Frecuencia de las categorías recurrentes
Doctrinas 3. Nivel teológico: a Inventario semántico y líneas de
3.1. LA EXPERIENCIA DE TRASCENDENCIA DE FRAY SATURNINO GUTIÉRREZ O.P.
3.1.2. La experiencia de Dios en la auto-comprensión del misterio humano
La experiencia fundante del amor de Dios invita al creyente a asumir con actitud crítica y realismo su condición humana. Fray Saturnino se experimenta y confiesa como indigno de la verdad que anuncia, pero lo hace desde la permanencia en el Señor, experiencia de ser un sarmiento unido a la vid.
La verdad que, yo indigno os he anunciado. (S1: 54)
Pero ¡qué podré yo haberos anunciado cuanto carezco de todos los atributos necesarios para dignamente ser el órgano de la Divina Palabra! Tal vez nada, pues yo no soy sino el ínfimo sarmiento de la vid y el Creador es el que da el incremento. (S5: 34, 35)
Para Fray Saturnino O.P., el misterio humano es el lugar desde el cual se abre a la gracia. El ser humano es un misterio, una contradicción viviente que al tiempo que arrastra sus esperanzas e ilusiones hasta el final de sus días, percibe el presentimiento de su original grandeza, desde allí se abre a la acción de la gracia; la auto-comprensión del misterio humano le lleva a afirmar que somos un laberinto que contiene también los principios de su razón y el camino de su salvación. Su experiencia es que el corazón humano sabe de su amor por la virtud, de su irresistible necesidad de verdad y felicidad, pero conoce también de su impotencia para alcanzar esa perfección por sí mismo, entonces entra al campo de la fe para abrirse a la santidad y bondad de Dios que no solo le ha dado al hombre sed de eternidad sino también los medios para alcanzar esa condición del ser.
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que hacen de la vida un suplicio, un tormento; tenemos un instinto ardiente hacia lo bello en el orden físico y moral, no obstante nuestras pasiones no sé qué ciega fatalidad nos arrastran a la perdición y frecuentemente nuestra conducta nos degrada y envilece a los ojos de nuestra propia conciencia; últimamente mientras todos los seres perfeccionan su naturaleza, nosotros nos hallamos impotentes para verificar la nuestra y los más conspicuos entre los sabios se confesaron impotentes para conducir la humanidad a su perfección.) Si Dios es puro, santo y bondadoso, no solo debe habernos destinado a la gloriosa inmortalidad para satisfacer eternamente esa sed de verdad, esa hambre de dicha que devora nuestro corazón, sino que aquí mismo en este instante debe habernos deparado los medios de perfeccionar relativamente nuestros ser, hasta recibir su complemento en nuestra verdadera patria. Entramos pues en el campo de la fe”. (S9: 26 - 27)
Si Dios dejó envuelta nuestra existencia en un laberinto de misterios, también nos dio unas verdades que puedan ser principios y norte de nuestra razón. (S1: 13)
Fray Saturnino experimenta que la voz de su conciencia le persuade de dos verdades evidentes: su existencia y la finitud de la misma. Ante el desconocimiento del último día expresa cómo la Providencia ha forzado su voluntad al cumplimiento de sus deberes y encuentra en esa incertidumbre el motivo suficiente para atender el asunto de mayor interés, su salvación.
“Que hemos de morir es una verdad innegable. Después de la voz de nuestra conciencia que nos persuade que existimos, no hay otra verdad más evidente que la que nos dice que hemos de morir. ¿Cuándo sucederá? Esta es una pregunta que solo Dios puede responder. La Providencia… ha querido que la incertidumbre de nuestro último día sea un motivo suficiente para que atendamos al interesante asunto de nuestra salvación. (S. 4: 10-11)
El reconocimiento de la fragilidad humana, de su contradicción, de los desvaríos de su corazón no constituye el punto de llegada. Esos datos vividos son, para nuestro predicador, el reconocimiento crítico de la realidad humana desde la cual, por el amor de Dios, ésta se abre a la gracia en ese proceso de reordenamiento vital llamado conversión. A pesar del contexto histórico y la dialéctica de su siglo, hay en Fray Saturnino una orientación optimista de la condición humana, una orientación fundamental, una impronta del Creador que denomina perfección, en la que se define no solo su misterio sino el asunto de su salvación.
La experiencia del dolor y del vacío del corazón es tan solo el inicio de un dinamismo de auto- trascendencia y de apertura que alertan la llegada del Hijo del Hombre para la cual hay que estar preparados gracias a la virtud de la perseverancia. Por la experiencia de la fe y la caridad el misterio humano se va asemejando a la perfección infinita a la que aspira. En ese optimismo humano afirma que siendo Dios el fin del hombre el objeto del ser inteligente no es otro que el de conocer, amar y poseer al sumo bien.
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"Piensa en tus postrimerías y no pecarás… la sabiduría del Señor resplandece en todas sus obras, incluso en el dolor que procede como consecuencia del obrar humano que se aleja de la voluntad de Dios. (S1: 9, 11)
Aquél inmenso vacío que queda en nuestro corazón después de apurado todos los goces mundanos nos dicen que el fin del hombre nunca puede fundarse en los deleznables bienes de la tierra. (S2: 1)
Yo en cuanto lo han de permitir mis escasos conocimientos os he demostrado que la fe y la caridad son los dos preceptos que abrazando toda la ley del Crucificado tenemos. Que todo hombre y en especial el cristiano tiene el deber de aspirar a la perfección; que el mundo, por sus quiméricas ilusiones es un obstáculo que debemos remover para conseguir nuestra justificación. Y finalmente, que siendo Dios el fin del hombre, el objeto del ser inteligente no es otro sino conocer, amar y poseer al sumo bien. (8) Pero mi misión quedaría incompleta si no os demostrase que la observancia de estos preceptos sería imposible sin la virtud de la perseverancia. Así pues pretendo por último demostraros en esta noche que la incertidumbre de nuestra última hora, es una voz que continuamente nos avisa el deber que tenemos de estar preparados para cuando venga el Hijo del Hombre. (S4: 7- 8)
En las noches anteriores hemos visto los fundamentos en que estriba nuestra Sacrosanta Religión; esto es la fe y la caridad. Pero no es suficiente remover los obstáculos para conseguir la virtud de la fe; así como tampoco basta amar a nuestro Dios y a nuestros semejantes de cualquier modo. Es necesario que esta fe y esta caridad sea tal que por ellas nos hagamos semejantes en cuanto sea posible a la perfección infinita. Esto es tenemos deber de aspirar a nuestra perfección. (S3: 6-7)