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Página 101 7.1. Introducción

Los capítulos anteriores se han dedicado a revisar la literatura relevante acerca del enfoque basado en recursos, el capital intelectual, la innovación y la empresa familiar.

En esta sección acerca del análisis empírico y en particular este capítulo se pretende estudiar la relación existente entre los constructos de capital intelectual, innovación y la empresa familiar. Para ello, se realizará una revisión de la literatura específica donde se analizará cómo se relacionan el capital intelectual y la innovación. A continuación, se analizan las relaciones entre capital intelectual y el rendimiento y entre la innovación y el rendimiento. Pero además se estudiará cómo la influencia familiar puede moderar20 todas las relaciones anteriormente propuestas, y también las distintas variables que forman este constructo de influencia familiar.

Para finalizar, se propone un modelo teórico que pretende analizar las relaciones que se establecen entre el capital intelectual, la innovación, el rendimiento y el papel moderador de la influencia familiar. La metodología utilizada para contrastar las hipótesis que formularemos se basa en la modelización a través de un proceso de ecuaciones estructurales. Los modelos de ecuaciones estructurales permiten comprobar si las escalas de medida utilizadas son adecuadas para evaluar los conceptos teóricos y verificar las relaciones del modelo teórico. Todos ellos, se aplicarán al sector vitivinícola chileno, en particular, a las empresas familiares existentes en él.

7.2. Relación entre capital intelectual y la innovación

El hecho de que los miembros de la empresa familiar vivan en la familia y trabajen en la empresa desde temprana edad, les va a permitir adquirir el conocimiento tácito de la empresa y la familia, que de otro modo sería muy difícil de conseguir (Chirico, 2008). La transferencia del capital intelectual es importante para preservar y ampliar la ventaja competitiva, ya que el éxito de una empresa familiar a menudo se basa en la experiencia única del predecesor, siendo importante extender esta experiencia a todos los miembros de la empresa familiar (Cabrera et al., 2001). Investigaciones anteriores indican que las empresas que se centran en “la creación y explotación del capital intelectual como fuente

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de ventaja son más propensas a desarrollar habilidades de aprendizaje útiles para la adaptación y el crecimiento en nuevos entornos” (Grant, 1996). El aprendizaje genera conocimiento sobre aquellas áreas donde podrían existir oportunidades emprendedoras; por lo que el aprendizaje organizacional puede estimular las actividades emprendedoras (Zahra, 2012).

Desde un punto de vista teórico (Nonaka y Takeuchi, 1995) presenta una relación estrecha entre flujos de conocimiento y el propio proceso de innovación (Díaz, Díaz y De Saá, 2006). En particular, la existencia de un capital humano con elevada calificación, motivado y experimentado debe ser la base de todo proceso de innovación en la empresa.

De esta forma, al tener miembros de la empresa familiar y trabajadores más motivados y preparados serán éstos los que replanteen rutinas organizativas, siendo el capital humano crucial para llevar a la empresa al desarrollo de innovación (Hill y Rothaermel, 2003). En este sentido, cabe esperar que las empresas dotadas con un capital humano más preparado, experimentado y motivado sean capaces de desarrollar un mayor número de nuevas ideas y productos.

Desde este punto de vista, la empresa familiar, más que en el resto de empresas, tienen una habilidad para crear y aplicar conocimientos puede ser la verdadera fuente de ventajas competitivas en los entornos actuales.

Por otra parte, Bartol, Liu, Zeng y Wu (2009) señalan que el “intercambio de conocimientos entre las personas es una forma de propiciar la innovación organizativa que tiene el potencial para generar nuevas ideas y desarrollar nuevas oportunidades de negocios a través de los procesos de socialización y aprendizaje”. Recientes estudios de carácter empírico apoyan esta relación (Camelo, Sousa y García, 2010), pero no en el ámbito específico de la empresa familiar, sino en el de la empresa en general. Así, por ejemplo, Seidler de Alwis y Hartmann (2008) llegaron a la conclusión de que las organizaciones que promueven la generación de capital intelectual, procesos de intercambio y transferencia de conocimientos tienen más éxito en la innovación a nivel organizativo. Sin embargo, con frecuencia estos procesos no se han desarrollado

Página 103 exitosamente en las organizaciones, y como consecuencia, el rendimiento y la innovación no mejoran (Hsu, 2008).

En este sentido, las empresas familiares cuentan con ventaja, por la sencilla razón de que la comunicación y el aprendizaje entre sus miembros se realizan más fácilmente debido a su vida en común en la empresa y en la familia. Sin embargo, los miembros no familiares suelen ser resistentes a compartir lo que saben e incluso estando dispuestos a hacerlo, “el conocimiento, especialmente el tácito, no se transmite fácilmente porque compartir es una tarea compleja que requiere esfuerzo y tiempo” (Ardichvili, 2008).

Del mismo modo, Moores (2009) sugiere que un clima que promueve la orientación al aprendizaje en una empresa tendrá la capacidad de crear nuevos conocimientos y, posteriormente, dicho conocimiento permitirá a la empresa ser innovadora y mejorar así su rendimiento. Por ello, está ampliamente aceptado en la literatura que la capacidad innovadora de las empresas está estrechamente ligada a su habilidad para gestionar, mantener, transmitir e incrementar el capital intelectual y crear conocimiento (Nahapiet y Ghoshal, 1998; Cohen y Levinthal, 1990).

Como hemos dicho en la sección 4, junto al capital humano, el capital estructural tiene una gran importancia, ya que la esencia de este tipo de capital es el conocimiento tangible e intangible incorporado en la organización. De ahí la relevancia de la cultura empresarial de la organización (misión, visión y valores) como las patentes, manuales de procedimientos, rutinas y estrategias (Sveiby, 2000). Este tipo de capital, y sobre todo en empresas familiares, es propiedad de la organización y es básico para su supervivencia en el mercado a medio y largo plazo. Por último, en el proceso de supervivencia e internacionalización de la empresa familiar es fundamental la existencia de las relaciones de la empresa con sus stakeholders, al tener estos una percepción de valor de la empresa, sobre todo, por parte de clientes y proveedores.

En las empresas familiares, dicho capital intelectual recae en el fundador y, según los casos, en los familiares más cercanos y más directos de primera generación, diluyéndose dicha importancia a medida que la empresa se va desarrollando.

Página 104 De esta forma, la primera hipótesis subyacente que planteamos es la siguiente: