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Los tres ejemplos de Lambert

Hemos visto que el Proyecto de informe político trae tres ejem- plos históricos en los cuales se produjeron enfrentamientos físicos entre el gobierno y la burguesía del campo reaccionario: la subleva- ción de Kornilov, la invasión japonesa de China y la guerra civil española. Justamente esos tres ejemplos nos servirán para demos- trar que la política de la OCI para Francia (suponiendo que real- mente existe una guerra civil en germen), es la opuesta de la que aplicaron Lenin y Trotsky.

Luchar con Kerenski contra Kornilov

Aproximadamente una semana antes de la sublevación de Kornilov (agosto de 1917), ya corrían rumores por toda Rusia de un alzamiento contrarrevolucionario contra el gobierno de Kerenski. Inmediatamente se conforma un bloque “defensista” (defensa del gobierno) con los mencheviques, los eseristas y aparentemente un sector del Partido Bolchevique. Esta fue la reacción de Lenin: “Cual-

quier bolchevique que hubiera llegado a un acuerdo con los de- fensistas (...) para expresar en forma indirecta confianza en el gobierno provisional (al que se defiende, según se afirma, de los cosacos) sería, por supuesto, inmediata y justicieramente expul- sado del partido (...). Nuestros obreros y nuestros soldados van a combatir las tropas contrarrevolucionarias si ellas inician una ofensiva contra el gobierno provisional; lo harán, no para defen-

der a este gobierno que llamó a Kaledin y Cía. el 3 de julio, sino para defender independientemente la revolución en procura de

sus propios fines: los fines de asegurar la victoria de los obreros, de los pobres, la causa de la paz, y no la victoria de los imperia- listas Kerenski, Avxentiev, Tseretelli, Skobeliev y Cía.” (Obras

completas, Tomo XXVI, pp. 329-330).

Y cuando los cosacos de Kornilov avanzaban sobre Petrogrado:

“No debemos apoyar al gobierno de Kerenski ni siquiera ahora. Es una falta de principios (...). Luchamos contra Kornilov exacta- mente como lo hacen las tropas de Kerenski, pero nosotros no

apoyamos a Kerenski. Por el contrario, nosotros desenmascara- mos su debilidad” (op. cit., p. 373).

Como vemos, la política de Lenin consiste en luchar contra Kornilov junto con las tropas de Kerenski, pero sin prestar el menor apoyo a éste; por el contrario, lo ataca constante e implacablemen- te. El fin de su lucha no es la defensa del gobierno burgués, sino garantizar la victoria del proletariado. La política de Lambert, en cambio, consiste en luchar contra la CNPF pero en defensa del go- bierno, y facilitando el diálogo de las masas con él. Mucho nos tememos que, con esa política, Lambert hubiera sido “expulsado

inmediata y justicieramente” del partido bolchevique.

La invasión japonesa de China

En julio de 1937, se inicia la invasión japonesa de China. En ese momento, Trotsky envía un comunicado a la prensa burguesa don- de dice:

“Si existe en el mundo una guerra justa, es la guerra del pue- blo chino contra sus opresores. Todas las organizaciones obreras, todas las fuerzas progresivas de China, sin abandonar sus pro-

gramas ni su independencia política, cumplirán hasta el fin con

su deber en la guerra de liberación, independientemente de su actitud hacia el gobierno de Chiang Kai-shek” (On China, p. 547).

Esta posición de Trotsky despertó algunas dudas en las filas del movimiento trotskista internacional, puesto que se trata de luchar con el ejército de Chiang Kai-shek, el mismo que había masacrado a los obreros de Shanghai. Por eso Trotsky poco después aclaró su posición en una serie de artículos y cartas:

“Al participar en la guerra nacional legítima y progresiva con- tra la invasión japonesa, las organizaciones obreras deben man- tener su total independencia política con respecto al gobierno de Chiang Kai-shek” (Op. cit., p. 573; subrayado en el original).

“Sabemos muy bien que Chiang Kai-shek es el verdugo de los obreros. Pero el mismo Chiang Kai-shek se ve obligado a condu- cir una guerra que es nuestra guerra. En dicha guerra, nuestros camaradas deben ser los mejores combatientes. Políticamente de- ben criticar a Chiang Kai-shek por hacer la guerra de manera ineficaz, por no imponer elevados impuestos a la clase burguesa,

por no armar a los obreros y campesinos, etc. El obrero chino debe decir: ‘Los ladrones japoneses impusieron esta guerra a mi pueblo. Es mi guerra. Pero, desgraciadamente, la conducción de la guerra está en malas manos. Debemos vigilar severamente a esa dirección y prepararnos para reemplazarla” (op. cit., pp. 574

y 575).

Es decir, incluso en una polémica con sectores ultraizquierdistas que se niegan a combatir al imperialismo, Trotsky no se cansa de insistir en la independencia política de las organizaciones obreras y en la necesidad de denunciar al gobierno.

La guerra civil española

Finalmente, la política de Trotsky en la guerra civil española también es la opuesta de la que preconiza el Proyecto de informe. En un articulo publicado en Lutte Ouvriere del 21 de mayo de 1937 dijo: “Es necesario movilizar abierta y audazmente a las masas

contra el gobierno del Frente Popular” (La revolución española,

T. II, p. 104).

Y poco después: “Acusamos a este gobierno de proteger a los

ricos y atacar a los pobres. Mientras no seamos suficientemente

fuertes como para derrocarlo, combatiremos bajo su bandera. Pero en todos las ocasiones manifestaremos nuestra desconfian- za en él: ésta es la única posibilidad de movilizar políticamente a las masas contra este gobierno, preparando su derrocamiento.

Cualquier otra poítica sería traición a la revolución” (op. cit., p.

164).

“La renuncia a la agitación independiente y a la organización de cara al derrocamiento revolucionario del gobierno burgués no pueden, en el mejor de los casos, sino alargar la agonía de la democracia burguesa y facilitar el triunfo del fascismo” (op. cit.,

p. 157).

Y esto también está clarísimo. Para Trotsky, es un deber luchar en las filas republicanas contra Franco. Pero aceptamos la conduc- ción militar de Negrín, no su dirección política. Al contrario, lla- mamos constantemente a las masas a desconfiar del gobierno fren- tepopulista, a movilizarse contra él y a preparar su derrocamiento revolucionario.