Para los marxistas, ningún gobierno burgués, aunque sea frente- populista, es “incompatible” con el régimen y el Estado burgueses ni puede haber un “antagonismo absoluto” entre la patronal y un gobierno burgués. Lo único incompatible con el régimen burgués es la movilización de las masas y el surgimiento de una situación de poder dual. Esto es lo que la burguesía no puede tolerar por un solo instante.
El gobierno frentepopulista de Blum fue perfectamente compati- ble con la Tercera República, a la cual Trotsky caracterizó como “bonapartismo semiparlamentario” a partir de la asonada de febre- ro de 1934 (On France; Pathfinder Press, p. 141). El gobierno de Blum cayó cuando resultó incapaz de contener el ascenso de las masas, pero la III República sobrevivió hasta la invasión de Fran- cia por los nazis y la instauración del régimen de Vichy. Y el mismo Blum fue llamado a gobernar nuevamente en la posguerra, bajo el régimen de la IV República.
Mitterrand resultará perfectamente compatible con la V Repú- blica mientras sea capaz de frenar la movilización de las masas. Cuando las luchas de los trabajadores franceses se extiendan y cen- tralicen, cuando empiecen a surgir organismos de poder dual, si- quiera embrionariamente, entonces la situación resultará incompa- tible con el mantenimiento del régimen burgués. En tal caso muy
probablemente la burguesía se vea en la necesidad de deshacerse del gobierno frentepopulista, por métodos constitucionales o mediante el golpe de estado, según la situación lo exija.
Cuando esta situación esté planteada, y ni un segundo antes, los trotskistas lucharemos militarmente en el campo de Mitterrand. 7. ¿Quién previó la actual situación francesa?
Para el partido revolucionario es indispensable prever correcta- mente la dinámica de la situación, porque en caso contrario resulta imposible elaborar una línea, es decir, el conjunto de consignas y tareas que el partido presenta a las masas. En este sentido, veamos cuáles fueron las previsiones hechas por las dos corrientes en que se ha dividido la CI(CI).
El camarada Miguel Capa, dirigente de nuestra corriente, hizo un pronóstico muy claro en su artículo “El gobierno Mitterrand, sus perspectivas y nuestras tareas”. Nos permitimos citarlo in ex- tenso:
“Mitterrand accede al gobierno en medio de una seria crisis de la economía francesa y sin que haya habido una ‘primera olea- da’ de grandes huelgas que le obligue a hacer concesiones. Estos dos hechos empujarán a su gobierno a imponer los duros planes
de hambre y desocupación de la burguesía, continuando la orien- tación de Giscard-Barre. Tratará de convencer a los trabajadores
de que lo acepten y, si no lo logra, apelará a todos los medios (....) “Para el movimiento obrero y demás sectores populares la vida se hace más dura: tanto la inflación como la desocupación se han acelerado durante los cuatro meses del gobierno frentepopulista (. .)
“Todo indica que el frente popular traerá rápidamente mayor
miseria y desocupación paro los trabajadores, si no estalla la primera oleada huelguística y revolucionaria que, por un tiem- po, se lo impida” (Correspondencia Internacional N 13).
El artículo de Francois Forgue, en respuesta a Capa, publicado en la misma edición de la revista, no responde a estos conceptos tan claros, ni formulan un vaticinio propio. Ningún otro material de la OCI(u) lo hace.
Lo más parecido a un vaticinio aparece en el Proyecto de infor- me político:
“Las contradicciones entre el gobierno Mitterrand-Mauroy y la burguesía son tales, que Mitterrand puede verse obligado a
comprometerse mucho más allá de lo que él había previsto en un conflicto con la burguesía...” (p. 7).
Esto está planteado en forma de hipótesis; sin embargo, a falta de cualquier afirmación debemos considerar que éste es el vaticinio que hace la OCI(u) sobre la política de Mitterrand. Su política se
basa en esta hipótesis, puesto que apoyará al gobierno en sus “ac- ciones de resistencia a la burguesía”.
¿Quién tuvo razón, Capa o Lambert? ¿Es cierto que Mitterrand se ha comprometido más de lo previsto en un conflicto con la bur- guesía y que, por consiguiente, las masas viven cada vez mejor? ¿O, por el contrario, tuvo razón Capa al afirmar que Mitterrand aplicaría los planes de hambre y desocupación de la burguesía y que su gobierno traería mayor miseria a las masas?
No es necesario ir muy lejos para encontrar la respuesta: la si- tuación del proletariado francés es tan sombría, que la propia OCI(u) se ve obligada a denunciarla:
“Los salarios están congelados, los precios siguen su ascenso; los alquileres aumentan cada vez más y se vuelven una carga tan pesada que son cada vez más los desempleados que no pueden pagarlos -y ya han comenzado los desalojos-; las condiciones de trabajo, lejos de mejorar, se vuelven intolerables (...) Esto, por no mencionar la aceleración del ritmo de trabajo, que ya provocó una huelga de varias semanas de los metalúrgicos de Renault- Sandouville. Por no hablar del aumento de las cuotas del seguro social”. (IO 1028, editorial).
Y la lista sigue: “... los obreros sin especialización siguen sin
especialización, el trabajo sigue siendo trabajo explotado, los es- tudios siguen bloqueados, las clases superpobladas y sin maes- tros, los despidos continúan y aumentan”.
Todo este cuadro se resume en muy pocas palabras: superex- plotación de los trabajadores, garantizada por el gobierno al servicio de los patronos.
Todo lo cual confirma el pronóstico de Capa y refuta no menos categóricamente el de Lambert.
Capítulo V
LA POLÍTICA DE LA OCI (U)
Todo partido trotskista, toda corriente revolucionaria del movi- miento obrero que no sea ultraizquierdista ni sectaria, tiene como política, al existir un enfrentamiento político-económico muy grave entre distintos sectores de la burguesía (sublevación fascista, inva- sión imperialista, enfrentamiento en las calles, sabotaje burgués, guerra civil) alinearse en el campo que considera más progresivo. Si se trata de una sublevación fascista o bonapartista contra un gobierno de frente popular, democrático o bonapartista parlamen- tario, nos alineamos en el “campo” de este último; inclusive, muy excepcionalmente, podemos llegar a acuerdos prácticos, estricta- mente delimitados, para la lucha.
Parecería que esto nos lleva a coincidir con la OCI(u). Sin em- bargo, no es así. Para los trotskistas, esta alineación es puramente física, militar. Jamás nos subordinamos a la dirección política de la burguesía ni de los partidos obreros contrarrevolucionarios. Ade- más, consideramos que esta alineación, que nos obliga a subordi- narnos al comando militar del campo progresivo, es un hecho tácti- co que depende de la relación de fuerzas: lo hacemos mientras la conducción burguesa-stalinista-socialdemócrata sea más fuerte que nuestro partido, pero nuestro eje político es siempre romper la alian- za de clases, es decir, el “campo progresivo” frentepopulista o bo- napartista parlamentario. Concretamos este eje planteándoles a las masas que, si los obreros no echan al gobierno frentepopulista y toman el poder, no puede haber una verdadera lucha a fondo contra la ofensiva reaccionaria. Como dice claramente Trotsky, hubo que derrotar a la kerenskiada para derrotar definitivamente a la
korniloviada. Esta tarea se complementa con otra: el enfrentamien- to físico a la korniloviada, cuando ésta re produce.
La OCI(u) tiene la política contraria. En primer lugar, el choque físico entre los dos campos burgueses en la Francia de hoy, sólo existe en la imaginación febricitante del autor del Proyecto de in- forme político, quien busca con ello justificar su alineación políti- ca en el campo mitterrandista.
En segundo lugar, la política de la OCI busca sembrar confianza en el campo del gobierno burgués y en su dirección, Mitterrand; es una política de apoyo explícito al gobierno, de aconsejarlo y servir- le de asesor fraternal para impulsarlo a romper con la burguesía y tomar un rumbo anticapitalista. En el presente capítulo veremos cómo se expresa esta política y su aplicación en la práctica. 1 - La teoría Lambert-Forgue del “campo mitterrandista”
Hemos visto la política de los “campos”, variante Lambert-Favre, con respecto a las colonias y semicolonias del imperialismo. Pero ¿qué pasa con respecto a los países imperialistas? ¿Qué pasa con- cretamente con respecto a Francia? ¿No podrá aplicarse esa políti- ca allí?
La respuesta de la OCI y de Lambert es un rotundo sí, también en Francia se aplica la teoría y la política de los “campos”. Ya he- mos visto que el Proyecto de informe político sostiene la necesi- dad de estar “en el campo de Mitterrand en sus acciones de resis-
tencia a la burguesía”.
Por su parte, Francois Forgue en su respuesta a Capa, afirma:
“La ‘crítica’ al frentepopulismo [se refiere al gobierno de
Mitterrand] no es un fin en si mismo sino solamente un medio para
que la clase obrera se movilice contra la burguesía” (Correspon-
dencia Internacional Nro. 13, octubre 1981).
Es decir, se trata de movilizar a las masas solamente contra la burguesía, no contra el gobierno (como si éste no fuera justamente el estado mayor de la burguesía y la contrarrevolución); se llama a un gobierno de colaboración de clase, imperialista hasta la médula como el de Mitterrand, a gobernar contra la burguesía; no se denun- cia a este gobierno, sino que se critican fraternalmente sus errores. El argumento sobre fines y medios que emplea Forgue es dema- siado viejo como para impactar a nadie. Y lo usa mal, además.
Cada fin requiere un medio, o medios, adecuado (s). Los medios son las herramientas que emplea el partido para alcanzar sus fines. Cualquier obrero sabe que, para sacar un tornillo, se debe utilizar la herramienta adecuada: un destornillador. Es necesaria la crítica sis- temática al gobierno burgués de turno, el planteo incansable de que los obreros deben echar al gobierno burgués y tomar ellos el poder, como único medio, como única herramienta para derrotar a la bur-
guesía y sacar ese tornillo social que nos destruye y aplasta a todos. Forgue nos dice que el medio que utilizamos para cumplir una tarea es una cuestión secundaria. Nosotros decimos que existe una profunda unidad entre medios y fines; que afirmar que “lo principal son lo fines” es tan falso como “lo principal son los medios”.
Como ejemplo de su orientación, Forgue dice: “El gobierno fren-
tepopulista ‘respeta’ a la burocracia del Estado; nosotros la ata- camos”.
Un marxista diría: “El gobierno frentepopulista respeta a la
burocracia del Estado; nosotros atacamos a esa burocracia y de- nunciamos al gobierno por respetaría.”