En junio de 1936 se produce en Francia la gran oleada de huel- gas con ocupación de fábricas que culmina en huelga general. Este es el proceso a que Trotsky llamó la “primera ola” y que redundó en una serie de conquistas del proletariado francés, como la “Ley de las cuarenta horas”, que establece una semana laboral máxima de cuarenta horas, y las horas trabajadas por encima de esas se pagan como extraordinarias.
do por una serie de conflictos locales y de fábrica, “huelgas econó- micas” o “corporativas”, como las llamaban los dirigentes stalinistas y socialdemócratas de aquella época, y por el triunfo electoral de Blum.
Nosotros consideramos que Francia está viviendo actualmente los primeros escarceos de una situación similar; el ascenso de las masas todavía no ha alcanzado el mismo grado de los meses previos a mayo-junio de 1936, pero apunta en esa dirección. En todo el país se producen luchas obreras: contra los despidos, por aumentos de salarios, etcétera. Esto significa que las masas, aunque confían en Mitterrand y su gobierno frentepopulista, no se limitan a esperar pasivamente que éste resuelva sus problemas, sino que luchan por ellos.
La política de la OCI(u), tal como la hemos visto, consiste en evitar cuidadosamente que las masas luchen contra el gobierno. De ahí sus denodados esfuerzos por orientar las luchas contra los “ban- queros y capitalistas” en el caso de las empresas privadas, y contra los “altos funcionarios giscardianos” cuando el conflicto afecta a una empresa pública o nacionalizada o se trata de una lucha estu- diantil.
El hecho de desviar o frenar el enfrentamiento de las masas con el gobierno no sólo constituye una violación de los más sagrados principios del trotskismo, sino que tiene otra consecuencia: la OCI no tiene una política para ponerse a la cabeza de las luchas del movimiento obrero y de masas.
En nuestra carta al CC del POSI dijimos que la OCI(u) no tiene una política de solidaridad con las luchas del movimiento obrero, de propagandizarlas, defenderlas, ni que hablar de extenderlas y po- nerse al frente para darles una perspectiva revolucionaria mediante consignas transicionales adecuadas. Ahora reafirmamos esa acusa- ción: nada se dice, por ejemplo, de la huelga ferroviaria de París - Saint Lazare, Iniciada el 10 de diciembre, y que ha paralizado la circulación de un gran sector de la banlieué parisina. Nosotros nos hemos enterado de la existencia de esta lucha a través de Le Monde (11/12/81), no a través de Informations Ouvrieres. Por otra parte, el “programa” de la “Declaración del CC” ya citada, nada dice sobre la solidaridad con las luchas obreras en curso.
Tampoco ha dicho nada sobre las luchas de los campesinos. En le misma carta al CC del POSI acosamos a la OCI(u) de falta de solidaridad con las luchas campesinas, y e una política para unirlas a las luchas del movimiento obrero. Esta situación no ha cambiado: en las respuestas (todavía parciales) a nuestra carta no se dios nada al respecto y, peor aún, si hemos de guiamos por la “Declaración del CC”, en Francia no existen campesinos.
del movimiento y las masas desembocarán en una “primera ola” como la de 1936, o si el gobierno logrará abortar el proceso. La dinámica objetiva apunta hacia lo primero, puesto que la situación material del pueblo trabajador empeora día a día. Afirmamos que el partido trotskista tiene el deber de aplicar una política para exten- der, unificar y fortalecer las luchas parciales y colocarse a le cabeza de la primera ola cuando ésta estalle. La OCI(u), por el contrario, tiene una política para frenarla. Por eso, cuando se produzca, rom- perá sobre la cabeza de la OCI(u) y la barrerá de su camino junto con los demás obstáculos.
1. La Plataforma de Orly: capitulación ante la burocracia
Hay que reconocer que la OCI(u) si ha formulado una política para algunos (muy pocos) conflictos obreros. Ya hemos visto dos: Logobax, donde se negó a levantar la consigna de “nacionalización para que no haya despidos”, porque el gobierno “necesita tiempo para resolver los problemas”; y Bousasc-Saint Freres, donde sostu- vo que la medida del gobierno de garantizar el empleo de varios cientos de trabajadores despedidos durante tres meses, fue “un paso adelante”. Ahora veamos otros dos casos.
Según se Informa en I.O. No 1026, el 12 de noviembre se realizó la conferencia de los trabajadores del aeropuerto de Orly, para re- solver sobre las medidas a tomar ante la amenaza de despido de varios trabajadores. Se dice que fue “una auténtica asamblea obre- ra para organizar la lucha contra los despidos, contra la desocupa- ción”, y que “ésta conferencia es un éxito”.
Vale la pena detenerse en primer término en la intervención de un delegado de la central obrera Force Ouvriere, que el artículo de I.O. cita extensamente y sin le menor crítica: “Para FO, los únicos
responsables antes del 10 de mayo son la camarilla de Horffel y compañía, quienes organizaron premeditadamente el desmantela- miento de la plataforma de Orly. Por consiguiente, no lo es el
nuevo gobierno. Pero el nuevo gobierno debe responder a las as-
piraciones de los trabajadores: significa que no debe aceptar es- tas planes. Giscard no fue echado para que sus planes sean apli- cados”.
Claro, por qué iba e criticar esta intervención de un burócrata sindical, si coincide al milímetro con la posición de la OCI(u): la culpa de todo la tiene el gobierno anterior, sólo se trata de advertirle a Mitterrand que no debe aplicar esos planes.
Pero lo peor (o mejor, según la óptica lambertista) vino después, cuando se aprobó “por unanimidad menos cuatro abstenciones” una declaración elaborada por las organizaciones sindicales presentes, donde se establecen las medidas a tomar contra los posibles despi- dos:
“La conferencia asigna al comité coordinador aquí constituido el objetivo de reunirse con el Sr. Fiterman (el ministro del ramo) para discutir estos problemas (....) y resuelve que si las gestiones ante el ministro de transportes fracasan, realizarán idénticas ges- tiones ante el primer ministro y luego ante el Presidente de la República” (citado en I. O. 1026).
Valientes medidas! Reunirse con el ministro de transporte, luego con el primer ministro, luego con el presidente y luego... nada, por- que allí termina la declaración. Y si se producen despidos, la culpa la tiene Giscard.
Suponemos que las cuatro abstenciones (no votos en contra de la traición, sino abstenciones) no son de la OCI(u), porque I.O. no critica la declaración: se limita a transcribirla y dice que “la confe- rencia es un éxito” porque aprobó una medida de “lucha contra los despidos”.
Nosotros no estamos en contra de hacer gestiones ante los minis- tros, y Mitterrand y la abuelita de Mitterrand. Pero esa no es una medida de lucha sino de negociación, y de negociación Impotente, además. Nos parece elemental para un partido que se dice trotskista proponer, por ejemplo: “Sí, hagamos gestiones ante Fiterman, Mauroy y Mitterrand, pero mientras tanto paralicemos el trabajo y ocupemos la plataforma. Así evitaremos los despidos”. Si la re- lación de fuerzas nos es desfavorable, propondremos medidas de lucha menos radicales. Pero si se toma una decisión como la de Orly, tendremos que decir: “Acataremos disciplinadamente la deci- sión tomada Pero le conferencia fue un fracaso total porque se im- puso la política traidora de la burocracia sindical, de confiar en el gobierno y hacer reuniones con los ministros. Sepamos desde ya que es una decisión nefasta porque nos lleva inevitablemente a la derrota, a que se produzcan los despidos”.
Nada de eso: la OCI(u) ha capitulado por completo ente la buro- cracia sindical traidora.
2. Renault, la segunda traición
A principios de setiembre estalla una huelga en la Renault, la fábrica más importante de las nacionalizadas. La empresa ocupa a unos 40.000 obreros y tiene plantas en todo el país.
El conflicto se inicia en las plantas Sandouvllle (Seine-Maritime) y Boulogne-Billacourt (región parisina). Las reivindicaciones prin- cipales son reducción del ritmo de trabajo en la línea de producción y derogación de un decreto de la administración (que establece el chomage technique, la suspensión del trabajo durante cinco días “para adaptar la producción al mercado” (Informes recogidos en Le Monde, 25-9-81).
Primero, el silencio total. Le Monde dice que el conflicto estalló “en los primeros días de setiembre”. La primera noticia que nos da I.O. aparece en el número 1021, del 10 de octubre, es decir, con un mes de atraso, y se trata de una nota de un tercio de página.
El Nro. 1022 (17 de octubre) le dedica el editorial, bajo el título “Renault: primer enfrentamiento entre las clases después del 10 de mayo”. Allí se dice: “Los trabajadores se preguntan ¿qué hace el gobierno? ¿Dónde se ubica frente a las provocaciones patronales?” Aquí ya está la primera confusión, puesto que en una fábrica nacio- nalizada el patrón, autor de estas “provocaciones”, es el gobierno de Mitterrand.
El editorial responde a la pregunta que se hacen los trabajado- res: “La tarea de la OCI(u) consiste en explicar la contradicción entre el mantenimiento, en la dirección de Renault, de Hanon y otros altos funcionarios dedicados a defender los intereses de capitalistas y banqueros, y la realización de la voluntad de las masas trabajado- ras, expresada en el voto masivo al PS y al PCF”.
Como formulación táctica podría estar bien, si a continuación se dijera que el gobierno Mitterrand esta traicionando las aspiraciones de los trabajadores de Renault al aplicar la misma política de Giscard. Pero o es eso lo que dice I.O. puesto que en un artículo de la misma edición (1022) afirma: “Los trabajadores saben que el gobierno no puede decidir todo en todas partes. Entonces debería decidir, para respetar la voluntad de las masas trabajadoras, revocar a toda esa dirección de Renault, a todos los altos funcionarios que, como to- dos saben, representan a los capitalistas y banqueros”.
Entonces, existe una “contradicción” entre el patrón (el gobier- no de Mitterrand) y la gerencia, nombrada por Giscard. Pero puesto que el patrón “no puede hacer todo en todas partes”, le sugerimos que revoque a la gerencia y nombre una nueva: con eso se solucio- nan todos los problemas.
Tenemos un conflicto obrero en una gran fábrica nacionalizada, donde el patrón es el gobierno. A través de la movilización los obre- ros están adquiriendo conciencia, por un lado, de que su mayor enemigo es el gobierno burgués en el cual confían erróneamente; por el otro, del verdadero significado de la “nacionalización” bur- guesa, que sólo entraña un cambio de patrón.
La OCI considera que su deber es impedir esa adquisición de conciencia. Desvía la lucha contra el gobierno canalizándola hacia la “gerencia giscardiana”. Por el otro lado, jamás se le ocurre le- vantar la consigna por el control obrero de la Renault, que se con- crete de manera muy sencilla: desconocer a la gerencia burguesa, elección de una nueva gerencia por la Asamblea General de los tra- bajadores y responsable ante ella.
mitterrandista, tiene que dar una colaboración “roja” a su política de impedir la movilización. Lo logra mediante la agitación de la consigna “Huelga total unitaria de todas las fábricas”.
Veamos qué significa “huelga total” como método de lucha. La Renault es un coloso multinacional que tiene en Francia más de 10 plantas fabriles y 40.000 trabajadores. Por consiguiente, la “huelga total” exige métodos y consignas de lucha; que podríamos llamar “accesorios” al servicio de la huelga: piquetes de huelga; asambleas generales por planta para elegir comités de huelga locales y que éstas elijan un comité de huelga central para dirigir la lucha a nivel nacional; formación de comisiones para organizar acciones de soli- daridad; convocatoria regular de asambleas generales de planta para informar sobre la marcha del conflicto y someter a discusión y vo- tación las medidas a tomar; etcétera.
En el marco de la orientación general de la OCI (u), el solo lla- mado a la “huelga total” no es un error, sino una política conscien- te: lanzar una consigna aventurerista y estéril para paralizar la lu- cha.
El segundo aspecto se refiere a la perspectiva que se le da a la lucha. La OCI (u) se limita a levantar las reivindicaciones de los trabajadores: por la disminución del ritmo de trabajo y contra los cierres temporarios. Un partido trotskista no puede detenerse allí, sino que debe plantear:
“Para satisfacer nuestras reivindicaciones de manera permanen- te debemos imponer el control obrero de la Renault, lo cual signifi- ca:
• Derrocar a la actual gerencia burguesa;
• Elección de una gerencia obrera por la asamblea general de los trabajadores; no se acepte a ningún gerente enviado por el gobierno;
• La nueva gerencia elaborará los planes de producción, rit- mo de trabajo, salarios, etc., y los someterá a aprobación de la asamblea general;
• La gerencia rendirá cuentas periódicamente ante la asam- blea general;
• Los gerentes tendrán las siguientes características: Son ele- gidos por asamblea general y pueden ser revocados por ésta en cualquier momento; Su mandato dura dos años como máximo, sin posibilidad de reelección; al finalizar su man- dato, vuelven al puesto de trabajo; obtienen el mismo suel- do que un obrero calificado.
Este es un programa transicional para la Renault, porque parte de las reivindicaciones por las cuales los trabajadores ya están lu- chando (ritmo de trabajo y cierres temporarios) y orienta esa lucha en una perspectiva anticapitalista, revolucionaria, a la vez que pone
al desnudo el verdadero carácter del gobierno de Mitterrand ante los trabajadores.
3. Aguardar la maduración política de las masas
El documento de Stéphane Just publicado en la Lettre d I.O.. Nro. 11 nos da la clave teórica para comprender por qué la OCI (u) no impulsa las luchas obreras:
“La preparación de las grandes luchas que vendrán, quizá de la huelga general, depende esencialmente de la maduración política y, por consiguiente, de la respuesta que damos nosotros a los proble- mas políticos” (p. 5).
Esta afirmación es falsa por varias razones. En primer lugar, no puede haber “maduración política de las masas si no es a través de la lucha. Justamente; la maduración política necesaria para las gran- des luchas y huelgas generales que se preparan, se está forjando en la actual oleada de conflictos locales.
Pero la lucha no basta, si no existe un partido trotskista que presente una perspectiva revolucionaria. Esto significa que el parti- do debe intervenir en todas las luchas parciales del proletariado y las masas, ligando las reivindicaciones de las mismas a consignas transicionales y al problema del poder.
Si falta el partido con el programa revolucionario, las luchas parciales de las masas e inclusive las grandes explosiones como el mayo francés se disipan, y la voluntad de lucha de las masas cede ante la confusión y la apatía.
Por otra parte, el partido que no interviene en las luchas obreras y se sienta a aguardar que se produzca la maduración política, aban- dona toda posibilidad de ponerse a la cabeza del proletariado.
Por todo esto, la orientación de la OCI (u) frena objetivamente la maduración política de las masas y el desarrollo de la única ex- presión verdadera de esa maduración, el partido revolucionario, trots- kista.
2. La OCI(u) viola los principios elementales del movimiento