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Capítulo 2: El espíritu de Hora de España

3.6. Galdós en el exilio

Como hemos visto, ya en Hora de España algunos autores habían comenzado a tratar «cordialmente» a la obra de Galdós. En sus páginas, Rosa Chacel defendía a los personajes de Galdós y a la trama de sus novelas como una reconciliación con la vida y María Zambrano hacía una lectura de Misericordia que podría definirse en clave de restitución, consuelo y cuidado tanto de la intimidad humana como de la intimidad nacional. No es, por tanto, casual, que se lea a Galdós de otro modo en un tiempo en que – teniendo en cuenta las sensibilidades que hicieron Hora de España- la guerra, de un modo u otro, llevaba consigo la destrucción misma del espíritu. Con estos precedentes, no es de extrañar, que entre algunos exiliados, Galdós se convierta en una referencia fundamental:

«Uno de los primeros fenómenos que ocurren en el exilio es la relectura y reivindicación de Galdós. No es sólo un hecho de revaloración literaria por parte de los escritores y de los críticos e historiadores de la literatura , sino una vuelta a la difusión y el aprecio popular. Aun los jóvenes trasterrados, por ejemplo, lo leyeron tempranamente, cosa que no habían hecho todos los de la generación precedente. En el plano intelectual se va a apreciar cada vez más. Buñuel, antes surrealista e iconoclasta, lo lleva al cine. Rejano dedicó a su amorosa lectura los últimos días de su vida. Prueba de ello es la influencia que ejerce en los novelistas, Max Aub, por ejemplo, y la revaloración y nuevos descubrimientos de su obra que se llevan a cabo en los múltiples ensayos y estudios que a él se dedican»252

En este capítulo hemos abordado la presencia de Galdós en el pensamiento de Zambrano y por extensión el papel de la novela. Pero ante el hecho de que Galdós sea «rehabilitado» por escritores y críticos del exilio, nos vuelve a situar ante un contexto, que como sucedía en el caso de Hora de España es difícil eludir, especialmente cuando nos volvemos a encontrar con autores con los que Zambrano tuvo relación como Bergamín o Cernuda.

José Bergamín en su obra De una España peregrina dedica un bello ensayo al novelista titulados «Galdós, espejo trágico de España» formado por textos de distintas épocas (México 1944, Madrid, 1959-1963). Fechas bastante significativas pues remiten a los primeros años del exilio y a los de su regreso a España de cuya experiencia tratamos a propósito de su correspondencia con Zambrano.

Uno de los primeros aspectos en que incide Bergamín al hablar de Galdós es la llamada «cuestión religiosa», cuestión que pesó en los juicios negativos sobre el novelista como marca decimonónica en aquellos contemporáneos de Bergamín que decían «haberla

252 Arturo Souto Alabarce, «Letras» en El exilio español en México 1939-1932 Ed. Salvat/Fondo de Cultura

superado» junto a ella, las tradicionales críticas literarias en torno a la forma, la fabulación o los personajes recayeron en el novelista desde la generación del 98.253 Toma así como

referencia la novela Gloria para referirse al anticlericalismo del novelista y la polémica que suscitó entre sus contemporáneos Pereda y Menéndez Pelayo. No obstante, Bergamín viene a subrayar la fe del novelista así como su profunda agudeza para mostrar tanto el conflicto como la necesidad de regeneración.

Sorprendente y extremado, como suele ser su estilo, Bergamín asocia el «costumbrismo» de Galdós no ya con antecedentes directos de su siglo como Larra o Mesonero Romanos, sino que califica de «costumbrista toda la narrativa española desde el Mío Cid y La Celestina hasta el teatro barroco pasando por Cervantes. Esta extensión del costumbrismo, se justifica, según Bergamín, en lo que califica de una suerte de apego de la literatura a lo real y a lo temporal a la vez, que por darse en Galdós una realidad «entretenida» con lo temporal, hace que sobresalga especialmente de los costumbristas de su tiempo. Pero también, tomando el herencia inmediata de Larra y a propósito de lo que tradicionalmente se conoce como costumbrismo dirá:

«Porque en Larra aparece por primera vez el espejo: el espejo con su trágico enigma. Ante ese espejo se suicidó Larra; creemos que no desengañado de una mujer, sino de España entera. Ante ese espejo se coloca Galdós: y en vez de suicidarse nos enseña toda esa España por la que Larra se suicida, viéndola, mirándola viva en ese espejo. (...) El espejismo costumbrista de la novela de don Benito Pérez Galdós ¿tiene una dimensión enigmática, una resonancia angustiosamente trágica, que nace de su religiosidad o irreligiosidad apasionada y profunda?» 254

Para Bergamín, como también para Zambrano, sólo una profunda fe subyace a la mirada galdosiana sobre la realidad que convierte en novela. Para Bergamín el ejemplo

253 Vid. José Bergamín, «Galdós, espejo trágico de España» en De una España peregrina Ed. Al-Borak, Madrid,

1972, p. 37-40

máximo de ello es Fortunata y Jacinta, -una historia que una vez leída se recuerda como un sueño, dirá-. Es más, en esa novela late toda una conciencia de España, la conciencia más preclara surgida de su fe, conciencia que es a la vez profundamente –a pesar de su apariencia superficial- humana, como la gran novela de Cervantes con la que la compara.

Es esa conciencia de España la que más importa a Bergamín, tanto en la medida que está propiciada por una forma de fe como –y así se deja ver en algún momento- porque representa una nueva forma de conciencia –acaso de memoria- para los que están fuera de España :

«Esta novelería galdosiana, se ha dicho, nos explica una España que pasó, que fue. Y es verdad. Es un espejo tan claro y lúcido, que tan exactamente refleja en su superficie esa España pasada, que es muy verdad que nos la explica Pero no olvidemos esto otro: que es ese mismo espejo que nos explica una España pasada, como queriéndola justificar –el que explica exculpa –decía Unamuno-, es ese mismo espejo el que trata, al parecer, suavemente y sin quererlo (...) de justificar a una España futura (...) En la novelería de Galdós encontramos, es cierto, la explicación –la exculpación- de una España pasada o muerta; pero ¿encontramos la también la justificación de una España viva?: ¿La España venidera? Yo creo que sí, y esto es, en mi sentir, lo que hace de Galdós una figura permanentemente española. Por desengañada y esperanzadora.»255

Podría decirse que Galdós se presta a una lectura más honda tras la experiencia de la guerra y del exilio. Y que aquello que se juzgaba ligeramente como mero «costumbrismo» tras dicha experiencia y en la distancia adquiere como una forma de memoria de la patria perdida, que, por ser una España del pasado –como escribe Bergamín-, se abre hacia la España posible. Es decir, la lectura de Galdós en el exilio, aun representando una conciencia, es ante todo consuelo y esperanza. Consuelo y esperanza, no sólo por lo que dicha lectura

255 Ibíd., p. 55

tiene de reveladora de España -«a los españoles (...) dentro o fuera de su suelo»256- sino

porque en última instancia lo que revela es un destino humano. Porque en definitiva lo que subyace a cada personaje del novelista es el enigma del ser humano.

Es llamativo que Bergamín emplee un término del que como vimos Zambrano hace categoría: «novelería». No puede decirse que lo emplea en el mismo sentido que nuestra autora, para la cual forma la pareja antitética de lo delirante e idealización del pasado en que están atrapados algunos personajes como Doña Paca. Aunque sí podría guardar cierta sintonía, cierto parecido ya que alude a la forma de novelar todo un mundo de apariencia – y espejismo- (la figura del espejo es recurrente a lo largo del ensayo), reflejo de la España que ve, bajo la cual se esconde no ya las cosas como son, sino el espíritu que las alienta. Es decir, para Bergamín, «novelería» es todo lo que puede asociarse en Galdós –al que en algún momento llama poeta- con la categoría literaria del «costumbrismo».

Por último, cabe añadir que Bergamín emparenta a Galdós con Goya257, otra figura

que –como vimos en aquel artículo de Hora de España, «Pintar como querer»- también permite esclarecer la conciencia de España. Es decir, para Bergamín Galdós importa por lo que aporta de conciencia humana y de ahí que sea consuelo y esperanza de España así como esa conciencia es «guía» por los laberintos de la historia y de la vida.

En el capítulo en que abordamos la relación de Luis Cernuda con María Zambrano, así como en páginas anteriores, nos referíamos al poema «Díptico español» -que data de 1960-61- en el que si en la primera parte del díptico el poeta más que enunciar la queja de España expresaba el dolor de su voracidad e indiferencia, su segunda parte, sin embargo, estaba dedicada a Galdós y a la España de sus novelas y personajes como consuelo de la expresada en su primera parte del díptico. No es el único texto de Cernuda sobre Galdós. En su ensayo Poesía y Literatura aparece con fecha de 1954 un texto titulado «Galdós», y la

256 Ibíd., p. 60

257 En otra serie de ensayos Bergamín amplía esta relación de Galdós con Goya y aún en otro artículo con

fecha no deja de ser significativa tampoco, pues resulta bastante próxima al encuentro que tuvo con María Zambrano durante su estancia en La Habana, como vimos.

Se trata de un breve capítulo, pero suficiente para encontrar algunos elementos comunes con la lectura de Galdós en el exilio. Al igual que Bergamín, Cernuda comienza acusando la dolorosa indiferencia y menosprecio que ha sufrido el novelista. Galdós es un autor leído, pero no por ello valorado y mucho menos comprendido:

«Baste con indicar cómo entonces y ahora se le solía y se le suele comparar, a él, no sólo con Valera, sino con Pereda. Se diría que aún no han nacido sus lectores verdaderos, y puesto que va trascurriendo largo espacio de tiempo (...) pudiera añadirse, tal vez sin riesgo grave de equivocarse, que hay poca probabilidad de que aparezcan nunca»258

A pesar de la fina ironía de Cernuda, se trasluce en estas páginas no sólo la desazón por España en la falta de lectores de Galdós, sino que aparece también ese no-lugar del exilio desde el que se evoca su figura. El poeta, «agradece» del novelista su discreción al no escribir novelas de sí mismo o de su propio personaje como la generación del 98 hizo «hasta la náusea», lo cual le sirve para situar a Galdós no sólo en la mejor tradición literaria española, sino para revindicar la magnitud de su figura comparable a la de Lope, Calderón o Cervantes.

Parece interesar a Cernuda la evolución del pensamiento de Galdós que va desde la regeneración nacional entendida desde posiciones, digamos, «positivistas», a través de la industria y el progreso cintífico, hasta la necesidad de una regeneración moral y espiritual como fundamento de todo tejido nacional. Viene así Cernuda, al atender a esa evolución, a subrayar el sentido de trascendencia humana que tienen las novelas de Galdós, no sólo comparándolo con Dostoievsky, sino argumentando que precisamente por ese sentido de

258 Luis Cernuda, «Galdós» en Poesía y Literatura, en Obra Completa, Prosa I Vol. II. Ed. Siruela, Madrid, 1994, p.

humanidad que hay en sus novelas, son ambos los escritores del XIX que mejor han resistido el paso del tiempo.

Destaca, por último, como hallazgo que las letras españolas deben a Galdós, el monólogo interior de los personajes como forma más precisa y elaborada, brillante en su espontaneidad discursiva, de hacer traslucir ese carácter entero y humano del personaje, que para el poeta se manifiesta mejor en Torquemada en la hoguera. Sin embargo, a través de ese monólogo interior Cernuda establece una, cuando menos sugerente, comparación con uno de los personajes de Fortunata y Jacinta :

«La locura y la muerte están siempre al acecho de sus personajes: cuántas agonías, cuantas muertes en sus obras. Qué delirio también en ella. Y qué poesía entrañable la de esta labor que los tontos acusan de prosaica. ¿Quién no recuerda si alguna vez las ha leído aquellas páginas de

Fortunata y Jacinta cuando Mauricia la Dura, borracha un día en la casa de arrepentidas, después de

una ceremonia en la iglesia, con exposición del Santísimo, se le antoja robar la custodia para llevar a Cristo con su madre, a la que cree haber visto en el delirio de su borrachera? Dice: “(...) si voy a llevarte con tu mamá, que está afuera, llorando por ti y esperando a que yo te saque (...) mira que te está esperando tan guapetona, tan maja (...)” ¿No tienen esas palabras, en su fervor sencillo y pasión extraña, algo que las enlaza poéticamente con nuestros místicos?»259

Así, según Cernuda, si para Cervantes lo real y lo imaginario constituyen dos planos, para Galdós esas dos dimensiones se funden en uno sólo y se manifiestan en el mundo de lo cotidiano, inmediato y aún doméstico. Y precisamente esa es la fuente tanto de su humanidad como de su profundo conocimiento de España. Por ello, no es casual que Cernuda aluda «sin atreverse a citar» las palabras finales de Cánovas como ejemplo supremo no sólo del conocimiento de la realidad española, sino –y vuelve a aparecer aquí la lectura

259 Ibíd., p. 521 (el subrayado es nuestro)

de Galdós desde la experiencia de la guerra y el exilio- que «transcurrido medio siglo desde que fueron escritas, aún es tan viva y dura para nosotros la actualidad contenida en ellas»260.

Esas palabras finales, que también lo son de la cuatra series de los Episodios nacionales, adquieren múltiples lecturas o mejor dicho una lectura de múltiples sentidos. Se puede ver en ellas la identificación plena de Cernuda, siendo uno de los poeta que probó la amargura de España, pero también, en su «desencanto realista» bien pueden coincidir con la mirada del exiliado a la patria. En esa palabras habla la historia en su versión galdosiana de Mariclío y dice, desde el punto de vista que subrayamos, casi con el poder del vaticinio:

«(...)La paz hijo mío es don del cielo, como han dicho muy bien poetas y oradores, cuando significa el reposo de un pueblo que supo robustecer y afianzar su existencia fisiológica y moral, completándola con todos los vínculos del vivir colectivo. Pero la paz es un mal si representa la pereza de una raza y su incapacidad para dar práctica solución a los fundamentales empeños del comer y del pensar. Los tiempos bobos que te anuncié has de verlos desarrollarse en años, en lustros de atonía, de lenta parálisis que os llevará a la consunción y la muerte.

Los políticos se constituirán en casta, dividiéndose hipócritas en dos bandos igualmente dinásticos e igualmente estériles(...) No harán nada fecundo; no crearán una nación (...) Fomentarán la artillería antes que las escuelas (...)

Siga el lenguaje de los bobos llamando paz a lo que en realidad es consunción y acabamiento ...Sed constantes en la protesta, sed viriles, románticos, y mientras no venzáis a la muerte, no os ocupéis de Mariclío...Yo, que ya me siento demasiado clásica, me aburro... me duermo...»261

260 Ibíd., p. 523

261 Benito Pérez Galdós, Canovas, en Episodios nacionales. Obras Completas vol. III. Ed. Aguilar, Madrid, 1951, p.