3. Estudio de los apólogos políticos: Gli animal
3.3. Génesis de la obra y aspectos evolutivos.
Las preguntas que en estos momentos se pueden proponer son: ¿cómo y cuándo nació la obra? ¿Cómo evolucionó a lo largo del tiempo? Y, ¿en qué fuentes encontró el poeta la inspiración? Parte de las respuestas a estas cuestiones, de alguna manera, han sido ya adelantadas. Lo que en estos momentos intentaré es perfilar, matizar y, sobre todo, ampliar lo que hasta ahora he expuesto de forma general. Todo ello se debe a que los aspectos cronológicos de la obra, que tendré que retomar, no se pueden separar de la génesis y de los precedentes.
Como se vio en el apartado anterior, hay una carta que el abate escribió desde Viena a su íntimo amigo el marqués Maurizio Gherardini que era nada menos que el Ministro plenipotenciario de Austria en Turín. En ella (17-IV-1796) se hace la primera referencia a la colección de fábulas afirmando que de un total previsto de diez —«vi dirò che detto volumen debe consistere in dieci apologhi politici di circa cento sestine l’uno» (Casti 1984: 878)—, ocho ya estaban acabadas y, por tanto, solo le faltaría por completar el desarrollo de dos que el autor esperaba concluir en dos meses o muy poco tiempo más. Pero Casti no añade ninguna información adicional al respecto; su postura es tan ‘secretista’ en lo referente a lo literario que algunos aspectos sobre su obra será preciso deducirlos.
No puedo afirmar categóricamente dónde ni cuándo empezó a escribir estas fábulas —porque no he podido encontrar datos que sean objetivos y concluyentes al respecto— si bien una conjetura bastante posible es que las empezara a escribir en Viena hacia 1794, coincidiendo en ese aspecto, por tanto, con los otros estudiosos de la obra castiana que he podido consultar; sin embargo proponer esa fecha, tampoco es mucho concretar, aunque en todo momento he tratado de justificar mis afirmaciones. Mi razonamiento se basa fundamentalmente en la información que nos suministra en sus cartas el autor y en otro argumento más: si para los dos apólogos que según confiesa le faltaban por terminar, el autor creía necesitar todavía alrededor de dos meses más —pese a que no se sabe cuál era el grado de desarrollo que las fábulas incompletas tenían en ese momento ni si el autor había trabajado siempre con la misma intensidad— parecería razonable pensar que para la elaboración de las ocho
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que ya había acabado, más la parte hecha de las dos incompletas, Casti debería de haber llevado bastante tiempo escribiendo, por lo menos uno o dos años. De este modo, considerar que 1794 es el año en que con mayor probabilidad comenzó Casti la escritura de las fábulas, no parece una conjetura descabellada, aunque siga siendo una mera conjetura.
Hay que tener en cuenta, además, que en la misma correspondencia del poeta se insinúa, a veces, que algunas de las ideas desarrolladas en la colección de apólogos ya estaban presentes en su cabeza con anterioridad. Podemos verlo, por ejemplo, en una carta fechada en Viena (27-VI-1793) y dirigida al mismo Gherardini, donde hace una crítica durísima a los errores cometidos por los dos máximos responsables de la política exterior austriaca, Cobenzl y Spielmann, que habían llevado a su país a una posición de debilidad política y militar frente a Prusia y Rusia126. Así lo expresa el poeta:
L’enormi mostruose usurpazioni fatte in Polonia dalla Russia e dalla Prussia per cui queste nostre due care alleate hanno conquistata una decisa superiorità sopra questa monarchia e, ravvicinandosi sempre più ad essa e circondandone con un’immensa catena i confini, l’hanno posta in una perfetta dipendenza, potendo a loro piacere fare in essa un’irresistibile invasione (Casti 1984: 689).
También señala Casti en esa misma carta como, en vez de haber sido reprobados ante la manifiesta incompetencia de ambos, Spielmann recibió una pensión de diez mil florines y Cobenzl, al menos en ese momento, tenía asignada una de treinta y dos mil127. Justo a continuación de esta crítica, Casti añade un párrafo en la carta que coincide, al menos en la intención, con los comentarios de repulsa que, en el canto X de Gli animali parlanti, se hacen ante las frases de mal gusto que se permiten en la corte sobre los animales que han caído en combate. He aquí lo que sobre estos particulares aparece en la carta:
Ma in luogo di desaveu Spielmann ritiene diecimila fiorini di pensione e Cobenzl, almeno finora, trentaduemila.
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En el segundo reparto de Polonia solo participan Rusia y Prusia que previamente involucraron a Austria en una absurda guerra con Francia; el resultado fue que mientras Austria se debilitó, sus dos supuestos amigos y aliados se fortalecieron.
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Téngase en cuenta que ambas cifras eran desorbitadas. La mayor equivalía a dieciseis veces el sueldo que recibía Casti como poeta cesáreo, que era de dos mil florines anuales, este tampoco era un sueldo mezquino.
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Ecco il castigo di chi rovina lo stato. Confrontatelo ora con quelle compense che si danno a quelli che sacrificano sudori, danari e sangue pel servizio di quello (Casti 1984: 690).
Es decir, mientras los culpables de los errores son premiados, poca recompensa, por no decir ninguna, hay para los que se han sacrificado por su patria. Recogiendo de alguna manera esa idea, Casti, en el canto X de Gli animali parlanti, emplea varias sextinas (116-122) para narrar cómo el general Mulo después de haber sufrido una clara e incontestable derrota militar motivada por su incompetencia y haber huido del campo de batalla dejando a sus soldados abandonados, al llegar a la corte se autoadula e imputa la derrota a inconcretos engaños, a traiciones y a los que han muerto en el campo de batalla. Consigue de este modo ser elogiado y alabado públicamente en la corte y ser premiado por la soberana que a pesar de su fracaso le otorga, como ‘merecida’ recompensa, un cargo más128:
Il Mulo dunque, in recompensa, eletto fu di vicezampiero all’alto posto; poiché, quando del regio animaletto all’educazion l’Asin fu posto,
di Zampier nell’impiego un qualche aiuto dové darsegli, un vice, un sostituto. (X, 119).
En contraposición al tratamiento que recibe el inútil y pernicioso general Mulo, véase lo que sucede con los muertos:
Se perito era amico o conoscente, sol diceasi fra’ labbri: —Poveretto!—; e dopo smorfia insipida, apparente, sen rammenta il ridicolo e il difetto; e l’estinto divertonsi a deridere; e si finia con mormorar e ridere. Cosí chi sangue e vita allor spandea, iniquo a sostener crudel governo, da quelle ingrate bestie riscuotea non lode e gratitudine, ma scherno; i chi vinse o perí non v’è memoria,
e di chi nulla fe’ tutta è la gloria (X, 125-126).
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Será nombrado «vicezampiero», es decir, sustituto del «zampiero». Vemos en este término una deformación burlesca de la forma “bracero o brazero”, es decir, el nombre con el que se designaba al varón que en el ritual de la galantería dieciochesca —e incluso anterior— ofrecía el brazo a una dama casada, cuando su marido no podía acompañarla en actos oficiales de la corte. Como en el poema se trata de animales, lo que se ofrece es la zarpa. Para más información sobre la galantería en el s.XVIII, remito a Martín Gaite y Arce 1995.
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Para el general Mulo hay un cargo más, mientras que los que, por su culpa, han muerto defendiendo a la reina, son recompensados con burlas, ingratitud y olvido. La analogía entre estas dos situaciones parece evidente. Una vez más, la realidad supera a la ficción y, de la realidad cortesana que Casti tan bien conoce, va obteniendo material para su trabajo.
Hay también referencias similares en otra carta, fechada en Viena (4-VII- 1793), dirigida esta vez a su amigo Paolo Greppi; en ella el poeta describe el comportamiento de un político, al que llama Vogel, que actúa para llegar al poder del mismo modo en el que lo hace, en el poema, el Zorro. Y si en la carta se dice:
Questo Vogel, dicesi, aveva saputo insinuarsi nelle buone grazie di certe cameriste delle Waisshaus, favorite della imperatrice, e per questo mezzo esser riuscito a farsi privatamente consultare dall’imperatore sopra differenti importante affari, e in tal guisa, essendosi fatto un credito presso Sua Maestà, abbia proposto Muller e Stainer, sue creature e suoi dipendenti per rimpiazzar Schloisznigg e i rimossi dal gabinetto. Se ciò fosse vero, sarebbe molto peggiorato, poiché il carattere di Schloisznigg essendo tutto al più dubbio ed equivoco, quello di Vogel, secondo la gran maggioranza, è decisamente cattivo (Casti 1984: 702) 129.
Véase la similitud con lo que Casti escribirá en el canto VII de Gli animali
parlanti:
La Volpe che di ciò tosto s’avvide la lïonessa a corteggiar si pose e i favoriti suoi, poiché previde che appagar le sue brame ambizïose ella potria piú che il lïone istesso; e ottenne il suo pensier pieno successo. Sicché, costante ognor nelle sue viste; modo trovò d’intervenir la sera al crocchio delle regie cameriste, di cui con gioia e festa accolta ell’era: poiché essendo fra lor, sempre avea pronti e sali e frizzi e lepidi racconti.. (VII, 54-55).
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Los apellidos Waisshaus, Muller, Stainer y Schloisznigg, mencionados por Casti en esta carta, no están escritos correctamente con los criterios de la grafía actuales y las formas que mayoritariamente se usaban ya en su época —creo que el poeta los escribe como a él le suenan— pero en realidad estos personajes de los que he encontrado muy poca información son Weisshaus (favorita de la emperatriz Maria Teresa), Müller y Gaspar Steiner (miembros del consejo de estado del imperio), Sloissenegg (referendario de estado); en cuanto a Vogel, cuyo apellido si parece estar bien escrito, fue director de la cancillería del consejo de estado del imperio.
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Al que se refiere como «Schloisznigg» — en realidad Sloissenegg— le quitan el puesto de una manera parecida a cómo despiden al Perro, de un modo rastrero y subrepticio que, por otra parte, nada debería tener que ver con la política, sino únicamente con buscar la amistad de las doncellas. Ahora bien, como veremos en el apartado dedicado a identificar quién es cada uno de los protagonistas del poema, el Zorro no sería Vogel, sino Talleyrand, aunque en los primeros compases de la obra considero como bastante posible que el poeta se hubiera inspirado en el modo de actuar del tal Vogel; igualmente el Perro no sería ese Schloisznigg, sino más probablemente Robespierre, al menos eso es lo que parece en el texto que llegó a la imprenta.
Así vemos como la génesis de los apólogos políticos se va a basar en parte de su desarrollo, no en todo, en hechos reales que el poeta fue conociendo en su andadura. La principal fuente del poema va a ser, en mi opinión, la realidad política e histórica de la Europa del momento,
Casti fue experimentando una marcada, y hasta cierto punto sorprendente, evolución política, en el intervalo de tiempo que le ocupó la composición del poema, es sorprendente dada la edad que el ilustrado ya tenía en aquel momento. Esta evolución de su pensamiento político fue consecuencia de razones de todo tipo, ya que durante ese periodo tuvieron lugar varios acontecimientos, tanto públicos como privados, objetivos y subjetivos, pero todos ellos fueron tan importantes para Europa que dejaron su impronta también en él130.
En primer lugar podríamos considerar como un gran y grave acontecimiento las guerras post-revolucionarias, que supusieron la desaparición, como tales, de cientos de pequeños estados, sobre todo alemanes. Aparte de eso, y como una de las consecuencias de estas guerras, nos encontramos con la progresiva presencia, en el panorama político y militar europeo del momento, de la figura de Napoleón Bonaparte que comienza su andadura pública a partir de 1793. Por otro lado, otra consecuencia inmediata de estas contiendas será el vertiginoso cambio de fronteras
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Esta evolución nos proporciona mucha información de la época y del poeta pero, por encima de todo, nos habla de la persona. En 1794, fecha en la que probablemente Casti comienza a escribir su colección de apólogos, él ya tenía aproximadamente setenta años (setenta y tres según otras fuentes). Es admirable que en una época en que la información no llegaba ágilmente a las personas y había que buscarla, con la edad que ya tenía el abate en aquel momento, fuera capaz de experimentar una evolución tan grande, eso nos indica hasta qué punto el ilustrado era un hombre que se preocupaba por la realidad de su mundo y se implicaba en un intento por mejorarlo.
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en el mapa europeo, además de los cambios inherentes a la desaparición ya comentada de esos pequeños estados.
En segundo lugar y aunque este pudiera parecer un aspecto menor, tuvo graves consecuencias tanto políticas como emocionales, la ejecución del rey Luis XVI y, sobre todo, la de la reina María Antonieta unos meses después hechos que conmocionaron a todas las cortes europeas, y se utilizaron para hacer propaganda contra la revolución francesa. Estas ejecuciones ejercieron una influencia, muchas veces decisiva, en varias de las decisiones que se tomaron a partir de ese acontecimiento. Sobre la ejecución de la reina, en carta a Maurizio Gherardini fechada en Viena (31-X-1793), casti escribe lo siguiente:
La esecuzione della Regina ha choqué tutti. Veramente ora si trata di rivoluzione di guerra e, se volete, anche di politica; l’umanità e la giustizia sono cose affatto estranee, ma pure si agisce sempre con qualche fine o d’ambizione o d’interesse. Tutto ciò non può militare nell’affar della Regina. L’hanno abbandonata al tribunale colla folla di tante altre migliaia d’inquisiti e la politica non se n’è mischiata per nulla (Casti 1984: 760-61).
Desde un punto de vista puramente personal para Casti —pero no por ello menos importante— a lo ya dicho habría que añadir la publicación de La paz
perpetua de Kant en 1795, que Casti leyó, sin lugar a dudas, y cuya lectura, como
veremos más adelante, le produjo un impacto tan grande como negativo. A finales del año 1796 nuestro escritor decidió abandonar la corte de Viena, donde residía oficialmente desde 1772 y, algún tiempo después, muy a su pesar, tuvo que abandonar también su sueldo de poeta cesáreo que, además de ser un dinero seguro, era suficiente como para permitirle disfrutar de una vida muy cómoda, a pesar de que percibía una cantidad inferior a la que había cobrado su predecesor en el cargo.
En la vertiente puramente política y ante los acontecimientos de esa índole que pudo presenciar, Casti fue asumiendo posiciones cada vez más democráticas. Todo esto pone en evidencia de manera natural que, en la evolución que se observa tanto en el poeta como en su obra, tuvieron que influir los cambios políticos tan significativos que se produjeron en Europa a lo largo de los casi ocho años que el abate empleó, aproximadamente, en escribirla.
El problema cronológico con el que nos encontramos al referirnos a Gli
animali parlanti no afecta solo a la génesis del poema, sino también a su desarrollo
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ocho años de gestación, la obra sufriera algunas transformaciones. Y sabemos que las sufrió porque las cartas del abate nos lo confirman: desde la idea primitiva, que solo estaba en la cabeza del autor y que suponía escribir un pequeño número de fábulas políticas —en principio independientes entre sí— al resultado final que llegó a la imprenta y hoy leemos, hay una distancia notable, tanto cronológica como evolutiva, que nos sugiere una serie de preguntas: ¿cómo evolucionó el texto? ¿Qué representaba cada personaje de la obra en un primer momento? ¿Qué añadió y quitó el poeta del texto después de su marcha de Viena? ¿Cómo le influyó el poder escribir con libertad después de su llegada a Francia? ¿Hasta qué punto pudo escribir libremente en París?... Preguntas que irán teniendo sus respuestas, en la medida de lo posible, a lo largo de los próximos apartados de este capítulo.
En relación a la ‘teórica libertad’ con la que se encontró en la capital francesa, —que en cualquier caso iba más allá de lo que el autor se imaginaba—, me parecen bastante elocuentes los dos párrafos finales de la Prefazione dell’autore colocada al comienzo del poema. Deduzco, por alguno de los comentarios que en ellos hace el poeta que, casi con toda seguridad, esa Prefazione fue escrita o muy modificada cuando ya Casti residía en Francia, donde el escritor se iba a sentir más a gusto que en Viena. Sin embargo creo que, incluso en París, Casti siguió sin sentirse plenamente libre, como puede deducirse de estas palabras:
Libero da ogni rapporto che suole imporre una certa riserva e che, se non soffocare l’intimo sentimento, suole almen prescrivere il silenzio sopra alcune verità dettate dalla ragione, proclamate dalla sana filosofia, e situato in un soggiorno esente da tali vincoli, perché dovrei assoggettare la penna ai timidi e servili riguardi, indegni di un ingenuo scrittore animato dall’amore del giusto e del vero? E tanto piú quando nessun grande individuo, nessun particolare governo sia tolto di mira? (Casti 1978: 62).
El poeta insiste, una vez más, que él en esta obra no está pretendiendo lanzar dardos contra nadie en concreto, y tal vez siente la necesidad de justificase por el triste recuerdo de los problemas que le acarreó la difusión de su Poema tartaro. Sin embargo, inmediatamente después de proclamar que vive en un lugar donde no tiene por qué callarse, resulta curioso leer las dos preguntas que Casti plantea al final de la cita anterior; escribe como si no se hubiera liberado de sus viejos fantasmas. Si realmente sintiera que vivía en un país libre, ¿qué sentido tendría hacerse estas preguntas? Además la Prefazione continúa y termina con este otro párrafo:
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Credo pertanto che utile non che dilettevole al pubblico riuscir potrebbe una tale impresa, se eseguita ella fosse con superiori talenti e con forze adeguate all’impegno. Comunque sia però, spero che il lettore accorderà all’autore buona fede di lodevole scopo, desiderio del bene e rettitudine d’intenzioni (ibidem).
Por otro lado estas son palabras que es habitual encontrar en un prefacio, en el que un autor solicita del lector que le conceda la consideración de hombre correcto, deseoso de hacer el bien y cargado de buenas intenciones. Con palabras actuales, lo que Casti está pidiendo para él, es la ‘presunción de inocencia’.
Retomando las preguntas con las que comencé el desarrollo de este apartado, en las que planteaba algunas reflexiones sobre la evolución que experimenta el poema a lo largo de su gestación, quisiera comentar, antes de seguir adelante, que contestar rigurosamente a todas esas dudas es prácticamente imposible, pues estamos condenados a ceñirnos, en casi todo momento, al texto editado y que hoy conocemos.
Nos queda, sin embargo, el consuelo de poder contestar alguna cuestión y de saber que las dudas que nos planteábamos no eran retóricas, ya que existen algunos documentos que se corresponden con fases intermedias de la escritura del poema — en concreto los que tienen como referencia los números 1623 y 1624, conservados en los Fonds Italiens des Manuscrits de la Biblioteca Nacional de París—.
Estos textos131 nos muestran cómo el autor, una vez establecido en Francia