Introducci ó n a los "Principios de la Mec á nica"
El fin m
á
s inmediato y en cierto sentido má
s importante de nuestro expreso conocimiento de la Naturaleza, es el de capacitamos para prever el acontecer futuro, para guiar nuestra acció
n presente de acuerdo con a quella previ sió
n. Nos sirv en de base para la obtenció
n de aquel fi n, en pri mer lugar , las e xperiencias pasadas, tant o las que re sultan de obse rvaci ones fortuitas como las que son fruto de empeñ
os sis temá
ticos. El procedimie nto que uti lizamos siempre para de rivar el futuro del pasado, alcanzando con ello e l expresado fin, e s e l siguiente: e laboramos imá
genes aparentes o sí
mbolos de los objetos exteriores, y precisamente imá
genes tales que las consecuencias ló
gicas de la imagen sean a su vez imá
genes de las consecuencias naturales de los objetos representados. Para que tal condició
n pueda cum plirse , han de darse cie rtas coincidencias entre la naturaleza y nuestro espí
ritu. La e xperiencia nos enseñ
a que la condició
n puede cumplirse y, por consiguiente, que las coincidencias se danefectivamente. Si, partiendo de la experiencia disponible, se ha conseguido elaborar im
á
genes con la propieda d enunciada, podemos, basá
ndonos en e llas como e n mode los, desarrollar rá
pidame nte las consecuencias que el mundo exteri or no sacará
a la luz má
s que le ntame nte o como res ultado de nuestra inte rvenció
n; podemos así
ade lantarnos a los hechos y tomar nuestras decisiones actuales de acuerdo con el conocimiento alcanzado.
Las im
á
gene s a que nos referim os son nue stras conce pciones de las cosas; tie nen con las cosas una coincidencia esencial, a sabe r, la ex presada en aquella con dició
n; pe ro no es necesario para su fin que e sté
n dotadas de ninguna otra suerte de coincidencia con las cosas. Y el he cho es que ignoramos y no tenemos me dio alguno para com pro bar si nuestras nociones de las cosas coinciden con ellas en algo que no sea precisamente aquellaú
nica condició
n fundamental.Para determinar un
í
vocamente las i má
genes que querem os formarnos de las cosas, no basta la condició
n de que las consecue ncias de las imá
genes se an a su vez imá
genes de las consecuencias. Son posibles disti ntas imá
genes de los mi smos objetos, y e stas imá
genes pueden distinguirse segú
n vari os criterios. Desde un principio, tacharem os de ilegí
timas a las imá
genes que encierran una contradicció
n de las leyes de nuestro pensamiento; exigimos pues, en primer lugar, que nuestras imá
gene s sean ló
gicamente le gí
timas, o legí
timas sin má
s. Llamaremos in adecuadas a las imá
genes legí
tim as cuyas propiedades esenciales contradigan sin embargo a las propiedades de las cosas extremas, es decir, que no satisfagan a aquella prime ra condició
n esencial. Exigimos pues, en segundo lugar, que nuestras imá
genes sean adecuadas. Pero dos imá
genes distintas, ambas legí
timas y adecuadas, de los mismos objetos naturales, pueden disti nguirse se gú
n su gra do de man e jabili dad. De dos imá
gene s de un mismo objeto, la má
s mane jable se rá
aquella que re fle je má
s notas e senciales de l obje to; la llamare mos la imagen má
s precisa. De dos imá
genes de igual grado de precisió
n, será
la má
s manejable aquella que, junto con los rasgos esenciales del objeto, incluya un nú
mero menor de notas superfluas o hueras; la má
s se ncilla, por consiguiente . No es fá
cil que la atribució
n de propiedades hueras a los objetos pueda evitarse enteramente, ya que las imá
genes incluyen tale s propie da de s precisamente porque só
lo son i má
genes, imá
genes enú
ltimo té
rmino de nuestro espí
ri tu, y por lo tanto han de ve rse determinadas por las propiedades de su ins trume nto formador.Hemos enumerado hasta ahora las condiciones que exigimos de las im
á
genes mism as; algo distin tas son las que cabe im poner a toda pre se ntació
n cientí
fica de tales imá
genes. A una exposició
n cientí
fica le e xigim os una distinció
n ple name nte consciente entre las propie dades que se atribuyen a los o bjetos para sati sfacer a la legi timidad de la imagen, las que apuntan a su adecuació
n, y las que resultan de la exigencia de manejabilidad. Só
lo así
podemos alterar y mejorar nuestras imá
genes. Lo queé
stascontienen e n honor a la le gitimidad, se encierra e n los t
é
rminos, las definiciones, las abre viacione s, o sea, en cuanto puede i ntroducirse o suprim irse a placer. Lo que las imá
genes contienen para satisfacer a la condició
n de adecuació
n, se encierra en los he chos e xperimen tales utilizados para la e laboració
n de la ima gen. Son las propie da des de nue stro e spí
ritu las que dete rminan los e leme ntos que una i magen ha de poseer para ser legí
tima; si lo es o no, puede ser decidido mediante una simple afirmació
n o negació
n, y tal decisió
n vale para todos los tiempos. Si una imagen es o no adecuada, pue de deci dirse tambié
n con una sim ple afi rmació
n o ne gació
n, pero só
lo c on refe rencia al e stado actual de nuestra e xpe riencia, y salvo la aparició
n de nueva y má
s madura experiencia. No puede, en cambio, decidirse uní
vocamente si una imagen es o no manejable; pueden darse diferencias de opinió
n. Una imagen puede presentar unas ventajas para unos, otras para otros, y só
lo mediante un ensayo paulatino de varias imá
genes puede, en el curso de los tie mpos, ele girse las má
s mane jables.stos s on los puntos de vi sta seg
ú
n los cuales m e parece ha de juzgarse e l valor de las teorí
as fí
sicas y de las exposiciones de teorí
as fí
sicas. Son en todo caso los puntos de vista segú
n los cuales vamos a juzgar las exposiciones que de los principios de la Me cá
nica se han dado. Y desde luego, tenemos que empezar por precisar lo que ente ndem os por principios de la Me cá
nica.En senti do estri cto, se ente nd
í
a primi tivamente e n la Mecá
nica por princi pio a todo enunciado al que no se h ací
a de rivar de otras proposi ciones de la Me cá
nica, sino que se le querí
a presentar como resultado inmediato de otras fuentes del conocimiento. De resultas de la evolució
n histó
rica, no se excluí
a e l que ciertas proposici one s a las que, en determinadas condiciones, se diera un dí
a e l nom bre de princi pios con justicia, conservaran má
s a delante este nombre, pero ya inme recidamente. Desde Lagrange, se ha re petido a me nudo la o bservació
n de que los principios del centro de gravedad y de las superfi cie s no son en e l fondo má
s que te oremas de conteni do muy gene ral.Con igual justicia pue de observarse que los restantes llamados princi pios no pue de n ostentar este nombre con indepe ndenci a unos de otros, si no que cada uno de e llos de be desce nder al rango de una consecuencia o de un te orema, en cuanto quie ra basarse la exposici
ó
n de la Mecá
nica en uno o varios de los restantes principios. El concepto de princi pio mecá
nico no está
por consiguie nte e strictamente delimitado. Respetar emos la denominació
n tradicional, en cuanto se aplica a cada una de aquellas proposiciones, formulada aisladamente; pero siempre que hablemos, simple y generalmente, de los principios de la Mecá
nica, no nos referiremos a ninguna de aquellas proposiciones aisladas, antes bien, entenderemos un conjunto cualquiera elegido entre aquellas y otras se mejantes proposici ones, de l que, si n nuevas refe rencias a la experiencia, pueda derivarse deductivamente toda la Mecá
nica. Segú
n tal terminologí
a, los conceptos fundame ntales de la Me cá
nica, junto con los principios que los ponen e n conexió
n unoscon otros, constituyen la m
á
s sencilla imagen que la Fí
sica puede dar de las cosas, del universo sensible y de los procesos que ené
ste ocurre n. Y pue sto que de los princi pios de la Me cá
nica, me diante una distinta e lecció
n de las proposicione s que se ntamos como fundamentales, podemos dar distintas exposiciones, obtenemos distintas imá
genes de las cosas, a las que podemos contrastar y com parar una s con otras e n atenció
n a su legitimidad, su adecuació
n y su m ane jabili dad.(HEINRICH HERTZ, Prinzipien der Mechanik, 1876. )
OBRAS: Gesammelte Werke, 3 vols., 1894-1895.
ESTUDIOS: M. Planck, H. H., 1894; Johanna Hertz, H. H., Erinnerungen, Eneje,
Tageb cher, 1927; J. Zenneck, H. H., 1929.
2. L
OUIS DE BROGLIE(n. 1892)
El progreso de la F í sica contempor á nea
Como todas las ciencias de la Naturale za, la F
í
sica progres a por dos ví
as difere ntes: por una parte, el experimento, que permite descubrir y analizar un nú
mero progresivame nte cre ciente de fe nó
me nos, de he chos fí
sicos; por otra parte , la teorí
a, que sirve para encuadrar y re unir en un si stema coherente los he chos ya conocidos, y para guiar las investigaciones experimentales, previendo hechos nuevos. Los esfuerzos conjugados del experimento y de la teorí
a producen, en cadaé
poca, el conjunto de conocim ie ntos que constituyen su Fí
sica.Al iniciarse el de sarrollo de la ciencia moderna , lo prim er o que atrajo la atenci
ó
n de los fí
sicos fue, naturalmente, el estudio de los fenó
menos que percibimos inmediatamente a nue stro alrededor. El e studio de l equili brio y e l movimiento de los cue rpos, por eje mplo, ha dado origen a e sta rama de la Fí
sica, hoy autó
noma, a la que se llama Mecá
nica; aná
logamente, e l estudio de los fe nó
me nos sonoros ha conducido a la Acú
stica; y al resumir y sistematizar los fenó
menos en que interviene la luz, se ha formado la ptica.La gran labor y la gran gloria de la F
í
sica del siglo XIX fue la de haber precisado y extendido así
considerablemente, en todos los sentidos, el conocimiento de los fenó
menos que se producen en la escala de nuestro cuerpo. No se limitó
a seguir desarrollando aquellas grandes disciplinas de la ciencia clá
sica, Mecá
nica, Acú
stica y ptica, sino que tambié
n creó
desde los cimientos nue vas ciencias, cuyas facetas soninnum e rables: la term odin
á
mi ca y la cie ncia de la ele ctricidad.Dominando el inmenso campo de los hechos que son abarcados por estas diversas ramas de la F
í
sica, cie ntí
ficos y té
cnicos han podido deri var de ellas un crecido nú
mero de aplicaciones prá
cticas. Desde la má
quina de vapor hasta la radiotelefoní
a, son innumerables los inventos resultantes de los progresos de la Fí
sica en el siglo XIX, de que hoy gozamos; directa o indirectamente, tales inventos ocupan en la vida de cada cual un lugar tan conside rable, que no pare ce ne cesari o e numerarlos.De modo que la F
í
sica del pasado siglo ha llegado a dominar enteramente los fenó
me nos que perci bimos en nue stro entorno. No hay duda de que e l estudio de e stos fenó
menos puede llevarnos todaví
a a muchos nuevos conocimientos y aplicaciones; pero en este campo, parece que lo esencial se ha hecho ya. Por esto, hace treinta o cuarenta añ
os que la atenció
n de los e xplora dores e n Fí
sica se ha ido dirigiendo hacia fenó
menos má
sú
tiles, a los que es imposible registrar y analizar sin el auxilio de una muy afinada té
cnica experimental: son los fenó
menos moleculares, ató
micos e intraató
micos. Para sati sfacer la curiosidad del e spí
ritu hum ano, en efecto, no basta saber có
mo se comportan los cuerpos materiales considerados en conjunto, en sus manifestaciones globale s; no basta sa ber có
mo se producen las re acciones entre la luz y la materia, al observarlas grosso modo; es preciso descender a detalles, tratar de analizar la e structura de la materia y de la luz, y de pre cisar los actos e lementales cuyo conjunto constituye las apariencias globales. Para dar buen remate a esta difí
cil investigació
n, es menester, ante todo, una té
cnica experimental muy afinada, susceptible de de nunciar y re gistrar acci ones sutiles, de me dir con precisió
n cantidades enormemente menores que las que tomamos en cuenta en nuestra experiencia ordinari a; hacen falta, tambié
n, teorí
as audaces, que se funden e n las partes superi ores de la ciencia matemá
tica, y no vacilen en recurrir a imá
genes y concepciones enteramente desusadas. Vé
ase, pues, cuá
nto ingenio, cuá
nta paci encia y cuá
nto tale nto han si do nece sarios para constitui r y promover e sta Fí
sica ató
mica.En e l aspe cto expe rimental, el progreso se ha carac te rizado por el conocim iento, cada d
í
a má
s extenso, de los constituyentesú
ltimos de la materia y de los fenó
menos vinculados a la e xistenci a de los mism os.Desde largo tiempo atr
á
s, los quí
micos admití
an en sus razonamientos que los cuerpos materiales está
n formados porá
tomos. El estudio de las propiedades de los cuerpos materiales, en efecto, permite repetirlos en dos categorí
as: los cuerpos compuestos, a los que , me diante operaci ones ade cuadas, puede descompone rse en cue rpos má
s sim ples, y los cuerpos sim ples o e leme ntos quí
mi cos, que resisten a toda tentativa de disociació
n. El estudio de las leyes cuantitativas a que se ajustan los cuerpos simples para unirse y formar los compuestos ha conducido a los quí
micos, desde hace un siglo, a adoptar la hipó
tesis siguiente: "Un cuerpo sim ple está
formado depeque
ñ
as partí
culas idé
nticas a las que se da el nombre deá
tomos de este cuerpo simple; los cue rpos com puestos está
n formados de molé
culas consti tuidas por la unió
n de variosá
tomos de cuerpos simples". Segú
n esta hipó
tesis, disociar un cuerpo compuesto y re ducirlo a l os ele mentos que lo com ponen e s rompe r las molé
culas de e ste cuerpo y poner en libertad losá
tomos que contiene cada una. El nú
me ro de cuerpos simples actualmente conocidos es 89, y se piensa que su nú
mero total es 92 (o acaso 93). Se supone, pues, que todos los cue rpos mate riales e stá
n construi dos con 92 clases dife rente s deá
tomos.La hip
ó
tesis ató
mica ha hecho má
s que coordinar la Quí
mica; se ha introducido tambié
n en la Fí
sica. Si los cue rpos mate riales e stá
n formados de m olé
culas yá
tomos, sus propiedades fí
sicas deberá
n poder explicarse por esta constitució
n ató
mica. Las propie dades de los gase s, por ejemplo, habrá
n de ex plicarse admitiendo que un gas está
formado por un n
ú
mero inmenso deá
tomos o de molé
culas en rá
pi do m ovimie nto; la presió
n que el gas ejerce sobre las paredes del recipiente que lo contiene se deberá
al choque de las molé
culas contra dichas paredes; y la temperatura del gas medirá
la agitació
n media estadí
stica de las molé
culas, la cual aumenta al elevarse la temperatura. Tal concepció
n de la constitució
n de los gases fue desarrollada en la se gunda mi tad del si glo XIX, bajo e l nombre de "teorí
a ciné
tica de los gases ", y permitió
explicar el origen de las leye s del estado gaseoso, se g
ú
n las re vela la e xpe riencia. De ser exacta la hipó
tesis ató
mica, las propiedades de los cuerpos só
lidos o lí
quidos deberá
n poder i nterpretarse admi tiendo que, e n estos estados fí
sicos, las molé
culas yá
tomos se encuentran mucho má
s pró
xim os un os a otros que en e l estado gase oso, e n forma tal que las considerables fuerzas ejercidas entreá
tomos y molé
culas den cuenta de las propiedades de incompresibilidad, cohesió
n, etc., que caracterizan a só
lidos y lí
quidos. La teorí
a ató
mica de la materia ha sido corroborada por algunos magní
ficos experimentos directos, como los de Jean Perrin, que han permitido medir el peso de dive rsas especies deá
tomos y su nú
me ro por centí
me tro cú
bico.Sin adentrarnos en el desarrollo de la teor
í
a ató
mica, recordemos solamente que, tanto en Fí
sica como en Quí
mica, la hipó
tesis de que todos los cuerpos está
n compuestos por molé
culas, constituidas a su vez por diferentes conglomerados deá
tomos elementales, se ha acreditado como muy fecunda, y por consiguiente ha de considerá
rsela como una buena representació
n de la realidad. Pero los fí
sicos no han para do a quí
: han querido tambié
n saber có
mo está
n consti tuidos losá
tomos mi smos, y comprender e n qué
se distinguen e ntre sí
losá
tomos de los dive rsos ele mentos. En e ste empeñ
o, han hecho uso del progreso de los conocimientos sobre los fenó
menos e lé
ctricos. Desde que aé
stos comenzó
a estudiá
rseles, pareciú
ó
til concebir, por ejemplo, la corriente elé
ctrica que discurre por un hilo metá
lico como un fenó
meno de paso de un "fluido elé
ctrico" por el hilo. Pero es sabido que hay dos especies deelectricidad: la negativa y la positiva. Podemos imaginar estos fluidos de dos distintas maneras: como constituidos por una substancia esparcida uniformemente por toda la regi
ó
n en que se encuentra el fluido, o, de otro modo, como formados por nubes de pequeñ
os corpú
sculos, ca da uno de los cuales e s una pequeñ
a bola de e lectricidad. El experimento ha decidido en favor de la segunda concepció
n, al mostrarnos, hace una treintena de añ
os, que la electrici dad negativa está
formada de pequeñ
os corpú
sculos idé
nticos, cuya carga elé
ctrica y cuya masa son extraordinari amente pe queñ
as. A los corpú
sculos de electricidad negati va se le s llama e lectrone s. Se ha logra do arrancarle s de la mate ria y e studiar su com portamiento cuando se desplazan e n e l vací
o; vié
ndose así
que su desplazamiento es conforme a las leyes de la Mecá
nica clá
sica aplicada a pequeñ
as partí
culas electrizadas; y, estudiando el comportamiento de tales partí
culas en presencia de campos elé
ctricos o magné
ticos, se han podido medir su carga y su masa, que son, repito, extraordinariamente pequeñ
as. En cuanto a la electricidad positi va, son me nos directas las prue bas de su e structura corpuscular; si n em bargo, los fí
sicos han llegado a la convicció
n de que la electricidad positiva está
tambié
n subdividida en corpú
sculos idé
nticos, a los que modernamente se da el nombre de "protones".El prot
ó
n tiene una masa que, aunque muy pequeñ
a tam bié
n, es casi dos mi l ve ces mayor que la del electró
n, hecho que establece una curiosa disimetrí
a entre la ele ctricidad positi va y la negativa; la carga del protó
n, por e l contrario, es igual en valor absoluto a la del electró
n, pero naturalmente de signo contrario, positivo en vez de negativo.
Electrones y protones tienen una masa extraordinariamente peque