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2 Estado de la cuestión

2.5. Teléfono móvil y comunicación: los emisores y las audiencias

2.5.1.1. El factor edad

El uso del teléfono móvil está muy arraigado en la sociedad española, y como ya hemos visto, el número de terminales móviles en uso es superior al total de población censada en España. Pero, a pesar de que el nivel de utilización es muy grande en general, el factor edad influye sobre el mismo, como podemos ver en estos gráficos:

4.621.118 7.579.306 7.250.038 5.918.212 4.721.197 3.706.531 16-24 25-34 35-44 45-54 55-64 65-74

Uso del teléfono móvil por tramos de edad (en mill. usuarios)

Cuanto más joven es el segmento de edad, mayor es el nivel de uso del teléfono móvil. Esta es una aseveración que se comprende fácilmente si analizamos la estructura de la sociedad en el ámbito de las TIC y nos fijamos en los llamados «nativos digitales».

Marc Prensky, creador del término «nativos digitales», los define como la generación de jóvenes que han crecido inmersos en las nuevas tecnologías, y que ven en ordenadores, teléfonos móviles, videoconsolas, etc. elementos de su realidad cotidiana. Para ellos, el acceso a la tecnología del teléfono móvil se produce de un modo natural. Su rapidez para adaptarse a los nuevos usos tecnológicos discurre paralelamente con su facilidad para familiarizarse con ellos y extraer todo su potencial.

En la actualidad, son el principal grupo de usuarios de servicios de telefonía móvil en España, ya que para ellos es un objeto de referencia al que atribuyen un valor simbólico mucho mayor que el propio valor de uso.

Fuente: Encuesta sobre equipamiento y uso de las TIC en los hogares 2007, INE.

Para los jóvenes, el terminal móvil es un aliado que les permite fomentar sus relaciones a través de redes sociales a las que acceden desde su teléfono. La pertenencia a un grupo obliga a ser poseedor de un móvil y, si no lo tienes, estás excluido, porque no puedes seguir los parámetros de comunicación del grupo. Socialmente, son «movildependientes»:

«No tener un keitai (teléfono móvil) es como andar ciego, des- conectado de la información inmediata sobre dónde y cuándo estás en las redes sociales en tiempo y espacio»(Ito, 2003).

Además, los jóvenes sienten la necesidad de tener el móvil siempre conectado, tanto para transmitir información como emociones y sentimientos. Bauman llama a esta necesidad «espasmos de proxi- midad virtual».

Con estos «nativos digitales», la «Teoría del Aprendizaje» invierte el proceso natural y se produce un cambio radical: en muchos casos, son los jóvenes los que enseñan a sus padres a manejar los teléfonos móviles, toda vez que su preparación para desenvolverse con las nuevas tecnologías es muy superior a la de sus progenitores, que en el mejor de los casos se podrían considerar «inmigrantes digitales».

Los «inmigrantes digitales» son individuos de entre 35 y 55 años que han tenido que adaptarse a las nuevas tecnologías, pero que no han crecido con ellas. De algún modo, han entendido que las TIC son el futuro, y han hecho un esfuerzo para integrarse y poder defenderse en una sociedad que demanda cada vez más habilidades tecnológicas. Para ellos, el teléfono móvil es un instrumento que alcanza especial significación en su ámbito familiar y profesional.

En el entorno familiar, el móvil aporta seguridad y sensación de unión, al permitir interconectar a todos los miembros. Para la familia, la misión principal del dispositivo es la micro-coordinación:

«La micro-coordinación es la gestión matizada (fina) de las interacciones sociales» (Ling, 2004:70).

Gracias al teléfono móvil, se mantiene un vínculo constante que informa en tiempo real de lo que hace cada uno, dónde está, cuándo llega, etc. Esta interconexión es fundamental para los «inmigrantes digitales» con hijos, ya que les aporta seguridad saber que pueden localizarlos en cualquier momento.

En el ámbito profesional, el teléfono móvil ofrece muchas ventajas. Estar siempre conectado permite ser más eficaz y optimizar el tiempo, ya que no obliga a permanecer atado a los recursos que tra- dicionalmente se encuentran en la oficina. Mediante conexiones de banda ancha móvil, los profesionales trabajan gracias al móvil en cualquier sitio: un taxi, un aeropuerto, en tiempos de espera; incluso, desde el coche:

«El objetivo del trabajo móvil consiste en ofrecer al personal acceso a una serie de sistemas y servicios mientras se encuentran alejados de la oficina, pero sin las restricciones del cable»

(Watson y Ligthfoot, 2003:348).

Si bien es cierto que, por una parte, las ventajas laborales que ofrece el teléfono móvil son importantes, estar siempre conectado puede suponer una sobrecarga o presión añadida para el profesional. Ya hay voces que se levantan en este sentido y que pretenden «desmitificar» el terminal móvil como elemento indispensable. En cualquier caso, cada vez son más los profesionales que dependen de su teléfono, y más como hemos visto, desde la aparición de los terminales inteligentes que les ofrecen las mismas posibilidades para trabajar que un ordenador.

Para la población en el tramo de mayor edad, el móvil no es tan necesario, ya que los niveles de uso bajan considerablemente. Entre

los 65 y 74 años, menos del 50% de la población tiene necesidad de utilizar este dispositivo, y aquellos que lo tienen lo utilizan únicamente para hablar, sin aprovechar otras funcionalidades inherentes al teléfono móvil. Evidentemente, estamos hablando de individuos que han nacido en una época en la que la tecnología era inexistente, y que ha aparecido en sus vidas cuando ya eran demasiado mayores. Con este grupo no ha sucedido como con los «inmigrantes digitales», que han tenido que hacer un esfuerzo para adaptarse a las nuevas tecnologías. En su caso, no las entienden, y prefieren prescindir de estas antes que tener que enfrentarse a ellas.

Pero, aunque la mayoría de la población de más edad no manifiesta habilidades tecnológicas, no podemos afirmar que todos se com- porten del mismo modo. Así lo demuestra el grupo definido como «silver surfers», término anglosajón empleado para definir a aquellos individuos mayores de 50 años que se sienten cómodos en el mundo de las nuevas tecnologías y que dedican muchas horas dia- rias a navegar por Internet.

Indudablemente, el teléfono móvil también es un elemento que aporta seguridad a los mayores, ya que les permite llamar y recibir ayuda en caso de tener problemas; especialmente, a aquellos que viven solos, que están enfermos, etc.

Conscientes de estas necesidades y de las limitaciones que suponen para las personas mayores, los fabricantes han lanzado al mercado modelos con nombres comerciales como «Easy» o «Simply», que no son más que modelos de muy fácil uso, con grandes teclas y con funciones muy básicas. Es este un criterio que, por otra parte, también se ha seguido para intentar atraer a los niños mediante modelos muy coloristas y fáciles de usar.

En cualquier caso, y dada la evolución de la pirámide de población, el uso del teléfono móvil en mayores de 14 años estará implantado en el 100% de la población en pocos años.