como drama personal El protagonismo masculino
5 Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, entidad a la cual le
competen los pasos iniciales de separación matrimonial tales como entrevis- tas conjuntas para llegar a acuerdos sobre la custodia de menores de edad y distribución de gastos. A una de estas entrevistas correspondía la boleta de citación mencionada.
Myriam: –¿Cómo lo supieron ustedes?
Madre –Tal vez por las noticias, por radio, porque... alguno de mis hi- jos oyó. Salió la noticia por radio, pues como ella era una persona tan im- portante, porque ella era jefe de [...]. Entonces, vino el escándalo, vino la cosa... Mis hijos empezaron a averiguar, averiguar... Sí, que el cadáver estaba en Me- dicina Legal (INMLCF). Y mis hijos, [...] fueron como unos tres a pedir el cadáver de Micaela para hacerse cargo de él y no se lo entregaban y no se lo entregaban. Entonces, uno de ellos llamó a la Presidencia y llamó a (...) [Pre- sidente de la República]. Dizque le dijo: Doctor, mire, acaban de matar a Micaela y no nos quieren entregar el cadáver, por favor, intervenga para que nos lo entreguen. Ahí mismo llamó. Ellos lo recogieron. Hicimos la velación aquí en la funeraria.
Hermana 1 –Entonces, esa mañana, ...esto lo contó la empleada de la casa de ellos, contó que ellos se habían levantado común y corriente, que habían desayunado común y corriente, como todos los días, los tres, con el niño que entonces tenía como cuatro años, y que habían ido los dos a acompañar al niño al paradero del bus del colegio. Regresaron al apartamento ellos dos y comentaron algo para coordinar el uso del carro ese día, porque era un solo carro y tenían que ir a lugares distintos. Entonces llegaron al acuerdo que Micaela iba manejando y que lo dejaba a él [donde iba]. Y después, estando en el carro los dos, más o menos a las 8 de la mañana van por la calle 100 ha- cia arriba, cuando pasan por la calle 100, cerca de la autopista, hay un puente y ella va manejando. Era lunes, Bogotá está repleto de carros, y dijo él [en el juicio] que ella le comentó: desde hoy por la tarde ya no vuelvo al apartamento. Desde hoy ya empiezo pues aparte. Entonces yo recojo al niño por la tarde y me encargo de él. Entonces él le dice: ¡Por favor echa para atrás esa decisión!, ¡por favor, por favor, por lo que más quieras echa para atrás esa decisión! En- tonces ella le dice con mucha seguridad: ¡Ni un paso atrás, ni para tomar im- pulso! y, entonces, él saca del bolsillo del saco un cuchillo y ella manejando...
Myriam: –¿él ya llevaba el cuchillo?
Hermana 1: –Exactamente, él lo llevaba en el bolsillo del saco. Y esto lo sabemos porque él lo dijo. Entonces, él saca el cuchillo ante esa respuesta de ella. Él seguramente se queda como que ya no tiene esperanzas ni nada, enton- ces saca el cuchillo y se lo manda a ella, como por el cuello, como por el pecho y lo hace pues como varias veces. Y ella manejando, lleno de carros, subiendo el puente de la Cien, lunes 8 de la mañana. ¡Esa cosa es absurda, absurda! En- tonces ella trata de seguir manejando y él se..., [tiene] como una reacción muy
enloquecida y muy desesperada, lo hace como 17 veces, así en el pecho y en el cuello. Entonces ella ya no puede más, empieza ya a desangrarse con 17 cuchilladas y entonces él dice que él la retiró del volante y la pasó para la parte de abajo del carro. Eso es lo que él dice. Él dice que siguió manejando varias horas por Bogotá. Él maneja muchas horas y que puede que ella haya estado todavía con vida pero se sigue ahí desangrando, poco a poco...
Él comenta que no sabía qué hacer:
que pensó llevársela a mi mamá y botársela ahí. Eso también me pare- ce una cosa muy diciente. No lo hizo pero lo quisiera hacer, lo consideró como una posibilidad. Sigue andando por Bogotá y manejando como loco por to- dos lados, golpeando carros, haciendo, pensando qué diablos hace con ella. Bueno, finalmente decide entregarse. Y él llega con la camisa toda llena de sangre, con las manos, con el cuchillo untado de sangre y todo eso al DAS (Departamento Administrativo de Seguridad). Pues no le creían. Pero raro éste que viene y dice esto. Por fin convence a una persona y le dice: ‘vamos al carro’, y, ¡efectivamente! Van con él al apartamento y recogen algunas cosas y empieza pues toda la investigación y se lo llevan.
Myriam: –¿Tenían ustedes sospechas de algo?
Hermana 1: –El domingo anterior habíamos estado almorzando todos y fue un almuerzo muy rico y compartimos mucho con ella. Absolutamente normal.
Myriam: –¿No estaba nerviosa?
Hermana 1: –No, nada. No, absolutamente nada extraño, tranquila, con- tenta. Ella nos comentó más o menos los planes que tenía para la semana entrante. Que tenía viajes, bueno, todas estas cosas. Ella era una persona como muy entusiasta, hacía su trabajo y sus cosas como con mucho cariño, como con mu- chas pilas (entusiasmo). Pienso, bueno, qué sucedió el día anterior que fuera algo raro y yo no encuentro absolutamente nada raro. Ella estaba absolutamente tran- quila. Nosotras en los últimos años habíamos establecido una relación mucho más estrecha y yo le estaba ayudando mucho con las vueltas de la separación.
Myriam: –¿Ella nunca dijo que tenía miedo de él, ni que la amenazaba, como dijo su mamá, quien dijo que él la amenazaba con matarla?
Hermana 1: –No. Pero echando un poco para atrás, en la separación ella fue muy clara en decir yo no quiero ningún lío. Él que se quede con el apar- tamento y el carro que eran sus únicos bienes.
Myriam: –¿Ella se quería separar?
Hermana 1: –Bueno, ella decía que ya se sentía mal, se sentía incómoda viviendo con él, porque estaban frecuentándose obstáculos, por ejemplo, la escena de lo del pasaje (él rompe en secreto un pasaje con el cual ella debía realizar al día siguiente un viaje de trabajo).
Myriam: –¿Ella se sentía amenazada, intuía que él la podía matar? Madre: –Sí, sí, tanto que llamó un día a mi hija que vive en XX, y él oyen- do, y ella dizque le dijo... si alguna cosa me pasa, hágase cargo de mi hijo y haga las veces de mamá y así fue que a ella le quedó tanta responsabilidad con el niño.
Myriam: –¿Será que hubo antes violencia entre ellos?
Hermano: –Nosotros nos lo hemos preguntado y yo me imagino que no, que él debía sentir ganas de darle trompadas pero se las aguantaba por- que sabía que ella no se lo iba a aguantar.
De esta forma fue narrado el suceso mismo del crimen por familiares de Micaela. Los familiares de él se negaron a hablar sobre el mismo. El DAS pasó al detenido a un juez de instrucción criminal a quien competía abrir la investi- gación.
La justicia toma cuenta
Un “Acta de levantamiento del cadáver” abre las 540 páginas del expediente. El juzgado de instrucción criminal consignó en un formato de uso general, fe- cha, lugar, nombre, edad, sexo, ocupación, descripción del lugar del hecho, po- sición y orientación del cadáver, prendas de vestir, descripción de las heridas, causa de la muerte, exámenes sugeridos. Le sigue una relación detallada de los elementos encontrados en el vehículo y luego el expediente intercala copia de los distintos exámenes técnicos (necropsia, alcoholemia, gravitex) y peritazgos (psiquiátrico) junto con los testimonios y las decisiones judiciales. Bajo el títu- lo de “Hechos y actuación procesal” se puede leer:
En la mañana del día X, a la altura de la calle... se presentó un prolongado trancón de vehículos automotores, situación que no fue obstáculo para que los esposos Pablo y Micaela, quienes viajaban en el automóvil XX, conducido por esta última, comenzaran una acalorada discusión por asuntos conyugales en desarrollo de los cuales aquél desenfundó un cuchillo que portaba en el bolsillo propinándole catorce cuchilladas que le produjeron la muerte dentro del mismo vehículo por anemia aguda.
Los primeros documentos son: la inspección judicial del apartamento del agente del crimen, Pablo, la “indagatoria del capturado” y la de la empleada doméstica. Esta última, después de identificarse con detalle, narró el inicio del día: “Se despidieron de mí normalmente, como todos los días”. Ante la pre- gunta de si escuchó alguna discusión contestó: “No, no escuché ninguna discusión, se sentaron a la mesa a desayunar, todo normal, primero el niño, luego la señora, luego don Pablo”. Luego añadió: “Casi no se hablaban, últimamente separaron camas, estaban disgustando hace como tres semanas [...] pero nunca discutían delante de mí”. Sobre Pablo dijo: “Mal educado, no saluda en las mañanas. [...] Nunca lo he visto embriagado, para mí es una persona muy calmada, para mí es una sorpresa estar dando una declaración de estas”. Vale la pena anotar que la empleada residía junto con la pareja en el apartamento.
En la indagatoria realizada el mismo día de la muerte, el “sindicado cap- turado” Pablo respondió largamente, acompañado por un abogado defensor que su hermano le había procurado. Él tenía 39 años, ella 32. Era ingeniero de siste- mas y trabajaba como analista. Informó sobre su identificación personal y re- saltó que en su casa estaba su hijo, un niño de 6 años. Negó tener antecedentes judiciales, consumir drogas alucinógenas, o frecuentar establecimientos públi- cos donde se expenden bebidas embriagantes. Detalló su salario y cómo lo dis- tribuía. Al pedirle narrar los hechos, dijo:
Yo le dije (a ella) que tratáramos de organizar nuestra familia, porque ella pensaba irse con el niño y yo quería convencerla de que arregláramos, entonces ella me dijo que no, que era demasiado tarde, que se iba antes de terminar mayo. Yo le dije que con ella el niño no iba a estar bien, entonces ella me dijo que cómo me atrevía decir eso [...] eso me lo dijo en el carro, yo tenía un cuchillo en el bolsillo del saco y la maté, a cuchilladas, eso fue en (sitio) [...].
Según esa declaración el arma “la había comprado ocho días antes pen- sando en suicidarse en caso de que su esposa e hijo se fueran del apartamento”. Pablo insistió en que
el cuchillo no era para matarla a ella, el cuchillo era para matarme yo porque si ellos se iban mi vida ya no tenía sentido, y yo me di cuenta que a ella no le importa nada nuestra vida, nuestro amor, yo no sabía qué hacer después. Yo seguí manejando y cogí con el carro a andar, ya no tenía nada que hacer...
Pablo narró a continuación de forma precisa y detallada un largo trayecto por la ciudad, nombrando las calles recorridas en huida de la señora que él había chocado y lo perseguía. Continuó, “ya no pude ir por el niño, ya no podía matarme con él [...] Yo tenía que avisarle a alguien”. Con igual precisión dio cuenta del recorrido infructuoso para conseguir un teléfono hasta que logró comunicarse con uno de sus hermanos antes de entregarse en el DAS. Dijo más tarde en otra declaración que en el DAS le preguntaron muchas cosas y le decían que “si era por celos, que dónde tenía escondida la mercancía (droga) [...] y yo no quería decir sino las cosas que fueran datos pero nada de nuestra vida”.
En la misma primera indagatoria quedó consignado que los investigadores lo llevaron entonces a su apartamento y él pidió que el niño, quien debía estar por volver del colegio, no lo viera y logró que una de sus hermanas lo recogiera. En la indagatoria inicial Pablo habló sobre los doce años de matrimonio. Dijo que peleaban mucho desde hacía más de un año, por los viajes de ella. También contó que para dejarlo, argumentó “que ella quería hacer su vida”. Ante una pregunta del juez sobre la distribución de gastos en la familia dijo que él poco aportaba para los gastos porque ayudaba en secreto para la vivienda de su madre. El juez insistió en requerirle la razón para llevar un cuchillo ese día si no había discusión previa. Él de nuevo dijo: “Pensé que cuando se fueran a ir yo me mataba” y confesó que había comprado el arma una semana atrás y cuidaba de que nadie se la viera. Sobre el crimen mismo dijo que le asestó una primera puñalada “en el pecho”. “Ella se puso a gritar, entonces yo le seguí pegando puñaladas”. ¿Cuántas puñaladas recibió? (inquiere el juez): “No sé”, dijo Pablo. Al describir su propio estado anímico ese día dijo: “triste”.
Después de los primeros testimonios, en el expediente quedó el oficio de levantamiento del cadáver y un resumen general. Luego lo enviaron a otra ins- tancia judicial.
Razones: amores que matan
Los eventos adquieren sentido para las personas a través de un conjunto de representaciones, de pensamientos y cargas emotivas asociadas a la acción (constitutivas de la acción), mediante las cuales intentan comprender el por- qué de lo acontecido y simultáneamente les sirven como guías para reorientar- se y para recobrar el sentido de la vida. Forman en verdad una composición compleja de intenciones, motivaciones, explicaciones, evaluaciones, que tienen un sustrato en la evocación de esquemas culturales aprendidos pero que se
ponen en marcha de manera flexible e individualizada (véase Reddy, 1997b y 1999; Strauss y Quinn,1994).
Para describir su composición en el caso de Micaela eché mano de las de- claraciones consignadas en el expediente, que son muy numerosas, y compren- den desde familiares de uno u otro cónyuge hasta compañeros de trabajo de ambos, y la del psiquiatra que los había atendido como pareja años atrás6. Tam-
bién acudí a entrevistar a familiares, funcionarios y expertos vinculados a los juicios criminales.
Las declaraciones respondieron a la indagación judicial sobre el ambiente de las relaciones entre ellos, los intereses subyacentes, el perfil personal y social de víctima y atacante y el clima psicológico de Pablo. Es notorio que las versio- nes testimoniales consignadas en el expediente modelan las versiones de la fa- milia de Micaela, pues muchas veces me repitieron palabras y circunstancias tal cual fueron descritas en el proceso.
La secretaria de Micaela declaró que ésta era “muy detallista”, tanto que el día de su muerte llevaba en el carro una torta hecha por ella misma para celebrarle su cumpleaños. De hecho, a ella le encontraron un cuchillo de sierra para partir la torta, el que sin embargo no usó ante el ataque. Varios testimo- nios de compañeros de trabajo coincidieron en que era “detallista con los com- pañeros y muy humana”. También dos de las colegas de trabajo, consideradas como las más cercanas, fueron llamadas a declarar. Una dijo que pese a que Micaela era “muy reservada le había comentado un año atrás que la relación estaba mal pues él se encontraba muy posesivo, ya que a ella le tocaba viajar mucho por sus funciones de trabajo [...] y que ella no podía tener su trabajo como secundario”. Dijo que Micaela le comentó después que ya estaba “todo
full, cinco con Pablo” [todo estaba ya bien con Pablo] pero de nuevo,
recientemente, se quejó de “que todo era motivo de discusión y entonces –me dijo– que estaba decidida a separarse, pero que él no quería dejar el apartamento”. Ella no conoció incidentes distintos a que él ya no le hablaba y que ella se había pasado a otro cuarto. “A veces se la veía triste, y entonces uno le preguntaba y se le salían las lágrimas y uno para no verla sufrir cambiaba [el tema]”. “Ella le había dicho a Pablo que se separaran pero él no quería aceptar [...] incluso ella ya le había dicho al niño que se iba a separar [...]”. Les llamó la atención a las amigas que testificaron que ella había buscado una