L La atraccion del gotico
I. Hegel y Forster
A veces se contrapone la juventud revolucionaria del filosofo a su madurez conformista y belicista. Pero es indudable que su juventud no merece honor tan excesivo ni su vejez tanta igno- minia. ([Se olvida acaso que el pasaje al que mas corrientemen- te se tacha de «belicista», en la Filosofia del derecho de 1821, fue extraido por el propio autor de una de sus obras de juventud?
Ya en 1802, en el opusculo acerca del Derecho natural emitio el juicio que no temera ratificar en su madurez y que le depa- rara una equivoca celebridad: «La guerra mantiene la salud
moral de los pueblos en su indiferencia hacia las determinacio- nes finitas, los protege contra el acostumbramiento a estas de- terminaciones y contra su endurecimiento, del mismo modo como el movimiento del viento protege a las aguas de la corrup tion a la que se verian reducidas por obra de una tranquili- dad perdurable, o a la que con mayor razon una paz eterna re- duciria a los pueblos».x
Ni en 1802 ni en 1821 esas ideas gozaban de general aceptacion en Alemania. En realidad, en ese pais las difundio un grupo reducido de alemanes, impulsados por una corriente muy par ticular del pensamiento revolucionario franees: el movimiento «girondino».
Con el fin de ilustrar los beneficios de la guerra considerada como un fenomeno natural, Hegel utiliza una imagen «meteo- rologica»: el viento que agita las aguas. Transpone asi casi sin modificarla una comparacion igualmente meteorologica utiliza- da con el mismo proposito por el revolucionario aleman Georg Forster. En efecto, este habia escrito en sus celebres Ima geries del Rin inferior, Brabante, Flandes, Holanda, Inglaterra y Francia: «Los fogosos resplandores de la guerra son tan utiles como las tormentas fisicas; purifican y ref rescan la atmosfera politica y vigorizan el mundo terrestre».2
Como es sabido, Hegel sufrio mucho en su persona las conse- cuencias de la guerra. En Jena lo arruino materialmente, per- turbo su actividad filosofica y retraso su carrera universitaria. Las justificaciones teoricas que esgrime en favor de la guerra no aspiran a satisfacer una necesidad de violencia. Conoce y deplo- ra el horror de las batallas, a las que califica de «carnicerias». Por otra parte, no aprueba todos los tipos de guerra, ni glori- fica todas las victorias militares. Por ejemplo, denuncia la este- rilidad de la guerra del Peloponeso y de la guerra de los Trein- ta Anos. Lamento profundamente la derrota final de Napoleon. Con respecto a este acontecimiento, a su juicio desastroso, en una carta a Niethammer ironiza acerca de la doctrina que ve en la guerra una fuente de beneficios . . . es decir, jse burla de su propia doctrina! Escribe a su amigo:
1 Acerca de los distintos modos de abordar cientlficamente el derecho natural (1802), en Hegels Schriften zur Politik und Rechtsphilosopbie, G. Lasson, ed., Leipzig, 1913, pag. 372. Texto citado por el propio Hegel, con algunas modificaciones, en sus Principios de la filosofia del derecho, parag. 324, observation; trad, al frances por A. Kaan,
1940, pag. 249.
2 Ansichten vom Niederrhein, von Brabant, Blander, Holland, En gland und Frankreich im April, Mai und Junius 1790, en Georg Forsters Werke, G. Steiner, ed., Berlin, 1958, IX , pag. 129.
«Bendiciones sin cuento deberfan seguir a estos acontecimien- tos, del mismo modo como la lluvia sigue al rayo. Pero por el momento, en lo que nos concierne, de la cafetera brota solo un hilillo de cafe, mas sabroso, mas espiritual»3 — alusion a las consecuencias practicas de la suspension de bloqueo con tinental.
Tambien en este caso nos parece evidente la referenda a un texto de Forster. Este habia osado escribir a proposito de la guerra: «Anhelamos la lluvia de la tormenta sobre nuestros cultivos, incluso si el rayo se abate a veces sobre una aldea y
la incendia, incluso si una vida se agosta precozmente o si el granizo abate las espigas». Y en esta perspectiva habia exal- tado lo que denominaba «la divina independencia de la na- turaleza».4
Independencia del cur so del mundo, insensible a las que j as de aquellos a quienes maltrata. Hegel se hace eco de ello cuando observa: «Las guerras sobrevienen cuando se encuentran en la naturaleza de las cosas ( . . . ) Despues, las espigas vuelven a brotar».5
A menudo se imputo cinismo a la formula en la qu^Hegel afir- ma de la guerra que es «la situacion en la cual al fin se toma en serio la vanidad de los bienes de este mundo».6
Pero es la repeticion casi textual de otra formula de Forster, no cinica sino jacobina, y que aplicaba a la Revolution France- sa estas reflexiones deslizadas en sus Esbozos parisienses: «Las fuerzas comenzaban a estancarse, y se necesitaba un choque para restablecer sin demora el movimiento. No anticipo para Francia, de aqui a mucho tiempo, ni la tranquilidad ni lo que suele llamarse la felicidad de la gente. La inestabilidad de las cosas ha llegado a ser absolutamente visible para los hombres, que estaban demasiado apegados a ellas, y todo ocurre como si ahora debiesen aprender nuevamente a vivir en una indepen dencia mayor respecto de todo lo que les es exterior, a vivir en el goce sencillo de sus fuerzas».7
Si Forster y Hegel evaluan aproximadamente del mismo modo las consecuencias de la guerra, fundan tambien de manera seme- jante algunas de sus condiciones.
En este sentido, Forster partfa de la imposibilidad de someter
3 Briefe von und an Hegel, Hamburgo, 1933, vol. 2, pag. 29. 4 Ansichten, pag. 129.
3 Filosofia del derecho, parag. 324, observation. 6 Ibid.
7 Georg Forster’s sdmtliche Schriften, Gervinus, ed., Leipzig, 1843, IX , pags. 19-20.
pueblos enemigos a una misma jurisdiction racional universal. Observaba: «Pero, <jcomo decidir entre dos partidos que se combaten, que invocan los dos su justo derecho, fundado sobre la razon? Cuando es imposible persuadir, se utiliza la fuerza. jY veanse los resultados! ;E1 mas fuerte es quien se impone\».8 Y agregaba que asf es el el curso del mundo, que no se ajusta a las reglas de un codigo establecido a priori.
De todo ello deducfa la caduddad de los tratados. En efecto, decia, «si los partidos que concluyeron un tratado se querellan acerca del respectivo derecho, i quien sera el arbitro supremo (der oberste Schiedsrichter)? ( . . . ) Si uno de los partidos no se deja convencer por las razones del arbitro, ^como decidi- diremos?».9
Hegel respondera a estos interrogantes en el sentido que Fors ter sugeria, pero de un modo mas radical, precisando el sentido de las palabras para llegar a una afirmacion mas rigurosa: «No hay pretor, sino a lo sumo arbitros (Schiedsrichter) y mediado- res entre los Estados, y ademas ellos aparecen solo por azar, es decir, de acuerdo con una voluntad particulars10
Habia desarrollado largamente esta tesis en su estudio acerca de la Constitution de Alemania. Exactamente como Forster, ex- plicaba en esta obra que «cada parte funda su position sobre sus derechos, acusando a la otra de haber agraviado a su vez un derecho, y los dos partidos aciertan: ocurre precisamente que los propios derechos se contradicen mutuamentes11 Mas lejos precisa, criticando, como Forster, a los utopistas que creen posible remitirse a un derecho racional universal: «Los derechos mismos pueden chocar entre si», expresando a su mo do una opinion que Forster habfa formulado de este modo: «Como toda ciencia humana, la politica tiene sus antinomias».12 Hegel llega, por lo tanto, a la conviccion de que cuando los derechos mismos chocan entre si, «la guerra, o cualquier otro recurso por el estilo, debe decidir en adelante, no cual de los derechos afirmados por las dos partes es el autentico — pues las dos partes tienen un derecho autentico— sino que derecho debe ceder ante el otro».13
8 Ansichten, pag. 115. 9 Ibid., pag. 119.
10 Philosophie du droit, parag. 333, observacion (vease tambien la observacion del parag. 339 acerca del «hoherer Prator»), trad, al franees por A. Kaan, pag. 253.
11 «La Constitution de Alemania», en He gels Schriften zur Politik und Rechtsphilosophie, G. Lasson, ed., Leipzig, 1913, pags. 99-100. 12 Ansichten, pag. 125.
En la Ftlosofta del derecho afirmara con identica claridad: «Cuando las voluntades particulares no encuentran un terreno adecuado para el acuerdo, los conflictos entre Estados solo pue- den resolverse mediante la guerra».14
Por lo tanto, a su juicio no es legitimo invocar contra la guerra el derecho de los pueblos a la felicidad y la paz. Forster habia observado que la consecuencia de la paz es el mantenimiento del orden establecido, las formas habituales de vivir, y un con- servadorismo somnoliento. Y preferia la guerra antes que una vida vegetativa.
Sostenia que para arrancar a un pueblo de la somnolencia, para evitar el peligro de la inercia y el automatismo que amenazan detener el desarrollo humano e impedir todo progreso, un hom- bre dotado de grandes cualidades y que experimenta la voca tion de intervenir en el destino de la humanidad deberia pro- ponerse ante todo crear en los hombres la capacidad y la digni- dad, condiciones de su perfeccionamiento, aunque sea en de- trimento del goce tranquilo que obtienen en la paz.15
Hegel asignara tambien al gobierno «el deber de qpebrantar mediante la guerra el orden de los sistemas particulares que arraigan en el habito» y de lograr «que los individuos sientan a su amo, la muerte».16 Reconocera el derecho de los heroes y los grandes hombres a plasmar sus proyectos fuera del orden establecido, y a realizarlos incluso contra el.17
A semejanza de Forster, admitira que, para cumplir su mision historica, los grandes jefes historicos hayan debido utilizar la violencia y actuar brutalmente contra las instituciones, los sen- timientos y las personas. Evoca a su vez los grandes ejemplos: Alejandro, Cesar, y de buena gana agregaria el nombre de Na poleon si la actualidad politica no le prohibiese pronunciar ese nombre. A proposito de estos realizadores de la historia decla- ra: «En la ejecucion de sus grandes designios, los grandes hom bres historicos de este caracter trataron con despreocupacion y a la ligera, con absoluta falta de miramientos, a otros intereses en si mismos respetables, derechos que eran sagrados. Es indu- dable que este modo de conducirse se expone a la censura mo ral. Pero es necesario comprender la position de estos hombres
14 Philosophic du droit, parag. 334, trad, al frances por A. Kaan, pag. 253.
15 Ansichten, pags. 172-73
16 Phenotnenologie de Vesprit, trad, al frances por J. Hyppolite, II, pag. 23.
17 Die Vernunft in der Geschichte, J. Hoffmeister, ed., Hamburgo, 1955, pags. 97-98.
desde un angulo muy distinto. Es inevitable que en su avance un gran hombre aplaste muchas flores inocentes y destruya al pasar muchas cosas».18
Es evidente que, como Forster, Hegel asignaba a la guerra un papel movilizador — en el sentido propio de la palabra— en la vida de las sociedades. Ella reimpulsa a las cosas cuando el mun- do amenaza estabilizarse, impide que las estructuras sociales se fijen, estanquen, adormezcan, corrompan y esclerosen. Se trata de calamidades que nuestros dos filosofos designan con identi- cas palabras y a las cuales oponen con la misma fe las ven- tajas del movimiento, el cambio, la actividad, la invention y el progreso.
En su respuesta a las criticas dirigidas contra la Revolution Francesa, e incluso reconociendo que estaban justificadas par- cialmente, Forster exclamaba: «Pero, pese a todo, ^no es sufi- ciente que en tales circunstancias se desarrollen las fuerzas del hombre, que los propios individuos adquieran mayor madurez y que al cultivarse obtengan una fuerza mental superior, que ya nada se adormezca, ni se corrompa, ni exista inutilmente?».19 jYa nada duerme ni se estanca! Por su parte, Hegel lamentara que la paz provoque a veces una suerte de pantanoso estanca- miento de los hombres (V ersump fen) r®
Precisamente a causa de su inclination profunda al cambio his- torico, porque reconocia su necesidad, Forster consideraba per- judicial, y en el fondo imposible, un gobierno universal, una Universalmonarchie que, al borrar todas las diferencias entre los Estados, eliminaria toda contradiction, toda lucha, y por lo tanto todo lo que significa evolution y progreso. Afirmaba que puede anunciarse de antemano el envejecimiento proximo de todas las constituciones politicas y de todos los tratados inter- nacionales.21
18 Ibid., pag. 105. Gomo es sabido, Marx retomara la misma idea, mas o menos en iguales terminos, para justificar los grandes hechos histdricos, contra la critica pacifista de los paneslavistas, en 1849: «Ciertamente, escribira, no es posible realizar tales cosas sin aplastar violentamente mas de una tierna flor nacional. Pero si falta una vo- luntad de granito que no se detiene ante ninguna consideration, nada puede lograrse en la historia. Si Alejandro, Ce§ar y Napoleon hubiesen demostrado^tanta disposition a dejarese enternecer ( . . . ) <que habrfa ocurrido en la historia?» (K . Marx-F. Engels, Lit. Nachlass, Berlin, 1923, vol. I l l , pag. 255).
19 Carta a Heyne, 3 de octubre de 1789, en Georg Forster’s samtliche Schriften, Gervinus, ed., pag. 93.
20 Filosofia del derecho, parag. 324, observation. 21 Ansichten, pags. 120, 126-28.
Por su parte, Hegel explicara que corresponde a la naturaleza de todas las constituciones polfticas su propia caducidad, y re- chazara cualquier proyecto de Universalmonarchie, palabra que a su entender carece de sentido.22
Estas opiniones implican una critica radical de la doctrina de Kant, critica cuya primera inspiration posiblemente Hegel hallo tambien en los escritos de Forster, donde se realiza con mucha perspicacia y vigor. Por lo tanto, podemos considerar que Hegel | retomo por su cuenta los juicios esenciales de Forster acerca 1 de la guerra. Ahora bien, Forster no atribuye cierto caracter de necesidad historica a la guerra de conquista, de rapina o de opresion, sino a la guerra revolucionaria que Francia desenca- denaba en ese momento y que llevaba a la victoria ante los propios ojos del filosofo.