como drama personal El protagonismo masculino
7 La extracción social de él era de los sectores de baja renta de la ciudad Su
padre era carpintero, su madre una ama de casa, pero varios de sus hermanos se hicieron profesionales como Pablo mismo lo hizo.
personalmente no nos cae bien [...]. Era como hosco... A partir de que se casa- ron diría que hubo una cierta aceptación, casi resignada del asunto [...]. Luego logramos hablar, nos sentíamos como de izquierda, como afines. Pero luego se fueron para el Japón y cuando volvió era otra vez como difícil hablarle [...]. Yo diría que en cierta medida él resentía nuestro rechazo [...]; otros cuñados han sentido que [nosotros] nos cerramos, que los hermanos hacemos grupo y no los dejamos entrar. Con mayor razón lo sentía él donde... sí existía [el rechazo] [...]. [Pero] preguntas, ¿cuál es la imagen mía de por qué lo hizo? Repito que creo que lo hizo como por la angustia de quedarse solo [...]. La imagen mía es que a él le dio una angustia tal que se desbocó... y ahí lo hizo.
Madre: –Porque se volvió como loco y era loco pero de celos. Ella por su profesión tenía que viajar mucho a diferentes partes, entonces, él decía que ella viajaba tanto era por irse con alguien [...]. [Creo que fueron] los celos, porque ella era como superior a él. Él, viendo que ella se superaba tanto y le iba tan bien en todo, iba para arriba, para arriba todos los días, y él un simple ingeniero, entonces, no podía con eso. Ahora, yo digo, si él ya no la quería, ¿por qué no la dejaba?
Mientras realizaba esta entrevista, una de las hermanas escuchó lo que decía la madre. Cuando más tarde conversé con ella sintió espontáneamente la nece- sidad de corregir la versión de su madre.
Hermana 1: – Algo escuché que decía mi mamá, que él ya no la quería y que no la dejaba en paz. Eso también era absolutamente mentira, porque él la quiso muchísimo, bueno hay amores que matan (énfasis mío), pero él real- mente la quiso muchísimo. Entonces yo me pongo a pensar, ¿por qué quiere mi mamá pensar o explicarse que él ya no la quería?
Myriam: –¿Usted por qué lo cree?
Hermana 1: –Eh, yo creo que para ella puede ser más fácil meterse en la mente: Este hombre mató a mi hija porque ya no la quería, es como una razón un poquito más lógica, si cabe lógica allí. Pero es ilógico entender, creo yo, que una persona mata a la otra porque la quiere mucho...
Myriam: –¿El desnivel social entre las dos familias puede haber jugado un papel creando resentimiento en él?
Cuñada: –Yo creo que sí [...]. Su familia era de origen bastante popular. El papá era carpintero. Me da la impresión de que él podría resentirse con la familia [de ella], él podía sentirse nuevamente como en posición inferior res- pecto a la familia de ella.
El testimonio procesal de otra hermana conecta los últimos incidentes y ofrece también una interpretación:
Hermana 2: –Últimamente la relación estaba completamente deterio- rada, el último año los celos enfermizos de Pablo le hicieron la vida insufri- ble a mi hermana, muchas veces ella me llamó llorando para decirme que se tenía que separar porque ya no aguantaba esa tortura [...] [también mencio- nó que ella le escribió sobre lo mismo]. El dos de mayo me llamó para con- tarme que estaba haciendo testamento [...] quería pedirme que me hiciera cargo de su hijo. Con insistencia lo decía, ‘si a mí me pasa algo, yo te dejo mi chinito’, yo lo tomé al principio, no tan serio, [narra una broma que hizo so- bre el tema] pero luego me di cuenta de que estaba realmente angustiada, me impresionaba mucho oírla llorar tan angustiada porque ella era como muy fuerte, no se doblegaba tan fácil [...]. Llamé a mi hermana N. para pedirle que le ayudara. [Supe que por entonces] él ya no le hablaba y a ella le dolía mu- chísimo el que se acabara su matrimonio con Pablo a quien realmente que- ría [...]. El punto más conflictivo era la custodia del niño [...]. Ella me repitió: “el 30 de mayo, o se sale él [de la casa] o me salgo yo [...]”.
Preguntada por el juez sobre cuál era el problema entre la pareja, esta her- mana dijo: “por celos”. Luego narró que las relaciones de la familia con él eran malas y dio testimonio sobre el viejo incidente con las hermanas y se refirió a lo acontecido con la hermana menor como una violación y “una tragedia fami- liar” que “afectó mucho a padres y hermanos y como es lógico [quedamos] in- finitamente heridos y ofendidos”.
El juez insistió una vez más en que si ella sabía si Pablo estuvo sometido a tratamiento psiquiátrico, a lo que respondió que tuvieron una terapia familiar. Cuando el juez preguntó si tenía algo que agregar, esta hermana añadió que “ella lo quería mucho, se desvivía por él” y “era ingenua y confiada”. Narró un inci- dente ocurrido el año anterior cuando Pablo le arrebató el teléfono a Micaela para increpar que la hermana había sido cómplice de los amantes de Micaela e incluso gritó por el teléfono “[Esta] como que ya se ha acostado con cinco esta semana. Luego Micaela tomó el teléfono ahogada en llanto, no podía hablar”. También “el 19 de mayo [7 días antes del crimen] me hizo una llamada, muy angustiada, también llorando, y me dijo que esa mañana él le había quitado las llaves del carro [...] y le había dicho que para que aprendiera que él también podía hacer cabronadas [...].Micaela repetía: fue tan ofensivo, tan denigrante, [...] ¡Alcancé a abrigar la ilusión de que nos podíamos separar maduramente!”
En el expediente las declaraciones del hermano del sindicado (uno de sie- te hermanos), resaltaron que Pablo nunca comentaba nada de su matrimonio, que parecía muy bien, pues él “es exageradamente introvertido”. También re- saltó que su relación con Micaela era “buena” y que se visitaban en sus casas periódicamente. Puso énfasis en lo poco comunicativo de su hermano, pero también en que “es muy cariñoso con el niño. Todo lo hacía en función del niño”. Dijo que Pablo lo llamó la mañana del día del crimen, “llorando y muy conges- tionado” para que se encargara del niño. Cuando el juez le preguntó si quería agregar algo, manifestó que la pareja había tenido sesiones de terapia psicoló- gica con dos profesionales y que incluso Pablo les había aconsejado a los her- manos que acudieran a uno, pues no sabían cómo hablar entre ellos. Ante una pregunta del juez sobre tratamientos psiquiátricos en la familia, respondió que otro de los siete hermanos, así como una tía y una sobrina, “han tenido proble- mas psiquiátricos reconocidos”. Terminó diciendo que Pablo “ha sido un estu- dioso compulsivo, hubo un momento en que estuvo estudiando hasta cinco idiomas y después estudió japonés para irse al Japón a estudiar sistemas”.
Desde el punto de vista judicial, el juez indaga por un elenco de posibles móviles: económico (en el momento de la muerte ella portaba varios cheques de valor), o de celos. El otro foco de insistencia fueron los tratamientos psicológicos de Pablo. Inicialmente éste respondió en forma lacónica que en el año 1970 había tenido consultas y que el diagnóstico fue “neurosis”. Este aspecto cobró fuerza a medida que transcurrió el proceso dada la posibilidad de la defensa de argüir inimputabilidad por inestabilidad emocional, aspecto sobre el cual volveremos en el aparte siguiente. A lo largo del expediente quedaron consignadas varias de- claraciones de Pablo en las cuales paulatinamente modificó la versión inicial de los hechos, como veremos también más adelante. En una de estas declaraciones subrayó que ella lo ofendió esa mañana, “insinuándole que él no merecía ser el padre del niño”. También modificó su posición frente a los bienes asegurando que el carro era de una hermana de él y no de Micaela. De allí en adelante, Pablo apuntó a señalar, de manera relativamente cuidadosa, que ella era la causante de la “des- trucción de la familia” con su infidelidad y viajes de trabajo, que él, sin embargo, aceptaba sin recibir a cambio “explicaciones que me permitieran perdonarle su actitud, sin que ella presentara nunca una disculpa o expresara la menor inten- ción de cambiar, ella sabía que yo me culpabilizaba [por el fracaso del matrimo- nio] y con su sonrisa satírica me lo daba a entender...”. Lo que dijo haber encontrado como realmente insoportable, sin embargo, fue la idea de que era mal padre y que tal vez ella no le dejaría volver a ver al niño.
Insistió en que cuando Micaela le cerró todas las puertas de la reconcilia- ción se produjo
el dolor inmenso [...] [que] me hizo perder el control, me hizo estallar la pasividad que yo había tenido toda la vida [...] la rabia que yo no podía expresar con palabras se volcó contra esa parte de mí mismo que era un ser insensible, petulante, despectivo. No hay ninguna razón, no hay ningún ra- ciocinio que pueda explicar cómo esa desesperación que sólo me había deja- do como salida mi propia muerte se convirtió en esa pantomima horrorosa y sin sentido. [...] Lo único que logró [la idea de matarse y matar al niño] fue un destino miserable para todos los sobrevivientes, tanto la familia de Micaela como mi familia y como el niño.
Las versiones posteriores de Pablo se comprenden mejor en el contexto del tratamiento judicial del caso, que abordaremos dentro del des-enlace.
Des-enlaces
Una vez acontecido el crimen, sus implicaciones se disparan en varias di- recciones. Mariza Corrêa (1983: 20-24) llama a esto sobreposición siguiendo a V. Turner (1957), pues la crisis familiar y la social se sobreponen generando una presión en la que los actos dejan de tener importancia en sí mismos y se vuel- ven tesis para la defensa o la acusación. Lo más destacado es la pérdida del con- trol sobre la intimidad familiar, pues el desdoblamiento del drama social hace que las relaciones dejen de estar circunscritas y de interesar a los involucrados para pasar al control de otras esferas sociales. Es precisamente este control so- cial el que relieva, no tanto los fenómenos castigados, como el aparato para encauzarlos.
El drama, dice Turner (ibid.)
sigue, al menos, tres fases: a la quiebra de una regla básica de las rela- ciones sociales se sigue una crisis en la cual la quiebra se amplía, se hace coextensiva con fisuras existentes en las relaciones sociales y se pone en evi- dencia la estructura social básica. Finalmente, se delimita la extensión de la ruptura y se ponen en acción medidas de ajuste social que pueden culminar, bien con el reconocimiento de la irreversibilidad de la quiebra, o con el rein- tegro social de los perturbadores.
Con la acción violenta lo primero que se sacude es la vida familiar, pero ésta es apenas un nudo del tejido social que se acciona con el acto violento y
que tiene como consecuencia el que las acciones privadas se tornen de interés y de control público; del sistema judicial por una parte, y de los medios formales e informales de circulación social de la información por la otra. Ambos reinician el encauzamiento de la ruptura provocada por el acto de violencia. Pero el dra- ma ha dejado ver los armazones de la estructura social.
El evento se vuelve un acontecimiento público. Las familias, ambas, que- dan expuestas al escrutinio social: amigos y compañeros de trabajo, “conmovi- dos ante la inesperada noticia”, les “expresan sentimientos de pesar y condolencia y solidaridad” a la familia de ella. Algunas comunicaciones exaltan las calida- des “profesionales y humanas” de Micaela, otras piden para que “Dios les con- ceda resignación, fortaleza, esperanza y fuerzas en el difícil momento” o en “la terrible prueba”. Pero además de la solidaridad de los allegados, el suceso se vuelve noticia periodística, poco destacada dentro de las noticias judiciales en los diarios colombianos de circulación nacional, pero resaltada y convertida en acontecimiento sensacionalista en la crónica roja o judicial. Muchas veces, dijo una hermana de Micaela, “se habló en la prensa de crimen pasional. Era horri- ble, en especial ese vespertino8, con ese irrespeto por el dolor de la familia... con
esas frases escabrosas y nosotros ahí...”
Pero, al mismo tiempo, la intimidad de la familia sigue: ¿Cómo lidiar con la pena?, ¿Qué hacer con el niño?, ¿Cómo decirle?, ¿Cómo tratar a la otra fami- lia?, ¿Son ahora enemigos?, ¿Qué dicen los investigadores judiciales, los amigos, los compañeros de trabajo?, ¿Cómo participar en el proceso judicial?, ¿Quién tendrá los bienes de la persona muerta? En el capítulo cuarto se hará el examen del crimen pasional como acontecimiento público, mientras tanto, a continua- ción, retomo el curso de las implicaciones para sus más allegados, la forma en que ellos enfrentan los sucesos y el curso institucional que siguen. De nuevo, las consecuencias emocionales, las explicaciones y las acciones conforman una unidad.
Hermana 1: –El DAS (Departamento Administrativo de Seguridad) se encargó inicialmente [...]. Ahí es cuando empieza el rollo [el enredo] y Me- dicina Legal interviene, y que hay que avisarle a la familia, y todo esto... [Cuan- do me avisaron] entré como en una angustia... y en segundos me imaginaba de todo.