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A los importantes cambios que se producían en casi todos los ámbitos en la sociedad chilena, se le suma en 1964 uno gravitante y que tendría consecuencias en el campo político: el triunfo de la Democracia Cristiana en las elecciones presidenciales. Para muchos cientistas sociales, en esta confrontación electoral se modificó uno de los pilares de la estabilidad del sistema de par- tidos políticos chilenos273: el papel que tradicionalmente cumplía

el centro político.

271 Gabriel Salazar, Movimientos sociales en Chile…, op. cit., p. 179. 272 Sebastián Leiva Flores, Teoría y práctica del poder popular: los casos del

Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR, Chile, 1970-1973) y el

Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP, Argentina, 1973-1976), Tesis para optar al grado de Ma-

gíster en Historia, mención Historia de América, Santiago, Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago, 2007, p. 126.

273 «Los estudiosos de la política latinoamericana suelen comentar que el sis-

tema político de Chile se distinguió en forma significativa del resto de los sistemas del continente. Federico Gil, en su libro clásico sobre la política chilena, señala que esta diferencia se debió en gran medida al sistema chileno de partidos, en el cual, al igual que en varios países europeos, las fuerzas políticas estaban claras y nítidamente alineadas». Arturo Valenzuela, El

quiebre de la democracia en Chile, Flacso, Santiago, 1978, p. 35: <http://

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Desde el punto de vista de las fuerzas políticas, la estabilidad del sistema se basaba, entonces, en una gran medida, en el rol pendular jugado por el centro político hasta 1964, en el que el Partido Radical es desplazado por un nuevo centro, la Democracia Cristiana. Ese papel pendular permitió la estabilidad, aun cuando la izquierda, que era una fuerza ideológicamente anti-sistema, fuera consolidando su importancia política y constituyera la unidad entre socialistas y comunistas274.

La Democracia Cristiana tenía sus orígenes en grupos ca- tólicos juveniles que a fines de los años treinta se separaron de la influencia del Partido Conservador. Muchos de estos jóvenes criticaban que ese partido no se adaptara a los nuevos tiempos; por ejemplo, no incorporando a su doctrina temas como los contenidos de la encíclica Rerum novarum. «Desde 1930, la Universidad Católica y la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos (ANEC) fueron los lugares donde se incubó la renova- ción, que combinó el mensaje integrista de Pío XI con los acentos social cristianos provenientes del catolicismo belga. Es posible que estos matices no se percibieran en un medio tan tradicional, donde hasta la encíclica Quadragesimo anno, y su propuesta corporativa, fue recibida con reticencias»275.

Estos jóvenes católicos universitarios se sentían más repre- sentados con las posturas e ideas que se debatían en Lovaina, Bélgica, que las sostenidas por los papas en Roma. Sus lecturas JODMVÎBO B +BDRVFT .BSJUBJO  0TXBME 4QFOHMFS  +PTÊ 0SUFHB Z Gasset y José Enrique Rodó. En 1938, constituyeron formalmen- te la Falange Nacional, primer núcleo político específicamente católico. «El nombre es engañoso: no los seducía Franco, ni siquiera Primo de Rivera. A la hora de las definiciones, la crítica

274 Manuel Garretón y Tomás Moulian, La Unidad Popular y el conflicto

político en Chile, 2ª ed., Santiago, Cesoc y Lom Ediciones, 1993, p. 30.

275 Luis Alberto Romero, «Reseña de Eduardo Frei Montalva y su época, de

Cristián Gazmuri», Revista Historia, nº 36, Santiago, Pontificia Universi- EBE $BUÓMJDB    Q  IUUQXXXTDJFMPDMTDJFMPQIQ TDSJQUTDJ@ BSUUFYUQJE4MOHFTOSNJTPUMOHFT (consultado el 29 de enero de 2011).

al liberalismo no los llevó a admirar los regímenes de Portugal, Austria o España, favoritos del papado. Más democráticos que corporativistas, querían ubicarse más allá de las derechas y las izquierdas. Durante la II Guerra Mundial, la Falange supo co-

laborar con el gobierno de centro izquierda heredero del Frente Popular, y en ese campo buscaron preferentemente sus alianzas políticas»276.

Tras el término de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría, la Falange continuó buscando ganarse un lugar en el centro de la política, pese a la polarización que vivían las otras opciones.

En 1946, paralelamente a la persecución política que em- piezan a vivir los partidos Comunista y Socialista, la Falange delinea su «tercera posición»: «se opuso al anticomunismo cerril en nombre de la libertad, pero procuró diferenciarse claramente del marxismo, con una propuesta que no era ni capitalista ni comunista. Se afirmó como partido católico pero no clerical, democrático, estatista y comunitarista, de acuerdo con las in- fluencias, no del todo procesadas, de Maritain, Don Sturzo y Teilhard de Chardin»277.

El 28 de julio de 1957, sin todavía tener definido su perfil programático, la Falange, más el Partido Conservador Social Cristiano, se transformaron en el Partido Demócrata Cristiano (PDC). Posteriormente se sumaron grupos menores como el Par-

tido Nacional Cristiano y los llamados agrario-laboristas. En las elecciones del 4 de septiembre de 1958, el PDC alcanzó el tercer

lugar tras la izquierda representada por Salvador Allende, y la derecha, que consagró presidente a Jorge Alessandri.

Desde 1958, Eduardo Frei Montalva toma la conducción de este partido, logrando un crecimiento sostenido tanto en la militancia como en la adhesión ciudadana. «Simultáneamente, hizo una fuerte oposición al gobierno derechista de Alessandri, sabiendo que vencer a Allende implicaría captar una buena parte de los votantes de derecha. Tarea difícil, y más porque la Demo-

276 Ibid. 277 Ibid, p. 441.

cracia Cristiana, un partido multiforme, contenía tendencias que abogaban tanto por una alianza con la izquierda cuanto, más discretamente, por un acercamiento a la derecha. Ubicado en el centro de su partido, más por conciliador que por principista, Frei resultó respaldado por la serie de éxitos electorales de la Democracia Cristiana, tanto en los comicios parlamentarios cuanto en los estudiantiles y hasta sindicales, tradicionales ba- luartes de la izquierda»278.

Frei logró consolidar en el PDC una mística ganadora, que aglutinó a los militantes católicos y permitió definir un pro- grama. «En él se integraba la tradición estatista de las décadas del cuarenta y cincuenta con la reivindicación de justicia social propia del pensamiento católico y las propuestas reformistas de la Alianza para el Progreso. ‘Chilenización’ del cobre, reforma agraria, promoción de la educación y la salud eran los puntos salientes de un programa que se ajustaba a las propuestas am- pliamente difundidas por la CEPAL»279.

Uno de los conceptos novedosos, proveniente de su raíz social cristiana, que el PDC introdujo en el debate político, fue el de «comunitarismo». «Como señala con precisión Gazmuri, tenía el mérito inmediato de sonar atractivo, y el inconveniente de largo plazo de ser algo indefinido y difícil de traducir en prácticas e instituciones operantes»280.

Frei Montalva logró en los siguientes seis años convertir a este nuevo partido político en una alternativa válida para enfrentar al candidato de la izquierda, Salvador Allende. Uno de los puntos claves que permitió el triunfo en las elecciones presidenciales de 1964281 fue que Frei Montalva, antimarxista

declarado a diferencia de otros dirigentes, logró posicionar

278 Ibid. 279 Ibid.

280 Ibid, pp. 441-442.

281 El diario El Mercurio informó en primera página: «Don Eduardo Frei

Montalva fue elegido Presidente de la República por mayoría absoluta de votos, en una elección que se caracterizó por la limpieza del proceso demo- crático, el orden, la tranquilidad y el sentido de responsabilidad cívica de la ciudadanía». El Mercurio, «El país eligió Presidente a Frei con mayoría BCTPMVUBv 4BOUJBHP EFTFQUJFNCSFEFIUUQXXXNVTFPEFQSFOTB

en el imaginario político que la Democracia Cristiana haría su «revolución en libertad», lejos de la «dictadura marxista». «Mientras el programa atrajo a los jóvenes revolucionarios y cristianos, ese antimarxismo convirtió a la Democracia Cristiana en la menos mala de las alternativas para el tercio de votantes de la derecha»282.

Para el historiador Cristián Gazmuri, la «revolución en liber- tad» fue una fase del proceso de modernización de la sociedad y la economía chilenas, y las políticas de Frei pueden ser vistas, en el largo plazo, como parte de una intervención estatal, en la dirección de la economía y la promoción de la equidad social, que arranca en los años cuarenta y se proyecta al período de Allende. «Los grandes programas de reformas de la presidencia de Frei –la ‘chilenización’ de la industria del cobre, la reforma agraria, la promoción social y la extensión de la educación–, fueron en lo sustantivo continuada por Allende»283.

Durante el mandato de Frei Montalva el país continuó vi- viendo una alta conflictividad social y una fuerte polarización política. Por una parte, las derechas se unificaron y se fortale- cieron en el Partido Nacional284 y, por otro lado, las izquierdas

aprovecharon la movilización social generada por la propia política reformista del gobierno democratacristiano.

La paradoja que enfrentó el gobierno de Frei Montalva fue que la modernización capitalista que favoreció, desencadenó su propia decadencia. Por un lado, los movimientos de moderniza- ción del sector industrial, que implicaron una favorable evolución tecnológica, monopolización e internalización de la economía, provocaron pese a ello un distanciamiento entre la DC y los

sectores de la burguesía industrial. «Por otro lado, ese mismo

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282 Luis Alberto Romero, op. cit., p. 442. 283 Ibid.

284 La derecha estaba representada por el Partido Nacional, formado en 1966

mediante la fusión del Partido Conservador y el Partido Liberal, en un esfuerzo por superar la continua erosión de su apoyo electoral. Arturo Valenzuela, op. cit., p. 37.

distanciamiento se produce respecto a los sectores latifundistas debido a la reforma agraria del período. Ambos sectores entonces, se reagruparon políticamente en la derecha, la que buscará un camino propio a partir de una crítica radical al sistema político que es visto como un obstáculo al desarrollo capitalista»285.

En la segunda mitad de los sesenta, la utopía revolucionaria potenció la ilusión que la propia Democracia Cristiana había generado; «en ese contexto, cualquier reforma debía resultar lenta e insuficiente. La resistencia de las izquierdas fue mayor debido a la incursión de los democristianos en terrenos que juzgaban propios, cuando avanzaron en la promoción social o la sindicalización campesina»286.

En este escenario, la Democracia Cristiana empezó a padecer conflictos internos, lógica consecuencia de un crecimiento previo muy rápido, de la falta de coherencia organizacional y de la in- disciplina de sus militantes. Las mayores presiones provinieron de los grupos que deseaban acercarse a las izquierdas, que termi- narían constituyendo el MAPU, y más tarde la Izquierda Cristiana.

«La Democracia Cristiana perdió así muchos militantes, sobre todo juveniles, y con ellos se fueron muchos compañeros de la primera hora de Frei, cada vez más solo, y más asociado con el ala derecha de su partido»287.

En las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970, elPDC obtuvo, con su candidato Radomiro Tomic, el tercer lugar

detrás de Jorge Alessandri y del triunfador representante de la Unidad Popular, Salvador Allende. Debido a que ningún candida- to obtuvo la mayoría absoluta, el Congreso Pleno debió decidir entre las dos primeras mayorías relativas. De esta forma, el 24 de octubre de 1970, se ratificó la victoria de Salvador Allende, con 153 votos a favor, contra 35 de Alessandri y 7 en blanco. El 4 de noviembre del mismo año, Salvador Allende asume la presidencia, siendo el primer presidente socialista de Chile.

285 Manuel Garretón y Tomás Moulian, La Unidad Popular…, op. cit., p. 27. 286 Luis Alberto Romero, op. cit., p. 442.

Frei Montalva, desde el ala derecha de su partido, asumió con intransigencia su rol opositor. Criticó fuertemente al gobierno de Allende y se sumó, sin demasiados matices, a las voces de la derecha. Al tiempo, sostenía renovados combates con sus com- pañeros de partido, que querían mantener abierto el diálogo con la izquierda, una tarea difícil dada la radical politización. «La Democracia Cristiana siguió desangrándose, y Frei no cesó de alejarse de sus viejos amigos, incluso de los dos que, desde la déca- da de 1930, lo acompañaron en ese emprendimiento: Radomiro Tomic y Bernardo Leighton. Con los votos de la derecha, Frei fue electo senador y luego presidente del Senado. Pudo haberse convertido en la clave de una alianza política que derrotara a la Unidad Popular, pero el Golpe Militar cerró esta posibilidad»288.

3.4 La vía chilena al socialismo