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Hacia una concepción adecuada de lo que provoca una emoción: el

4. Sobre la supuesta prioridad de la recepción sensorial y el papel secundario de la

4.4. Sobre la relación del internismo biológico y el neoconductismo en la

4.4.2. Hacia una concepción adecuada de lo que provoca una emoción: el

Según vamos adentrándonos en la visión categorial sobre las emociones, vemos que sus partidarios son afines a los presupuestos internistas señalados en la sección anterior:

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Contrariamente a esto, hemos visto en secciones previas que existe también causalidad descendente de los parámetros culturales a la configuración de conexiones neuronales.

parece que lo único importante para la emoción es la respuesta corporal automática, mecanizada e inconsciente ante el medio externo –al menos no parece que las propiedades semánticas del medio externo o la importancia del contenido y las relaciones de verdad de objetos de los que participa la emoción sean relevantes. A su vez, paradójicamente, también parece haber, por parte de la biología, una insistencia fuerte en la clase de estímulos concretos que generan las emociones básicas. Así lo apreciamos en la siguiente cita de Damasio:

El propósito general de las emociones es la producción de un comportamiento específico que reacciona ante la situación estimulante y ante un cambio en el estado interno preparando al organismo para una conducta particular. Para ciertas clases de estímulos claramente peligrosos o claramente valiosos, la evolución ha preparado una respuesta automática en forma de emoción. (Damasio, 2000, pág. 17).84

En efecto, el estímulo o el signo del exterior que amenaza o fortalece algo relativo a nuestro bienestar o supervivencia es el desencadenante de una emoción. Es decir, ninguna teoría sobre las emociones que intente ser coherente podría prescindir del estímulo. De hecho, experimentar emociones sin percibir un estímulo concreto, ya sea real o imaginario, o sin saber exactamente qué lo ha provocado sería propio de una ruptura con la realidad, en el primer caso –incluso en una alucinación se puede decir que hay estímulos – o de ansiedad en el segundo caso. Así pues, la ciencia, en su visión de uniformidad sobre la naturaleza y para elaborar una con leyes generales, tiende a unir teóricamente los dos factores que salen a colación constantemente: el estímulo y el organismo.

En esta sección comentaremos, en primer lugar, las connotaciones biologicistas de la palabra ‗estímulo‘ en las corrientes estándar de la neurociencia y sus esfuerzos por unir estos estímulos directa o indirectamente a la concepción de organismo que sostienen. Damasio, por ejemplo, sí que considera que haya estímulos ecológicos o peligrosos, pero también afirma que la cultura es un componente determinante en ellos; luego, ¿cómo se puede hacer una teoría fiable sobre lo que es una emoción y aquello

84 Así como también: ―La forma consistente de respuestas y su unión consistente a ciertos estímulos indica que, hasta cierto punto, la máquina biológica que subyace a la emoción es parte de una temprana especificación del organismo y del sistema nervioso en particular.‖ (Damasio, 2000, pág. 16).

que la produce? Ahora bien, en segundo lugar, parece que esto no se pueda resolver si no se comenta otra fácil tendencia del internismo biológico a explicar aquello que produce las emociones siguiendo parámetros neoconductistas. Es decir, el internismo biológico, al que le interesa mayormente el funcionamiento visceral o cerebral, parece apelar a fuentes neoconductistas para resolver el problema de qué características debe tener un estímulo externo como para suscitar una emoción. Quizá, la rapidez para adoptar esta tendencia se da por algunas razones intrínsecas al concepto moderno de ciencia, siendo que ambas, tanto el internismo biológico como el conductismo, comparten su cientificismo: la metodología científica necesita observar una conducta pendiente de validación intersubjetiva con el objetivo de describir la continuidad de las leyes de la naturaleza.

Asimismo, se percibe cierta relación entre ambas corrientes cientificistas cuando acudimos a los presupuestos de los que parte una teoría categorial como la que expone Damasio –algunas intuiciones de William James –puesto que tiene reminiscencias del conductismo lógico de la mente, en especial el que propuso Rudolph Carnap en su momento. Se sabe que no es lo mismo hablar de conductismo metodológico (las teorías de psicológicas de Watson, Pavlov, Skinner, Hempel, etc.) que del conductismo lógico de la mente propuesto especialmente por el Círculo de Viena, pero sí que son teorías que sienten simpatía la una por la otra y que de algún modo, como veremos, están interconectadas.

En tercer lugar, veremos los fallos de los presupuestos de las hipótesis o concepciones antropológicas que sustentan las teorías cientificistas (visiones categoriales y afines al internismo biológico). No obstante, a modo de adelanto para una mejor comprensión de la sección, las críticas realizadas a estas visiones se resumen en los siguientes ítems:

i) Damasio afirma que el estímulo no forma parte de la maquinaria emocional; pero esta afirmación restringe, paradójicamente, la visión certera de que existen estímulos ecológicamente válidos. Aun dando un voto de confianza a que existan estímulos cuyo valor sea ecológico o adaptativo, al final tampoco se puede explicar, desde la postura de Damasio, que haya una ―infinitud‖ de estímulos –especialmente culturales, como él mismo señala –que susciten una emoción. Apelar desde el

internismo biológico a la infinita posibilidad de estímulos condicionados culturalmente muestra una especie de incoherencia teórica. Por un lado, el internismo biológico requiere una fuente externa de validación sobre lo que provoca una emoción; pero, por otro lado, apelar a visiones neoconductistas, como parece que hacen, contribuye a percibir una falta de profundidad en el estudio de la conducta humana, en tanto que para el neoconductismo es posible la asociación de un valor a cualquier objeto externo, siempre y cuando haya habido un proceso ―educativo‖ o de condicionamiento sobre una persona –aunque en este proceso entre la variante del organismo (variante O) entendida como la posesión de ciertas predisposiciones genéticas o influencias sociales que varían las respuestas de un sujeto a otro. Esta corriente también tiene ecos en los partidarios del constructivismo social (social-learning). Por tanto, se deja en segundo lugar la afirmación científica, si es que no la invalida, de que hay estímulos ecológicamente válidos según los niveles adaptativos de cada especie, ante los que el organismo responde ―automáticamente‖. Así pues, veremos a continuación algunas críticas hacia ambas visiones.

ii) Para entender mejor lo que viene a ser un ‗estímulo‘ apropiado, acentuaremos la diferencia entre lo que es un instinto y una emoción. Se trata de una crítica tomada de Martha Nussbaum cuyo objetivo es ver que el estímulo en un instinto o en un deseo fisiológico, como la sed, es fijo, y el estímulo en una emoción es flexible. Aquí podemos observar que una emoción no es exactamente una respuesta del sistema nervioso autónomo ante una situación adaptativa –como propondría el internismo biológico. iii) Llamaremos la atención sobre el hecho de que, para elaborar una teoría

coherente de lo que contribuye a suscitar una emoción, no sólo debemos tomar en cuenta el estímulo u objeto –aquello que provoca la emoción – sino también el objeto formal –la evaluación del objeto –y el foco de la emoción –aquello que el sujeto de la emoción considera significativo. Esta visión más clásica de la emoción es recogida por la concepción holística que plantea el filósofo Bennett Helm, y que propondremos en la sección siguiente (sección 4.4.3.). Para finalizar complementaremos esta visión filosófica con algunas investigaciones recientes acerca del default mode

del cerebro, red de ―reciente‖ descubrimiento que incluye, entre otras cosas, el sistema de creencias de la persona.

Así pues, sobre la consideración del tipo de estímulos que debe haber para la generación de una emoción y de acuerdo a la cita anterior de Damasio, muchas veces se describe la conducta humana en forma de mecanismo de tipo ‗causa-efecto‘: si se vuelven a repetir los mismos patrones, estímulos o inputs, se darán normalmente las mismas respuestas, efectos u outputs. Sin embargo, como hemos visto, ni siquiera las emociones básicas en los humanos se podrían ceñir a una lista concreta de estímulos que las provoquen. Aunque cabe decir que Damasio, no se ata las manos. En efecto, en el mismo artículo (Damasio 2000) dice que los estímulos no son parte de la maquinaria emocional, y, a la vez, que ―el rango de los estímulos que produce las emociones puede ser infinito‖. (Ibídem., pág. 18). Si Damasio amplía el espectro a una lista ―infinita‖ es porque, dice, hay una línea demasiado fina entre los estímulos ecológicos y los aprendidos (estímulos naturales y sociales). No obstante, este comentario parece no ser relevante cuando retorna a la mecanización de la emoción –por eso vemos aquí que para Damasio es prioritario el sistema de respuesta corporal al estímulo en concreto que provoca una reacción, o, al menos, no acierta a unir el estímulo y la respuesta adaptativa con coherencia. Si bien Damasio establece una pauta para diferenciar entre un instinto/impulso (drive) y una emoción –como hemos visto en la sección previa, la diferencia es que, si el estímulo es propio del organismo, hablamos de un impulso (drive) y, si es externo, hablamos de una emoción (emotion).

Como decíamos, cuando el autor habla de estímulos aprendidos o culturales da la impresión de que parece ser la ―cultura‖ misma la que modele el valor de los estímulos que llegan a hacerse inconscientes a los sujetos. Otra teoría que también contribuye a hacer que la lista de estímulos sea infinita es la teoría del social learning o también llamada sociologismo –otra creencia extendida entre el campo académico del cientificismo, y de naturaleza similar al neoconductismo. Ésta propone que la educación o la cultura condicionan absolutamente a los sujetos –absolutamente hasta el punto de hacer inconsciente la percepción del valor del estímulo: ―Todos los hechos sociales son data; no productos de nuestra voluntad, sino al revés, determinantes de ella, o sea – continúa diciendo (Durkheim) en Les règles de la méthode sociologique –moldes en los

que somos forzados a vaciar nuestras acciones.‖ (Aranguren, 2001, pág. 39).85

Aunque ciertamente sucede que, según experiencias vividas en la propia historia de la persona, como veíamos en los escenarios paradigmáticos (sección 4.2.), existen procesos de condicionamiento para ciertos estímulos que empiezan siendo neutros y luego acaban teniendo un valor. Siguiendo esta última afirmación, parece que siempre fuera posible una asociación condicionada entre objeto-(valor)-emoción –cosa que, además, favorece el relativismo moral y cultural creciente en Occidente. Así pues, parece que la atribución de valor al estímulo se da normalmente por un proceso de adquisición de creencias, que es un proceso involuntario de gran efectividad –como veremos posteriormente, las creencias epistémicas y evaluativas se adquieren por procesos involuntarios –y esto lleva a muchas teorías de la sociobiología a decir que los estímulos sociales son insconscientes y son susceptibles de ser absolutamente moldeados.86

Si hemos de matizar en qué visión encaja más el trato del estímulo propuesto por Damasio, es en la visión neoconductista que, por ejemplo, desarrolla Edward C. Tolman en la década de 1930. La novedad respecto al conductismo clásico es que entre el estímulo y la respuesta (E-R) hay una variable intermedia, que él denomina variable Organismo (E-O-R), que hace que sólo se pueda predecir la conducta de un sujeto por probabilidad y nunca por determinación. Damasio también introduce implícitamente una serie de variables intermedias entre el estímulo y la respuesta para la predicción de la conducta emocional, haciendo afirmaciones como que la lista de estímulos es infinita, o que el individuo, con sus creencias adquiridas a través de la educación, puede ofrecer una variedad diferente de respuestas. Así pues, según la afinidad con las tendencias

85 Esta teoría tiene consecuencias directas en la concepción de la moral: ―La regla moral es una obra colectiva, que recibimos mucho más de lo que contribuimos a formularla, de tal modo que nuestro arbitrio con respecto a ella es predominantemente pasivo.‖ (Aranguren, 2001, pág. 39). A lo que Aranguren responde que el conformismo originario con las normas morales debería superarse, como proponían los estoicos o Spinoza, cuando se conocen los orígenes de la norma y se hace ciencia sobre ella: ―La heteronomía comprendida deja de serlo y nos convertimos en los señores del mundo moral.‖ (Ibíd. Pág. 35).

86 Aquí una visión antropológica con tendencias conductistas ve la ocasión especial para decir que, debido a ello, los procesos de aprendizaje son siempre condicionados. En efecto, la educación debe contener un componente asociativo, especialmente en los primeros años de edad: el niño debe asociar estímulos valiosos a emociones positivas o recompensas, así como, también, objetos negativos para su crecimiento el educador debe ayudar a que el niño los asocie a emociones negativas o a una sanción. No obstante, también hay formas de educar que no son siempre en formato conductista-pragmatista, sino que van dirigidas hacia el crecimiento interior: ―qué mayor eres‖, ―qué responsable‖, etc., y que no tienen necesariamente una sanción o un premio más que la acción que el niño ha realizado.

neoconductistas, si añadimos la presuposición del automatismo de las respuestas emocionales para una mayor supervivencia del individuo, y sumamos que fenomenológicamente no detectamos inmediatamente el estímulo de las emociones – aunque Damasio, por ejemplo, y los afines a sus propuestas no excluyen que haya estímulos conscientes en los seres humanos –entonces, es más fácil percibir cualquier proceso emocional/conductual como un mecanismo condicionado. Esta unión conceptual ya se percibe en los presupuestos que preceden a la visión categorial de las emociones, tal como afirma William James:

A los lectores de esta revista no les es necesario recordar que el sistema nervioso de cualquier organismo vivo no es sino un cúmulo de predisposiciones para reaccionar de ciertas formas particulares cuando se entra en contacto con características particulares de nuestro entorno. (James, 1884, pág. 190).

En esta cita de James también se refleja una variable introducida: las predisposiciones biológicas o genéticas de los organismos a reaccionar de formas particulares.

En este caso, lo que James propone tiene afinidades tanto con el conductismo lógico, especialmente de Rudolph Carnap, como con el neoconductismo metodológico de la ciencia psicológica que comentábamos anteriormente. En cuanto al conductismo lógico, James no tuvo como un objetivo explícito de su teoría una visión fisicalista sobre la realidad, como sí lo fue para el Círculo de Viena al que Carnap pertenecía. No obstante, con el método científico en auge, sí que comparten algún presupuesto: la mente y la consciencia se reducen a factores físico-químicos del cuerpo que se desencadenan en un entorno estimulante, siendo que esto se pone de manifiesto en una conducta observable. En el caso de las emociones, James parece ser el primero en desplazar el carácter introspectivo de una emoción para dar lugar a la fisiología cambiante en el cuerpo –tampoco le faltaba razón en algunos aspectos, lo veremos mejor en la sección 5.1. Así pues, lo que tendría en común la postura de James y, en ocasiones, Damasio y sus seguidores, con el conductismo lógico, lo observamos en esta cita:

Las propiedades momentáneas de la psicología (como sentir dolor, estar contento, una disposición de carácter, etc.) resultan en su forma análogas a los conceptos propensionales conocidos de la física; en nuestra opinión efectivamente, no

resultan más que conceptos físicos. Ejemplo: ―la persona X está excitada‖ significa: ―Si ahora se le aplicasen estímulos de tal y tal clase X reaccionaría de tal y tal manera.‖ También aquí el esfuerzo de la ciencia radica en substituir los elementos constitutivos de la definición: un conocimiento más profundo de la micro-estructura del cuerpo humano nos permitiría sustituir los conceptos propensionales por propiedades actuales. (Carnap, Cit. Moya C. 2004, pág. 47).

Además de compartir el presupuesto sobre las variaciones del organismo como un sistema nervioso que reacciona ante el contexto, una de las cosas que Carnap quiso ―eliminar‖ fue el concepto cartesiano de acceso privilegiado al Yo que se puede exponer, a modo de ejemplo, en la afirmación siguiente: ―sólo yo puedo saber si siento dolor de cabeza.‖ Pero para Carnap, esta afirmación es engañosa o bien es una ilusión para el que la pronuncia, en tanto que sólo la conducta externa (llevarse la mano a la cabeza, emitir quejidos, etc.) valida o verifica la experiencia de sentir dolor, incluido el hecho de pronunciar la frase ―tengo dolor de muelas.‖ Así pues, según Carnap, una propiedad psicológica, como es manifestar una emoción, es idéntico a que un organismo tenga cierta disposición a reaccionar de cierta manera si se dan ciertas circunstancias o estímulos: ―(A)tribuir una disposición a un objeto de cierto tipo equivale a sostener que determinados enunciados condicionales son verdaderos en relación con objetos de este tipo.‖ (Moya C. , 2004, pág. 50). Si forzamos el ejemplo, decir que X experimenta una emoción como la alegría es equivalente a decir que, si se dan ciertas condiciones, como ofrecerle las cosas que le gustan, entonces X manifestará una conducta concreta, como saltar, gritar, reír, etc.

Por tanto, según esta doctrina cuyo presupuesto es la reconstrucción científica o física de cualquier acontecimiento, vemos dos consecuencias: en primer lugar se relega a segundo plano la presencia del estímulo entendido como el contenido de la realidad capaz de provocar una emoción –a no ser que esos estímulos tengan, como hemos visto, un valor únicamente adaptativo. En segundo lugar está la siguiente proposición excluyente: o eliminamos el acceso consciente de la primera persona, como Carnap hace, o atenuamos los sentimientos y la consciencia, si la entendemos como algo de lo que puede prescindir la emoción convirtiéndola, así, en un fenómeno paralelo o accesorio de la misma.

Una de las respuestas al internismo biológico o al hecho de relegar los procesos conscientes a un segundo plano es, por ejemplo, observar que, al margen de las dificultades de la teoría de Carnap sobre las cuestiones fenomenológicas – como el ―verificar‖ un dolor de muelas o una emoción repentina a través de la conducta –, tiene también dificultades para explicar los estados intencionales de la mente como un deseo, una intención o una creencia. Como veremos a continuación, las emociones tienen mucho de este factor intencional por lo que se escapan también al sistema conceptual propuesto por el conductismo lógico.

Comentarios y críticas

En lo relativo al internismo biológico Nussbaum ofrece una crítica potente a esta conceptualización ―fisiologista‖ de la emoción. En primer lugar, señala dos cosas que distinguen un deseo instintivo (apetito) de lo que es una emoción. Comenzamos por esbozar la segunda diferencia porque es semejante a la que ofrece Damasio: el estímulo proviene, en el caso del apetito, del interior del organismo (―el hambre es algo que nos empuja‖) y, en el caso de la emoción, del exterior del organismo (―el objeto es el que tira de ellas‖).

Esto mismo que explica Nussbaum y que, de alguna forma, también ha intentado definir Damasio, no es una diferencia en absoluto irrelevante. De hecho, como veremos con la emoción de la admiración, el que los objetos o estímulos de las emociones sean externos al sujeto permite entender que tengamos respuestas emocionales.

En esta misma línea Moya hace también un apunte interesante. Arguye que las