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DE HOBBITON AL BOSCAJE CERRADO

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Los borradores originales manuscritos del segundo capítulo de El Señor de los Anillos no son una narración completa, aunque muy poco elaborada, sino más bien pasajes inconexos de la narración, que en algunos casos se encuentran en varias versiones y que iban tomando forma a medida que la historia se iba desarrollando y evolucionando. El hecho de que mi padre hubiese mecanografiado el primer capítulo para el 1 de febrero de 1938 (pág. 57), pero que el 17 de febrero haya escrito (pág. 62) que si bien le había sido fácil escribir los primeros capítulos «la continuación de El Hobbit está todavía donde estaba» permite pensar que redactó el segundo capítulo después de escribir a máquina la cuarta versión de «Una reunión muy esperada».

A continuación escribió a máquina un texto que tituló «Tres es compañía y cuatro aún más»; ese texto se presenta en su totalidad, pero antes de hacerlo conviene analizar etapas anteriores del relato (una de las cuales es muy interesante).

Al comienzo del primer manuscrito, un borrador, Odo y Frodo Tuk (aunque Frodo fue sustituido de inmediato por Drogo) están sentados de noche en un portalón y comentando lo ocurrido esa tarde en Bolsón Cerrado, mientras «Frodo Brandigamo estaba sentado sobre una pila de morrales y fardos y contemplando las estrellas». Al parecer, este Frodo Brandigamo se basa en el personaje descrito en las notas presentadas en las págs. 60-61, en una de las cuales fue sustituido por Marmaduque (Brandigamo). Bingo se aparece a sus espaldas en silencio e invisible, empuja a Odo y Drogo de modo que se caen del portalón; y después de la broma que les hace luego el borrador continúa con lo siguiente:

—¿Tienen alguna idea de adónde vamos? —preguntó Bingo.

—Ni la menor idea —dijo Frodo—, si lo que quieres saber es dónde llegaremos al final. Con este capitán sería imposible adivinarlo. Pero todos sabemos adónde nos dirigimos primero.

—Lo que no sabemos —dijo Drogo— es cuánto tardaremos en llegar caminando. ¿Lo sabes? Tú sueles llevar un poney.

—Eso no es mucho más rápido, aunque es menos agotador. Déjenme pensar; nunca he hecho este viaje de prisa y por lo general [64] he tardado unas cinco semanas y media (descansando bastante). En realidad, siempre he tenido alguna aventura, ligera o no tanto, cada vez que he ido a Rivendel.

—Muy bien, avancemos un poco esta noche —propuso Frodo—. Es agradable caminar bajo las estrellas, y está fresco.

—Es mejor que partamos pronto y nos pongamos rápidamente en camino —dijo Odo (que era muy dormilón)—. Mañana avanzaremos más si descansamos bien.

—Estoy de acuerdo con el consejero Frodo —dijo Bingo. De modo que partieron, luego de echarse los fardos al hombro y llevando largas varas en la mano. Caminaron sigilosamente, atravesando prados y bordeando setos y bosquecillos, hasta que cayó la noche, y cubiertos con mantos oscuros [?verdes] eran invisibles a pesar de no llevar anillos. Y, claro está, por ser Hobbits nadie podía oírlos, ni siquiera otros Hobbits. Finalmente Hobbiton quedó muy atrás y las luces de las ventanas de la última granja parpadearon en la cumbre de una colina a lo lejos. Bingo se volvió y agitó la mano en señal de despedida.

la oscuridad, entre altos setos y árboles mecidos por el viento. Ahora caminaban de a dos en dos, hablando un poco, entonando una canción a veces, a menudo caminando pesadamente por una milla o algo así sin decir nada. Las estrellas se mecían sobre sus cabezas, y se hizo muy tarde.

Odo lanzó un enorme bostezo y empezó a caminar más despacio.

—Tengo tanto sueño —dijo— que me caeré en el camino. ¿Por qué no buscamos un lugar donde pasar la noche?

Aquí termina el borrador original del pasaje inicial. Es notable que los hobbits se propongan ir a Rivendel y que Bingo ya haya estado allí varias veces; compárese con la nota presentada en la pág. 60: «Bilbo… se queda a vivir en Rivendel. Eso explica las frecuentes ausencias de Bingo de su casa». Pero no hay ninguna indicación, ni ha habido ninguna, del motivo por el cual tienen que darse prisa.

Es evidente que cuando los hobbits llegan al Camino del Este siguen por él hacia el este. En esta etapa no se hace ninguna alusión a un camino lateral que lleve a Los Gamos, ni a que Los Gamos estuviese en sus planes. [65]

A continuación se escribió una versión revisada del comienzo del capítulo. Se eliminó a Drogo Tuk, dejando sólo a Odo y Frodo como compañeros de Bingo (es prácticamente indudable que ahora Frodo es un Tuk). El pasaje en el que se hablaba de Rivendel ha sido suprimido y en su lugar aparece la idea de «ir a buscar a Marmaduque». La descripción del camino recorrido desde Hobbiton es mucho más detallada y muy similar a la que aparece en el texto mecanografiado (pág. 69-70); es interesante observar que aquí se origina el camino a Los Gamos:

Después de descansar en un terraplén bajo unos abedules de follaje escaso, continuaron la marcha hasta llegar a un camino angosto. El camino se alejaba, grisáceo en la oscuridad, subiendo y bajando, pero elevándose poco a poco hacia el sur. Era el camino que llevaba a Los Gamos y que subía desde el camino principal, el Camino del Este de Valle del Agua, y que seguía zigzagueante más allá de las laderas de las Colinas Verdes hacia el extremo sudeste de la Comarca, el Bosque Cerrado, como lo llamaban los Hobbits. Siguieron por ese camino hasta que se perdió entre altos setos y árboles oscuros con hojas secas que susurraban en el aire de la noche.

La comparación entre este texto y la descripción del Camino del Este que aparece en el primer borrador («que se alejaba grisáceo en la oscuridad, entre altos setos y árboles mecidos por el viento») demuestra que uno deriva del otro. Es probable que por este motivo no se haya mencionado el cruce en el Camino del Este; sólo se dice que el camino hacia Los Gamos era una bifurcación del primero (lo que contrasta con la CA, págs. 104-105).

Después de que Odo dice (texto mecanografiado, pág. 70): «¿Pensáis dormir de pie?», viene lo siguiente:

El Camino sigue y sigue desde la puerta:

el Camino ha ido muy lejos delante de nosotros, y aquellos que podamos lo seguiremos;

recorriéndolo con pie fatigado, hasta llegar a un camino más ancho, donde se encuentran senderos y cursos.

En el manuscrito original no se indica quién recitaba el verso (del cual también hay muchas versiones tentativas en borrador); en el texto mecanografiado (págs. 72-73) se asigna a Frodo y se lo incluye en un pasaje posterior del relato.

El segundo borrador pasa entonces abruptamente al día siguiente, y empieza en mitad de una frase:

… en la planicie de una pradera salpicada de altos árboles, cuando Frodo dijo: —¡Oigo un caballo que viene por el camino detrás de nosotros!

Miraron hacia atrás, pero el camino zigzagueante ocultaba al viajero.

—Creo que es mejor que nos escondamos —dijo Bingo—, o al menos escóndanse ustedes. Por supuesto, no es que importe mucho, pero preferiría no encontrarme con nadie que conozcamos. Los dos [escrito encima en la misma oportunidad: Odo & F.] corrieron rápidamente hacia la izquierda, se metieron en un pequeño agujero que había junto al camino y se agazaparon. Bingo se puso el anillo y se sentó a unas pocas yardas del camino. El ruido de cascos se acercaba. En el codo del camino apareció un caballo blanco, y sobre él había un bulto, o eso es lo que parecía: un hombre de baja estatura envuelto en un gran manto y tocado con una capucha, por lo que sólo se le veían los ojos, y las botas en los estribos.

Cuando llegó frente a Bingo, el caballo se detuvo. La silueta asomó la nariz y olfateó; luego se quedó sentada en silencio, como escuchando. De repente una carcajada escapó de la capucha.

—¡Bingo, hijo mío! —dijo Gandalf, apartando las ropas que lo cubrían—. Tú y tus muchachos están en algún lado. Salid y dejaos ver, ¡quiero hablar con vosotros! —Dio vuelta el caballo y se dirigió directamente al agujero donde estaban Odo y Frodo—. ¡Hola! ¡Hola! —llamó—. ¿Ya estáis cansados? ¿No vais a seguir caminando hoy?

En ese instante Bingo reapareció.

—¡Cielos! —exclamó—. ¿Qué haces en este camino, Gandalf? Creí que habías regresado con los elfos y los enanos. ¿Y cómo sabías que estábamos aquí? [67]

—Fue muy fácil —dijo Gandalf—. Nada mágico. Os vi desde la cima de la colina y entonces supe a qué distancia estabais. Apenas dejé atrás el codo del camino y vi que no había nadie en la planicie que se extendía delante de mí, me di cuenta de que os habíais apartado del camino cerca de aquí. Y puedo ver una huella como la que dejasteis en la alta hierba, por lo menos cuando me pongo a rastrearla.

Aquí se interrumpe este borrador, al pie de una página, y si mi padre siguió escribiendo después de este punto, el manuscrito se ha perdido; pero me parece mucho más posible que lo haya dejado a un lado, porque apenas lo escribió descartó la idea de que el jinete fuese Gandalf. Es muy interesante observar que la descripción de Gandalf es muy similar a la del Jinete Negro, ¡y que originalmente era Gandalf quien olfateaba! De hecho, la transformación de uno en el otro se realizó inicialmente mediante cambios a lápiz hechos en el borrador de la siguiente manera:

En el codo del camino apareció un caballo blanco [> negro], y sobre él había un bulto, o eso es lo que parecía: un hombre de baja estatura [> bajo] envuelto en un gran manto [agregado: negro] y tocado con una capucha, por lo que sólo se le veían los ojos [> su cara era invisible en la sombra]…

Si se compara la descripción de Gandalf en el borrador con la del Jinete Negro en el texto mecanografiado (pág. 74), se observa que, pese a cierta depuración, el Jinete Negro sigue basándose en Gandalf. El nuevo giro del relato fue realmente «inesperado» (pág. 62).

El siguiente borrador comienza con variaciones iniciales de la canción En el hogar el fuego es rojo y continúa hasta la segunda aparición del Jinete Negro y la llegada de los Elfos al final del capítulo. El texto mecanografiado es muy similar a este material y no es necesario analizarlo (en las Notas se mencionan uno o dos elementos interesantes de menor importancia en el desarrollo de la narración). Pero hay un pasaje manuscrito aislado que no se incluyó en el texto mecanografiado; y este pasaje, que es muy interesante, se presenta por separado (véase la pág. 97).

A continuación presento el texto mecanografiado, que llegó a ser extremadamente complejo y que ahora es un documento que está muy deteriorado. Es evidente que apenas terminó de escribirlo, o poco tiempo antes, mi padre comenzó a revisarlo, en ciertos casos volviendo a escribir a máquina algunas páginas (aunque conservando las descartadas), [68] y también introduciendo muchos cambios aquí y allá; la mayoría de éstos son modificaciones poco importantes de la redacción.[25] En el siguiente texto incluyo todos esos cambios sin ningún comentario, pero en las Notas que se presentan al final (págs. 87 y siguientes) se incluyen algunos pasajes y frases anteriores de interés.

II

Tres es compañía y cuatro aún más[26]

Odo Tuk estaba sentado en un portalón silbando dulcemente. Su primo Frodo estaba tendido en la tierra junto a una pila de fardos y morrales, contemplando las estrellas y oliendo el frío aire del crepúsculo otoñal.

—Espero que Bingo no se haya quedado encerrado en el aparador o que le haya pasado algo —dijo Odo—. Ya es tarde; son más de las seis.

—No hay por qué preocuparse —replicó Frodo—. Ya aparecerá cuando le parezca oportuno. Tal vez se le ocurrió una última broma irresistible o alguna otra cosa; es muy Brandigamo. Pero ya va a aparecer; tío Bingo es muy digno de confianza a la larga.

Se oyó una risa ahogada a sus espaldas.

—Me alegro de oírlo —dijo Bingo haciéndose repentinamente visible—, porque éste será un viaje muy largo. Y bien, muchachos, ¿estáis listos para partir?

—No está nada bien eso de andar escabulléndose con el anillo —dijo Odo—. Algún día vas a oír lo que pienso de ti, y no te va a gustar tanto.

—Ya lo sé —dijo Bingo riendo— y, sin embargo, sigo de buen humor. ¿Dónde están mi fardo y mi vara?

—¡Aquí los tienes! —contestó Frodo, poniéndose de pie de un salto—. Aquí tienes tus cosas: fardo, saco, manto, vara.

forcejeando con las correas. Era más bien corpulento.

—¡Y bien! —dijo Odo—. No empieces a comportarte como un Bolger. No hay nada allí, salvo lo que nos pediste que empacáramos. Sentirás menos la carga cuando camines un rato y pierdas un poco de tu propio peso. [69]

—¡Sean amables con un pobre y viejo hobbit! —dijo Bingo riendo—. Estoy seguro de que estaré tan delgado como una vara de sauce antes de una semana. Pero ¿qué vamos a hacer ahora? Celebremos un conciliábulo. ¿Qué haremos primero?

—Yo pensaba que eso ya estaba decidido —dijo Odo—. Ante todo tenemos que ir a buscar a Marmaduque.

—¡Oh, sí! No es eso lo que quería decir —se corrigió Bingo—. Lo que quería decir es: ¿qué vamos a hacer esta noche? ¿Caminaremos poco o mucho? ¿Caminaremos durante toda la noche o no caminaremos nada?

—Sería mejor que buscáramos un hueco cómodo en un pajar, o en algún lugar, y que nos acostáramos pronto —dijo Odo—. Mañana avanzaremos más si descansamos bien.

—Avancemos un poco esta noche —propuso Frodo—. Quiero alejarme de Hobbiton. Además, es agradable caminar bajo las estrellas, y está fresco.

—Estoy de acuerdo con Frodo —dijo Bingo. De modo que partieron, luego de echarse los fardos al hombro y blandiendo gruesas varas. Caminaron sigilosamente, atravesando prados y bordeando setos y bosquecillos hasta que cayó la noche. Cubiertos con mantos oscuros, eran invisibles a pesar de no llevar anillos, y por ser hobbits no hacían ningún ruido que pudieran oír ni siquiera otros hobbits (o las criaturas salvajes de los bosques y los campos).

Al cabo de un rato cruzaron El Agua, al oeste de Hobbiton, donde no era más que una serpenteante cinta negra, bordeada por inclinados alisos. Se encontraban ahora en las Tierras de Tuk, y comenzaron a trepar por el País de la Colina Verde, al sur de Hobbiton.[27] Alcanzaban a ver las luces de la villa parpadeando en el agradable valle de El Agua. La escena desapareció pronto entre los pliegues del terreno oscurecido, y entonces vieron Delagua, a orillas de la laguna gris. Cuando la luz de la última granja quedó muy atrás, asomando entre los árboles, Bingo se volvió y agitó la mano en señal de despedida.

—Ahora sí que nos marchamos —dijo—. Me pregunto si volveremos a ver este valle alguna vez.

Después de caminar durante unas dos horas, descansaron. La noche era clara, fresca y estrellada, pero unas nubes de bruma [70] ascendían por las faldas de las colinas desde los arroyos y las praderas profundas. Unos abedules de follaje escaso, que una fría brisa movía allá arriba, creaban una trama negra contra el cielo pálido. Comieron una cena muy frugal (para los hobbits), y continuaron la marcha. Odo no quería seguir caminando, pero los demás dijeron que esa colina desnuda no era un buen lugar para pasar la noche. Pronto encontraron un camino muy angosto que ascendía y descendía, y se perdía luego agrisándose en la oscuridad cada vez más profunda. Era el camino a Los Gamos, que subía desde el Camino del Este en el Valle del Agua, y zigzagueaba por las laderas de las Colinas Verdes hacia el extremo sudeste de la Comarca, el Boscaje Cerrado, como lo llamaban los hobbits. Eran muy pocos los hobbits que vivían en esa región.

Siguieron avanzando por ese camino. Poco después se hundía en una senda profunda, abierta entre árboles altos con hojas secas que susurraban en la noche. Estaba muy oscuro. Al principio hablaban, o entonaban una canción a media voz; luego continuaron en silencio, y Odo empezó a rezagarse. Al fin se detuvo y lanzó un gran bostezo.

—Tengo tanto sueño —dijo— que pronto me caeré en el camino. ¿Por qué no buscamos un lugar donde pasar la noche? ¿O pensáis dormir de pie?[28]

—¿Cuándo nos espera Marmaduque? —preguntó Frodo—. ¿Mañana en la noche?

—No —dijo Bingo—. No podríamos llegar allí mañana en la noche, aunque camináramos muy de prisa, a menos que avanzáramos muchas millas más ahora. Y debo decir que no deseo hacerlo. Falta poco para la medianoche. Pero está bien. Le dije a Marmaduque que nos esperara pasado mañana en la noche; de modo que no corre prisa.

—El viento sopla del oeste —dijo Odo—. Si bajamos por la ladera opuesta de esta colina encontraremos un lugar bastante seco y resguardado.

En la cima de la colina por la que atravesaba el camino llegaron a un lugar donde crecían abetos, que era seco y olía a resina. Dejando el camino, se internaron en la profunda oscuridad del bosque, y juntaron ramas secas y piñas para hacer fuego. Pronto las llamas crepitaron alegremente al pie de un [71] gran abeto y se sentaron alrededor un rato, hasta que comenzaron a cabecear de sueño. Cada uno se acomodó en otro rincón de las raíces del árbol, se envolvieron con las capas y las mantas, y pronto cayeron en un sueño profundo.

No corrían peligro, pues aún estaban en la Comarca. Unas pocas criaturas se acercaron a observarlos luego que el fuego se apagó. Un zorro que pasaba por el bosque, ocupado en sus propios asuntos, se detuvo por varios minutos y olfateó. «¡Hobbits!» pensó. «Bien, ¿qué pasará ahora? He oído muchas cosas extrañas de la Comarca, ¡pero nunca de un hobbit que duerma a la intemperie bajo un árbol! ¡Tres hobbits! Hay algo muy extraordinario detrás de todo esto.» Estaba en lo cierto, pero nunca descubrió nada más sobre el asunto.

Llegó la mañana, algo pálida y húmeda. Bingo despertó primero, y descubrió que la raíz del árbol le había hecho un agujero en la espalda y que tenía el cuello tieso. No parecía tan divertido como el día anterior. «¿Por qué le habré dado mi hermosa cama de plumas a Fosco,[29] ese salchichón viejo?», pensó. «Las raíces de estos árboles le habrían venido bien.»

—¡Arriba, hobbits! —gritó—. Es una hermosa mañana.

—¿Qué tiene de hermosa? —preguntó Odo, echando una mirada por sobre el borde de la manta—. ¿Tienes listo ya el baño caliente? ¡Prepara el desayuno para las nueve y media!

Bingo le quitó las mantas y lo hizo rodar encima de Frodo; los dejó forcejeando y fue hacia el linde del bosque. En el lejano este, el sol se elevaba rojo entre las nieblas espesas que cubrían el mundo.

Tocados con oro y rojo, desde lejos los árboles otoñales parecían navegar a la deriva en un mar de sombras. Un poco más abajo, a la izquierda, el camino descendía bruscamente a una hondonada entre dos laderas y desaparecía.

Cuando regresó, los otros dos estaban haciendo un buen fuego. —¡Agua! —gritaron—. ¿Dónde está el agua?

—No llevo agua en los bolsillos —dijo Bingo.

—¿Por qué? —preguntó Bingo—. Ayer en la noche nos quedaba agua para el desayuno; o eso

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