guerrilleros estaban vinculados al sector primario: el 80% al sector agrícola y en torno al 10% en actividades relacionadas con la ganadería o los recursos de las sierra. Los obreros, en cambio, tan sólo representan un 5%, mientras que los índices de las profesiones liberales y urbanas resultan ínfimos. Los datos no dejan dudas sobre el profundo carácter campesino de la guerrilla en España. Al mismo tiempo, marcan distancias y proximidades con otros movimientos de Resistencia en Europa. En el caso francés, por ejemplo, se observan importantes diferencias según los departamentos, pero la pauta muestra una enorme diversidad profesional donde el campesinado solía representar tan sólo el 10% de sus miembros.219 En el caso griego, por el contrario, el campesinado formó la mayor parte de los cuadros guerrilleros, mostrando un claro perfil rural desde sus comienzos.220
La segunda cuestión a destacar es el marcado peso de los hombres ―del campo‖, esto es: pequeños campesinos y arrendatarios, de origen muy humilde, pero con alguna pequeña propiedad o explotación a su cargo. En la guerrilla antifranquista desplegada en Andalucía oriental, los pequeños campesinos ostentaron un porcentaje del 68% de los miembros de la Resistencia, en contraste con el 12% de los jornaleros. Este resultado vendría a demostrar lo equivocado de las posiciones de algunos autores que han destacado el papel de los jornaleros en la resistencia armada antifranquista.221 Teniendo en cuenta que Andalucía, junto a Extremadura, son los territorios con mayor peso del campesinado sin tierra en España, parece poco probable que los futuros estudios sobre la condición social de los guerrilleros modifiquen esta tendencia.
Pero si la menor presencia de campesinos sin tierra en la guerrilla puede causar sorpresa, lo mismo se podría decir sobre el peso predominante de los pequeños campesinos en la Resistencia. En los últimos años una corriente de historiadores ha señalado cómo la conflictividad rural durante el periodo republicano y el auge del sindicalismo favoreció el descontento entre un sector del campesinado, fomentando un proceso de fragmentación interna que llegó a vincular, de forma cada vez más estrecha, a los pequeños campesinos y arrendatarios hacia posiciones antirrepublicanas.222
El perfil mayoritario de los pequeños campesinos en la guerrilla antifranquista si bien no rebate ―la teoría de las clases medias campesinas‖, al menos permite realizar una matización sobre la segmentación del campesinado.
219
VIGREUX, Marcel: ―Sociologie de maquis de Bourgogne‖, en: MARCOT, François (dir.): La
Résistance et les Français. Lutte armée et maquis, Annales litéraires de l´Université de Franché-Comté,
1996, pp. 309 y ss; MARCOT, François: ―Pour une socioliogie de la Résistance: intentionnalité et fonctionnalité‖, en: PROST, Antoine (dir.): La Résistance, une histoire sociale, Paris, Les Éditions de l´Atelier/Editions Ouvrières, 1997.
220
CLOSE, David H (ed.): The Greek Civil War. Studies of Polarization, Nueva York, Routledge, 1993; SAKKAS, John: ―The Civil War in Evvrytania‖…, op. cit. pp. 184 y ss.; KALYVAS, Stathis N.: La
lógica de la violencia…, op. cit. pp. 345-452.
221
MORENO GÓMEZ, Francisco: La resistencia armada contra Franco…, op. cit. pp. 5. 222
CASTILLO, Juan José: Propietarios muy pobres: sobre la subordinación política del pequeño
campesino en España, Madrid, Servicio de Publicaciones Agrarias, 1979; COBO ROMERO, Francisco: De campesinos a electores. Modernización agraria en Andalucía, politización campesina y derechización de los pequeños propietarios y arrendatarios. El caso de Jaén, 1931-1936, Madrid, Biblioteca Nueva,
2003; COBO ROMERO, Francisco: Revolución campesina y contra-revolución franquista en Andalucía, Granada, Universidad de Granada, 2004, pp. 66 y ss.
Bien es cierto que el proceso de salarización y mercantilización de las economías campesinas agudizó el conflicto interno, pero ni este penetró con la misma fuerza en todas las regiones, ni todo pequeño propietario tenía la capacidad de contratar fuerza de trabajo. El pequeño campesino más diezmado, aquel que incluso de forma temporal actuaba como jornalero, no tuvo por qué posicionarse en el bloque contrarrevolucionario, sino que pudo adoptar posturas favorables a las reformas republicanas. Así, por ejemplo, se puede observar en el caso de los yunteros (pequeños arrendatarios con sus aperos) de Extremadura.223 Como el propio Cobo Romero reconoce, en aquellas regiones donde existía un reparto desigual de la propiedad, un importante segmento de los pequeños campesinos se movilizó en favor de la República.224
Durante el primer bienio republicano las políticas de los partidos republicanos y el PSOE, y el sindicalismo socialista, representado por la UGT y su federación agraria, la FNTT, defendieron los intereses de los pequeños campesinos, arrendatarios y aparceros. Bien es cierto que la posterior deriva durante los años de la República hacia las posiciones jornaleras le hizo perder peso entre este sector,225 pero existían lealtades que no se vieron fracturadas. La nada desdeñable proporción de obreros y jornaleros entre los cuadros de la Falange en la guerra y la posguerra, tal y como ponen de manifiesto algunas investigaciones sobre su composición socio profesional, muestran cómo las estrategias políticas de los partidos y sindicatos, las alineaciones de clase, y el posicionamiento político de los individuos no siempre estuvieron relacionados.226 No debemos perder de vista que el posicionamiento político de los individuos no se regula en exclusiva en términos funcionalistas, como una mera estrategia de intereses económicos, sino que existen otros tipos de componentes sociales y culturales de enorme relevancia: tradiciones familiares, lealtades y desavenencias personales y vecinales, etc.227
La asignación global a un grupo socioeconómico de una afinidad política o una actitud frente a la dictadura es una cuestión delicada.228 Más si cabe en el caso del campesinado más humilde, situado en la frontera entre la propiedad y la fuerza del trabajo, entre la pobreza y la supervivencia. La cuestión, además, no se limita al posicionamiento favorable de ciertos sectores del pequeño campesinado a los postulados republicanos entre 1931 y 1936. Después del verano revolucionario de 1936, las posiciones del PSOE a nivel regional y nacional se
223
RIESCO ROCHE, Sergio: La reforma agraria y los orígenes de la Guerra Civil (1931-1940), Madrid, Biblioteca Nueva, 2006.
224
COBO ROMERO, Francisco: Por la reforma agraria hacia la revolución. El sindicalismo agrario
socialista durante la II República y la Guerra Civil (1930-1939), Granada, Universidad de Granada,
2007, pp. 151. 225
Ibídem, pp. 162. 226
LAZO, Alfonso. Retrato del fascismo rural en Sevilla. Sevilla, Universidad de Sevilla, 1998; PAREJO FERNÁNDEZ, José Antonio: La Falange en la Sierra Norte de Sevilla (1934-1956), Sevilla, Universidad de Sevilla, 2004; PAREJO FERNÁNDEZ, José Antonio: Las piezas perdidas de la Falange: el sur de
España, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2008.
227
Un ejemplo de la influencia en el posicionamiento político por la tradición familiar: McCLOSKY, Herbert y DAHLGREN, Harold E.: ―Primary groups influence on Party Loyalty‖, The American political
Science Association, 53-3 (1959)
228
Una crítica a la ―teoría de las clases medias‖ y su relación con el fascismo: MANN, Michael:
moderaron –aunque con una enorme resistencia por parte de la FNTT229- hasta recuperar las posiciones anteriores a 1934, reivindicando la figura de los pequeños propietarios. ―La política agraria del Partido Socialista debe ser: respeto a la pequeña propiedad y considerar como pequeño propietario al que posea la tierra que pueda laborear con sus propios medios‖, declaraba la federación granadina a la altura de 1937.230 En este cambio tuvo una vital importancia la irrupción y el crecimiento exponencial del PCE en la guerra. El discurso contra las colectivizaciones agrarias y a favor de la pequeña propiedad, reforzado por la política comunista desde el Ministerio de Agricultura, permitió al PCE atraer a miles de pequeños campesinos a sus filas.231 ―¡Por el orden republicano! ¡Respetad la propiedad de los pequeños campesinos!‖ –decía uno de los carteles del Ministerio de Instrucción Pública.
Si todos estos factores incidieron en la posición del pequeño campesinado durante la guerra, hubo un tercero de mayor magnitud por sus consecuencias. A lo largo de los tres años de la guerra muchos pequeños campesinos en Andalucía oriental se movilizaron voluntariamente, pero sobre todo, fueron sometidos a un reclutamiento forzoso a través de las quintas en el Ejército Popular. Más allá de sus posicionamientos políticos originales, al terminar la guerra regresaron a sus pueblos y, debido a su condición de soldados republicanos, sufrieron la represión de la dictadura. Sus pequeñas propiedades, además, eran un botín de guerra nada despreciable.
Todos estos factores nos permiten explicar cómo, a pesar del fuerte peso del pequeño campesinado en los apoyos sociales del franquismo, ciertos sectores del mismo se movilizaron como guerrilleros en la Resistencia. En el cuadro que presentamos a continuación, relativo a la provincia de Granada, mostramos la estructura social agraria a la altura de 1934 por comarcas y su relación con el número de guerrilleros según su origen. En las primeras cuatro columnas indicamos el número de propietarios, labradores, del campo y jornaleros, y el porcentaje sobre el censo total en cada una de las comarcas. En la quinta columna señalamos el número de guerrilleros y el valor (por mil) que representaba sobre la población total de cada comarca.
229
COBO ROMERO, Francisco: Por la Reforma Agraria…, op. cit. pp. 330 y ss. 230
GIL BRACERO, Rafael: Revolucionarios sin revolución…, op. cit. pp. 227-228. 231
GRAHAM, Helen: El PSOE en la guerra civil. Poder, crisis y derrota (1936-1939), Barcelona, Debate, 2005, pp. 248-262; HERNÁNDEZ SÁNCHEZ, Fernando: Guerra o Revolución. El PCE en la
Cuadro 9. Estructura social agraria (1934) y origen de los guerrilleros. Granada COMARCA Propietarios Nº % Labradores Nº % Del campo Nº % Jornaleros Nº % Guerrilleros Nº x mil Alhama 14 0´2 1.095 18 3.514 58 1.431 24 49 1´7 Alpujarra 609 4´8 6.110 48 3.399 27 2.553 20 60 1´1 Baza 257 2´7 1.633 17 3.956 41 3.812 39 10 0´1 Costa 195 2´8 865 13 3.690 54 2.055 30 64 1´4 Guadix 90 1 1.348 14 5.209 54 2.920 31 10 0´19 Huéscar 118 2´7 339 8 2.166 50 1.675 39 1 0´01 Lecrín 107 2 1.659 31 3.102 56 627 11 14 0´7 Loja 50 0´7 850 13 4.820 72 940 14 76 2´4 Montes 266 1´6 1.664 10 12.697 79 1.422 9 26 0´3 Sierra Nevada 60 2´7 308 14 1.838 82 25 1 49 4´4 Vega 121 0´8 1.823 11 12.080 75 1.980 12 28 0´2 Zenete 70 2´4 1.305 45 776 26 770 26 4 0´2
FUENTE: Censo Electoral de 1934, en: LÓPEZ MARTÍNEZ, Mario: Orden Público y luchas
agrarias en Andalucía, Granada, Ediciones Libertarias, 1995, pp. 35, y elaboración propia. Como se puede observar, en la provincia de Granada el peso de los pequeños campesinos, arrendatarios y aparceros era superior en todas las comarcas al de los jornaleros. Salvo en el caso de las Alpujarras, además, en las cinco comarcas con mayor número e índice de guerrilleros por habitantes más de la mitad de la población activa pertenecía a la categoría del campo. La estructura social agraria en las provincias de Málaga y Almería era muy similar, desmarcándose tan sólo el caso de Jaén, donde el porcentaje de jornaleros era muy superior al de los pequeños campesinos.232
En conclusión, la mayor presencia de pequeños campesinos en la guerrilla, en detrimento de los jornaleros, se debió a dos motivos fundamentales: 1) que en las zonas donde se dieron las condiciones para el desarrollo de la Resistencia había una mayor presencia de los primeros, y 2) que dentro del pequeño campesinado hubo un sector que se movilizó a favor de la República, se integró en el Ejército Popular, y a consecuencia de esto, sufrió el impacto de la represión en la posguerra.
Juventud y género
La guerrilla antifranquista en España, al igual que los movimientos de Resistencia en Europa, estuvo integrada mayoritariamente por jóvenes varones. Tan sólo dos investigaciones han recopilado los datos estadísticos sobre la edad de los miembros de la guerrilla, en la zona de Levante y en las provincias de
232
COBO ROMERO, Francisco: De campesinos a electores. Modernización agraria en Andalucía,
politización campesina y derechización de los pequeños propietarios y arrendatarios. El caso de la provincia de Jaén, 1931-1936, Madrid, Biblioteca Nueva, 2003, pp. 27.
Málaga y Granada, aunque ambos trabajos carecen de cualquier tipo de análisis detenido.233 En cualquier caso, los resultados de sus estadísticas exponen el peso mayoritario de la juventud en la Resistencia. Nuestra aportación estadística sobre Andalucía oriental no hace sino reforzar la misma idea. El siguiente gráfico muestra la edad de ingreso de 426 de los 1.038 guerrilleros que actuaron en la zona, dividido en cinco segmentos por grupos de edad.
FUENTE: Consejos de Guerra (ATTMA), Memorias de Comandancia (SEHGC), Fichas policiales (AGA y AHN) Elaboración propia.
Los resultados confirman que la Resistencia estuvo formada mayoritariamente por jóvenes (42%) y jóvenes en la primera fase de madurez (36%), representando 78% del total de los guerrilleros. Los mayores de cuarenta años tan sólo alcanzaron un 12%, y los adolescentes un 10%.
La cuestión, en términos de género, resulta más rotunda. La guerrilla antifranquista fue una esfera especialmente masculina donde las mujeres carecieron de un espacio propio o simplemente fue marginal. Como veremos más adelante, el trabajo de las mujeres estuvo relacionado con otras aéreas al margen de la lucha armada. De los 1.038 guerrilleros censados en Andalucía oriental, tan sólo contamos con tres mujeres y en toda España su número no debió superar la treintena.234 La juventud masculina, por lo tanto, parece definirse como el verdadero motor de las resistencias antifascistas en Europa. Ahora bien, ¿por qué motivo la juventud masculina dominó la esfera de la guerrilla antifranquista y cuáles fueron los elementos que favorecieron su protagonismo?
La juventud y su relación con la acción colectiva ha sido objeto de un importante número de estudios basados en su condición social. Desde comienzos del siglo XX, la psicología, la criminología y la sociología mostraron un
233
Las estadísticas sobre la AGLA, en: ROMEU ALFARO, Fernanda: Más allá de la utopía…, op. cit. pp. 183. Las estadísticas sobre Málaga y Granada, en: ROMERO NAVAS, José Aurelio: Censo de
guerrilleros…, op. cit. pp. 394.
234
SERRANO, Secundino: Maquis…, op. cit. pp. 218 y ss. 10%
42% 36%
10% 2%