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De los 187 casos resueltos, el 80% testimoniaron haber sido lesionados en el momento de los hechos, y casi la mitad de los casos (78 casos, 43.8% del to- tal) tienen secuelas físicas que hasta la fecha persisten o que, en el caso de las personas fallecidas, persistieron hasta el momento de su muerte.

Del conjunto de personas con lesiones físicas permanentes (79 casos), un 27% (21 casos) consistieron en la pérdida de un ojo, alteración importante en la vista, el oído, lesiones importantes en una extremidad o pérdida de la sensibilidad en alguna parte del cuerpo. De los 142 casos que reportaron lesiones, el 13.4% (19 casos) de las personas muestran cicatrices de las heridas y/o operaciones qui- rúrgicas sufridas como consecuencia de las lesiones. Asimismo, en 45 (31.7%) no se reportaron secuelas físicas permanentes ni cicatrices, a pesar de haber sufrido agresiones o de ser detenidos una o más veces y sometidos a malos tratos y/o torturas.

De los 79 casos de lesionados por golpes, disparos, o explosión, el 55.5% (45 casos) reportó secuelas psicológicas. El 28.4% de las personas con secuelas físicas (23 casos) reportaron secuelas económicas o laborales, que condicio- naron de forma muy importante sus vidas. Mientras en el 28.4% (23 casos) las víctimas reportaron secuelas sociales. Estas secuelas se refieren sobre todo a aislamiento y ostracismo social.

I.G.A., como secuelas de lo vivido, hasta diez años después no pudo empezar a hablar de las torturas que le hicieron y de lo vivido en la cárcel. En ocasiones, todavía hoy tiene pesadillas y se despierta pensando que está en la cárcel. Con su entrada en la cárcel, la continuidad del negocio familiar, que dependía de él en cierto modo, terminó. También sus relaciones afectivas se vieron afectadas, acababa de empezar a salir con una chica, y eso también se acabó. Dictamen I.G.A.

El 12.3% sufrieron secuelas familiares importantes. Estas secuelas no son ex- cluyentes, y pueden darse varias en algunos casos.

En total, de las 72 personas detenidas 70 resultaron heridas físicamente durante los hechos. De los 72 casos de personas detenidas, el 32.8% (21 casos) repor- tó secuelas físicas, el 56.3% (36 casos) algún tipo de secuela psicológica, el 21.8% (14 casos) secuelas sociales, el 21.8% (14 casos) secuelas económicas o laborales y el 9.4% (6 casos) secuelas familiares. De nuevo, las secuelas no son excluyentes.

Unos ejemplos de estas secuelas son: ansiedad, indefensión, miedo, culpa, desconfianza, depresión, alteración del sueño, dificultades de integración social, abandono o pérdida del empleo, pérdida de proyectos de vida, así como fami- liares con angustia, miedo y depresión.

En algunos casos las víctimas eran niños o niñas, con consecuencias muy im- portantes en sus proyectos de vida. En el caso de algunas de las víctimas, especialmente heridas en manifestaciones, las secuelas físicas producidas por golpes como pelotas de goma, han tenido un enorme impacto en sus vidas. En este caso, se trata de una niña de 12 años que vio toda su vida comprometida por las secuelas de dicho pelotazo, mientras miraba por la ventana de su casa una manifestación donde buscaba a su padre. La Jefatura Superior de la Policía de Bilbao, emitió informe en el que hizo constar que cuando la niña A.L.B.L. se encontraba en la ventana de su domicilio, fue alcanzada por una pelota de goma

de las utilizadas por la Policía Armada, causándole lesiones en el cristalino del ojo izquierdo.

A.L.B.L. actualmente sufre afaquia, exotropia, atrofia macular del ojo izquierdo y ambliopía. Todo esto hace que no tenga visión en su ojo izquierdo de forma irreversible. Ella tiene una gran fortaleza y capacidad de adaptación a todas estas dificultades, pero tiene un grado de discapacidad del 46%, que le limita en las actividades de su vida cotidiana. Esta discapacidad le fue reconocida por la Diputación Foral de Bizkaia el 14 de febrero de 1989. Psicológicamente, A.L.B.L. vio truncada su juventud. Lo sucedido, a una edad que aún era una niña, dificultó extremadamente su capacidad de relacionarse con otros niños y jóvenes, debido a las secuelas físicas. Nunca tuvo una cuadrilla de amigas. Solo empezó a salir y a disfrutar un poco de su juventud con 20 años. Ha supuesto para ella muchos años de soledad y un fuerte impacto psicológico, además de mucho odio que con el paso del tiempo y un gran esfuerzo ha conseguido superar. Por todo esto considera que hubiera necesitado ayuda psicológica cuando ocurrieron los hechos. Posteriormente, en 1998 acudió a consulta psicológica y desde diciembre de 2006 recibe tratamiento psiquiátrico por depresión y secuelas de trastorno por estrés postraumático. Dictamen A.L.B.L.

Consecuencias de la tortura y otras formas de violencia y terror

En varios de los casos recogidos en la Comisión, las secuelas de la tortura se vieron profundizadas por otros hechos traumáticos de violencia u ostracismo social por motivos políticos. La Comisión constató así las distintas trayectorias de las víctimas y cómo en ocasiones, quienes habían sido detenidos acusados de ser parte de ETA en una época, sufrían posteriormente ostracismo por sus posiciones políticas en su medio social o amenazas por parte de dicha organi- zación. Estas trayectorias muestran la transversalidad de la violencia sufrida y suponen también un cuestionamiento de los estereotipos habituales a la hora de pensar en víctimas de tortura con fuerte componente militante. La Comisión se enfrentó en estos casos a la necesidad de evaluar el impacto de diferentes tipos de hechos que sin embargo potencian sus consecuencias, como puede verse en este caso.

I.P.B. fue detenido en noviembre de 1975 por la Guardia Civil y torturado du- rante 9-10 días que duró su detención en Donostia. Posteriormente fue de- tenido de nuevo en 1976 y sufrió de nuevo torturas. Estuvo varios meses de baja por el trauma psicológico que le causaron las detenciones. Señala que la primera detención fue la que más le afectó: “la pistola en la cabeza, el ruido de la sierra, los golpes mientras estaba desnudo en la rueda de agentes”. Pero hay varios acontecimientos en la vida de I.P. que han desencadenado un cuadro de estrés postraumático con fuerte afectación y sintomatología. Entre las experiencias de violencia sufrida está tanto la sufrida por él como por su madre en el ámbito familiar; las torturas físicas y psicológicas y el aislamien- to en celdas de castigo sufrido durante las detenciones de 1975 y 1976 en manos de la Guardia Civil; así como las posteriores amenazas y el acoso del entorno de ETA, debido a su condición de concejal del PSE-EE, llegando a lle- var escolta durante 10 años. Además, vivió el asesinato de varios compañeros de partido y especialmente impactante le resultó el asesinato del edil de este partido en Arrasate, Isaías Carrasco, del que presenció su muerte.

Según su testimonio, el problema de estrés postraumático se inició después de las torturas sufridas durante sus detenciones en 1975 y 1976, y las amena- zas posteriores lo agravaron.