“Sin lugar a dudas la marcha de los acontecimientos exigirá que se lance la consigna de milicias obreras, pare responder a los ‘ataques de guerra civil’ que prepara el gran capital (...). Pero decidir hoy, en agosto de 1981, lanzar la consigna de armamento de los obreros, consigna que debemos y nos estamos preparando a lanzar en la campaña que estamos haciendo en Informations
Ouvrieres (...) sería pecar de un espíritu ‘doctrinario’ de los más desconcertantes” (op. cit., p. 5).
Veamos. Resulta que “hoy, en agosto de 1981”, el gran capital ya está preparando sus “ataques de guerra civil”. Pero al mismo tiempo, “hoy, en agosto de 1981”, lanzar la consigna de armamento de los obreros sería... ¡pecar de un desconcertante espíritu doctrina- rio!
En todos los casos en que se ha “preparado una guerra civil” en la historia, los reformistas y los oportunistas se han opuesto al ar- mamento del proletariado. Para ello utilizan argumentos del tipo de “no provocar a la reacción ; no asustar a las clases medias”; “no
romper la alianza con la burguesía liberal”; o argumentos aparen-
temente de otro tipo, como “¿dónde vamos a conseguir las armas?”, etc. La OCI, que presume de trotskista, se limita a afirmar que llamar al armamento del proletariado hoy sería “pecar de espíritu
doctrinario”, por consiguiente no levanta esa consigna.
Y eso es todo. En todo el extenso Proyecto de informe político no encontramos absolutamente ninguna otra mención del problema de las milicias obreras y el armamento del proletariado, aunque sí abundan las referencias a la guerra civil.
No entendemos por qué levantar estas consignas significa de- mostrar un espíritu “doctrinario”. Al contrario: el enemigo posee un ejército poderoso, bien entrenado y experto en combatir a las masas tanto de la metrópoli como de las semicolonias. Si está preparando ya la guerra civil, lo menos que se puede decir es que el armamento del proletariado no sólo es una consigna de actualidad candente, problema de vida o muerte para los trabajadores, sino que habría que haberla levantado ya desde hace tiempo, apenas se empezaron a observar los primeros síntomas de guerra civil.
Según el Proyecto, “nosotros caracterizamos que actualmente en Francia existe une situación prerrevolucionaria...” (op. cit., p.
8). Tal vez sea por eso que llamar al armamento del proletariado es pecar de espíritu doctrinario: habría que aguardar a que la situación se vuelva revolucionaria para levantar esa consigna. El único sig- nificado de este argumento es: los obreros deben dejarse masacrar hasta que la situación se torne revolucionaria. Las obreros no deben responder a cada golpe del capital, despertar a todas las masas ex- plotadas con su ejemplo y pasar a su vez al ataque; no, deben dejar- se golpear con impunidad. Nos permitimos recordarles a la OCI una verdad elemental de la lucha de clases: las situaciones prerrevolucionarias pueden convertirse en revolucionarias, pero tam- bién en contrarrevolucionarias. Con la política de la OCI de ne- garse explícitamente a llamar al armamento del proletariado, suce- derá precisamente esto último.
En la cita que transcribimos al comienzo, se dice “... la consig-
na de armamento de los obreros, consigna que debemos y nos es- tarnos preparando a lanzar en la campaña que estamos haciendo en I.O....”.
En primer lugar, el tiempo que se está tomando la OCI para “prepararse” es extraordinariamente largo. El Proyecto apareció en agosto. Estamos escribiendo este documento en diciembre, o sea que han pasado ya cinco meses. Para el pensamiento formal, cinco meses son siempre cinco meses. Para la dialéctica, cinco meses en una situación de “guerra civil en germen” son todo lo contrario del mismo lapso calendario en tiempos de “paz social”. Si la situación es la que pinta Lambert, entonces es un crimen dejar pasar un día, mejor dicho una hora, sin levantar la consigna de armamento de los obreros porque en ese lapso el enemigo se está armando.
En segundo lugar, “la campaña que estamos haciendo en I.O. ¿De qué campaña hablan? Si tomamos los I.O. a partir de “hoy, agosto de 1981” hasta la fecha (números 1011 a 1032), no encon- tramos absolutamente ninguna campaña de preparación de los tra- bajadores y la vanguardia proletaria para la guerra civil.
A lo sumo aparecen algunas denuncias: por ejemplo, en I.O. 1029 se denuncia un atentado fascista contra la casa editorial Etudes et documentation internationales (EDI), dedicada a la difusión de obras marxistas. Estas denuncias ocupan algunas líneas en la sec- ción “Noticias breves de la semana”. ¿Dónde está la campaña por el esclarecimiento de estos crímenes y, sobre todo, por la formación siquiera de piquetes de defensa obrera (ni qué hablar de milicias)? Respondemos: en ninguna parte, al menos que se considere que estas breves denuncias constituyen una campaña. Además, son de- nuncias contra los fascistas, no por el armamento del proletariado y la destrucción del cuerpo de oficiales.
Resta preguntar por qué un partido que se reclama trotskista se niega a levantar las consignas por el armamento y la formación de
milicias obreras cuando considera que existe una situación prerrevolucionaria y una guerra civil en germen. La teoría de los campos nos proporciona la respuesta. La guerra civil que se está preparando es entre los “campos” consabidos, entonces hay que evitar a toda costa que se transforme en una guerra civil del proleta- riado contra la burguesía, como sucedería inevitablemente si los obreros se armaran y formaran sus milicias.
Pero alertamos: se armen o no los obreros, la guerra civil siem- pre será entre las clases, porque la burguesía se arma para defender sus intereses de clase contra el proletariado. Si éste no se arma, no se evitará la guerra civil, ni el aplastamiento de las clases explota- das en su conjunto.
Aclaramos para terminar este punto que nosotros no creemos que el armamento del proletariado sea una tarea de urgencia inme- diata, puesto que discrepamos con Lambert, que Francia está ya a las puertas de una guerra civil y que nuestra política debe ser ahora la que tuvo Trotsky para España. Lo que denunciamos es la incon- secuencia de Lambert, al servicio de su política de apoyo al “campo burgués progresivo”. Nosotros debemos levantar estas consignas, pero para explicárselas a los trabajadores, no para la acción inme- diata.