CAPÍTULO III LA COMUNIDAD SECRETA
FUENTES DE INFORMACIÓN
Es preciso comprender que un estudio completo, aunque sólo sea de los archivos existentes —sin mencionar la investigación sobre el terreno y su activa secuela—, requeriría una atención total y un equipo dedicado de manera permanente a esta tarea. Por lo que se refiere solamente a la recogida de datos, un examen serio de los informes de observaciones que se han acumulado en los últimos años no puede realizarse hasta que una institución importante consagre seriamente parte de sus recursos a esta em- presa. No sería razonable esperar que una corriente tan caudalosa de rumores como la que rodea al fenómeno OVNI fuese suscep- tible de análisis en unos pocos meses, mientras numerosas uni- versidades deban dedicar un tiempo y un esfuerzo considerables para estudiar temas clásicos del folklore (como ritos y utensilios de las tribus indias), que no presentan ningún enigma tecnológico
insoluble y afectan a una serie de fuentes mucho menores y más localizadas.
Admitido esto, los estudiosos del fenómeno pueden aclarar con- siderablemente su estudio seleccionando una zona lo bastante re- ducida para ser abarcada con cierto grado de solvencia, a pesar de las inadecuadas facilidades de que disponen. A decir verdad, no faltan excelentes obras de este tipo: Richard Hall, con UFO Evi- dence (1964); Hanlon, Clark y Farish, con sus importantes artícu- los acerca de la oleada de 1897, y Ted Bloecher, con su Report on the UFO Wave of 1947, que, por citar sólo a unos cuantos, han publicado obras de este tipo. Pero hacía gran falta un catálogo general de aterrizajes basado en fuentes internacionales. A fin de darle una adecuada perspectiva histórica salvando al propio tiem- po la homogeneidad del material, decidimos enfocar nuestra aten- ción sobre los informes del período 1868-1968.
Antes de discutir nuestras fuentes en detalle, debemos ren- dir tributo a un investigador que no sólo compiló una lista de aterrizajes, sino también un catálogo general de observaciones de todas las categorías en el año 1961: Guy Quincy, cuyos catálogos aún siguen, por desgracia, inéditos. En Francia circularon en for- ma manuscrita y sirvieron de base para nuestro primer índice. Después de 1961 encontramos otras fuentes independientes que nos permitieron comprobar muchos de los casos que figuran en estas listas, pero algunos no pudieron ser confirmados por este método, y nuestra fuente en tales casos se indicará así (Quincy). Lamentablemente, en sus catálogos no se daban referencias ori- ginales.
A finales de 1963, cuando compilamos las estadísticas prelimi- nares sobre los informes de ocupantes, únicamente pudimos reco- ger 80 de estos casos. * Sirve para apreciar la notable labor inves- tigadora realizada por muchos individuos durante los últimos años el hecho de que en el presente catálogo esa cifra se haya cuadru- plicado, puesto que el 35 por ciento de todos los informes de ate- rrizajes que figuran en el mismo incluyen descripciones de ocu- pantes.
Un tercer e importantísimo paso hacia la obtención de una referencia actualizada se dio en 1966, cuando Charles Bowen, el actual director de la Flying Saucer Review, accedió a servir de coordinador de un equipo internacional de colaboradores y a de- dicar un número especial de su publicación a «Los humanoides». Este número especial, publicado en español en forma de libro» sigue siendo un excepcional documento sobre la cuestión de los • V a l l e e , « A D e s c r l p t l v e S t u d y o f t h e Entities A s s o c i a t e d w i t h the T y p e - 1 S i g h t i n g , F l y i n g S a u c e r R e v i e w , X, 1 ( e n e r o - f e b r e r o , 1964), y X, 3 (mayo-junio, 1964).
ocupantes, junto con Los misteriosos platillos volantes, de Aimé Michel. «Los humanoides» tiene un interés especial no sólo por- que recoge más de trescientos informes de aterrizajes, sino por- que publicó por primera vez una amplia bibliografía y referen- cias a las fuentes. Esto nos permitirá dar esta obra como única referencia para muchos casos de la presente compilación. Por consiguiente, la notación (Humanoides 34) remitirá al lector a la página 34 de la edición española de esta obra, para ampliar datos y encontrar bibliografía. Dentro de los límites de este catálogo resultaba imposible acoger las diversas interpretaciones de que ha sido objeto cada observación, y pensamos que nuestra misión consistía sencillamente en proporcionar en todos los casos la re- ferencia a la más competente autoridad y al mismo tiempo la más fácilmente accesible.
Pueden encontrarse descripciones de aterrizajes en publicacio- nes especializadas y en numerosos libros, además de los citados. Charles Fort menciona algunos de estos incidentes en sus obras, que citamos valiéndonos de la edición Holt preparada por Tiffany Thayer. Un investigador norteamericano, Orvil Hartle, ha publi- cado varios relatos de aterrizajes registrados a principios del siglo actual en su obra, publicada en edición privada, A Carbon Expe- riment. Casos similares se registraron durante el período 1947- 1952: el capitán Ruppelt, que en 1952 se hallaba al frente de la comisión de encuestas del Ministerio del Aire, se consideraba in- festado por informes de aterrizajes, según manifiesta en su libro The Report on UFO's, y su equipo los eliminaba deliberadamente. Pero sólo cuando abnegados investigadores civiles como Leonard Stringfield (autor de Inside Saucer Post) y Coral Lorenzen, de APRO, iniciaron sus investigaciones independientes sobre la cues- tión, se empezó a hacer luz sobre las observaciones norteamerica- nas. Otro investigador de los Estados Unidos, George D. Fawcett, publica regularmente sumarios de observaciones en la revista Flying Saucers, de Ray Palmer.
Entre 1963 y 1967, yo volví a examinar la totalidad de los ar- chivos generales del Aerospace Technical Intelligence Center (ATIC), y desenterré de ellos numerosos informes caídos en el olvido. En algunos casos, pude iniciar nuevas investigaciones en torno a algunos de los incidentes más notables, publicados aquí por primera vez acompañados de la referencia (Atic). Las normas oficiales exigen que en estos informes no se hagan constar los nombres de los testigos. En un caso, incluso tuvimos que elimi- nar el nombre de la población.
Aunque estimamos inútil cualquier intento de efectuar una compilación exhaustiva de informes procedentes de todos los paí- ses durante los últimos cien años, sí intentamos clasificar los ca-
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sos franceses e italianos para dicho período, prestando una aten- ción especialísima al año 1954. Los aterrizajes de este año se pre- sentan desde hace tiempo como el núcleo natural para cualquier estudio sobre este problema, y esto por varias razones. En primer lugar, la mayoría de las observaciones se efectuaron sobre zonas rurales de la Europa Occidental, donde existe una red de aldeas y pueblos sin paralelo en otras regiones del Globo más reciente- mente desarrolladas. Esto permitió recopilar un gran número de informes detallados cuando una importante oleada descendió des- de Bélgica y el norte de Francia hacia Sicilia y el norte de África durante los cuatro últimos meses de 1954. Estos informes proce- dían a menudo de testigos independientes que residían en pobla- ciones vecinas. Los observadores eran personas bien conocidas en las respectivas localidades, por lo que no era difícil asegurarse de su solvencia. Los relatos solían ser considerablemente ingenuos, pues procedían de campesinos que nunca habían oído hablar de platillos volantes. Valiosos detalles, documentación de primera mano y entrevistas personales no tardaron en ser centralizados por expertos investigadores como Charles Garreau, periodista pro- fesional de La Bourgogne Républicaine, diario del este de Francia.
En un estudio piloto de las observaciones de 1954 realizado para la edición especial de la Flying Saucer Review («Los humanoi- des») en 1966, preferimos limitar nuestro análisis a doscientos ca- sos. El lector encontrará aquí cuarenta casos más para dicho año, y consideramos que ésta es, desde luego, la sección mejor docu- mentada del catálogo. No sólo todos los casos han sido nueva- mente analizados en busca de posibles errores, sino que se han comprobado fechas, horas, lugares exactos, número y nombre de los testigos, con mayor grado de precisión. Para ello, he podido beneficiarme de la ayuda de varios investigadores de Francia e Ita- lia, que deben permanecer anónimos, pero a quienes desde aquí expreso mi gratitud.
Las referencias fundamentales para ese período provienen de los archivos de Aimé Michel, quien para su recopilación utilizó colecciones de periódicos y cartas procedentes de lectores de la Prensa de París, que los medios informativos pusieron a su dispo- sición. También nos hemos servido de la colección formada antes de 1958 por pioneros como Raymond Veillith, editor de Lumières dans la Nuit, el ya citado Charles Garreau, y Roger Vervich. La primera compilación de datos parecidos hecha por el equipo de Ouranos bajo la dirección de Marc Thirouin, resultó asimismo muy útil. El libro de Carrouges, Aparecen los marcianos, nos propor- cionó detalles adicionales, lo mismo que los dos libros de Harold T. Wilkins.
PASAPORTE A MAGONIA 197
En cuanto a las observaciones posteriores a 1954, el cuadro cambia por completo. La Flying Saucer Review fue fundada en 1955 y publicó artículos de investigadores privados como B. Le Poer Trench y Gordon W. Creighton, que recopilaron y tradujeron in- formes del mundo entero, muchos de los cuales fueron incluidos posteriormente en el libro World Round-Up. Muchas observaciones sudamericanas llegaron al APRO a través de Olavo Fontes. Coral Lorenzen ha publicado estos documentos en sus libros The Great Flying Saucer Hoax (1962) y Flying Saucer Occupants (1966), mien- tras los hechos más recientes se podrán encontrar en el tercer libro de los Lorenzen, UFOs over the Americas (1968). En Australia, Andrew Tomas, un pionero en el estudio de los OVNIS, reunió unas colecciones muy bien organizadas con el magnífico equipo de la Australian Flying Saucer Review. En Sudamérica, grupos como el CODOVNI y la SBEDV, que actúan en Argentina y Brasil, res- pectivamente, publican con regularidad boletines de información nada despreciables. Funcionan sociedades parecidas en Bélgica, Chile, Dinamarca, España, Noruega, el Japón, Nueva Zelanda y Alemania. Todas ellas han aportado observaciones a nuestra lista, ya sea directa o indirectamente.
Estas fuentes de información permiten una continuidad en el estudio de todo el período hasta el reciente y espectacular au- mento en el número de informes, es decir, hasta finales de 1965. Hasta esa fecha, creemos que el catálogo contiene una clara mayo- ría de todos los informes impresos, en los periódicos nacionales o en archivos oficiales, y la casi totalidad de las observaciones de ocupantes que han contribuido a la emocional reacción del pú- blico asociado con el fenómeno OVNI. Después de 1966, una afir- mación semejante dejaría de tener sentido. La conversación con los agentes del orden, prácticamente en cada pequeña población de los Estados Unidos, proporcionará informes sobre objetos no identificados, entre los cuales se incluirán, por supuesto, aterriza- jes, acerca de cuya realidad jamás sabremos la verdad. En el pre- sente catálogo se han incluido algunos casos entresacados de los archivos de los tres años últimos, a fin de alentar la continuación de esta empresa, pero no hemos publicado detalles de observacio- nes que aún se hallan en curso de investigación, ni hemos inten- tado efectuar una recogida sistemática de datos. En consecuencia, advertimos al lector de que el número aparentemente redondo de casos no tiene absolutamente nada que ver con la realidad de los hechos.
se aplica cuando nos hemos valido de documentos que no estoy autorizado a citar en detalle, o cuya referencia exacta desconozco. 6. Todos los informes que encajan en nuestra anterior defi- nición para las observaciones tipo-I eran susceptibles de inclusión en este catálogo. Hemos rechazado: (1) todos aquellos casos para los que se ha encontrado una explicación convencional que nos ha satisfecho; (2) todos aquellos en los que faltaba el mes, el año o el lugar de la observación, excepto algunos casos antiguos; (3) todos los informes acompañados de fotografías presentadas como prueba material y que resultaron ser fraudes. Podrá argüir- se que en este caso ello no quiere decir necesariamente que no se efectuó una observación válida, o que el incidente no tenga que ver con el tema OVNI en general. Estas pruebas falsificadas, em- pero, siembran considerables dudas acerca del carácter y la ve- racidad de los testigos, y llevarían la discusión a un terreno com- pletamente distinto. Además, este tipo de informes ha sido muy divulgado por la Prensa, y quien desee ampliar la presente lista los encontrará sin dificultad. Más adelante se podría publicar un muestrario de casos rechazados, junto con las razones que nos llevaron a omitirlos, a fin de que la ausencia de casos notables pudiera justificarse.