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HACIA LA ELABORACIÓN DE UN PERFIL DE VIAJERA EN LA MODERNIDAD

UNA APROXIMACIÓN A LAS MUJERES VIAJERAS EN LA MODERNIDAD

AN APPROACH TO WOMEN TRAVELERS IN EARLY MODERN AGE

3. HACIA LA ELABORACIÓN DE UN PERFIL DE VIAJERA EN LA MODERNIDAD

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto es oportuno concluir que el número de viajeras que visitaron nuestro país en época moderna es mayor del que en la actualidad conocemos. Para ampliar esta escasa lista de nombres, la primera cuestión que se ha de tener en cuenta son las fuentes utilizadas. Aunque tradicionalmente se haya puesto el acento en los relatos y escritos de viajes para el caso de las mujeres, al menos hasta el siglo XIX, estos documentos condenan a una invisibilidad de las viajeras porque no es hasta la contemporaneidad cuando se van a dedicar a este campo literario y solo lo harán para salvar los escollos que les impiden publicar sus obras científicas. Gran parte de los relatos de las viajeras de los siglos XIX y XX son, en realidad, trabajos de antropología, botánica, zoología o literatura que, debido a los prejuicios de la época, solo tuvieron cabida en el mundo literario a través de un género considerado entonces menor (Egea, 2009: 25).

Por tanto, la mayor parte de las mujeres que escribieron sobre sus viajes lo hicieron en obras que podríamos considerar como autobiográficas, en diarios personales y, por supuesto, en pequeñas cartas que enviaban desde el lugar donde se encontraban. Se hace necesario pues una ampliación de las fuentes de estudio teniendo en cuenta las propias características de estas obras y las diferencias que presentan con los testimonios de los viajeros. Al no ser, en principio, obras destinadas al gran público se puede observar cómo algunas de estas viajeras apenas dan relevancia a algunos de los tópicos. En las memorias de Ann Fanshawe, una dama inglesa que visitó la corte de Felipe IV, se critica la mala prensa de la comida hispana afirmándose que no es que la cocina española sea pobre, sino que es necesario una buena inversión para conseguir los productos, como las frutas, la carne o el vino, cuya calidad no solo alaba, sino que considera superior a la que se puede encontrar en su país (Fanshawe, 1907: 165- 166). Otro de los tópicos, enormemente repetido en los relatos masculinos, es el tema del bandolerismo que, sin embargo, en los escritos de estas mujeres aparece de manera prácticamente anecdótica. Así la lectura de estas fuentes puede servir para matizar o repensar algunos de los tópicos sobre la España moderna ya que al ser escritos no concebidos para su publicación, ellas no tienen que complacer las exigencias de un gran público que espera ciertos estereotipos y tópicos que han contribuido a crear una imagen de una España en continua decadencia acorde a la tan difundida leyenda negra.

El análisis de las fuentes se debe complementar con un estudio prosopográfico de las productoras de estos escritos con el objetivo de conocer si existe un perfil concreto de viajera. Aunque todavía estamos en estadios iniciales de la investigación, los primeros indicios parecen confirmar que la mayor parte de estas mujeres suelen venir a España “obligadas” por las circunstancias, es decir, no van a elegir el destino de su viaje, serán sus maridos los que se tengan que desplazar a la Península con motivos, en la mayor parte de los casos, relacionados con el comercio o la diplomacia. No obstante, la influencia de estas viajeras se verá en las rutas y el recorrido escogido, así como en los preparativos previos al viaje. Es común, además, que se desplacen junto a su familia y con gran parte del servicio. Ann Fanshawe, por ejemplo, no solo viajó con su descendencia, sino que lo hizo embarazada y, de hecho, su heredero Richard Fanshawe nació en Madrid en 1665 y una de sus hijas, Elisabeth, murió en la villa y corte poco después de su nacimiento en la anterior visita de la familia siendo enterrada en la capilla del colegio francés en junio de 1660.

Otra de las cuestiones que nos permite hablar de un grupo con s características comunes es la procedencia y el estatus social de estas viajeras. Se trata, en su mayoría, de mujeres nobles que provienen de la Europa Occidental, y especialmente, a partir del siglo XVIII, de Inglaterra. Su condición nobiliaria les facilita la obtención de salvoconductos y permisos especiales, incluso cuando la visita a nuestro país se haga por motivos personales, como ocurrió con lady Holland quien, interesada por conocer de primera mano las cárceles de la Inquisición, va a conseguir su propósito durante su estancia en la ciudad de Murcia en los últimos años del reinado de Carlos IV (Holland, 1910: 40). De igual modo es común que al llegar a una ciudad, la nobleza y la oligarquía local reciba a estos ilustres visitantes invitándolos a participar en sus tertulias, meriendas y bailes. A los espectáculos y atracciones públicas, tanto civiles como religiosas, suele acudir la pareja si bien la mayor parte del tiempo las agendas son separadas, dedicándose las mujeres a la visita de más monumentos y lugares que sus esposos incluso aunque algunos les estuviesen vetados por su condición de mujeres. En los relatos se repite cómo muchas de ellas llegan a grandes monasterios como el de San Miguel de los Reyes o San Lorenzo del Escorial donde, en el mejor de los casos, visitan solo la iglesia mientras que sus maridos sí pueden pasar al interior de estas grandes construcciones.

4. CONCLUSIONES

Las mujeres en época moderna no solo se desplazaron por el territorio, también viajaron en el sentido estricto de la palabra al igual que lo hicieron los hombres. No obstante, existen diferencias en la forma de viajar y, sobre todo, en los mecanismos que ellas emplean para dejar constancia de su viaje. En lo referente a los testimonios de las viajeras se debe tener en cuenta que no son relatos de viajes tradicionales y que, de conservarse en la actualidad las impresiones de estas damas, están semienterradas en un océano de documentación de muy diversa índole. Dentro de la producción escrita

VII Jornadas de InVestIgacIón de la Facultad de FIlosoFía y letras de la unIVersIdad de alIcante 181

de las mujeres destacan las obras de carácter biográfico, las cartas y los diarios personales, escritos todos ellos no pensados para ser publicados y, de hecho, gran parte de estos testimonios solo vieron la luz décadas e incluso siglos después de la muerte de las escritoras. Este hecho nos lleva a plantearnos la existencia de otros textos similares en bibliotecas privadas y archivos personales que aún hoy existen y que, por diversos motivos, están todavía inexplorados. El abanico de posibilidades es, por otro lado, muy amplio ya que queda por averiguar los mecanismos utilizados a la hora de editar estos textos, qué partes se censuró o qué partes se incluyeron y, por lo que respecta al propio contenido, cabría contrastarlo con otros testimonios de la época.

Somos conscientes, no obstante, que la investigación iniciada abarca solo una ínfima parte de los desplazamientos protagonizados por mujeres durante la modernidad. Investigaciones actuales han demostrado que ellas emprendieron el camino en el Grand Tour (Dolan, 1998), navegaron por los mares (Cordingly: 2003) e incluso peregrinaron a lugares lejanos. Y todo ello sin contar con las mujeres exiliadas, las “piedras rodaderas” de la literatura (Zafra, 2015), las que por motivos laborales seguían a los ejércitos o, simplemente, aquellas que sin salir de casa emprendían un viaje intelectual visitando lugares que solo llegaban a conocer a través de la lectura (Bolufer, 2016). No obstante, y dado la novedad que aportan los testimonios de estas damas viajeras con respecto a los escritos que ya conocemos, es nuestro objetivo seguir indagando sobre aquellas extranjeras que visitaron nuestro país durante para tratar de comprender qué hay de cierto y qué de leyenda en ese halo negro que ha envuelto la imagen de España durante la modernidad.

BIBLIOGRAFÍA

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EL CATOLICISMO FRANCÉS EN EL SIGLO XIX. LA RUPTURA CON

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