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Freud habla de dos teorías de la angustia, ¿por qué usted dice que es una?

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que vamos a ver aparecer en Inhibición, síntoma y angustia,

A.: Freud habla de dos teorías de la angustia, ¿por qué usted dice que es una?

P.:

Afirmar así, categóricamente, que en Freud no hay dos teorías de la angustia, es una afirmación de la que me hago responsable. Es decir, no la he tomado de ningún otro lugar. Indudablemente es una hipótesis que tiene una fuerte influencia de la lectura que Lacan hace de los textos de Freud y básicamente para que tengan una cierta idea, por tomar el punto más delicado, habitualmente cuando se afirma que hay una segunda teoría de la angustia en Freud se dice —y esto sí erróneamente— que en este texto de

Inhibición, síntoma y

angustia,

aparece la noción de la angustia como señal de alarma. Esto es incorrecto, incluso si ustedes leen el diccionario de Laplanche lo van a encontrar de esta manera, se afirma que surge esta noción a partir de este texto de Freud; eso no es cierto, surge mucho antes. La encontramos ampliamente desarrollada en las

Lecciones

introductorias al psicoanálisis

en 1916-1917 y también en estos primeros textos freudianos anteriores a 1900, por ejemplo, los textos sobre la neurosis de angustia.

Es decir que de ninguna manera podemos hablar de una segunda teoría; al menos no en el sentido en que lo hacemos cuando decimos que hay una segunda teoría de las pulsiones o cuando decimos que hay una segunda teoría del aparato psíquico. En esos casos sí

se puede afirmar legítimamente que hay una segunda teoría, donde Freud postula la existencia de una pulsión de muerte, implica una ruptura enorme con lo que fue el primer planteo que hizo Freud de las pulsiones. La segunda teoría del aparato psíquico que propone estas tres instancias, ello, yo y superyó, implica también una diferen - cia marcada con lo que conocemos como primera tópica y genera problemas acerca de cómo poner esa primera teoría en relación con la segunda.

Nada de esto sucede con la llamada segunda teoría de la angustia, no hay ningún cambio radical, no aparece nada como ruptura en cier- to momento de la obra de Freud. Hay sí dos maneras distintas de de- finir a la angustia pero

ambas están desde el comienzo y

Freud las va trabajando a lo largo de toda su obra y

ción, síntoma y angustia

es que constituye el momento en que Freud logra unificar estas diferentes nociones de la angustia con las que él

partió en 1895. Esta fue, sintéticamente, mi propuesta en el trabajo de oposición con que rendí el concurso de Psicopatología. Espero po- der publicar ese trabajo a la brevedad y, si a ustedes les interesa, podrán encontrar allí más elementos para responder a esa pregunta. CARACTER Y NEUROSIS

En esta lista de textos en los cuales Freud va elaborando las nocio-

nes que tienen que ver con las neurosis en general y con la neurosis obsesiva en especial debe incluirse el historial del Hombre de los Lo- bos aunque no nos podremos ocupar de él este año. También se suele incluir otro texto de 1908 que lleva por título El caer_ y el ero-

tis . Que este texto sea incluido como mia& In 1 0 tic n

u ana do la neurosis obsesiva, presenta algunos problemas. Sobre todo si da lugar a que el carácter anal erróneamente pase a ser llama-

do carácter obsesivo. Freud nunca lo llamó así, cuando se refiere al

carácter dice carácter anal. Si leen ese texto de 1908, van a verificar que a lo largo de todo el texto, Freud no menciona la neurosis obsesiva ni una sola vez. Y no porque a esta altura no hubiera trabajado suficientemente cierta cantidad de nociones en relación con la neurosis obsesiva, como vamos a ir verificando a medida que vayamos tra- bajando. ¿Por qué no menciona a la neurosis obsesiva allí? ¿Por qué se olvidó? No la menciona porque para Freud en ese momento son dos nociones diferentes. Recién en el texto dealla; La dis osicffin la

neurosis

obsesiva,

la organización sádico-anal será postulada como piWi—si;osición tanto para la neurosis obsesiva como para el llamado

carácter anal. Pero esto no quiere decir que tengamos que confundir una cosa con la otra, el carácter con la neurosis. Al final de este tex to del '13 Freud explícitamente establece una oposición. Les cito textualmente la frase:

4... la comparación entre tal modificación del carácter con la neurosis

obsesiva es interesantísima . . .".

Al afirmar que es muy interesante comparar estas dos cosas está diciendo que son dos cosas distintas, por eso es posible compararlas. Establece allí una cantidad de rasgos homólogos entre carácter anal y neurosis obsesiva y establece también los rasgos diferenciales..E1 arácter anal se ilefinkpor un trabajo de transformación de la pulsión sádico-anal, tran-sformación que se lleva a cabo, según las nociones

freudianas, por distintos mecanismos. El ubica allí fundamentalmente

al mecanismo de la suAlirnacienu también lo .ttle_éplama_fonna- ciónreactiv con lo cual se obtiene este cár—fifféi que Freud define p • dice que se trata de sujetos que son c • oo nónlicoso naces El ser cuidadosos puede llevar a a pu cri u , el sél-

ecohomico muy intensificado puede llevar a la avaricia y la tenacidad exagerada puede implicar la obstinación. Pero, ¿cuál es la noción fundamental a destacar en esta comparación entre carácter y

neurosis obsesiva: Que justamente por el trabajo de sublimación de estas pulsiones o por su transformación a través de las formaciones \ reactivas, se trata acá de distintos mecanismos y procesos que fundo-, nan apoyando, consolidando la represión. Es decir que son

mecanii.1 mái

solidarios con

estó" 'que .Freud lláma

la represión lograda, la

re- :

Pres_nró eficaz.Y

- justamente la neurosis se caracteriza por lo inverso a esto,

ya

- noción central de Freud relativa a las neurosis apunta aun

frucaig

,de

la represión. No a la represión lograda sino a la represión qu frilasa

parcálinente y en, la medida en, que fracasa se produce un se: torno

d4.,,15/ reprimido. Tratándose de las neurosis, este rItzilp Pf; la

re.p.WIcip se da fundamentalmente a través de los ~§, Los sín-Miias

son entonces —en términos de Freud— estas ramificaciones o /retoños de lo inconscionto, un retorno do lo inconsciente reprimido por el fracaso de la represión.

A.: ¿Cómo podemos entender esto de la represión lograda o efectiva cuando _t2.1...el seminario III Laca!: dice que la represión y el ze- torno de lo reprirDfdo seFailillairni('aYin esrnác5/71 1"¿ arn4nOcié:-

mas entendéresto dé represión lógWi¿tar ¿En qurcontexto lo rodemos ubicar?

P.: Ya vamos a trabajar esto, cómo podemos reconocer esto que

dice Lacan en los textos de Freud. Para comenzar iré adelantando las hipótesis primeras de Freud, y después vamos a ir mostrando cómo Freud va modulando esto. De todos modos les adelanto que no hay contradicción entre esas expresiones de Lacan en el seminario III y las de Freud. Allí Lacan no se está ocupando de la oposición entre neurosis y carácter sino entre neurosis y psicosis, de modo que el contexto, el problema que está considerando es diferente. Que en este caso las afirmaciones freudianas y lacanianas sean congruentes no implica sin embargo que siempre sea así. Tengan en cuenta siempre que cuando afirmamos que Lacan produce un retorno a Freud, que produzca un retorno significa que vuelve a la problemática freudiana, a los términos en los cuales Freud planteó el problema, lo cual no quiere decir que Lacan se limite a repetir a Freud. Volviendo a esa manera en que Freud ha planteado un problema, Lacan lo sigue tra- bajando y en algunos momentos rescata afirmaciones de Freud y en otros momentos produce afirmaciones que no podemos decir que sean rescatadas de Freud sino que son afirmaciones distintas. Es decir que

no siempre Lacan dice lo mismo que dice Freud.

En esta pregunta que usted hace podemos reconocer ambos aspectos. Veremos en Freud cómo se va modulando esto, pero además hay en su pregunta una referencia a algo que propone Lacan que va más allá de lo que Freud dijo.

A.: (Pregunta no grabada).

P.: Su pregunta es muy pertinente en relación a lo que estamos

recen estos rasgos de carácter pero no en relación a una neurosis ob- sesiva sino en relación a una estructura perversa. Es decir que se trata de cosas que tenemos que diferenciar. ¿Por qué es importante y por qué me detengo en acentuar esto? Porque es demasiado común esta confusión. Y entonces es muy común que en el momento de la elabo- ración diagnóstica, que es uno de los objetivos que nos planteamos para el trabajo en esta materia —que ustedes estén en condicionas de afrontar esta tarea de formular un diagnóstico—, es muy frecuente que frente a esta tarea de formular un diagnóstico quien lo hace empiece a guiarse para establecer el diagnóstico de neurosis obsesiva por los rasgos de carácter, y esto es erróneo.

Podemos decir que el problema es más amplio. Que ha llegado in- cluso n. deformar la noción freudiana de neurosis obsesiva, que más bien la idea que circula en el lenguaje común entre analistas —vere- mos después cómo se originó esto—, entre psicólogos, entre psiquia- tras, es que el neurótico obsesivo es un sujeto ordenado, pulcro, etc., y no es así siempre. Ustedes van a encontrar estos rasgos de carácter en muchísimos sujetos que no responden u una estructura obsesiva; y los van a encontrar a veces sí, a veces no, en sujetos que responden a una estructura obsesiva.

No podremos ocuparnos globalmente de este tema de las relacio- nes entre neurosis y carácter que en los postfreudianos ha alcanzado un extenso desarrollo, diverso y poco preciso. Freud mismo no ubica esta cuestión siempre de la misma manera. Sobre todo en sus textos póstumos. Por ahora lo importante es que no establezcan unliequiva- lerIcia automática entre carácter Analy_estructura obsesiva, así como veremos gil" tampoco hay que establece-fia entre el llamado

carácter paranoico y la estructura paranoica. EL DIAGNOSTICO Y LA VARIEDAD CLINICA

Las nociones de Freud admiten una cantidad de composiciones: que de estas pulsiones parciales cierta parte de ellas haya sido elabo- rada a partir del carácter, que otra parte tenga entre estos destinos pulsionales, el destino de alimentar una neurosis. Este tipo de carác- ter lo pueden encontrar también en un obsesivo, pero no es a través de eso que ustedes van a hacer el diagnóstico. Lamentablemente en la actualidad para establecer un diagnóstico de neurosis obsesiva se suele fundamentar en este tipo de consideraciones, y de ese modo se va constituyendo una especie de modelo o de tipo único, que es lo que ustedes no tienen que hacer. Parkir accediendo al mando de es- tas erentes estructuras lo que no tienen que hacer en nip jeguldo

á tratar dó obseswo, un po histérico, etc. Es por esto que nosZos es proponemos la nocion cfeestructyra.-- Hay algo en lo que vamos a insistir de distintas maneras en la clase de hoy, algo que Freud remarca mucho y que Lacan también acentúa: esta cuestión freudiana de que la neurosis obsesiva se presenta 4 2

en la cl ínicq en or 101414.~. Lacan llama a esto,la enorme

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que esto era una indicación lacaniana, sumamente pertinente por cierto. Después advertí que era una confirmación más de la prolijidad con que Lacan leyó a Freud, rescatando de sus textos algo que fue totalmente dejado de lado por los "ortodoxos" post-freudianos. Más adelante vamos a verificar que esto no es un invente de Lacen, que acá Lacen vuelve, retorna algo que está explícitamente en los textos de Freud. Los obsesivos se presentan en la clínica de muy distintas maneras, hay muchas formas de neurosis obsesiva y vamos a ocuparnos en su manera de presentación en cuanto a la descripción, en cuanto a la fenomenología de la estructura obsesiva. Es una fenomenología muy variada, de modo que ustedes van a encontrar que hay muchos obsesivos que no se parecen en nada a otros obsesivos.

Esta enorme variedad clínica de la obsesión •está planteada en Freud on relación a la neurosis misma. Pero para nosotros este problema se complejiza más todavía dado que no querernos plantear estas cuestiones solamente en términos de neurosis, no solamente en términos de estructuras patológicas, sino que lo queremos plantear como 9141144,rAp subjeIryas. Entonces, si planteamos esta dife- , renciación es porque planteamos una estcuakire_obse,siv_a_en,Ja.q99 no necesariamente_hay,.unap9A14s.

Hay sujetos de estructura obsesiva que a lo largo de su vida llegan desencadenar una neurosis; hay otros que nunca la desencadenan. Tenemos que encontrar cuáles son los rasgos diferenciales de esta (

estructura más allá de los rasgos que la definen cuando ya hay una neurosis desencadenada. Y estos rasgos no son necesariamente ras-Los de carácter.

Entonces esta cuestión de la variedad clínica se refracta en dos dimensiones, en dos sentidos. Por una parte, hay variedad en cuan to a la forma, y esto es lo que Freud recalca, porque sus nociones, su trabajo, están aplicadas fundamentalmente —al menos de una manera explícita— a la noción de neurosis obsesiva, a la patología. Y él allí recalca que no todos los casos de neurosis se presentan de la misma manera.

Pero a esto tenemos que agregar lo que podríamos llamar lajizp,_ I nía411.j~sis, los distintos momentos en su desarrollo: ya sea litt Mraurosis todavía no se desencadenó, ya sea que se desencade nó pero está en sus primeros momentos o ya sea que nos encontremos con un caso donde hay una neurosis que lleva unos cuantos años de desarrollo, entonces se nos presenta de otra manera.

Les doy un ejemplo de esta última situación. En la clase próxima, en que retomaremos este tema, incluiré algunos ejemplos de las ante - riores situaciones. Un sujeto que llega a la consulta porque tenía una idea que provocaba en él una angustia muy intensa, la idea de que había matado a Aramburu. Por este dato ustedes pueden fechar

cuál es el momento histórico en que queda ubicada la consulta. Tal como veíamos en la clase pasada, no se trataba de que el sujeto creye- ra en su idea, él sabía que esto no era cierto, pero eso no mitigaba en lo más mínimo su angustia y su terror, más todavía, él se hacía otros planteos que lo acercaban más a un planteo delirante. En todo caso él sabía que no creía en su idea, pero ¿y la policía? La policía sí podía creer. A partir de esto podemos ir viendo los distintos' componentes que Freud va determinando, distintas categorías de síntomas de la neurosis obsesiva. Ea a partir de esto que el sujeto comienza a dese- mollar una cantidad de actos —ya no se trata entonces de una idea obsesiva sino de actor—. El tenía en su casa un arma, un revólver que había recibido como herencia de su padre, que a su vez lo había re- cibido de su padre. Está claro de esta manera que se trata casi de un arma de colección, pero para este sujeto el hecho de que él la tuviera en su casa para la policía podía funcionar como signo verificatorio de que efectivamente él había sido el asesino.

De manera que empieza a desarrollar una serie de actos para escon- der este objeto, lo entierra. Después, por esto mismo que Freud des- cribe, que los actos lo largo del tiempo van cambiando su sentido y I llegan inOluo a tener un sentido .inverso, la obsesión es conectada con frit& si la pólicíá -llega a mi casa y ve que yo escondí el revólver y lo

enterré, eso sí que es la verificación, la prueba de la culpabilidad. Entonces se tiene que dedicar a deshacer su acto. Esto es algo que Fmil ya había marcado también, que a veces los actos obsesivos se presentan~lempos: un tiempo en el que se reilizá.el acto y

un se jEknOp»~po • II intenta deehacerlo.

meato acrecienta-111-5fibres, ¿por qué? Porque para dificultar que

este objeto fuera encontrado lo había desarmado, cada pieza la había enterrado en lugares distintos y entonces logra encontrar algunas pe- ro no logra encontrar las otras. Podríamos seguir, pero me parece que con esto es suficiente para que ustedes se den cuenta de que en este caso se trata de una neurosis obsesiva que ya llegó a un punto bastan- te avanzado en su desarrollo, podríamos decir más o menos equipara- ble al punto en el que llega el Hombre de las Ratas a la consulta con Freud.

Tal vez el Hombre de las Ratas llega en un momento todavía más avanzado en el sentido de que podríamos afirmar allí que incluso la transferencia con Freud ya estaba incluida en el síntoma. Ustedes saben que antes de ir a ver a Freud este hombre había leído algunas de sus obras: Psicopatología de la vida cotidiana. Le llamaba la atención la similitud de las cosas que Freud decía allí con las cosas que a él le pasaban, así que no carece de todo fundamento decir que lo que desencadena y motiva la consulta —todo lo que ocurre a partir del encuentro con este personaje que Freud llama en el historial "el capitán cruel"— era ya un efecto de la transferencia con Freud.

De todas maneras aprovecho para recalcarles otra cuestión: la co- nexión entre los problemas, las temáticas, las preguntas, los conflic- 44

tos si ustedes quieren, que plantea un neurótico en su síntoma con los problemas, las situaciones del contexto social.

Fíjense que de alguna manera lo que este sujeto del que les acabo de hablar traía en su consulta, este terror tomando como objeto a la policía que lo podía confundir con quien había sido el asesino de Aramburu, podemos decir que el terror que vive este hombre con su síntoma no es muy diferente del que algunos años después, advertida o inadvertidamente, se generalizaría para todos.

Náris~eonsi r n ide es delirante rdtoor441,41

—esto existe rió sólo u , —. ara

Tivida cotidiana del momento en que este sujeto llega a la consulta, esta idea de que la policía lo iba a confundir con el asesino de Aram- buru podía resultar totalmente extravagante y sin embargo, si nos fi- jamos bien, este sujeto obsesivo lo único que está haciendo es anticipar desde su síntoma el terror que iba a formar parte de la vida cotidiana de todos nosotros en un ciclo que abarcó unos cuantos años.

El hecho de que los fenómenos neuróticos se planteen no sólo sin- gularmente para cada sujeto, sino incluso que se plantean en la inti- midad de cada sujeto, esto no quiere decir que no haya una conexión con lo que de una manera amplia podemos llamar lo social.

Esto mismo podemos decirlo para el Hombre de las Ratas. No sé si

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