¿QUÉ ES O PUEDE SER UNA FRONTERA TERRITORIAL? TIPOS DE FRONTERAS
1. Fronteras naturales.
1.1. Fronteras físicas.
Teniendo en consideración sólo la geografía física que forma el medio y es la base donde viven las especies animadas, tomo como ejemplo la orilla de un río. La orilla no la puedo considerar como una frontera entre río (superficie húmeda) y tierra (superficie seca), porque ambas son del mismo sustrato geológico. Además, la orilla no es una línea fija, sino que está siempre en movimiento de avance retroceso. Entre agua y tierra seca quizá se pueda creer que existe un límite, pero es sólo un fenómeno visual ya que el agua empapa, o cala, los primeros centímetros o metros de tierra “seca”, según el tamaño temporal anual del cauce y el caudal que ese momento lleve, por no mencionar el nivel freático bajo la superficie que tampoco vemos y que es más ancho y profundo que el propio cauce del río.
1.1.1. De naturaleza acuosa.
De igual manera que el primer ejemplo introductorio, si quisiéramos distinguir fronteras acuosas entre agua dulce y agua salada, la unión entre ambas es la desembocadura de un río, pero el cambio aquí tampoco es visible ni se puede
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señalar, depende de la fuerza que cada masa ejerza sobre la otra en un momento determinado del día o del año.
Tampoco se puede afirmar que exista una frontera o límite en la unión de un glaciar o iceberg con un lago o el mar. En ambos casos se trata de agua, el único cambio entre ambas masas acuosas es la diferencia de temperatura o la presencia de sal en una de ellas, pero estas diferencias son ajenas a la naturaleza de la materia, es sólo un problema de la temperatura y composición del agua.
En la unión de los afluentes con el río principal no existe separación, tan pronto las aguas se tocan se unen. Los ríos forman cuencas hidrográficas, éstas las podemos señalar en un mapa, pero el cambio de una cuenca a otra no la marcan los ríos en sí, sino la orografía del terreno. La fuerza erosiva de los ríos va desgastando esta orografía, y una cabecera de río puede capturar otro río y cambiar todo nuestro mapa. Todas las fronteras son móviles, sólo depende de la velocidad de cambio.
Tenemos también casos de ríos en los que el nacimiento es en una cuenca hidrográfica y la desembocadura en otra, como las aguas vertidas por el glaciar y los manantiales del Aneto al valle de Barrancs en Huesca que deberían desembocar al Ebro y al Mediterráneo, pero este torrente desaparece de la superficie por el sumidero cárstico del Forau de Aguallut, y transcurre de manera subterránea hasta su resurgimiento en Güells del Joeu, en el término de Viella, y de éste discurre por Francia desembocando en el Atlántico cerca de Bayona. Por lo que las montañas tampoco son fronteras fijas entre cuencas hidrográficas.
El ser humano nombra mares y océanos, a veces parece claro y obvio distinguir entre dos mares, otras veces no. ¿Por qué tenemos un mar del Norte y un mar Báltico? ¿Es el Cabo de Buena Esperanza la unión del océano Atlántico con el Índico? ¿Es sólo una cuestión de nombre al haber sido éstos bautizados por el hombre de distinta manera, o son realidades geográficas independientes?
67 1.1.2. De naturaleza mineral.
Las montañas son el ejemplo claro desde el punto de vista humano en una visión romántica de lo que puede ser una frontera, pero la verdad es que las montañas nunca han separado a los hombres, sino al contrario, les han unido. Una montaña no se puede diferenciar de la otra, acaso un collado es el punto más bajo entre dos montañas que el hombre utiliza como paso fácil, pero el collado también pertenece a la montaña, no es la línea o zona que las separa sino que las une. La delimitación de la línea de separación entre valle y montaña tampoco es posible, normalmente ambos son de la misma naturaleza mineral, el valle recoge la descomposición de las rocas de las cumbres y laderas, y el material que hay en ambos es el mismo y no es posible decir donde empieza el valle y donde termina la montaña, no es más que un problema de la disminución o aumento progresivo de la altura del terreno. La montaña se va erosionando y acabará por desaparecer, es sólo cuestión de tiempo, de unos millones de años, pero tiempo al fin y al cabo.
Los mapas geológicos muestran terrenos con las fronteras de la naturaleza quizás más fáciles de distinguir y marcar, son las únicas fronteras de la naturaleza que se pueden catalogar como cerradas y fijas aún existiendo intrusiones de una materia en otra y metamorfizaciones del material. Aunque otra vez es sólo cuestión de tiempo pasado la separación entre una caliza jurásica de otra triásica, y a simple vista sólo es reconocible por un experto tras una observación y acaso también un análisis en detalle.
1.1.3. Del encuentro de ambas materias.
El agua y la tierra, se podría imaginar que surgen las fronteras más características de la naturaleza, como podrían ser la línea de costa marítima o las orillas de los grandes y caudalosos ríos. De las orillas de los ríos ya he hablado y desecho la idea de frontera cerrada, sólo veo en las orillas, una frontera no marcada abierta, por no ser posible separar tierra seca de tierra húmeda, pues existe una progresión de humedad de tierra a río, donde además las características estacionales meteorológicas anuales determinan el caudal y por consiguiente el ancho del lecho del río inundado. La orilla de un río no es una frontera, sino que en sí mismo es un medio. En la costa marítima
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tendríamos que estudiar cada modalidad y accidente que existe de manera individualizada para llegar a una conclusión sobre la general existencia o carencia de una frontera marcada, y seguramente no sería una conclusión unitaria: playas, acantilados, ensenadas, marismas, rías, fiordos…, son realidades muy diferentes entre sí, además de tener que considerar el influjo o fuerza de las mareas en cada caso, lo cual lo complicaría todavía más.
Las islas son un fenómeno ampliamente estudiado desde geógrafos a botánicos, zoólogos, etnógrafos…, que han centrado su estudio en su formación y en la vida que en ellas existe. Decir que la costa u orilla de una isla es una frontera marcada y cerrada que imposibilita o limita a las especies su colonización, sería algo rechazado por todos los investigadores de las ramas científicas antes nombradas. Un zoólogo y un biólogo rechazarían tal afirmación, simplemente por la máxima de que todas las islas del planeta Tierra han sido colonizadas sin importar la distancia existente al continente más cercano. Quizás la vida en las islas ha podido progresar de manera diferente al continente de donde provienen las especies colonizadoras, pero también las especies han evolucionado de manera divergente en el continente por motivos de climatología, orografía, suelo y demás factores. Un geólogo o un geomorfólogo nunca individualizarían una isla, sino que la entienden como parte de un conjunto mayor. Una isla no es un hecho aislado, sino es parte de un archipiélago común, como en el caso de la formación de las islas volcánicas, o como conjunto de formaciones coralinas, o como parte de una placa continental, como las islas Baleares son parte de la cordillera Ibérica, en el que su separación de la Península Ibérica sólo depende de la altura del mar en cada era, y en cualquier caso, geomorfológicamente pertenecen a ésta.