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Del total de casos presentados ante la Comisión, 66 correspondían a personas que sufrieron heridas de bala (disparos de armas de fuego, algunas de ellas balas explosivas, y de balas de goma).

De los 66 casos, la gran mayoría del 83.3% (55 personas) fueron heridas de bala. Si bien todas las personas heridas de bala tienen secuelas como cicatri- ces, del total de heridas de bala, el 69% (38) tienen secuelas físicas permanen- tes importantes como consecuencia de las heridas sufridas.

Actualmente presenta secuelas físicas consistentes en dos cicatrices, pequeña pérdida de fuerza en el brazo y dolores con los cambios de tiempo. Presenta también secuelas sicológicas por el shock traumático expresadas en un miedo no controlable frente a cualquier presencia policial. Dictamen M.R.A.

Del total de personas heridas, las secuelas actuales de los hechos en 16 casos se circunscriben a cicatrices de las heridas, que tardaron en curar semanas pero dejaron limitaciones funcionales en muchos casos.

No solo las personas heridas por bala o explosiones tienen en su mayoría le- siones permanentes, sino también los casos de heridas por balas de goma que conllevaron frecuentes fracturas (7 personas).

Las consecuencias de la agresión que sufrió I.S.P. han sido muy profundas, se refugió en su familia y aun hoy en día sigue viviendo con sus padres. Su vida profesional se ha visto afectada, por las secuelas causadas, tanto estéticas como funcionales. Le costó mucho adaptar la visión, inicialmente no podía calcular las distancias y esa visión monocular le ha impedido poder acceder a puestos de trabajo tanto de albañil como de soldador. Además el impacto psicológico de lo sucedido le impidió conciliar el sueño normalmente durante mucho tiempo. Dictamen I.S.P.

Asimismo, del total de casos, 12 fueron niñas/niños o menores de edad: 1 de 12 años, 2 de 14 años, 1 de 16 años y 8 de 17 años. Estos datos muestran la amplitud de estas formas de agresión y el uso indiscriminado de la fuerza contra la población, incluyendo la frecuencia del uso de armas de fuego en situaciones como controles, manifestaciones u otras de la vida cotidiana.

Tras haberse recuperado, tras diez días de hospitalización del disparo en la pierna por parte de agentes de la Guardia Civil en Azkoitia tras una manifestación mientras se refugiaba en un portal, M.J. tuvo una fuerte afectación psicológica por la agresión sufrida. Durante muchos meses después, cuando se acercaba la noche se ponía muy nerviosa y con crisis de ansiedad, que le impedía dormir bien. Es una de las muchas víctimas que señaló a la Comisión que habría necesitado tratamiento psicológico, debido a la fuerte afectación que tuvo durante años. Como en muchos otros casos, evitó hablar de lo sucedido, como una forma de minimizar el impacto sufrido. Pero como ha sucedido a tantas víctimas, esa evitación se trasladó a muchos ámbitos de su vida y relaciones, convirtiéndose en un tema tabú del que no se volvió a hablar. Estas secuelas persisten aún, como la cicatriz en su muslo y su rodilla, y aún sufre pequeñas crisis de ansiedad a día de hoy, cuando se acuerda o habla de los hechos. Dictamen M.J.G.A.

Del total de las personas lesionadas, 38 de las víctimas estaban participando en las manifestaciones, asambleas o huelgas donde se dieron los hechos, mientras que 14 se encontraban en el lugar mientras se desarrollaba una manifestación, asamblea o huelga, pero no formaron parte de éstas. El nivel de lesiones perma- nentes que tienen unos y otros es similar.

En seis de los casos, los disparos se dieron en controles o filtros de la Policía Armada o la Guardia Civil en carreteras, y tuvieron secuelas graves como con- secuencia de los disparos, aunque solo en la mitad de ellos las secuelas físicas importantes llegan hasta la actualidad. En otros ocho casos las personas se encontraban en otras situaciones como reuniones, pasaban alrededor de su domicilio, o realizaban pintadas.

Como consecuencia del disparo le han quedado como secuelas una limitación de la capacidad pulmonar, lo que le provoca disnea a pequeños esfuerzos, y pérdida de sensibilidad en la zona del disparo. Dictamen C.P.F. Lo ocurrido ha condicionado totalmente la vida de M.L.Y., el otro menor herido, padeciendo como secuela una insuficiencia respiratoria en grado I, estando su capacidad ventilatoria máxima disminuida en un 25%. Esta pérdida de funcionalidad respiratoria conllevó un profundo cambio en su estilo de vida y de su capacidad de esfuerzo, y M.L.Y. se vio obligado a dejar de hacer el deporte que practicaba habitualmente, así como condicionado para otras actividades. Dictamen M.L.Y.

Las violaciones de derechos humanos tienen consecuencias que se extienden a distintas áreas de la vida de las víctimas o familiares, condicionando en algu- nos casos su capacidad laboral y proyecto de vida a largo plazo.

La lesión de su brazo ha condicionado completamente su vida. Tuvo varios trabajos que perdió por falta de rendimiento. Posteriormente, aprobó una plaza de celador en Osakidetza y aunque con muchos periodos de baja trabajó allí durante unos años. En 1984, tras una de esas bajas, que se alargó durante dos años, la Dirección Provincial del Instituto Nacional de la Seguridad Social de Bizkaia le reconoció una Incapacidad Permanente Absoluta para todo tipo de trabajos. Su vida ha estado siempre condicionada por el intenso dolor que padece. Psicológicamente le ha resultado muy duro tener que convivir con este dolor. Dictamen J.G.

De los 66 casos de personas heridas de bala, un 24.2% de ellas (16) también relataron a la Comisión consecuencias económicas muy importantes tales como pérdida de su trabajo o que como resultado de las secuelas físicas se vieron impedidas a realizar ciertos trabajos o seguir con sus estudios, perdiendo años académicos.

Los impactos individuales se viven en el contexto familiar también. Fueron momentos muy duros, la esposa de T.A.B. había dado a luz recientemente, su hijo tenía escasamente un mes y vivían con la incertidumbre en torno a la salud de su esposo. Su vida laboral se vio también muy afectada por lo ocurrido. Con anterioridad a sufrir la agresión desempeñaba la categoría de matricero. Después, y como consecuencia de sus trastornos le bajaron de categoría, siendo destinado a hacer trabajos más sencillos de categoría inferior. Dictamen T.A.B.

En cuanto a las secuelas sociales, el impacto de lo vivido afectó seriamente a sus proyectos de vida, especialmente en algunas víctimas que eran menores de edad. También en estos casos de menores o personas jóvenes, las secuelas de los disparos conllevaron que se vieran impedidas a realizar ciertas actividades físicas como deportes. En un caso la persona se trasladó a otro país tras los he- chos, como una forma de protección. En otros muchos las secuelas físicas han conllevado nuevos problemas de salud como consecuencia de complicaciones o nuevas alteraciones a largo plazo.

E.P. fue herido de bala en la pierna por la Policía en la persecución de manifestantes contra Sefanitro, en Barakaldo, el 13 de septiembre de 1976.

Seis meses después, en febrero de 1977, fue de nuevo ingresado, para que le extrajeran la sujeción metálica externa. La recuperación de su pierna fue lenta y requirió gran persistencia y tesón. Permaneció un año de baja, sin poder trabajar y sin ingresos, lo que hacía que su situación económica fuera preocupante, ya que estaba casado, tenía una niña pequeña y su mujer estaba esperando su segunda hija. Las principales secuelas físicas que padece son una ligera dismetría entre las piernas y problemas circulatorios en su pierna derecha. Esto ha provocado que el año pasado, como consecuencia de unos trombos que padeció, le extirparon la vena safena que recoge una gran parte de la circulación de retorno de la pierna. Dictamen E.P.

En cuanto a las secuelas psicológicas en las víctimas heridas por disparos, de los 66 casos, un 53% (35) relataron a la Comisión secuelas psicológicas importantes. En tres casos las personas sienten miedo intenso o fobias durante controles policiales o cuando hay presencia de policías. Las consecuencias psicológicas más frecuentes en un 26% de los casos (16) fueron miedo, angustia, ansiedad y/o frustración que permanecieron durante mucho tiempo, incluso hasta la actualidad. En algunos más graves (10 personas) las víctimas han sufrido el impacto del aislamiento social, problemas del sueño o trastornos depresivos, siendo la mitad de ellos niñas y niños en el momento de los hechos. Casi uno de cada cuatro de los sobrevivientes de disparos (16 personas) reportaron tener trastornos psicológicos severos, como trastornos obsesivos compulsivos o síndrome post traumático.

La situación psicológica de un grupo pequeño de las víctimas que presentaron su testimonio, también muestra problemas graves de salud mental. Si bien no se puede establecer la causa directa de la violencia sufrida en el desencadenamiento de muchos de ellos, sin duda han sido un factor que se ha añadido al impacto sufrido.

En el caso de T.A., que sufrió un traumatismo tóraco-abdominal por pelotazo de goma y cuyas secuelas físicas conllevaron varias hospitalizaciones, diversas operaciones quirúrgicas y una incapacidad prolongada; también psicológicamente vivió lo acontecido con gran impacto e inhibición emocional. Siempre le costó mucho hablar sobre la agresión sufrida y ha tenido varias crisis nerviosas. Hace tres años fue ingresado en el Hospital psiquiátrico, y en 2010 el Servicio de Salud Mental de Gipuzkoa le diagnosticó trastorno bipolar con episodio depresivo grave. Aunque resulta difícil poder vincular su trastorno psiquiátrico con los hechos ocurridos en el año 1977, el hondo impacto que le produjo aquella agresión ha podido ser un elemento agravante de sus actuales padecimientos psiquiátricos. Dictamen T.A.

Tergiversando la historia

La impunidad y la falta de investigación de los casos en la jurisdicción militar, fue la tónica general. En el caso del disparo contra M.J.G.A., se abrieron diligencias que terminaron sin declaración de responsabilidad de los miembros de la Guardia Civil que ocasionaron las lesiones, dado que se les aplicó la Ley de Amnistía. Ello impidió no solo la justicia sino el derecho a la verdad de la víctima que no ha tenido en estos años ningún reconocimiento por parte de las instituciones o los responsables.

Además, en el procedimiento judicial y en la prensa del momento se recogió como versión oficial que en el portal, donde M.J.G.A. se había protegido, había un grupo numeroso de manifestantes y que cuando el capitán de la Guardia Civil entró en el inmueble este grupo bajó en tropel por las escaleras, por lo que tuvo que efectuar un disparo al aire, para intimidar a los manifestantes, lo cual no tiene nada que ver con el testimonio relatado ante la Comisión por la víctima. Ninguna inspección del portal ni investigación criminológica se llevó a cabo para sostener esa versión, ni para investigar los hechos.

Estas versiones distorsionadas de los hechos han dejado a muchas víctimas durante años sin el reconocimiento siquiera de lo vivido, y una minimización de la agresión que en lugar de ser intencional e indiscriminada se convierte así en casual y fortuita.