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II. MARCO CONCEPTUAL

II.1 Gestión integral del patrimonio

La Gestión integral del patrimonio envuelve la coordinación de todos los variados elementos que la implican, involucrando la totalidad de los actores, así como brinda herramientas especializadas y coherentes con este modelo integral. Dando cuenta del desarrollo teórico actual del término Gestión integral, implica hoy también su sentido más social, la participación, la co-gestión, el involucramiento de los actores claves en el cuidado y conservación del patrimonio, la gente. En este sentido, teniendo en cuenta los objetivos de esta tesis, entendemos que el marco adecuado para la gestión del paisaje costero es la Arqueología del paisaje, por su manera de combinar el medio ambiental, el medio social y lo cultural (Criado-Boado 1993). Reconstruir el paisaje costero

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prehistórico implica además de una reconstrucción paleoambiental, una gestión en el presente en contexto de biodiversidad y sustentabilidad. En este marco, el patrimonio y el paisaje parecen ser los conceptos claves para el tratamiento y la gestión presente de las entidades arqueológicas. Estos son conceptos holísticos que implican al mismo tiempo lo ambiental, lo social y lo simbólico.

En la «Encyclopedia of Global Archaeology» Parcero-Oubiña, Criado-Boado y Barreiro expresan que una de las características de la Arqueología del Paisaje es que refiere a un campo heterogéneo de investigaciones arqueológicas pero que comparten el interés en cómo: “…human communities have related to a geographic space through time in terms of how they appropriated this space and/or transformed its appearance through work and its significance through cultural practices.” (Parcero-Oubiña et al. 2014:4379)6.

El uso, dicen los autores, del paisaje en arqueología ha sido entendido en tres formas diferentes:

a) como contexto, para la comprensión del registro material; b) como objetivo, en la reconstrucción de los paisajes pretéritos;

c) como objeto de investigación arqueológica (Parcero-Oubiña et al. 2014).

La Arqueología del Paisaje desarrollada por el Laboratorio de Patrimonio (LaPa – CSIC España)7 sigue esta tercera forma de integrar el paisaje. Se trata de una forma de convertir al espacio en objeto de investigación arqueológica. Las características teóricas generales8 de este planteamiento podrían resumirse como:

“…la pretensión de constituir un programa de desarrollo tecnológico como metodología para el estudio del pasado histórico, en una metodología de acción positiva en el presente; pretende hacer esto en un contexto social y teórico que es postpositivo; y pretende hacerlo, además, combinando la satisfacción de las

6 “…cómo las comunidades humanas se han relacionado con el espacio geográfico a través del tiempo en términos de cómo se apropiaron de este espacio y / o transformaron su apariencia y significado a través del trabajo y de las prácticas culturales.” Traducción libre de la autora.

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Hoy reconvertido en Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit, CSIC). 8

Las características y el desarrollo de la Arqueología del paisaje como estrategia de investigación son tratadas en el capítulo IV, Marco metodológico.

45 demandas sociales, con la producción de conocimiento sobre el pasado y con la innovación en procedimientos de trabajo.” (Amado Reino et al. 2002:13).

Dicha concepción, sigue la premisa de la posibilidad de la realización de una investigación de carácter tecnológico, en el sentido de saber-hacer, de un saber que permite hacer cosas, respondiendo a los retos que plantea el patrimonio arqueológico en el presente (Criado-Boado 1996a, 1996b; Amado Reino et al. 2002).

Como contexto, la Arqueología del Paisaje en su concepción teórica implica la materialización de las prácticas sociales en términos espaciales (Parcero et al. 2014:4384). De este modo, podemos enumerar algunas de las aportaciones teóricas más importantes a la arqueología de la teoría sobre paisaje.

Desde la fenomenología el paisaje es concebido desde la percepción, la experiencia y la contextualización. Existe una relación experiencial con el paisaje, la sensación de estar cerca de algo no es sólo una localización física, las personas están inmersas en una red de escenarios con los cuales han creado “comunión” (Thomas 2001a:174). Este concepto de sitio es relacional, es el “lugar de algo”. Se ve al paisaje como una red de sitios relacionados, revelados mediante interacciones y actividades habituales de las personas. El paisaje está vivo, y las relaciones diversas que se dan en él están produciéndose y reproduciéndose continuamente.

Los paisajes sociales constituyen además sistemas de referencia, donde la acción humana se entiende en relación a otras acciones (Gosden y Head 1994). El paisaje es un espacio de reproducción social, es un espacio de socialización (Cosgrove 1993; Tilley 1993; Taçon 1999). Así también es algo político, dinámico, disputado, algo continuamente abierto a la renegociación (Bender 1993).

Por otro lado, Küchler (1993) define un contraste entre paisajes de memoria y paisajes como memoria. Los primeros, superficies donde pueden leerse las relaciones sociales y culturales; los segundos, paisajes como proceso. La contextualización del paisaje, depende del tiempo y del lugar, y de las condiciones históricas. Sirven de palimpsesto de las actividades pasadas, incorporan la acción política, acompasan los cambios. Son al

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mismo tiempo, imaginados y algo anclado en la memoria, son identidad y falta de identidad, raíces y falta de raíces (Bender 1993:9).

La Arqueología del Paisaje considera la investigación arqueológica como una articulación de las sociedades pretéritas con el entorno, y del paisaje como resultado de la acción social sobre el medio (Vicent García 1998). Asimismo se considera al paisaje como el ámbito para el desarrollo de las relaciones humanas, constructo de y medio en el que sobreviven y se sustentan las poblaciones (Anschuetz et al. 2001:162).

En palabras de Criado, se trata de “…concebir el paisaje como el producto socio- cultural creado por la objetivación sobre el medio y en términos espaciales, de prácticas sociales tanto de carácter material como imaginaria” (Criado Boado 1996c:17).

Pero también y como veremos más adelante:

“La Arqueología se concebiría así como un saber hacer que implica y produce distintos tipos de conocimiento (operacional, representacional, relacional) y que implica distintas acciones (cognitivo-instrumentales, práctico-morales, expresivo-estéticas) orientadas según la disposición y necesidad social de este conocimiento, que a su vez es producido por dichas acciones, en el marco de una práctica discursiva en la que conocimiento y acción se integran, que es la práctica discursiva de la gestión del PA.” (Barreiro 2006:23).