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Las digresiones incorporadas en el interior del texto

3. Estudio de los apólogos políticos: Gli animal

3.4. Los apólogos políticos

3.4.2. Las digresiones incorporadas en el interior del texto

Vamos a continuación a reflexionar sobre un aspecto muy importante de la obra sobre todo desde el punto de vista ideológico: se trata de las digresiones.

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Una vez más —y una vez más a regañadientes— diferenciaré entre los dos títulos porque en lo referente a Apologhi Vari el tema no ofrece demasiadas ocasiones para el análisis ya que, con la única excepción de Le pecore donde se puede leer una parábasis con cierta enjundia en la que el poeta va a criticar duramente la práctica de la castración146, hay poco texto para analizar. El caso es que aparte de esta digresión importante en el segundo de los apologhi —aunque de apenas cuatro sextinas (79-82)— no se va a encontrar ninguna más ni en este ni en ninguno de los otros tres apólogos, al menos de cierta extensión y relevancia.

Si hablamos en cambio de Gli animali parlanti comenzaré por destacar que, desde el punto de vista de la historia que se narra, la mayoría de las digresiones que aparecen en el poema aportan muy poco, o nada, al hilo argumental. Si hablamos de su aportación al estilo —al menos desde el punto de vista del gusto de un lector actual que, lógicamente, no coincide siempre con el de un lector del siglo XVIII— muchas veces nos parecen más que nada una molestia al dificultarnos la lectura, sobre todo, cuando en medio de un pasaje importante, el poeta corta bruscamente el hilo del relato para hacer una reflexión que, con frecuencia, es innecesaria porque ya la había hecho con anterioridad en otra parte del poema.

Sin embargo, pese a estas objeciones que podrían ser peyorativas, desde el punto de vista político e ideológico, estas digresiones si que son realmente importantes, ya que Casti las utiliza sin ningún tipo de tapujos ni cortapisas, para escribir lo que él desea transmitir al lector o para críticar lo que quiere u opina en cada momento. Y aunque él insista constantemente que se refiere siempre a un gobierno y sociedad de animales, en el conjunto de esas digresiones el poeta tendrá muy presente las bases del poder político humano al que cuestiona en todo momento. Pero, entendámonos; no siempre esas críticas o apuntes serán negativos, ya que en ellos el ilustrado elogia también —cuando lo cree conveniente— lo que considera que debe de ser elogiado, haciendo propuestas constructivas en ocasiones determinadas.

Así pues, a diferencia de lo que sucede en Apologhi Vari, en Gli animali

parlanti esas interrupciones discursivas son muy numerosas y conviene destacar que,

en casi todo momento, están escritas en clave irónica y aparentemente lejana al

      

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Una triste realidad que sobrevive en su época porque socialmente no estaba mal vista, sobre todo cuando se practicaba entre los jóvenes cantantes para conservar las llamadas “voces blancas”.

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objeto de su critica. Por otro lado, aunque en ellas Casti siempre se está refierendo a un gobierno presidido por animales, la realidad social de la que está hablando es la de su época haciendo una crítica política directa y casi permanente a esa sociedad contemporánea. De este modo, si alguien se molestase o se sintiese aludido por lo que lee en el poema, podría ser porque o bien es un animal o bien porque se identifica con uno de ellos.

En cualquier caso, al ser estas digresiones tan numerosas, solo voy a señalar las que tienen cierta importancia y extensión, ya que al manifestarse en ellas Casti tal como es y como realmente piensa, nos aportan muchos datos que son importantes para llegar al conocimiento de su ideología. Aparte de lo que comentaré a continuación en este subapartado, considerare un total de treinta y seis pese a que, como he señalado, hay muchas más147.

Comenzaré por destacar lo que encontramos en los cantos XII y XVII titulados, respectivamente, Le galanterie della corte leonina y La mitologia degli

animali, capítulos que calificaría como casos particulares dentro del tema que nos

ocupa porque, en mi opinión, los cantos casi en su totalidad, son auténticas digresiones dentro del poema.

En el que trata de la mitología animal, por ejemplo, el ilustrado hace un ‘ajuste de cuentas literario’ con las jerarquías religiosas y con la religión en su vertiente política de apoyo al poder, sobre todo en lo que se refiere al poder despótico. En esta digresión no se ataca a la religión en sí misma, sino la utilización interesada que otros y ella misma hace cuando le conviene.

Otro caso es el del canto XII; su crítica se centra en la frivolidad de la corte demostrando, por ejemplo, cómo mientras los animales cortesanos no se privan de ningún placer, los del pueblo llano sufren —cuando no mueren— por culpa de una guerra que no les incumbe ni defiende ninguno de sus intereses. En este canto dedicado a «le galanterie» predomina la crítica a la frivolidad y a la falta de empatía de los poderosos hacia los débiles por lo que la mayor parte de su contenido sería prescindible, es decir, el argumento general del poema se podría entender sin la lectura de la casi totalidad de este canto. Sin embargo, pese a esa aparente falta de

      

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En el anexo 7.4 se señalan las principales digresiones indicando: colocación en el texto, número de sextinas que ocupa y temática principal que en ella se desarrolla. He procurado elegir esas digresiones que estoy destacando con un criterio que sea lo más objetivo posible, como la extensión que el poeta le da para su desarrollo o el número de veces que, por una u otra razón, su temática sale a relucir. Sin embargo en algún momento puntual uso un criterio más subjetivo como, por ejemplo, el énfasis que pone el poeta —o yo creo percibir— en alguna digresión concreta.

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interés argumental, en él va a suceder un episodio que sí tendrá una consecuencia directa de cara al resto del poema. Ese ‘casi’ consistirá en que la Leona verá salir al Asno de los aposentos de la Tigresa y enfurecida, en un arrebato de celos, la soberana destituye de su cargo de primera dama a la que supone su rival de amores que, despechada y rabiosa por lo que considera una injusticia, se unirá a los rebeldes que la nombran general de su ejército.

Como antes he señalado entre las digresiones las hay de diversos tipos, aunque no siempre sea fácil hacer una clasificación, podemos hablar de:

A) Las que tienen una valoración positiva como, por ejemplo, la desarrollada en el canto XXIV —en la que Casti defiende la Cultura y la Razón— o la del canto VI, en la que hace un encendido elogio de la Verdad.

B) Las que desarrollan una crítica negativa, que son realmente las más numerosas. Entre las que podrían señalarse, destacaría la que dirige contra la inmunidad que se ‘autoconceden’ los gobernantes (canto X); contra la guerra (cantos XIV, XIX y XXII); contra los propios pueblos que se dejan manipular (canto XIV); contra la hipocresía de la corte (son muchas, destaco la del canto XV) o contra el despotismo (canto XXIV); pero la palma se la llevará las duras críticas contra la corte, que Casti hace con tanto conocimiento de causa (cantos V, VI, VIII, XV). Habitualmente, en cada una de sus digresiones —sea de la temática que sea— el poeta crítica simultáneamente varios aspectos de la realidad política, aunque haya uno que en cada momento predomine sobre los otros.

C) Hay otras parábasis, al fin, en las que simplemente deja caer una reflexión sobre lo importante que sería para la sociedad algún aspecto concreto como, por ejemplo, una buena Educación, sobre todo para los futuros gobernantes (canto IX). Otras veces parece que se divirtiera gastando alguna broma, como cuando establece unas comparaciones burlescas entre su obra y la de Homero: concretamente entre la muerte de Héctor y la del Leoncillo (canto XXII).

Dada su complejidad argumental no sería fácil, ni tampoco de mucha útilidad, intentar separar estas digresiones en compartimentos estancos, ya que muchas veces se entrecruzan. Aquellas en las que se preocupa, por ejemplo, por los derechos de los súbditos tienen una gran relación con las que desarrollan como eje el Poder y la

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forma de ejercerlo; también en algunos momentos se relacionan con las reflexiones que hace contra la Guerra o sobre la Verdad, entendida esta tanto como un concepto filosófico, cuanto como la luz que debe de guiar la práctica política. Las digresiones acerca de la Educación —sobre todo la educación de los que han de ejercer el poder— tienen mucha relación con las que tratan temas como la frivolidad, la verdad o el dictado de la moda, que Casti criticará. Podríamos seguir con este análisis y veríamos que, realmente, hacer un encasillamiento rígido de las parábasis castianas no nos llevaría a obtener ninguna conclusión de interés.

Por otra parte, la reiteración continuada de determinadas ideas siempre en clave filodemocrática —sobre todo las referidas a temas políticos y al pacifismo, sugieren que para el autor estas reflexiones eran sumamente importantes. Sin embargo, ante la abundancia de este tipo de digresiones no parece que esta pudiera ser la única interpretación posible ya que, sin negar lo anterior, también podrían darnos la clave, una vez más, sobre la forma en que el poema fue construido: reiterándome por este hecho en el posible nacimiento independiente de gran parte de las fábulas, lo que implicaría una vez más, como vimos en los apartados anteriores que el escritor no tuvo desde el principio, y quizá durante mucho tiempo, la visión de conjunto del poema durante el proceso de escritura. Por tanto coincido —aplicado ahora otra vez al caso de Gli animali parlanti— con lo que vimos en el capítulo anterior de esta tesis, sostenido por Muresu (Casti 1978: 14) y Fallico (1984: 72), respecto a lo que sucedió durante su proceso de elaboración con el Poema tartaro, que no nació como una obra unitaria, sino como un conjunto de relatos separados.

Además estas consideraciones me sugieren una vez más, y ya para concluir con ese aspecto, que la unificación de los apólogos para formar el poema global, fue tardía —algo que también opinamos cuando leímos las referencias a los «Apologhi

politici» en el Epistolario recopilado por Fallico— así como la premura de tiempo

que sufrió en París para editar la obra; no olvidemos que, además, simultaneaba el final del poema con la elaboración de sus últimas Novelle galanti, y con los cambios derivados de las imposiciones de los editores. Esta enloquecedora carrera literaria, ya cerca de los ochenta años, no le habría permitido al autor hacer una revisión o relectura en profundidad del poema, por lo que Casti solo se habría limitado a elaborar un engarce entre cada canto y los limítrofes, pero poco más148.

      

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Y no siempre consiguió esto porque como he señalado unos párrafos antes, el final del canto XXVI, que es el último de los que llevan numeración en el poema, parece incompatible con la

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Esto justificaría que algunas de las ideas desarrolladas en las digresiones —al no haber podido Casti revisar la obra de forma conveniente— aparecerán repetidas de manera reiterativa, coincidiendo con las reflexiones que para él eran importantes y por esa razón había desarrollado en varios de los apólogos escritos, por otra parte, en épocas y situaciones diferentes.