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II. EVIDENCIAS DEL HACKTIVISMO

2.1 Preguntas e hipótesis no resueltas sobre la ubicación del poder

2.1.1 Foucault

Dentro de los pensadores políticos del siglo XX que mayores reflexiones e

interrogantes formuló sobre el poder y la política, que en su lenguaje sería un biopoder y una biopolítica, sin duda alguna Michel Foucault es un referente obligado, más allá de la resistencia que la academia tiene sobre sus trabajos, acusándole incluso de una ausencia de rigor científico en sus reflexiones. Foucault se anticipó como pocos a su tiempo y, recordando el diálogo con Deleuze, el siglo será algún día foucaultiano.

Podemos, pues, de modo general y por tanto todavía aproximativo, reconstruir de este modo las grandes formas y las grandes economías del poder en Occidente. En principio, el Estado de justicia, nacido en una territorialidad de tipo feudal, correspondería a una sociedad de la ley —costumbres o leyes escritas— que implicaba todo un juego recíproco de litigios; en segundo lugar, el Estado administrativo nacido en una territorialidad de fronteras en los siglos XV-XVI correspondería a una sociedad de reglamentos y disciplinas, y finalmente un Estado de gobierno que no se define esencialmente por la territorialidad, por la superficie ocupada, sino por la masa de población, su volumen, su densidad y ciertamente su territorio sobre el que la población se asienta pero ya no es más que un componente. Este Estado de gobierno que se centra especialmente sobre la población y que se refiere y utiliza como instrumento el saber económico, corresponde a una sociedad controlada por los dispositivos de seguridad. (Foucault, 1991, p. 20) (Las cursivas son mías.)

Esta aproximación citada de su texto sobre gubernamentalidad también está presente con mayor detalle y exposición en los cursos: Defender la sociedad,38 Seguridad, territorio y población y El nacimiento de la biopolítica. Tales cursos en

38 “La primera forma, ustedes la conocen, consistente en sancionar una ley y fijar un castigo a quien la infrinja, es el sistema del código legal con partición binaria entre lo permitido y lo vedado y un acoplamiento que es justamente el meollo del código, entre un tipo de acción prohibida y un tipo de castigo. Se trata, entonces, del mecanismo legal o jurídico. El segundo mecanismo, la ley encuadrada por mecanismos de vigilancia y corrección —no volveré a ello—, es desde luego el mecanismo disciplinario. Un mecanismo disciplinario que va a caracterizarse por el hecho de que, dentro del sistema binario del código, aparece un tercer personaje que es el culpable y, al mismo tiempo, afuera, además del acto legislativo que fija la ley, el acto judicial que castiga al culpable, toda una serie de técnicas adyacentes, policiales, médicas, psicológicas, que corresponden a la vigilancia, el diagnóstico, la transformación eventual de los individuos. Ya hemos visto eso. La tercera forma es la que no caracteriza ya el código y tampoco el mecanismo disciplinario, sino el dispositivo de seguridad” (Foucault, 2006, p. 24).

conjunto expresan su teoría sobre el Estado, la cual se funda sobre la relación entre un Estado amorfo y una población disciplinada-controlada.

La teoría de las sociedades disciplinares que abre la discusión de las “sociedades de control” de Deleuze y de los “dispositivos de control” de Agamben es una contra- evidencia39 de este trabajo. A la hora de describir los comportamientos y las acciones

de los Estados frente a la Internet, Sassen deja en claro que independientemente de la cantidad abismal de acciones con pretensiones libertarias, incluso subversivas, en Internet, los Estados mantienen su control efectivo sobre el hardware de la red y por lo tanto el gobierno de la red es posible y altamente efectivo. No importa que un hacktivista en la red pueda bombardear la red de información en contra de un Estado; en últimas, debe prender y conectar su computador desde un punto físico determinado, y el servicio de la red es ofrecido por el Estado bajo el formato de un servicio público o controlado, si es ofertado por un particular. En otras palabras, el software siempre depende del hardware, y este es su grillete.

Sin embargo, incluso a manera de contraevidencia, el control de la red ejercido por un Estado sirve de prueba de la relevancia del fenómeno, pues reconocer que la Internet es una gran red que permite disciplinar y controlar a sus usuarios porque están conectados es precisamente la constatación y la respuesta a la pregunta formulada por Foucault por dónde estará el poder. Y la respuesta no es otra que la siguiente: el poder está en la red misma.

El hecho cierto de una población cada día más conectada producto de ingentes esfuerzos del sector privado y de los Estados mismos (reducción de la brecha tecnológica) produce una población interconectada. Esta población conectada recibirá

39 En el capítulo I de este trabajo describí dos tendencias culturales fuertemente marcadas en torno a la tecnología y la sociedad, las tecnodependencias y las tecnoutopías. Las segundas son la justificación empírica de este trabajo y mi hipótesis sobre la nueva forma de la acción política; las primeras las abordé en el capítulo IV en aras de describir las prácticas de varios Estados a la hora de reglamentar, penalizar y controlar las acciones de los hackers y de otros sujetos expertos en la red. Siendo este trabajo el primer paso de una futura línea de investigación sobre la ciberpolítica y la ciberdemocracia, en su momento será obligante abordar las sociedades de control en la red y los dispositivos electrónicos como dispositivos de control.

los mensajes de quien se los provea con mayor velocidad, y una vez esto ocurre la población actuará en red. He ahí el poder de la red y de quien quiera operarla.

2.1.2 Sartori

A diferencia de Foucault y su obra, que no es de total recibo para la academia, los trabajos de Sartori son, desde la perspectiva de la claridad conceptual, más que acertados, y sus obras son lectura obligatoria para todos. Estas razones bastarían a la hora de justificar por qué apoyo en él este punto de reflexión. Sin embargo, existe una razón aún más puntual. Dentro de sus aportes a los estudios políticos, su obra Homo videns (2007) es precisa y aún vigente; incluso, su reflexión sobre la videopolítica bien puede ser un antecedente teórico de la ciberpolítica.

La televisión está cambiando al hombre y está cambiando la política. La primera transformación engloba la segunda. Pero es la video-política la que mejor representa, en este momento, el video-poder, la fuerza que nos está modelando. Y por ello mantendré que la video-política transforma la política en el más amplio contexto de un video-poder que está transformando en hombre ocular al homo sapiens producto de la

cultura escrita.

En esta clave —digamos, en un sentido muy fundamental, en clave de paideia— el

primer gran salto hacia adelante, la revolución por antonomasia, fue la invención de la imprenta, de la que desciende el hombre de Gutemberg, el hombre que lee. Sospecho que hoy estamos ante otro salto, una segunda revolución: la transformación del hombre lector, el animal de Gutemberg, en el hombre que ve, en el animal que podemos bautizar como el hombre de McLuhan. Por lo tanto, hay que ser claro: la video-política de la que me ocuparé es únicamente un reflejo —pero también un espejo— el video-poder más general que es el poder de la imagen. (Sartori, 2005, p. 351)

Si el hombre que ve, según Sartori, es la transformación del hombre lector y del animal de Gutemberg, ¿qué decir del hombre hacktivista que lee, ve y actúa leyendo, viendo y escribiendo? El hacktivista, a diferencia del homo videns, es activo. Genera contenidos, protagoniza debates y reproduce su opinión con la simultaneidad y la viralidad con la que la televisión solo habría soñado.

Los logros desde la perspectiva de la cobertura y de la transformación que sobre el hombre opera la televisión le costaron décadas. En cambio, a la Internet y sus múltiples

pantallas le ha costado solo unos años. La televisión es en esencia unidireccional y en ello radica el punto de toque de la teoría de Sartori; mientras que la Internet es multidireccional nodal, y esa es no solo su ventaja tecnológica sino también su victoria en el campo de la conquista del pensamiento del hombre. A manera de ejemplo, retomemos lo explicado en el capítulo I sobre cómo Internet derrotó a Survivor a través

de la revelación del lugar exacto y el momento en que realmente estaban participando los concursantes.40

Así mismo, la videopolítica y el videopoder de Sartori ven cómo la ciberpolítica y el ciberpoder (el poder de la red misma) son versiones más eficaces del ejercicio del poder. En el videopoder, los generadores de contenidos eran rostros viejos en pantallas nuevas efectuando su poder. En la Internet también están esos rostros viejos, pero ya no con la misma capacidad de controlar el negocio (a manera de ejemplo, la desaparición de periódicos y revistas de tradición por no poder adaptarse a las nuevas formas digitales, Newsweek entre las más importantes) porque el universo de la red es superior a sus capitales.

40 “En Survivor (2004), el asombrosamente popular programa de la CBS que inauguró la tendencia de la telerrealidad, no solo se enfrentan entre sí dieciséis desconocidos. En torno a cada episodio cuidadosamente diseñado surge otro concurso: los productores y la audiencia juegan al gato y al ratón. Cada semana, los resultados ansiosamente esperados se comentan en los pasillos y son noticia incluso en las cadenas rivales. Survivor es televisión para la era de Internet: está diseñado para ser discutido, diseccionado, debatido, predicho y criticado.

”El ganador de Survivor es uno de los secretos más celosamente guardados de la televisión […] En los contratos se fijan multas enormes para los participantes y para los miembros del equipo si les sorprenden filtrando los resultados… Los fans más acérrimos, un contingente conocido como los aguafiestas o destripadores (spoilers), llegan a extremos insospechados para conseguir averiguar las respuestas. Utilizan fotografías vía satélite para localizar el campamento base. Ven los episodios grabados, fotograma por fotograma, en busca de información oculta. Conocen Survivor a fondo, y están decididos a despejar juntos las incógnitas antes que los productores revelen lo sucedido.

”En esta intensa competición entró ChillOne. Antes de su repentina fama en el mundo de los fans, afirmaba haber sido un observador silencioso, que nunca había enviado mensajes a una lista de distribución. Contaba que, estando de vacaciones de Año Nuevo en Brasil en 2003, se tropezó con un informe detallado de a quién iban a expulsar de Survivor: Amazon, la sexta temporada de la serie. Colgó esta información en Internet y sufrió intensos interrogatorios durante meses por parte de la comunidad de aguafiestas para defender su reputación. Para unos, ChillOne era un héroe, el mejor spoiler de todos los tiempos. Para otros, era un villano, el tipo que destruyó el juego para todos los demás” (Jenkins, 2006, p. 38).

Respondiéndole a Sartori, y avanzando un poco más con su versión del videopoder, hoy el poder que está en la red es un ciberpoder y no puede, a diferencia del videopoder, estar en pocas manos.