Hoy en día echamos mano en cuanto lo necesitamos de los fármacos disponibles para controlar el dolor. Pero a principio del siglo pasado no existía ninguno de esos productos. Las operaciones quirúrgicas de envergadura se llevaban a cabo con la ayuda de una botella de aguardiente y cuatro ayudantes forzudos. El paciente se tomaba el aguardiente, los forzudos le acostaban y sujetaban los brazos y piernas, y el cirujano cortaba.
Más o menos en aquella época, un médico británico llamado Esdaile llevó a un equipo de "mesmerizadores" a la India para realizar un conjunto de pruebas empleando los principios de Mesmer. El doctor Esdaile demostró que cuando los mesmerizadores realizaban sus pases sobre el cuerpo del sujeto, desde la cabeza a los pies, manteniendo sus manos a unos 10 centímetros del cuerpo, el sujeto se quedaba anestesiado. El médico podía entonces realizar intervenciones importantes, como amputaciones, sin necesidad de forzudos ni de licor, y sin introducir anestésico alguno en el cuerpo.
Esdaile también descubrió que los pases mesméricos, como efecto secundario, parecían producir esterilización. La incidencia de infecciones cayó a menos de un 5 por ciento respecto a los otros métodos. He investigado el proceso y he descubierto que la frecuencia cerebral del mesmerizador se hace más lenta mientras realiza los pases. La energía transmitida por las manos del mesmerizador —cuyo cerebro está funcio- nando en el nivel 1 con mayor producción de ondas alfa— penetra el cuerpo del sujeto y parece estimular y excitar las partículas subatómicas de la materia produciendo insensibilidad.
He asistido a un buen número de operaciones realizadas por sanadores que empleaban este método. En una de ellas se eliminó un tumor del brazo de un paciente sin usar anestesia química. No hubo dolor y, a pesar de que el instrumento quirúrgico no estaba esterilizado, no hubo hemorragia ni infección.
El mesmerismo tenía mucho en común con la hipnosis. En los estudios y en las prácticas que he realizado sobre hipnosis durante muchos años, he descubierto que la hipnosis en estado de vigilia también puede ser empleada como anestésico. El primer uso registrado de la hipnosis en cirugía también tuvo lugar en la India. Tras observar a fakires que se tumbaban en un lecho de clavos, un médico británico desarrolló una técnica inductora de la hipnosis que usaba con éxito con sus pacientes. Cuando demostró la técnica ante un comité de médicos, abandonaron la sala y redactaron un informe afirmando que no existía nada que se pudiera calificar como hipnosis, que los sujetos de las intervenciones quirúrgicas hacían simplemente lo que el médico les pedía que hicieran. Ellos si parecían dispuestos a hacer cualquier cosa excepto aceptar la realidad. HIPNOSIS, EL ANALGÉSICO DEL CEREBRO
La hipnosis es el anestésico perfecto. Puede ser empleada para anestesiar cualquier parte del cuerpo sin los efectos secundarios o alergias que causan con frecuencia los anestésicos químicos. Incluso se puede dibujar un círculo con el dedo sobre cualquier parte del cuerpo del paciente y crear insensibilidad sólo en esa parte.
La hipnosis produce la insensibilidad a través del cerebro. Las palabras del hipnotizador funcionan como "órdenes" para el cerebro. El cerebro las obedece produciendo insensibilidad en la zona especificada. Lo hace enviando a la misma sus propios anestésicos químicos, unas sustancias llamadas endorfinas, que detienen el dolor y crean una sensación de eufo- ria.
En los cursos de cuarenta horas del Método Silva, se dedica una media hora a una sesión en la que los estudiantes emplean una técnica de hipnosis para crear insensibilidad en una mano (la mano izquierda para los diestros). Imaginan que esta mano se sumerge en un cubo imaginario de agua helada. Tras unos minutos de estar sentados con la mano caída sumergida en el cubo imaginario, colocan de nuevo la mano sobre su regazo y comprueban la diferencia de sensibilidad respecto a la otra pellizcándola. La mayor parte de los estudiantes llegan a conseguir una clara insensibilidad la primera vez que realizan el ejercicio. A los que sólo sienten pequeños cambios se les pide que practiquen para mejorar los resultados. En cuanto la mano se insensibiliza, descubren que pueden colocar la mano sobre cualquier parte del cuerpo y transferir mentalmente la insensibilidad a ese punto. Esa transferencia mental sucede físicamente. En el cerebro hacen acto de presencia las endorfinas y el dolor desaparece.
Si usted sigue su trabajo con este libro del modo en que comentamos, se está entrenando para conseguir una relajación muy profunda y un buen control de sus imágenes mentales. Así que ya está preparado para usar el ejercicio siguiente y conseguir insensibilidad en su mano como acabamos de describir. Estos son los pasos:
1. Siéntese en una silla con respaldo recto, cierre los ojos, vuélvalos ligeramente hacia arriba y cuente en forma descendente para entrar al nivel alfa.
2. Profundice su relajación haciendo una nueva cuenta descendente. Le recomiendo que cuente del 100 al 1.
3. Mueva su mano menos fuerte hacia el lado de la silla y sumérjala en un recipiente imaginario de agua helada, con bastante hielo. Sienta los trozos de hielo. Recuerde alguna vez que haya tenido la mano sumergida en agua helada. 4. Deje su mano metida en el cubo imaginario de agua helada
durante unos cinco minutos. Observe cómo su mano se va poniendo más y más fría cada segundo, más y más insensible.
5. Saque su mano del cubo imaginario y compruebe la diferencia de sensibilidad pellizcándola con la otra.
6. Recupere sus sensaciones normales frotando ambas manos entre sí varias veces.
desee simplemente evocando este ejercicio, y que puede transferir esa sensación a cualquier otra parte de su cuerpo simplemente colocándola sobre esa parte.
8. Cuente del 1 al 5 y abra los ojos sintiéndose estu- pendamente.