S) Ciclo de Ixión, rey de los Tésalos: Las Perrébides (1) son mujeres de la Perrebia, región de ese país en cuya capital Gir-
29 Fechas en que, por fortuna, ya andaban por Egipto y otros lugares muchos papiros del total de sus obras dramáticas, de los que no pocos,
te deducir la relativa inferioridad estética de la mayor par te de lo conservado en papiros respecto a lo íntegramente salvado), una selección provista de escolios, argumentos, etc., en que se centraría la enseñanza escolar y que, en el ambiente de depauperación intelectual de los siglos suce sivos, terminaría por monopolizar los escritorios de los co pistas relegando al olvido casi total más de 250 tragedias y comedias de los cuatro grandes dramaturgos. Ello sin contar la inmensa cantidad de obras de sus colegas meno res: acabamos de hablar de 301 títulos conocidos de dra mas no esquíleos, sofócleos o euripídeos.
Ha sido una verdadera suerte el que la ininterrumpida copia de los últimos siglos del Imperio romano y de todo el bizantino hasta la invención de la imprenta nos haya preservado siete bellas tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurí pides (que en este caso eran Alcestis, Andrómaca, Las Fe nicias, Hécabe, Hipólito, Medea, Orestes, a las que vinie ron a sumarse, de un modo u otro, Las Bacantes, Las Tro- yanas, el dudoso Reso y los nueve llamados «dramas alfa béticos», Helena, Electra, Heracles, Los Heraclidas, Las Suplicantes, Ifigenia en Áulide, Ifigenia entre los Tauros, Ion, E l Ciclope), no sin que en los siglos siguientes, como vamos a ver, este tesoro haya vuelto a correr serios peligros.
Los papiros que contienen textos de las tragedias conservadas de Esquilo son escasísimos: Pap. Ox. 2178 (Ag., núm. 20 del catálogo de Pack), 2179 (Sept., 21 P.), 2334 (Sept., 22 P.), 2333 (Sept., 23 P.); quizá letras sueltas de Sept, en Pap. Ox. 2255,
frs. 28-30; restos mínimos de Las Coéforas y Los Persas en Pap.
Hib. 172; de la primera, en el Pap. Vat. Gr. 11 v., de Favorino.
Pasemos ahora a los códices esquíleos (que son 133 re partidos por las dos Alemanias, Austria, España como se verá, Francia, Grecia, Holanda, Italia, el Reino Unido, Sui
za, Turquía, la U.R.S.S. y el Vaticano), para los cuales seguiremos al excelente libro, luego mencionado, del filó logo polaco exiliado Alexander Turyn, a quien conocimos laborando afanosamente en bibliotecas italianas y para el cual sirvan estos párrafos de merecido y humilde homena je: la primera edición de su obra la reseñamos hace nada menos que 42 años, en Emerita XI (1943), 234-241.
Turyn parte de un arquetipo medieval uncial de la hép- tada (co) que, en la transliteración general de los siglos ix-x, produjo un hiparquetipo minúsculo μ, el cual, por lo visto, aún existía en el siglo xm, aunque naturalmente no hoy. De él procede una venerable reliquia ésta sí exis tente, el Mediceus (M), códice 32, 9, de la Laurenciana de Florencia, de los siglos x-xi, que no más tarde de 1423 fue comprado en Constantinopla por Niccolo de Niccoli para el gran humanista y bibliófilo Giovanni Aurispa, el cual contiene también, escrito por cuatro manos distintas, a Sófocles y Apolonio de Rodas con medios auxiliares co mo argumentos y los citados Vida y catálogo de las trage dias de Esquilo. Ahora bien, a este manuscrito, a causa de un desdichado accidente ocurrido antes de su llegada a Italia (y de cuyos efectos no se salvaron sus muchas co pias o apographa, que aquí interesan menos), le faltan, entre los folios 134 y 135, ocho que contenían Ag. 311-1066; y, entre el 135 y 136, otros seis en que se hallaban Ag. 1160-1673 (es decir, hasta el final), el argumento de Las Coéforas y unas pocas líneas iniciales de esta tragedia, que hoy se edita considerando como versos 1-9 lo transmitido por Aristóf., Ran. 1126-1128, 1172-1173, y escolios a Pín daro y Eurípides, y como número 10 al primero que conserva el folio 136 r. de M. Menos mal que uno de los mejores representantes de la clase π, a que ahora nos refe riremos, el códice V, Gr. 653 de la Marciana de Venecia,
copia con otras cosas Ag. 1-348, lo cual sirve como fuente capital del principio de la primera laguna citada, 311-348. Por lo demás, M es testimonio único, según veremos, para Las Coéforas (salvo el citado inicio irremisiblemente perdi do) y Las Suplicantes, lo cual es causa de que, como ocu rre en carencias similares, estas tragedias, no fáciles ya de por sí, sobre todo la segunda, ofrezcan inmensos proble mas críticos.
Ahora bien, no fue μ el único descendiente de co, sino que Wilamowitz aisló un grupo al que llamó Φ y que actúa como hiparquetipo solamente de tres tragedias, la llamada «tríada», el producto de una nueva y dolorosa reducción escolar, efectuada en época bizantina, que no llegó a pro ducir tan letales efectos como la anterior. Este nuevo ca non parece que, por lo que toca a Sófocles y Eurípides, se proponía conservar, para ilustración sobre todo mitoló gica de los alumnos, un drama del ciclo de Troya (Ayante, Hécabe), otro de la casa de los Atridas ('Electra, Orestes) y un tercero del ciclo tebano (Edipo rey, Las Fenicias). De Aristófanes se seleccionaron, esta vez con peor orienta ción estética, Las nubes, Las Ranas y Pluto; de Esquilo, acerca del cual podemos decir lo mismo, Los Persas, Pro meteo y Los Siete.
Φ se divide en dos familias π y β: los dos más intere santes representantes de π son el manuscrito Gr. 2787 de París y el citado véneto; los de β, el Palat. gr. 18 de Hei delberg, el Gr. 2785 de París, el 508 de la Biblioteca Sino dal de Moscú y el Laurentianus 31, 3, de Florencia.
Pero una vez más, afortunadamente, no quedó ahí la cosa: aparte de la recensión del sabio bizantino Tomás Ma gister, terminada antes del 24 de febrero de 1299 (Θ dividi da en p y σ), y de otra «posttomana» (ζ) afín a π, ha
dejado huellas profundas en el texto esquileo la labor ab negada de Demetrio Triclinio, a quien, con motivo de su centenario 30, hemos celebrado recentísimamente en Emé rita LUI (1985), 15-30. En Ñapóles 31 se conserva un autó grafo suyo que contiene la tríada con Agamenón y Las Euménides, de modo que ya tenemos ahí suplida la penosa falta en M de Ag. 349-1066 y 1160-1673, a que aludíamos. Este códice estaría copiado de otro también autógrafo de dicho editor (τ), procedente de ω a través de un perdido Ψ, en que habría influido Θ; de τ se habrían copiado tam bién no sólo el citado manuscrito napolitano, sino igual mente el códice salmantino de que vamos a tratar y el Lau- rentianus 31,8, con el Marcianus 663. Merecen, pues, cier ta confianza, especialmente a falta de textos mejores, las lecciones triclinianas.
No es despreciable la 'aportación española a la codicología de Esquilo. Los manuscritos que importan, al respecto, son cin co: Md (Escorial 135, Las Suplicantes con escolios, del xvi), N (Madrid, Bibl. Nac. 127, la tríada con escolios antiguos, del xrv), Ve (id. 164, escolios a la tríada, del xvi), Ha (id. 74, tríada con glosas, escolios y argumentos, del xrv) y E (Salamanca, Bibl. Univ. 233, partes de Prometeo, Las Euménides, Los Siete, una Vida, argumentos, escolios, del xv). Los tres primeros son antiguos. Md es copia directa de Μ; N constituye un buen espécimen de π y Ve una copia mediocre e indirecta dentro de π también. Ha es antiguo (de β), pero está contaminado por la revisión de Ma gister; lo mismo ocurre con E en Prometeo y Los Siete, pero el texto de Las Euménides en el propio E procede, como decía mos, del grupo tricliniano τ.
30 Nació alrededor de 1280 y ahora se conoce Tesalónica como su