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Fechas en que, por fortuna, ya andaban por Egipto y otros lugares muchos papiros del total de sus obras dramáticas, de los que no pocos,

In document Esquilo - Tragedias - Gredos (página 66-70)

S) Ciclo de Ixión, rey de los Tésalos: Las Perrébides (1) son mujeres de la Perrebia, región de ese país en cuya capital Gir-

29 Fechas en que, por fortuna, ya andaban por Egipto y otros lugares muchos papiros del total de sus obras dramáticas, de los que no pocos,

te deducir la relativa inferioridad estética de la mayor par­ te de lo conservado en papiros respecto a lo íntegramente salvado), una selección provista de escolios, argumentos, etc., en que se centraría la enseñanza escolar y que, en el ambiente de depauperación intelectual de los siglos suce­ sivos, terminaría por monopolizar los escritorios de los co­ pistas relegando al olvido casi total más de 250 tragedias y comedias de los cuatro grandes dramaturgos. Ello sin contar la inmensa cantidad de obras de sus colegas meno­ res: acabamos de hablar de 301 títulos conocidos de dra­ mas no esquíleos, sofócleos o euripídeos.

Ha sido una verdadera suerte el que la ininterrumpida copia de los últimos siglos del Imperio romano y de todo el bizantino hasta la invención de la imprenta nos haya preservado siete bellas tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurí­ pides (que en este caso eran Alcestis, Andrómaca, Las Fe­ nicias, Hécabe, Hipólito, Medea, Orestes, a las que vinie­ ron a sumarse, de un modo u otro, Las Bacantes, Las Tro- yanas, el dudoso Reso y los nueve llamados «dramas alfa­ béticos», Helena, Electra, Heracles, Los Heraclidas, Las Suplicantes, Ifigenia en Áulide, Ifigenia entre los Tauros, Ion, E l Ciclope), no sin que en los siglos siguientes, como vamos a ver, este tesoro haya vuelto a correr serios peligros.

Los papiros que contienen textos de las tragedias conservadas de Esquilo son escasísimos: Pap. Ox. 2178 (Ag., núm. 20 del catálogo de Pack), 2179 (Sept., 21 P.), 2334 (Sept., 22 P.), 2333 (Sept., 23 P.); quizá letras sueltas de Sept, en Pap. Ox. 2255,

frs. 28-30; restos mínimos de Las Coéforas y Los Persas en Pap.

Hib. 172; de la primera, en el Pap. Vat. Gr. 11 v., de Favorino.

Pasemos ahora a los códices esquíleos (que son 133 re­ partidos por las dos Alemanias, Austria, España como se verá, Francia, Grecia, Holanda, Italia, el Reino Unido, Sui­

za, Turquía, la U.R.S.S. y el Vaticano), para los cuales seguiremos al excelente libro, luego mencionado, del filó­ logo polaco exiliado Alexander Turyn, a quien conocimos laborando afanosamente en bibliotecas italianas y para el cual sirvan estos párrafos de merecido y humilde homena­ je: la primera edición de su obra la reseñamos hace nada menos que 42 años, en Emerita XI (1943), 234-241.

Turyn parte de un arquetipo medieval uncial de la hép- tada (co) que, en la transliteración general de los siglos ix-x, produjo un hiparquetipo minúsculo μ, el cual, por lo visto, aún existía en el siglo xm, aunque naturalmente no hoy. De él procede una venerable reliquia ésta sí exis­ tente, el Mediceus (M), códice 32, 9, de la Laurenciana de Florencia, de los siglos x-xi, que no más tarde de 1423 fue comprado en Constantinopla por Niccolo de Niccoli para el gran humanista y bibliófilo Giovanni Aurispa, el cual contiene también, escrito por cuatro manos distintas, a Sófocles y Apolonio de Rodas con medios auxiliares co­ mo argumentos y los citados Vida y catálogo de las trage­ dias de Esquilo. Ahora bien, a este manuscrito, a causa de un desdichado accidente ocurrido antes de su llegada a Italia (y de cuyos efectos no se salvaron sus muchas co­ pias o apographa, que aquí interesan menos), le faltan, entre los folios 134 y 135, ocho que contenían Ag. 311-1066; y, entre el 135 y 136, otros seis en que se hallaban Ag. 1160-1673 (es decir, hasta el final), el argumento de Las Coéforas y unas pocas líneas iniciales de esta tragedia, que hoy se edita considerando como versos 1-9 lo transmitido por Aristóf., Ran. 1126-1128, 1172-1173, y escolios a Pín­ daro y Eurípides, y como número 10 al primero que conserva el folio 136 r. de M. Menos mal que uno de los mejores representantes de la clase π, a que ahora nos refe­ riremos, el códice V, Gr. 653 de la Marciana de Venecia,

copia con otras cosas Ag. 1-348, lo cual sirve como fuente capital del principio de la primera laguna citada, 311-348. Por lo demás, M es testimonio único, según veremos, para Las Coéforas (salvo el citado inicio irremisiblemente perdi­ do) y Las Suplicantes, lo cual es causa de que, como ocu­ rre en carencias similares, estas tragedias, no fáciles ya de por sí, sobre todo la segunda, ofrezcan inmensos proble­ mas críticos.

Ahora bien, no fue μ el único descendiente de co, sino que Wilamowitz aisló un grupo al que llamó Φ y que actúa como hiparquetipo solamente de tres tragedias, la llamada «tríada», el producto de una nueva y dolorosa reducción escolar, efectuada en época bizantina, que no llegó a pro­ ducir tan letales efectos como la anterior. Este nuevo ca­ non parece que, por lo que toca a Sófocles y Eurípides, se proponía conservar, para ilustración sobre todo mitoló­ gica de los alumnos, un drama del ciclo de Troya (Ayante, Hécabe), otro de la casa de los Atridas ('Electra, Orestes) y un tercero del ciclo tebano (Edipo rey, Las Fenicias). De Aristófanes se seleccionaron, esta vez con peor orienta­ ción estética, Las nubes, Las Ranas y Pluto; de Esquilo, acerca del cual podemos decir lo mismo, Los Persas, Pro­ meteo y Los Siete.

Φ se divide en dos familias π y β: los dos más intere­ santes representantes de π son el manuscrito Gr. 2787 de París y el citado véneto; los de β, el Palat. gr. 18 de Hei­ delberg, el Gr. 2785 de París, el 508 de la Biblioteca Sino­ dal de Moscú y el Laurentianus 31, 3, de Florencia.

Pero una vez más, afortunadamente, no quedó ahí la cosa: aparte de la recensión del sabio bizantino Tomás Ma­ gister, terminada antes del 24 de febrero de 1299 (Θ dividi­ da en p y σ), y de otra «posttomana» (ζ) afín a π, ha

dejado huellas profundas en el texto esquileo la labor ab­ negada de Demetrio Triclinio, a quien, con motivo de su centenario 30, hemos celebrado recentísimamente en Emé­ rita LUI (1985), 15-30. En Ñapóles 31 se conserva un autó­ grafo suyo que contiene la tríada con Agamenón y Las Euménides, de modo que ya tenemos ahí suplida la penosa falta en M de Ag. 349-1066 y 1160-1673, a que aludíamos. Este códice estaría copiado de otro también autógrafo de dicho editor (τ), procedente de ω a través de un perdido Ψ, en que habría influido Θ; de τ se habrían copiado tam­ bién no sólo el citado manuscrito napolitano, sino igual­ mente el códice salmantino de que vamos a tratar y el Lau- rentianus 31,8, con el Marcianus 663. Merecen, pues, cier­ ta confianza, especialmente a falta de textos mejores, las lecciones triclinianas.

No es despreciable la 'aportación española a la codicología de Esquilo. Los manuscritos que importan, al respecto, son cin­ co: Md (Escorial 135, Las Suplicantes con escolios, del xvi), N (Madrid, Bibl. Nac. 127, la tríada con escolios antiguos, del xrv), Ve (id. 164, escolios a la tríada, del xvi), Ha (id. 74, tríada con glosas, escolios y argumentos, del xrv) y E (Salamanca, Bibl. Univ. 233, partes de Prometeo, Las Euménides, Los Siete, una Vida, argumentos, escolios, del xv). Los tres primeros son antiguos. Md es copia directa de Μ; N constituye un buen espécimen de π y Ve una copia mediocre e indirecta dentro de π también. Ha es antiguo (de β), pero está contaminado por la revisión de Ma­ gister; lo mismo ocurre con E en Prometeo y Los Siete, pero el texto de Las Euménides en el propio E procede, como decía­ mos, del grupo tricliniano τ.

30 Nació alrededor de 1280 y ahora se conoce Tesalónica como su

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