experiencias que van desde problemas típicamente geográficos, como la determinación correcta de longitud, la rectificación y confección de cartas geográficas, hasta el análisis de los climas, vegetación, fauna, recursos naturales, etc. (Sotos 1982: 23).

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AGN, GO-CO 2, leg.207, exp.1987, 6 de marzo de 1794, fol. 1r. Años antes los científicos habían remitido una carta a los ministros de la Real Hacienda con el motivo de “suplicar a ve. Se sirva mandar a los SS ͬ ͤ Mntr̂os nos entreguen dos resmas de papel común y cortado para describir, y conservar las Producciones naturales que acopiásemos en la Expedizⁿ”, AGN, GOB-I2, leg.1119, 2 de diciembre 2 de 1791, fol. 1 y 2.

prolongaría hasta inicios del siglo XIX con la contratación de Francisco Javier Cortés135 (Quito, 1775-Lima, 1738).

Pero sería la expedición marítima de Alejandro Malaspina y José de Bustamante (1789-1794) que tuvo un mayor impacto en las artes visuales a su paso por la capital peruana. La expedición fue la más ambiciosas de todas las excursiones científicas que la Corona Española promovió en el siglo XVIII. Fue planteada desde su inicio como una empresa político-científica alrededor del mundo, y tuvo múltiples objetivos: la observación de la situación política de las posesiones españolas, el estudio científico de los territorios visitados y la confección de cartografías y planos sobre las mismas.

Para llevar a cabo semejante proyecto se construyeron dos corbetas, la Descubierta y la Atrevida, capitaneadas por Alejandro Malaspina136 y José Bustamante137, respectivamente. Los viajeros zarparon del puerto de Cádiz el 30 de julio de 1789 hacia Montevideo, llevando un equipo multidisciplinar compuesto por cartógrafos e hidrógrafos de la Real armada, cartógrafos y un equipo de ilustradores. Dentro de este grupo de ilustradores que arribaron a la Lima se encontró José del Pozo, de quien trataremos en el subcapítulo siguiente.

1.5.1. Malaspina y los pintores científicos

Sobre la expedición de Alejandro Malaspina por el territorio español existe una nutrida bibliografía, sin embargo, se contextualizará hacia los hechos históricos que

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Pintor quiteño que participó en la Flora Colombiana de José Celestino Mutis. Se desempeñó años más tarde como profesor de dibujo botánico en el Colegio Medicina de San Fernando, y al final de sus años desempeñó la dirección de la academia de dibujo de Lima.

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Nace Alejandro un 5 de noviembre de 1754 en la localidad italiana de Mulazzo, de la que su padre, Carlo Morello, era marqués. Igual de notable resulta la línea materna, pues su madre, Caterina Meli Lupi, pertenece al linaje de los príncipes de Soragna. Llegado joven a la ciudad de Roma y más tarde su viaje a España, ingresando en la gaditana escuela de guardiamarinas de Cádiz, en el año 1774. Su carrera en la Armada española fue brillante, y participó en significativas campañas militares, como el asedio a Gibraltar del año 1780. Era capitán de fragata cuando, en julio de 1789, partió a bordo de la Descubierta rumbo a Montevideo, comandando la expedición que le hizo famoso. Al regreso, en marzo de 1795, alcanzó el grado de brigadier. (Galera 2010: 16 y 17).

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José Bustamante y Guerra, junto a Malaspina, presentan el 10 de septiembre de 1788 al ministro de Marina su proyecto para realizar un “viaje científico y político alrededor del mundo”. Bustamante será la mano derecha del primer comandante, corriendo idéntica suerte. Al regreso, la situación cambió: Malaspina es encarcelado en el castillo de San Antón y a José Bustamante se le nombra gobernador de Montevideo (Ibíd.: 22).

marcaron esta incursión en territorio peruano, tomando una mayor consideración a su aspecto artístico, específicamente sobre nuestro artista José del Pozo.

Es significativo señalar que Malaspina no hizo su primera estadía en 1790 como suele pensarse. La primera escala en el Perú lo realizó en 1787, donde corresponde a la fase preparatoria e individual, en ella “el viaje alrededor del globo en la fragata Astrea surge el plan de un equipo científico a la cuenca del Pacífico, hacia el cual asoman la mayor parte de las posesiones coloniales españolas”138

. Solo este viaje pudo que Malaspina conciba, a la altura de los conocimientos científicos alcanzados en el siglo XVIII, admitir un viaje con equipo múltiple, dotado de todos los elementos técnicos requeridos, a semejanza de las expediciones realizadas por otros países europeos139. En tal sentido, Malaspina confirmó que un punto básico de apoyo logístico era el puerto del Callao, dada su céntrica posición continental frente al Océano Pacífico y, además, por la proximidad que tiene de Lima que ofrecía facilidades para los trabajos complementarios en tierra.

Bajo este principio se realizaría la última gran expedición naturalista del siglo XVIII que tuvo el Perú, a cargo del napolitano, bajo el auspicio directo del ministro de Marina, Antonio Valdés. El plan de viaje se extendió entre los años de 1789 hasta 1794, embarcados en las corbetas la Descubierta y la Atrevida, esta nueva incursión alrededor del mundo puso igualmente de relieve la finalidad científica y política, a la vista de los resultados obtenidos por las expediciones inglesa de Cook y francesa de La Pérouse por el Pacífico140.

Quedaba claro que el océano Pacífico había dejado de ser un dominio exclusivo español y cuyo uso se veía fuertemente comprometido, por la falta de una presencia real de flotas españolas, de un conocimiento cartográfico e hidrográfico modernos y de un conocimiento ilustrado de los territorios involucrados141. Por ello el proyecto necesitaba obtener cartas hidrográficas para que ayudasen a la navegación, así como actualizar e “investigar el estado político de las provincias americanas en relación con España y las naciones extranjeras con el propósito de mejorar su comercio y defensa”142

. 138 Nuñez 1995: 199. 139 Ibíd.: 199. 140 Peralta y Walker 2006: 256. 141 Patrucco 2015: 460. 142 Ibíd.: 256.

El conjunto de personas que acompañaron a Malaspina estuvo selecto por un grupo de marinos pertenecientes a la Compañía de Guardias Marinas de Cádiz entrenados en ciencias náuticas, cartografía hidrografía y astronomía en el Observatorio Astronómico de Cádiz. El contingente científico de la expedición estaba compuesto por el naturalista Luis Nee143; Antonio Pineda144, un marino especializado en historia natural y física experimental; y Tadeo Haenke, profesor de botánica en la universidad de Praga y traductor de Linneo. En cuanto a los artistas participes estuvieron nuestro artista José del Pozo, José Guío, Juan Ravenet y Fernando Brambilla.

El recorrido de la expedición comprendió por Cádiz, Montevideo, Río de la Plata, Islas Malvinas, Patagonia, Estrecho de Magallanes, costas de Chile, costas e interior del Perú, costas de Nueva España, Nutka, Alaska, Acapulco, Manila, Nueva Zelandia, Australia, Callao, Cádiz145. La ciudad de Lima tuvo importancia como base de operaciones. Fue un 20 de mayo de 1790 que la Descubierta llega al puerto El Callao, ocho días después lo hace la Atrevida, en donde permanecerán fondeadas hasta el mes de septiembre146. En efecto, dirigidos a la capital, se acopió toda la información recogida hasta ese momento. El grupo de científicos se trasladaron a las afueras de la ciudad amurallada para organizar los documentos que hasta el momento habían adquirido. De esta manera:

Malaspina conduce el grupo al vecino pueblo de La Magdalena. Encajonaron libros, instrumentos, planos, papeles y colecciones de historia natural. Todos los objetos se transportaron a la casa de campo cedida por los monjes de la Buena Muerte […] Sin entretenimiento, los oficiales trabajan a destajo revisando los datos hidrográficos, astronómicos y geodésicos obtenidos desde el ya lejano Montevideo. Hay que pasar a limpio nueve meses de duro trabajo147.

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Luis Nee trabajaba en el madrileño jardín de La Priora cuando fue requerido por Antonio Pineda como botánico de la expedición Malaspina. Embarcado en la Atrevida, recolectó plantas por medio mundo: Uruguay, Argentina, Chile, Perú, Ecuador, México, Filipinas, Australia, Tonga. Falleció en Madrid el 3 de octubre de 1807(Galera 2010: 23).

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Antonio Pineda y Ramírez fue teniente de infantería del cuerpo de Reales Guardias Españolas. Alejandro Malaspina le selecciona como responsable del equipo de naturalistas expedicionarios. A sus dotes intelectuales unía un profundo espíritu castrense que Malaspina valoró positivamente, sin olvidar que eran viajeros conocidos. Juntos batallaron en el asedio de Gibraltar (Ibíd.: 23).

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Patrucco 2015: 461.

146 En Apéndices, sección “Las fechas” (Galera 2010). 147