Gráfico 4 Evolución altas y bajas en la Resistencia Andalucía Oriental 1939-1952.
Mapa 4. Movilidad de los grupos guerrilleros Andalucía oriental, 1939-
FUENTE: Consejos de Guerra (ATTMA), Memorias de Comandancia (SEHGC), Fichas policiales (AGA y AHN) Elaboración propia.
Como se puede observar, el flujo de movimientos o los puentes entre las cordilleras existieron, pero en realidad tuvieron un alcance reducido. Las relaciones entre los grupos guerrilleros que actuaron en las cordilleras Subbética y Penibética fueron prácticamente inexistentes, y ello se debió en gran medida a las dificultades de conexión entre los dos pliegues alpinos. Tan sólo se llegaron a establecer contacto con los núcleos más cercanos, aunque con enormes dificultades, y de forma temporal. El Comité Regional del PCE en Andalucía, a la altura de 1946, intentó unificar a los diferentes grupos que actuaban en ambas cordilleras, pero el incremento de la represión y las dificultades de establecer
contacto por las condiciones del territorio impidieron que pudiera finalmente llevarse a cabo.184 Los grupos concentrados en Sierra Morena, por su parte, carecieron de cualquier tipo de contacto con los grupos distribuidos en la cordillera Bética. Su emplazamiento, sin conexión alguna con los sistemas montañosos del sur, imposibilitó cualquier tipo de actividad conjunta o unificación, a pesar de que también existieron intentos por parte del PCE.185
Una vez analizada la relación entre las distintas cordilleras, debemos continuar nuestro análisis situando el foco en la movilidad y conexión dentro de cada una de las unidades montañosas. El mayor nivel de movilidad y conexión se estableció en la cordillera Penibética. En el mapa se puede observar como las rutas guerrilleras son más intensas en este territorio, pero aun así debemos diferenciar tres aéreas geográficas. La primera se ubica en la zona de Málaga occidental, donde destacan las sierras de Ronda, Sierra Bermeja, Sierra del Hacha y Sierra Blanca. Los grupos que actuaron en este territorio llegaron a establecer contacto con los guerrilleros de Málaga oriental entre 1944 y 1945, pero las dificultades del relieve favorecieron su aislamiento. En algún caso incluso, ante la presión de la guardia civil y el ejército, el desplazamiento se realizó hacia la cordillera Subbética en su prolongación a la provincia de Cádiz.
La segunda área dentro del sistema Penibético se concentra en la zona de Málaga occidental y Granada. Este territorio muestra un perfil alpino más compacto, con una mayor conexión, y el resultado en términos de actividad guerrillera es evidente. Esta área presenta los mayores índices de guerrilleros de toda Andalucía oriental. Al mismo tiempo, las condiciones permitieron la creación de las Agrupaciones guerrilleras más importantes de la región: la AGM y la AGG. Ambas mostraron una enorme capacidad de movilidad, particularmente la segunda. La movilidad de los grupos, dado el trazado de los sistemas montañosos, se desplegó en dos direcciones: hacia el norte (Montes de Málaga, Sierra Tejada, Sierra de Alhama, Sierra de Loja) y hacia el este (Sierra Almijara, Sierra Nevada y Alpujarras)
La tercera unidad dentro de la cordillera Penibética estaría integrada por las sierras almerienses. Al margen de las Alpujarras, en perfecta conexión con Sierra Nevada, el resto de cadenas montañosas muestran cierta desconexión con el brazo central de la Penibética, estableciendo un nexo de unión más fuerte con la sierra de Baza (Granada) Esta situación de aislamiento provocó que el fenómeno guerrillero tuviera menor incidencia en la zona (tanto en Almería como en Baza) y sobre todo, que los grupos permanecieran aislados. Los intentos de conexión entre la guerrilla de la segunda área (Málaga occidental y Granada), con los grupos de Almería fueron constantes, pero nunca llegaron a fructificar debido a esta situación de aislamiento.186
Si observamos la cordillera Subbética, encontramos un paisaje diferente. La cordillera Subbética se caracteriza por su fragmentación, la escasez de conexiones entre las distintas unidades montañosas. Esta situación provocó un enorme aislamiento entre los grupos guerrilleros, cuya actividad se concentró en
184
Consejo de Guerra 719/18 (ATTMA) y Consejo de Guerra 1195/75 (ATTMA) 185
Ibídem 186
las sierras donde habían tenido origen. Como en el caso anterior, también podemos establecer tres unidades geográficas diferenciadas. En primer lugar tendríamos la zona de Cádiz y la parte más occidental de Málaga. En este territorio hubo una importante dispersión de los grupos. Aun así fue posible la formación de dos Agrupaciones guerrilleras, las conocidas como Agrupación Stalingrado y Fermín Galán, aunque ninguna de las dos alcanzó un número de guerrilleros relevante. En segundo lugar estarían las sierras ubicadas en el sur de Jaén y el norte de la provincia de Granada. El aislamiento de los grupos fue la constante, sin que llegara a prosperar ningún tipo de unificación en la zona. Por último debemos destacar las sierras al noroeste de la provincia de Jaén, donde las características fueron similares.
En el caso de Sierra Morena podemos observar cómo la conexión entre las sierras fue mayor, y por lo tanto, se incrementó la movilidad de los grupos. En lo que se refiere a la provincia de Jaén, objeto de nuestro estudio, permitió la formación de la 2ª Agrupación, cuyo despliegue en Sierra Morena también le permitió actuar en la provincia de Ciudad Real.
A la vista de los resultados podemos concluir que un mayor nivel de conexión entre las sierras favoreció el desarrollo de la actividad guerrillera. Por un lado permitió una mayor movilidad y, por lo tanto, una mayor capacidad de defensa frente a las incursiones militares. Al mismo tiempo, facilitó la cooperación e incluso la unificación de los grupos guerrilleros locales, dando pie a la creación de las Agrupaciones guerrilleras de mayor tamaño. Los sistemas montañosos menos integrados, en cambio, propiciaron la fragmentación de la actividad guerrillera y el aislamiento de los grupos.
Hasta el momento hemos analizado las características de los sistemas montañosos en términos únicamente físicos, pero también debemos atender a otras cuestiones más relacionadas con la geografía humana. La sierra es un espacio propicio para la Resistencia armada, pero en realidad existen varios elementos que resultan imprescindibles para el desarrollo de la actividad guerrillera.
La guerrilla antifraquista nunca contó con una fuente de suministro externo. Bien es cierto que desde el exterior llegaron algunos pequeños contingentes de armas y hombres, pero estos envíos nunca permitieron sustentar la lucha armada. En el caso de Andalucía oriental, mucho más aislada que otros focos guerrilleros, los cargamentos llegados desde el exilio se redujeron a tres desembarcos en la costa, los cuales aportaron treinta hombres y un reducido cargamento de armas.187
Cuestiones como el avituallamiento o el vestuario debían ser gestionados por los propios grupos guerrilleros. Mantener en buenas condiciones la ropa y el calzado, en unas condiciones de supervivencia tan extremas como las que se daban en las sierras y, sobre todo, preservar la alimentación diaria de todos los guerrilleros eran fundamentales para el sostenimiento de la Resistencia. Las fuerzas de los combatientes, pero también la moral y la disciplina, dependían en
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Consejo de Guerra 1431/45 (ATTMA); Jacq 653-654. Informe Camaradas (ACCPCE); Jacq 700. Informe Camaradas. (ACCPCE)
gran medida de estos elementos cotidianos. La guerrilla antifranquista debía asegurarse un suministro regular y esto era posible a través de dos vías fundamentales: 1) la colaboración activa de la población civil y 2) la incautación de los productos. El espacio natural de la guerrilla era la sierra, allí donde podían defenderse con mayor facilidad. Por lo tanto, su contacto con los núcleos de población era muy reducido, dados los peligros de seguridad que comportaban. Ante esta situación, una condición necesaria para el desarrollo de la guerrilla era la existencia de un hábitat disperso de montaña, el cual le permitía aprovisionarse de alimento, dinero y vestuario sin la necesidad de acceder o acercarse a núcleos urbanos. Es por este motivo que la sierra no debe analizarse en exclusiva por sus características relieve y continuidad, sino que también debe examinarse desde el punto de vista de la geografía humana.
Albert Demangeon, uno de los promotores de la geografía regional y humana, estableció una teoría en torno a los índices de dispersión o concentración de la población. El hábitat disperso representa un conjunto de hogares humanos aislados o reunidos en pequeños grupos diseminados por el campo. El hábitat concentrado, por el contrario, se refiere a conjuntos de viviendas reunidas en bloque, perfectamente delimitadas, y separadas de otros conjuntos de viviendas a una distancia más o menos importante. En sus estudios, Demangeon señaló diferentes factores (naturales, culturales, sociales y económicas) que podían influir en las formas de hábitat humano. Los territorios con un relieve horizontal y con escasez de agua, por ejemplo, tienden a generar hábitats humanos concentrados, mientras que los territorios con un relieve vertical y abundancia de agua son más proclives a la dispersión. Del mismo modo, estructuras de propiedad como el latifundio favorecen la concentración, y en su sentido contrario, la pequeña y la mediana propiedad permiten una mayor dispersión de sus habitantes.188
La calidad de los datos sobre la materia no nos permite aplicar los procedimientos habituales para calcular los niveles de dispersión/concentración de un territorio. Los censos de población de la época recogían el número de habitantes censados en un municipio, pero no atendían a los movimientos de población –normalmente de carácter estacional-, o los asentamientos periféricos: cortijos, haciendas, etc. Este tipo de dispersión secundaria y temporal,189 muy abundante en Andalucía oriental, es la que resulta importante en el análisis de la guerrilla antifranquista, particularmente la modalidad de los cortijos.
Cuando hablamos de cortijo nos referimos a una construcción aislada, fuera de cualquier núcleo de población, estrechamente ligado a las actividades agrícolas y ganaderas. Este tipo de asentamiento disperso estaba muy extendido en Andalucía y Extremadura, aunque cabría hacer una primera distinción entre las diversas modalidades en función de la actividad económica a la que estaba vinculada, y su ubicación en el territorio.190 Los cortijos pueden presentar muchas diferencias tipológicas, pero existen cuatro modelos fundamentales: 1)
188
DEMANGEON, Albert: Problemas de la geografía humana, Barcelona, Ediciones Omega, 1956, pp. 90 y ss.
189
Ibídem, pp. 115-120. 190
FLORIDO TRUJILLO, Gema: ―Poblamiento y hábitat rural: caracterización, evolución y situación actual‖, en: LÓPEZ ONTIVEROS, Antonio (coord.): Geografía de Andalucía…, op. cit. pp. 334.
de vega y valle fluviales, 2) explotaciones extensivas de secano, 3) en ladera, y 4) en serranía.191 Nuestra atención, a tenor de la importancia para el desarrollo de la Resistencia, se centrará exclusivamente en las dos últimas modalidades.
La tipología de los cortijos de ladera o de sierra es muy amplia, pero al menos debemos destacar los elementos más característicos. En términos generales, los cortijos situados en las laderas de las montañas o ―a pie de monte‖, como también se les conoce, suelen tener un tamaño reducido, por lo que los habitantes se limitan a una unidad familiar. La actividad agrícola es diversa, pero en la mayoría de los casos se alterna entre el secano y el regadío, agregando además las labores ganaderas. Los cortijos de ladera suelen estar separados entre ellos, por lo que prevalece el hábitat disperso. La estacionalidad de sus moradores puede ser permanente o temporal.
Los cortijos de sierra muestran también una importante diversidad. Si bien suele predominar el tamaño pequeño, no es extraño encontrar cortijos de mayores dimensiones. El policultivo (secano y regadío) y la ganadería son las actividades más comunes a las que se encuentra relacionada. El hábitat es marcadamente disperso, particularmente aislado de los núcleos de población o de otros cortijos. Por otra parte, aunque la temporalidad es posible, en la mayoría de los casos los moradores residen de forma permanente.
El cortijo mantiene una estrecha relación con la estructura de la propiedad. En el caso de los cortijos de campiña su vínculo con el latifundismo es evidente, pero en los cortijos de la sierra o en ladera la situación es más compleja. Andalucía oriental se caracterizaba en aquella época por ostentar una enorme diversidad en los tipos de propiedad que coexistían en contraste con Andalucía occidental, donde el latifundio era mayoritario. En Andalucía oriental convivió el latifundio con la pequeña y la mediana propiedad. Este modelo mixto era particularmente común en las comarcas montañosas.192
Las diferentes modalidades de propiedad de la tierra tenían un claro efecto en las características de los cortijos y sus habitantes. Por esta razón debemos tener en cuenta las particularidades del latifundio en la sierra, muy diferentes a las modalidades de latifundio en la campiña. El latifundio puede tener un carácter concentrado, de gran propiedad o coto redondo. Este modelo estaba muy extendido en Andalucía occidental, donde predominaba un relieve horizontal. Por el contrario, en Andalucía oriental el latifundio reviste unas características diferentes. Con un relieve marcadamente vertical, la forma de explotación más destacada es el multifundio, o lo que es lo mismo, ―la acumulación en una sola titularidad jurídica de una numerosa cantidad de parcelas muchas veces dispersas en uno o varios términos municipales‖.193
Este tipo de modalidad latifundista propiciaba un perfil variado de las
191
TORICES ABARCA, Nicolás y ZURITA POVEDANO, Eduardo: ―La arquitectura agraria‖, en:
Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía. Provincia de Granada, Sevilla, Consejería de Obras Públicas y Transportes, 2003, pp. 60-63.
192
BOSQUE MAUREL, Joaquín: ―Latifundio y minifundio en Andalucía oriental‖, en: VVAA: Estudios
geográficos de Andalucía oriental, Madrid, Instituto Juan Sebastián Elcano (CSIC) y Universidad de
Granada, 1974. 193
ARCO BLANCO, Miguel Ángel: Hambre de siglos. Mundo rural y apoyos sociales del franquismo en
personas que habitaban en los cortijos. El propietario, residente habitual en un núcleo urbano, en escasas ocasiones visitaba el cortijo. Las tierras y el ganado de su propiedad estaban al cuidado de un encargado, quién solía residir en el cortijo junto a su familia. Otra modalidad era el arrendamiento de las tierras, y en este caso los arrendatarios eran las que habitaban en el cortijo. En periodos estacionales, cuando la tierra tenía ciertas dimensiones, también podían residir de forma temporal jornaleros dedicados a la recolección. En cualquier caso, no debemos olvidar que la pequeña y mediana propiedad también eran abundantes en este territorio, por lo que muchos cortijos pertenecían a pequeños o medianos propietarios. Todos ellos: encargados, arrendatarios, jornaleros, pequeños y medianos campesinos, junto a los pastores, constituían la base de la población dispersa que poblaba las montañas.
También debemos hacer una diferenciación en la residencia en función de la temporalidad. Los cortijos que estaban más vinculados a la actividad ganadera solían permanecer ocupados a lo largo de año, mientras que los cortijos relacionados con la actividad agrícola podían ser ocupados de forma estacional o permanente. Era muy común, por ejemplo, que los campesinos residieran en un municipio durante una temporada y realizara visitas regulares al cortijo. En periodos de mayor actividad (siembra, recogida, etc.), podían en cambio trasladar su residencia al cortijo. En cualquier caso, la presencia permanente en los cortijos también estaba muy extendida. Ahora bien, el cortijo debe ser entendido como la cabeza o núcleo de una unidad productiva.194 Es por este motivo, sobre todo cuando la estacionalidad era permanente, que debemos tener en cuenta que los encargados, los arrendatarios, o los pequeños y medianos campesinos no residían en solitario en los cortijos, sino que formaban un grupo doméstico compuesto por varios miembros de su familia.
Las modalidades, como podemos observar, son amplias. En cualquier caso, lo importante es señalar si las sierras estaban pobladas o deshabitadas, ya fuera de forma permanente o temporal. En el caso de Andalucía oriental las cuatro provincias muestran este tipo de hábitat humano disperso, aunque las sierras de Almería –salvo algunas excepciones- presentan un menor índice población en cortijos o cualquiera de sus variantes. La escasez de lluvias en algunas comarcas y las políticas iniciadas en el siglo XIX fomentando la producción minera y la industria del esparto tuvieron unos importantes efectos de deforestación. El resultado, décadas después, fue un proceso de desertización de muchas de sus sierras, impidiendo cualquier desarrollo de actividades agrícolas o ganaderas. La consecuencia inmediata fue la emigración y, por lo tanto, la reducción de asentamientos y población en la sierra.195 Esta es, sin lugar a dudas, una de las razones por la que la actividad guerrillera en Almería fue más reducida. El hábitat humano disperso en las montañosas de Málaga, Granada y Jaén, por el contrario, era muy elevado, y esto permitió el sustento y la
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OLMEDO GRANADOS, Fernando: ―La arquitectura agraria en Andalucía‖, en: Cortijos, haciendas y
lagares. Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía…, op. cit. pp. 17.
195
NAVARRO PÉREZ, Luis Carlos: Una riqueza inmensa…, op. cit. pp. 353 y ss; GARCÍA LATORRE, Juan, ―La conformación geográfica de la provincia de Almería. Dimensiones espaciales de la población y la economía‖, en: MOLINA HERRERA, Jerónimo (dir.): La economía de la provincia de Almería, Almería, Cajamar, 2005, pp. 88-89.
supervivencia de la guerrilla.196
La conexión entre los sistemas montañosos y el hábitat disperso favorecieron el desarrollo de la guerrilla antifranquista, pero también influyeron en el perfil de los guerrilleros. Los miembros de la Resistencia, desde el punto de vista de su origen o lugar de residencia, se pueden clasificar entre guerrilleros
foráneos y guerrilleros autóctonos. Los guerrilleros foráneos, en la mayoría de
los casos, llegaron desde el exilio, enviados por el PCE para desempeñar cargos dentro de la estructura de la Resistencia y, como vimos en el capítulo anterior, no representan más del 10% del total de guerrilleros. Los guerrilleros autóctonos, por el contrario, eran aquellos miembros de la Resistencia naturales de la zona, los cuales mantenían un fuerte vínculo con el terrero y la población.197 La diferencia entre ambos tipos tiene una enorme importancia en el análisis de la Resistencia, pero de momento queremos concentrarnos en el origen de los segundos.
La guerrilla antifranquista surgió, salvo en casos particulares, como un fenómeno endógeno. Los primeros grupos estaban formados por vecinos, y tan sólo a partir de 1943-1944 empezaron a llegar guerrilleros foráneos con el objeto de incrementar la organización y situarles bajo la órbita del PCE. La gran excepción fue la Agrupación Guerrillera de Levante Aragón (AGLA). En aquel territorio no existía una actividad previa de vecinos armados, o fue muy minoritaria, por lo que los guerrilleros foráneos enviados por el PCE se encargaron de extender la actividad guerrillera, iniciándose un proceso de reclutamiento entre los vecinos de la zona. En el caso de Andalucía oriental, nos encontramos ante el primer modelo.
Con el objeto de profundizar en el análisis sobre la relación entre los sistemas montañosos y el origen de los guerrilleros, en el siguiente cuadro mostramos las diferentes comarcas de la provincia de Granada, las sierras ubicadas en su territorio, el número de guerrilleros según su lugar de origen, y su proporción por mil habitantes sobre la población de la comarca. Nuestro censo consta de 429 guerrilleros naturales de Granada, pero sólo hemos podido establecer el municipio de origen de 391, base sobre la que se realiza este cuadro.
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TORICES ABARCA, Nicolás: Cortijos, haciendas y lagares. Arquitectura de las grandes
explotaciones agrarias de Andalucía. Provincia de Granada…, op. cit. MOLINA GÓNZÁLEZ, Ignacio: Cortijos, haciendas y lagares: arquitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía. Provincia de Málaga, Sevilla, Junta de Andalucía, 2000; CRUZ ENCISO, Salvador: Cortijos, haciendas y lagares: arquitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía. Provincia de Almería,
Sevilla, Dirección General de Arquitectura y Vivienda, 2004. 197
YUSTA, Mercedes: La guerra de los vencidos…, op. cit. pp. 95; MARCO, Jorge: ―Rebeldes