• No se han encontrado resultados

4. Sobre la supuesta prioridad de la recepción sensorial y el papel secundario de la

4.3. Algunas dudas y problemas sobre la teoría del marcador somático (MS) y

4.3.2. Paréntesis: la toma de decisiones en cuestiones morales

En esta sección nos adentraremos en lo que la neurociencia ha trabajado en general sobre los factores que influyen en la decisión moral. Si bien es cierto que la sección se desvía de los objetivos a comentar en el presente capítulo, también nos da pistas para ver si es igualmente necesario un marcador somático para una decisión moral o, menos ambicioso, si también hay alguna especie de ―automatismo‖, entendiendo por ‗automatismo‘ un mecanismo instintivo en el que no intervienen procesos conscientes o decisiones deliberadas.67 No obstante, en relación con la sección anterior, veremos dos conclusiones importantes sobre emociones y decisiones morales: la primera es que, en efecto, muchas veces los cambios de parámetros morales que se dan en una persona están basados en el reconocimiento social que, de alguna forma, está guiado por motivaciones de tipo ―inconsciente‖. Esto significa que una decisión moral es similar a la decisión que se toma en base a criterios financieros volviendo así al automatismo que incluye los sistemas básicos del cerebro de recompensa o castigo. Pero si fuera de este modo, entonces vemos cómo el contenido externo sobre el que se decide sigue sin importar demasiado y que lo importante para la decisión moral es el mecanismo que procesa guiado por el sistema de recompensa.

Ahora bien, no siempre ocurre así. Por ejemplo, adaptar una respuesta moral a los parámetros sociales a veces exige también la intervención del razonamiento de medios- a-fines –razonamiento consecuencialista –cambiando el objetivo, que era ―inconsciente‖, en algo que se busca conscientemente –obtener mayor reconocimiento y fama social. En contraste con estas formas comunes de actuar moral, pensamos, junto con algunos autores, que la empatía y el compromiso emocional que envuelve a la compasión, por ejemplo, si bien son ―impulsos‖ –impulso que también requiere de educación para que se dé –y flashes iniciales para optar por una vía de acción moral,

67 Esta pregunta puede dar lugar a confusiones. En resonancias magnéticas se ve claramente que la corteza prefrontal y ventromedial interviene en procesos morales y decisiones éticas. Que la actividad moral implique, en su normalidad, la actuación de la corteza nos lleva a descartar que la compasión, por ejemplo, sea un movimiento afectivo instintivo. Cfr. Sección 5.2.

igualmente necesitan de una red de imaginación y percepción de alto nivel evaluativo. Asimismo, advertimos que la respuesta emocional primaria o instintiva puede ser ―ofuscada‖ por razonamientos, ideologías, auto-justificaciones, etc., cosa que conlleva, muchas veces, a tener una ―mala‖ actuación moral.

Los análisis realizados por varios estudiosos de la neurociencia y la psicología cognitiva han identificado importantes diferencias neuroanatómicas en los comportamientos relacionados con los juicios morales y con sus decisiones correspondientes. La novedad que introducen se basa en el contraste con la creencia habitual de que el juicio moral tiene que ver con procesos de razonamiento abstracto. Pero, en muchas ocasiones, hay evidencias para permitir la prioridad a la emoción y no al razonamiento: ―La ciencia cognitiva empieza a converger en una respuesta: tanto emociones como razonamiento son importantes [en un juicio moral], pero los procesos emocionales automáticos68 tienden a dominar.‖ (Greene & Haidt, 2002, pág. 517). Las evidencias se perciben en los escáneres cerebrales: existe una mayor activación de ciertas áreas69 que empezaron a ser señaladas en principio por Bechara, Damasio, y colegas (1997) en las cuestiones de los marcadores somáticos y luego por los diferentes estudios realizados entre otros por Greene y colabradores y Moll y colaboradores; son áreas que se activan, en su normalidad, cuando se le presentan a un sujeto distintos tipos de dilemas morales en contraste con la resolución de dilemas no condicionados moralmente. No obstante, si bien es cierto que los autores son capaces de describir las áreas involucradas, ninguna de ellas está específicamente dedicada al juicio moral puesto que, como dicen, las regiones señaladas también entran en juego cuando hay procesos no-morales.

68 Entendemos por ―automáticos‖ en este contexto, que hay reacciones emocionales complejas pero que surgen con inmediatez, como la compasión.

69 En orden a identificar las áreas concretas, Jorge Moll las recopila en un artículo: ―Los juicios de respuesta a una reivindicación con contenido moral provocó una mayor actividad bilateral en córtex frontopolar, en el giro medial-frontal, cerebelo derecho, polo temporal derecho, sulco temporal superior, córtex izquierdo orbitofrontal, precuneo izquierdo y globo pálido posterior. En un estudio más reciente de Moll et al […señalan que] hay una mayor activación en el córtex orbitofrontal medial izquierdo en condiciones morales en contraste con una activación del córtex orbitofrontal lateral izquierdo así como la amígdala izquierda para las condiciones no-morales o no-sociales. (…) Un tercer estudio realizado por Moll et al. encontraron respuestas neurales similares mostrando imágenes con contenido moral (i.e. agresiones físicas, niños abandonados…). Las regiones del córtex cingulado frontomedial y posterior también se activaron en un estudio con fMRi sobre la empatía y el perdón.‖ (Greene & Haidt, 2002, pág. 518).

Los estudios de Jorge Moll y colaboradores están especialmente dedicados al contraste entre situaciones morales y no morales y sus correspondientes áreas de activación cerebral. En cambio, los estudios de Greene y colaboradores están más enfocados a la variación entre dilemas morales que los autores dividen en personales (dilema del puente: arrojar a un extraño que camina por un puente a la vía de tren que hay justo debajo para salvar a otras cinco personas que arrollará el tren si no se interviene de esa manera), o impersonales (dilema del trolley: un vagón de tren arrollará a cinco trabajadores a no ser que se accione una palanca que desvíe el vagón hacia otra vía en la que matará sólo a un trabajador); y, por último, dilemas no morales (si cojo un autobús o un tren para llegar a destino lo más rápido posible). Los dilemas morales son ya conocidos en el mundo de la filosofía, especialmente por haber sido propuestos para intentar objetivar el nivel de desarrollo moral en una persona. No obstante, algo que podemos entresacar de alguna evidencia neurocientífica es precisamente que no parece haber un desarrollo moral evolutivo aséptico y racionalizador –algo así como el modelo propuesto por Kohlberg –que no tome en cuenta la importancia del mundo emocional.

Así pues, frente a los dilemas morales personales e impersonales que hemos mencionado, los sujetos debían señalar si era apropiada o no la solución que se proponía –lanzar a una persona del puente el primer caso o accionar la palanca de desvío del vagón en el segundo:

En cada caso, el análisis de varianza con un factor (ANOVA) –en las imágenes funcionales (fMRi) –identificó las áreas cerebrales que diferían entre los dilemas morales personales, los impersonales y los dilemas no morales. Las comparaciones hechas señalaban que las porciones mediales del Área de Brodmann, el giro medial-frontal, el giro posterior cingulado y el giro angular bilateral estaban significativamente más activos en los dilemas personales que en los dilemas impersonales. Estudios recientes sobre imágenes funcionales han asociado cada una de estas áreas a la emoción. (Greene, Sommerville, Nystrom, Darley, & Cohen, 2001, pág. 2107).

Asimismo, se vio que el período de tiempo usado en decidir como ―apropiado‖ un dilema moral personal –lanzar a una persona a las vías –era más dilatado. Es decir, cuando hay un choque emocional en el cerebro y los factores de racionalización o de juicio pragmático interfieren con la primera intuición o emoción moral, la decisión se toma su tiempo. Pese a las dificultades teóricas del experimento –algunas ya criticadas

por Bercker en la sección 3.2. –lo interesante es la pregunta que se realizan los autores cuando perciben que la mayoría de los sujetos juzgan como ―apropiado‖ la solución de accionar la palanca que cambie de vía el vagón matando así a una persona en lugar de cinco, en contraste con el hecho de juzgar como ―inapropiado‖ el empujar a un hombre a la vía para salvar a otras cinco personas:

¿Por qué es aceptable sacrificar a una persona en el dilema del trolley y no es aceptable en el dilema del puente? Aquí consideramos estos dilemas como piezas de un puzle psicológico: ¿Cómo llega la gente a concluir que es aceptable sacrificar a uno en lugar de cinco en un caso, y no en otro? Nosotros sostenemos que la respuesta emocional es prácticamente la diferencia crucial entre los dos casos. Pero esto es una respuesta al puzle psicológico, no al filosófico. Nuestra conclusión, por tanto, es descriptiva, no normativa. (Ibídem.)70

Si seguimos con los estudios en neurociencia un hecho esencial de diferenciación en el dilema moral personal y no personal es que ―la acción sea creada (authored) por el agente, y no sólo dirigida (edited) por él.‖ (Greene & al, 2004, pág. 389). Contando entonces con los factores del tiempo y de la diferencia entre lo personal y lo impersonal, Greene vuelve a especificar la diferencia clasificando los dilemas personales como más emocionales y los dilemas impersonales como más cognitivos –según las áreas que se activan durante el proceso de estos dilemas. El contraste que establece el autor entre ―proceso emocional‖ y ―proceso cognitivo‖ tiene que ver, el primero, con un comportamiento afectivo que activa mecanismos automáticos, mientras que el segundo tiene que ver con las funciones cognitivas superiores y neutras –razonamiento abstracto, memoria explícita, resolución de problemas, etc., y establece así, la hipótesis del procesamiento dual de las decisiones morales. La diferencia de términos es importante para analizar la hipótesis que plantean Greene y sus colaboradores. La primera hipótesis está relacionada con el tiempo de decisión: parece que el aumento del tiempo

70

En cuanto al puzle psicológico, forma parte de la honestidad científica no pretender interpretarlo, o si se interpreta, analizar y exponer los presupuestos filosóficos o antropológicos de los que se parte. No obstante, sí que es esencial a la disciplina filosófica intentar interpretarlo o, al menos, contrastarlo con más datos de tal forma que, al final, puede pasar de un uso descriptivo a un uso normativo. No obstante, como bien critica Bercker (2009), Greene sí que establecerá juicios normativos a partir de su hipótesis, al margen de que parte ya de una base filosófica para establecer la diferencia entre dilemas personales e impersonales. Si recordamos la hipótesis de proceso dual, viene a ser la siguiente: ―Los juicios deontológicos son característicamente guiados por procesos emocionales, mientras que los juicios consecuencialistas son característicamente guiados por procesos cognitivos; y estos procesos compiten por el veredicto final sobre un caso concreto. (Berker, 2009, pág. 301).

empleado en la resolución de un dilema personal ―resulta del conflicto asociado a la competencia entre una respuesta potentemente fuerte (emocional) y una respuesta sostenida por razonamientos abstractos y la aplicación del control cognitivo.‖ (Ibídem. Pág. 390). La segunda hipótesis que plantearon tenía que ver con que los procesos de control trabajan en competencia con las respuestas socio-emocionales descritas con anterioridad y en favor de los juicios utilitaristas, esto es, juicios que maximizan un bienestar agregado (sacrificando una vida en vez de cinco). Para representar estos dilemas conflictivos, uno de los más difíciles es el siguiente: un grupo de personas que se esconde de soldados que, si los encuentran, los matarán. Dentro del grupo hay una madre cuyo bebé, una vez llegados al escondite, empieza a llorar. Si para callarlo no lo ahoga, los soldados descubrirán el escondite matando a todos.

En cada uno de estos dilemas difíciles, una acción que de normal se considera inmoral (ahogar a un bebé) es favorecida por un pensamiento fuertemente utilitarista (salvar más vidas). Los participantes deben decidir en cada instancia si la acción utilitarista es apropiada o inapropiada. Nuestra hipótesis es que los que la consideren apropiada usarán más el córtex prefrontal dorsolateral que aquellos que la juzgan inapropiada, reflejando la influencia de los procesos cognitivos que favorecen el resultado utilitarista. (Ibídem. Pág. 391).

Si bien corroboran la primera hipótesis, la segunda no queda tan clara, porque también observan que se activan áreas en el cerebro que parecen estar relacionadas con contenidos emocionales rápidos. En las conclusiones, los autores señalan lo siguiente:

(Este descubrimiento) manifiesta un reto para la visión simplista de que los juicios utilitaristas están totalmente aliados con la cognición mientras que los juicios no utilitaristas están aliados con la emoción. Como David Hume, sospechamos que toda acción, ya sea impulsada por un juicio cognitivo o no, debe tener alguna base afectiva. Incluso un juicio utilitarista frío y calculador debe estar independientemente motivado para comprometerse en lo que el juicio utilitarista requiere, en primer lugar y, en segundo lugar, para responder de acuerdo a ese juicio.‖ (Ibídem. Pág. 397).71

71 Se puede traer a colación una observación peliaguda a este comentario: ―Hume es un aliado peligroso para traerlo a colación aquí: el argumento de Hume no era sólo que todos los juicios morales tienen algún componente emocional (…) sino, más bien, que todos los juicios morales son enteramente guiados por

Posteriormente, los resultados de estos estudios los recogen Moll y Oliveira- Souza para complementar la visión sobre el conflicto en la toma de decisiones morales. Los autores traen a colación un estudio realizado por Koenings y colaboradores (2007) en el que parece confirmar la hipótesis de Greene sobre la activación de ciertas áreas en el juicio utilitarista. Koenings trabajó con pacientes que tenían daño bilateral en la corteza prefrontal ventromedial (PFCvm),72 suponiendo que, si tiene dañado ese lugar, el razonamiento utilitarista será superior al emocional. Parece que, en ese momento, así fue porque los ―(L)os pacientes con daño en PFCvm llevaron a cabo más decisiones utilitaristas en los escenarios de conflictos superiores (como el de ahogar al bebé) – opciones emocionalmente repugnantes que sin embargo conducen a un mayor bienestar agregado –que en los sujetos control.‖ (Moll & Oliveira-Souza, 2007, pág. 319). No obstante, en otro experimento realizado también por Koenings y colaboradores en el mismo año, los pacientes con daño en PFCvm prefirieron desechar una recompensa financiera injusta, indicando así que eran guiados en sus decisiones por cuestiones ―más emocionales.‖ Las conclusiones de ambos experimentos junto con las conclusiones sobre los circuitos morales en conflicto, planteada por Greene, son tomadas por Moll para intentar una síntesis más completa sobre las decisiones morales:

Una tercera explicación más templada sería que la relación entre la corteza prefrontal ventromedial y la corteza prefrontal es necesaria para experimentar sentimientos morales pro-sociales. Se ha propuesto que estos sentimientos complejos emergen de una integración, en lugar de conflicto, entre mecanismos emocionales y cognitivos. La experiencia de la compasión y la preocupación

empática, por ejemplo, requiere del compromiso de estados emocionales mediados por el sistema límbico (i.e. la tristeza) en conjunto con los mecanismos de la corteza prefrontal como el pensamiento prospectivo y la representación de múltiples resultados de eventos y acciones (i.e. previendo las consecuencias de

nuestros propios actos en los demás). (Moll & Oliveira-Souza, 2007, pág. 321). (Cursiva mía).

pasiones. Lo que dice Hume, no se trata sólo de una suave enmienda de la teoría del procesamiento dual sino una completa subversión de la misma.‖ (Berker, 2009, pág. 307).

72 Como dicen los autores, esta región no es específica para el razonamiento moral, pero envuelve mecanismos que son importantes para la organización del comportamiento moral. ―Estos incluyen la predicción del resultado, aprendizaje por asociación y evaluación flexible de cuestiones contingentes para el comportamiento.‖ (Moll & Oliveira-Souza, 2007, pág. 319).

Todavía podría haber más modelos de explicación de decisión moral. De hecho, parece que a la teoría de Greene sobre el procesamiento dual de los juicios morales se le ha sacado bastante partido; pero como bien advierte Bercker, esta teoría tiene bastantes errores tanto en la interpretación, como en la metodología científica y en la argumentación.73 Según el autor, la propuesta de Greene debería haberse quedado en las cuestiones de investigación empírica, y no tratar de ir más allá planteando cuestiones normativas: bastaba con señalar el rol crucial que tienen las regiones del cerebro implicadas en las emociones en asociación con juicios consecuencialistas para lanzar esta cuestión hacia una investigación futura. En cuanto a los errores de interpretación, Bercker apunta a uno que es llamativo:

Peter Singer y el mismo Greene arguyen que esta hipótesis empírica, si es verdadera, también alcanza conclusiones sobre la clase de juicio moral que

deberíamos hacer. En particular, Singer y Greene piensan que la verdad de la

hipótesis nos daría buenas razones para descartar nuestras intuiciones deontológicas [intuiciones emocionales] sobre casos, pero no descartar nuestras intuiciones utilitaristas/consecuencialistas sobre casos. (Berker, 2009, pág. 294).

Al margen de esta osada interpretación normativa sobre la hipótesis del procesamiento dual, Haidt, por ejemplo, sí parte de las conclusiones obtenidas por Greene, pero sugiere algo diferente: en aquellos pacientes cuya activación en el área de la corteza prefrontal dorsolateral era mayor (pacientes que tienden más a la solución utilitarista) añadían un proceso adicional para tapar su flash inicial de repugnancia ante una acción moral ―inapropiada‖. Luego aquí también cabría otra interpretación aunque no es una interpretación obtenida de modo directo. Haidt señala que hay al menos tres formas para tapar el primer flash inicial de respuesta intuitiva –parece, por tanto, que da por sentado que la primera reacción moral es emocional.

Podemos usar el razonamiento verbal, como considerar los costes y beneficios de cada curso de acción. Podemos reformar una situación y verla desde un nuevo

73 En la cuestión de metodología científica Bercker indica la clasificación infundada que utilizan los autores para distinguir entre dilema personal—impersonal y asociarlos respectivamente a respuesta emocional—respuesta consecuencialista. Segundo, tratar con experimentos mentales, y no reales, no supone una correcta interpretación de las imágenes cerebrales, así como tampoco se puede describir la

fenomenología de ambos tipos de respuesta basada en otra dicotomía: la respuesta emocional como ―tipo-

alarma‖ y la respuesta cognitiva como ―tipo-financiero‖. Por último, Bercker señala que la medición temporal de la toma de decisiones de ambos tipos de dilema no es estadísticamente correcta.

ángulo o nueva consecuencia disparando así un segundo flash o intuición que compita con el primero. Y podemos hablar con gente provista de nuevos argumentos y que disparan en nosotros nuevos flashes o intuiciones seguidos de varios razonamientos. (…) El mayor cambio moral sucede como resultado de la interacción social. (Haidt, 2007, pág. 999).

No obstante, si el mayor cambio en las decisiones morales se lleva a cabo por querer adentrarnos en la comodidad o en la aceptación social y en el persuasivo convencimiento de los demás, entonces tornaríamos al primer modelo de decisión que exponían Ruff y Fehr, en el que la recompensa por acoplar la conducta a los principios morales que guían a la sociedad es similar a una recompensa financiera; luego volvemos al modelo del automatismo y, a su vez, de nuevo vemos cómo el contenido externo sobre el que se decide no importa demasiado, sino que lo importante es el mecanismo que procesa guiado por el sistema de recompensa.

Cabría añadir que, si bien el hecho de acoplarse moralmente a lo que piensa la mayoría no está lejos de la realidad de la psicología humana, también es cierto que podemos extraer contraejemplos de la vida cotidiana y de la literatura basados en los modelos que se acaban de exponer. Como dice implícitamente Haidt, nosotros creemos que la primera respuesta dada en un contexto moral parece ser emocional, siendo que este signo de la naturaleza humana ya es proto-moral e indicativo de algo relevante en el contexto.74 Esta primera respuesta se la puede solapar, o incluso anular con teorizaciones abstractas e interacciones sociales; no obstante, esto no supone descartar