Capítulo II: La experiencia religiosa
1. La experiencia religiosa desde “adentro”
Otto, en su obra “Lo Santo” inicia su reflexión, considerando la experiencia religiosa como una experiencia con lo “numinoso”, con lo cual da a conocer una nueva perspectiva acerca de la religión, la que no sólo estaría constituida por las prácticas sociales, concepciones morales y una institucionalización racional del vínculo con Dios, sino que estaría interpelada por la presencia de lo divino, es decir, la religión no solamente sería social- racional. Lo entendemos de esta forma, al asumir que la concepción de la existencia de Dios, antes de ser social (compartida con otros), es individual (la creencia consciente en la existencia de la divinidad se socializa luego que se asume el dogma de fe); y también es no racional, debido al mismo misterio de la fe: “creer en lo que no se ve”).
Este carácter irracional es expresado en la interacción entre el ser humano y lo numinoso o el “numen”: “el numen es vivido como presente, o
donde sentimos algo de carácter numinoso, o donde el ánimo se vuelve hacia el, es decir, sólo por el uso de la categoría numinoso, puede engendrarse en el ánimo el sentimiento de criatura, como su sentimiento concomitante”20
. De esta forma Otto comprende al numen a partir de una lógica de diferenciación: al concebir lo numinoso como algo “no humano”, se evocaría por si mismo el sentimiento de criatura.
Antes de ahondar sobre este sentimiento de criatura, el autor distingue una segunda forma de comprender la existencia del numen, la que estaría dada por la misma experiencia, la vivencia subjetiva del ser humano en su encuentro con la divinidad. “consideremos lo más hondo e íntimo de toda conmoción religiosa intensa, por cuanto es algo más que fe en la salvación eterna, amor o confianza; consideremos aquello que, prescindiendo de estos sentimientos conexos, puede agitar y henchir el ánimo con violencia conturbadora; persigámoslo por medio de los sentimientos que a él se asocian o le suceden, por introyección en otros y vibración simpática con ellos, en los arrebatos y explosiones de la devoción religiosa, en todas las manifestaciones de la religiosidad, en la solemnidad y entonación de ritos cultos, en todo cuanto se agita, urde, palpita en torno a templos iglesias, edificios y monumentos religiosos, la expresión que más próxima se nos ofrece para compendiar todo esto es la de mysterium tremendum”21
. La invitación del autor a hurgar en lo profundo del sentimiento humano, donde reside la experiencia, es generada con intención de dar sentido a esto que es “otro”, que es quien evoca la manifestación religiosa.
siguiendo esta línea, lo social, expresado en las manifestaciones religiosas tanto colectivas como abstractas (colectivas en el sentido de que son
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Otto, Rudolph., “Lo santo”, Revista de occidente, Madrid, 1965 pág. 23
evocadas entre individuos, y abstractas por motivo de la figuración a través de íconos y construcciones), no nace por si solo. La misma sensación de lo no conocido ni comprendido, el “Mysterium tremendum”, es lo que estimula la expresión religiosa.
Por otra parte, el significado asignado a lo numinoso, como mysterium, compromete al individuo a la intención de conocer, entender a la divinidad. Esta invitación a conocer es inmanente, lo numinoso nunca deja de ser mysterium, debido a que la divinidad sólo se presenta como un sentir que se responde solamente por si mismo. En cuanto a la categoría tremendum, podemos hablar de lo abarcable; el numen no se conoce, sólo es una evocación, por ende, no existe posibilidad alguna de categorizar ni definir: es inabarcable, es tremendum.
Debido al carácter de indefinible del numen, sólo bordeado por algunos conceptos como el mysterium tremendum, el autor vuelve a la experiencia, al sentimiento individual: “ Y en qué consiste, a su vez este sentimiento?. El hombre “natural” tampoco lo puede saber, ni siquiera sentir. Solo lo conoce y siente quien está “en espíritu” este sí y con penetrante agudeza”22
.
Desde aquí, es pertinente preguntarnos por lo conocido en “espíritu”. Conciente de esta duda, Otto plantea como advertencia a esta obra que quien no a experimentado tales sentimientos de experiencia con lo numinoso, no puede concebir una interpretación real de lo planteado. Quisiéramos no reducir la comprensión a sólo lectores que “hayan vivido” tales experiencias, para esto dejaremos abierta la discusión y nos centraremos específicamente en la valoración de la experiencia religiosa, en esta parte, como carácter subjetivo.
Continuando con el análisis de Otto, lo santo, como carácter numinoso, al no comprenderse de manera indirecta (debido al mysterium antes mencionado), puede comprenderse de manera indirecta, es decir, caracterizarlo por lo que “no es”: “Este ser sumo es valorado, a su vez, por el sujeto en el mismo instante con la categoría de un valor peculiarísimo, diametralmente opuesto al valor “negativo” de lo profano.23
En este sentido, lo sagrado o lo santo se mediría por exclusión. Cabría preguntarnos en este momento por la consideración de Otto a la naturaleza humana, la que subentendemos tanto sagrada como profana. Esto se sustenta en la misma posibilidad humana de vivenciar la experiencia religiosa; para concebir y vivir la experiencia religiosa, el ser humano contendría algo de “numinoso” dentro suyo. La justificación del sentimiento humano frente a la interacción con lo divino se respondería por esta cualidad de numinoso en el individuo. La diferenciación entre lo profano y lo santo, daría el pie al dinamismo de la experiencia religiosa, orientación del mismo ser humano hacia lo divino, una mirada hacia lo que está lejos de nosotros pero queremos que esté cerca. Esto mismo hace que esta experiencia pueda ser vivida colectivamente, el carácter social de la experiencia, que pese a ser subjetiva es compartida colectivamente.
Desde lo antes mencionado podemos extraer otro elemento importante: la experiencia religiosa en el individuo, tanto social como colectivo, se da en una relación de permanente tensión, la que es provocada por la misma naturaleza humana, que se orienta tanto a lo sagrado como a lo profano.
También, sobre la base de estas últimas reflexiónes, llegamos a la forma en que se vivencia lo numinoso. En la Renovación Carismática, esta experiencia es vivida dentro de un contexto de oración y alabanza, una alabanza dirigida al Espíritu Santo, al numen. “Lo que así se alaba no es el
absoluto poder que formula y obtiene todas sus pretensiones por la fuerza, sino lo que por propia esencia el supremo derecho a formular las más elevadas exigencias en su servicio, lo que es ensalzado por ser digno, en absoluto, de alabanza “tú eres digno de tener alabanzas, honores, poder”.24
Se puede notar con bastante claridad, que el mismo encuentro es la justificación de la interacción con la divinidad. La consideración de “siervo” del individuo que tiene la experiencia numinosa, nace del enfrentamiento a lo majestuoso, es decir, no es el producto de Dios por sobre los hombres el sentido de las alabanzas, sino que se alaba a Dios por ser Dios. Es aquí donde Otto acuña el término de “augustum”, el cual tiene como significado la presencia del numen por cuanto en si mismo, el Dios que siempre se encuentra presente, Dios sólo se justifica por Dios. El carácter dogmático de esta justificación, no necesariamente limita el futuro análisis de la visión del Carismático, con respecto a la comunicación con la divinidad, sino que establece un límite comprensivo, el cual se vislumbra sólo a partir de la vivencia de la experiencia religiosa.
Habiendo considerado el significado de lo numinoso dentro de la experiencia religiosa, Otto plantea el sentido de la religión como una obligación individual afectada a nivel de conciencia, donde el reconocimiento de la existencia de lo numinoso incita automáticamente a al sentimiento de sumisión y adoración. “La religión es, por tanto esencialmente, y aún prescindiendo de toda esquematización ética, una obligación íntima que se impone a la conciencia y a la vez que la conciencia siente; es obediencia y servicio, que son debidos, no por la coacción del poderío, sino por espontánea sumisión al valor santísimo”25
.
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Otto, Rudolph., “Lo santo”, Revista de occidente, Madrid, 1965 pág. 83
Esta concepción de la religión, que recalca el sentido de obligatoriedad por un sentido de atracción a lo santo, lo augustum, e invita a la obediencia y al servicio, brinda sentido a la expresión religiosa colectiva, a la objetivación de la experiencia con el numen; ejemplo claro en la Renovación Carismática, donde la reunión de quienes quieren tener la experiencia, la hace motivo de comprensión e identificación con otro que vive una experiencia parecida.
La objetivación de la experiencia de lo numinoso es planteada de dos formas por Otto:
La forma directa del medio de expresión de lo numinoso se justifica en la concepción de esta realidad a nivel de conciencia. “ A decir verdad no existe en este caso transmisión en sentido estricto, porque el sentimiento numinoso no se enseña ni se aprende, sino que únicamente puede despertarse sacándole del “espíritu” “26
. Asimismo, la experiencia de lo numinoso es vivida a través de la actitud del individuo, la que es expuesta a través del acto, el ritual, que es compartido con otros.“el sentimiento numinoso palpita mucho más, pues en la grave actitud, en los ademanes, en el tono de voz, en el semblante, en la expresión de insólita importancia del acto, en el solemne recogimiento y devoción de la comunidad orante, que en todas las palabras y denominaciones negativas...estas denominaciones sirven de ayuda en tanto que designan un objeto en general, y al mismo tiempo lo ponen a otro al cual es distinto y a la vez superior”27
. De esta parte recalcamos dos puntos importantes: primeramente el sentido de “sacarle el espíritu”. Donde el autor dirige la comprensión del lector a un ejercicio práctico que estaría dado por el asumir la existencia intrínseca de lo numinoso dentro del ser humano; y, por otra parte, la objetivación de la experiencia con el Espíritu, canalizada por el sentimiento
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Otto, Rudolph., “Lo santo”, Revista de occidente, Madrid, 1965 pág. 92
humano en el gesto, en el asombro, la devoción y el recogimiento lo cual funciona como medio, come herramienta para la consecución del fin: el contacto y la conexión con lo numinoso.
En cuanto a la objetivación indirecta de la experiencia de lo numinoso, Otto la caracteriza bajo el mismo prisma de la interpelación de lo divino frente a lo subjetivo, pero asimilando esta interacción en la expresión racional de lo que no conocemos directamente. “Los medios de representación y estimulación del sentimiento numinoso son indirectos, es decir que todos ellos son medios de expresión para sentimientos parecidos o afines, para sentimientos pertenecientes a la vida natural del ánimo”28
. Aquí, el autor nos muestra la representación de los sentimientos de lo numinoso, lo tremendum, lo grandioso (augustum) y lo misterioso como formas de acercamiento. La necesidad de que estos medios sean indirectos, se justifica en la comprensión de la experiencia religiosa en un contexto alternativo de comunicación, el cual contemplaría distintos canales de comunicación, donde el portal de acceso a esta, es el asumir la existencia del numen.
Comentarios
El aporte realizado por Otto respecto a la visión “desde adentro” de la experiencia religiosa, nos permite clarificar el primer componente de la experiencia carismática: Lo carismático (lo religioso). Lo religioso está comprometido con la manifestación del espíritu en el individuo carismático, manifestación que es justificada, bajo la visión de este autor, por la presencia de lo numinoso en la conciencia individual. Lo numinoso es lo no humano, es un misterio grandioso que no podemos conocer; misterio inmanente debido a la
irresolución de este (nunca podremos conocer la naturaleza de Dios, sólo podemos tener vislumbres de este).
Para comprender el significado de la presencia de lo numinoso en la conciencia individual, debemos mirar a la experiencia, la experiencia del Espíritu. La objetivación de esta experiencia se compromete con lo augustum (alabar a Dios porque es Dios), que para los Carismáticos se plantearía en el sentido de recoger el testimonio de fe, la vivencia personal de la efusión del Espíritu Santo como realidad objetiva, realidad que se comparte con otros.
La oración es producto del mismo sentimiento de recogimiento, asombro y devoción hacia el numen. La comunicación con el Dios se presenta de distinta forma a la comunicación racional , porque el numen no es parte de la razón. De aquí comprendemos la presencia de los dones espirituales, expresiones no racionales que se muestran como respuestas a la invocación a la divinidad. Por citar un ejemplo mencionaremos a el don de lenguas. San Pablo nos acerca aún más al significado de la efusión del Espíritu en el humano: “El que habla en lenguas, no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie le entiende: un espíritu le hace decir cosas incomprensibles”29
. De esta forma, completamos la visión analítica de este componente planteada en este trabajo. Sin lugar a dudas, el fenómeno de los dones Espirituales requiere una revisión más acabada, en esta tesis, lo usaremos sólo como referencia para comprender el significado de la experiencia carismática, específicamente la experiencia de la Otredad.
Este primer componente (el religioso), se funda como un primer elemento explicativo de la construcción de la experiencia Carismática como estructura de sentido. Para adentrarnos en un segundo componente (lo social), el cual se
relaciona con la construcción del nosotros en la experiencia Carismática, se presentará a continuación una revisión desde la experiencia religiosa “desde afuera”, plantada por Mircea Eliade.