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UNA HISTORIA ANTIGUA

In document F - Desconocido.pdf (página 198-200)

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En esta etapa se intercaló un capítulo titulado «II: Una historia antigua», el precursor de «La sombra del pasado» de la CA, que debía ir a continuación de «Una reunión muy esperada». Este capítulo es fundamental en la evolución de El Señor de los Anillos, puesto que aquí aparecen por primera vez en la narración el concepto del Anillo Soberano y el personaje de Sam Gamyi, el compañero de Bingo (Frodo) en su largo viaje. No hay rastros de borradores anteriores, con la excepción de unas pocas notas tan deshilvanadas e inconexas que es prácticamente imposible reproducirlas. En esas notas mi padre apuntó de prisa los hechos más destacados de la vida de Bingo después de la desaparición de Bilbo, y concibió la historia de la partida de Bingo diecisiete años después, celebrada con una cena a la que asistían Merry, Frodo y Odo (que aparentemente recibían el producto de la venta de Bolsón Cerrado). Junto a estas notas mi padre escribió: «Sam Gamyi reemplazará a Odo» (compárese con Dudas y cambios, pág. 280).

Éste es un manuscrito esquemático, en realidad muy esquemático en algunos puntos, pero legible casi en su totalidad. Hay algunas modificaciones correspondientes a una etapa posterior, que no incorporo al texto, y numerosos cambios a lápiz, algunos de los cuales parecen haber sido hechos mientras se estaba escribiendo el capítulo. Incorporo estos últimos al texto, pero en algunos casos presento el texto original en las notas.

La charla no decreció ni en nueve ni en noventa y nueve días. La segunda y definitiva desaparición del señor Bilbo Bolsón se discutió en Hobbiton y Delagua, y en verdad en toda la Comarca, durante un año y un día, y se recordó todavía mucho más. Llegó a ser uno de esos cuentos que se relatan junto al fuego a los niños hobbits; y al fin (después de un siglo o más) el Loco Bolsón, que tenía la costumbre de desaparecer con una detonación y un relámpago para reaparecer con sacos repletos de oro y alhajas, se convirtió en un personaje legendario que continuó viviendo cuando ya los hechos verdaderos se habían olvidado del todo.

Pero entre tanto los serios hobbits adultos aceptaron que [315] Bilbo (después de dar muestras de estar un poco chiflado por largo tiempo) se había vuelto loco de pronto, y había escapado a lo desconocido, donde indudablemente habría caído en un hoyo o en una laguna, y había encontrado un fin trágico aunque nada prematuro. Había un Bolsón menos y eso era todo.[235] Ante la evidencia de que el mismo Bilbo había decidido cuándo y cómo desaparecería, al fin dejaron de sospechar de Bingo. También quedó claro que la partida de Bilbo lo había entristecido más que a cualquier otro amigo de Bilbo, aun los más íntimos. Pero se culpó a Gandalf de haber incitado y animado al «pobre viejo Bilbo» por motivos propios misteriosos y desconocidos.

«Si por lo menos ese mago dejara tranquilo al joven Bingo, quizá se asentaría y llegaría a tener un poco de buen sentido hobbit», decían. Y aparentemente el mago lo dejó tranquilo, y Bingo se asentó, pero el desarrollo del sentido hobbit no era demasiado visible. En efecto, de inmediato empezó a hacerse merecedor de la reputación de excéntrico que tenía su tío. Se negó a guardar duelo; y al año siguiente dio una fiesta en honor del centesimodecimosegundo cumpleaños de Bingo, que llamó la Fiesta de los Cien; pero sólo invitó a unos pocos amigos que no llegaron a comer cien libras entre todos. Eso afligió a la gente; pero Bingo siguió celebrando «la fiesta de cumpleaños de Bilbo» año tras año, hasta que al fin todos se acostumbraron. Bingo decía que no

creía que Bilbo hubiera muerto. Cuando le preguntaban «¿Dónde está entonces?», se encogía de hombros.[236] Vivía solo, pero salía mucho con algunos hobbits más jóvenes por los que Bilbo había sentido gran estima, y seguía «animándolos». Frecuentaba sobre todo a Meriadoc Brandigamo (llamado comúnmente Merry), Frodo Tuk y Odo Bolger.[237] Merry era hijo de Caradoc Brandigamo (primo de Bingo) y de Yolanda Tuk, y por lo tanto era primo de Frodo, hijo de Folco (hermano de Yolanda). Frodo, llamado también Frodo Segundo, era tataranieto de Frodo Primero (conocido comúnmente como el Viejo Tuk), y el heredero y la última esperanza del Agujero Tuk, como llamaban al clan. La madre de Odo también era una Tuk y Odo era primo tercero de los otros dos.[238] Bingo salía con ellos (a menudo con desaliñadas vestimentas) y recorría toda la Comarca. Solía ausentarse de casa. Pero siguió [316] derrochando el dinero que tenía, aun con más soltura que Bilbo. Pero al parecer le quedaba mucho dinero, de modo que como es natural, nadie prestaba mucha atención a sus rarezas siempre que fuera posible. A medida que el tiempo pasaba, es cierto que la gente comenzó a notar que Bingo también se «conservaba» bien; exteriormente tenía la apariencia de un hobbit robusto, más bien corpulento y de buena complexión que apenas había sobrepasado la «veintena». «Algunos tienen suerte en todo», decían, refiriéndose a la envidiable combinación de la riqueza y lo bien que se conservaba; pero esto no les pareció algo notable, ni siquiera cuando Bingo empezó a acercarse a la más sobria edad de cincuenta años.

El mismo Bingo, pasada la primera conmoción provocada por la pérdida y el cambio, encontró bastante agradable no depender de nadie y ser el señor Bolsón de Bolsón Cerrado. Por un tiempo, en realidad durante algunos años, fue muy feliz, y no pensó mucho en el futuro. Pero, aunque nadie más lo supiera, Bingo sabía que el dinero no era ilimitado, y que iba desapareciendo rápidamente. El dinero rendía mucho en esos días, y se podían hacer muchas cosas sin él; pero Bilbo había agotado gran parte de la herencia y de los tesoros adquiridos durante sesenta años, y había gastado por lo menos 500 monedas de oro en la última Fiesta.[239] De modo que tarde o temprano se quedaría sin dinero. Pero Bingo no se preocupaba; aunque no lo reconocía, en el fondo aún quería seguir a Bilbo, o al menos irse de la Comarca y escapar a lo desconocido, o a donde lo llevara el azar.

Algún día lo haré, pensaba. Cuando se acercó a los 50 años —un número que le parecía significativo (o temible), porque a esa edad Bilbo había tenido su primera aventura— empezó a pensar más seriamente en irse. Se sentía inquieto. Solía mirar los mapas y preguntarse qué habría más allá de los bordes: los mapas hobbits hechos en la Comarca no se extendían muy lejos al este o el oeste de las fronteras. Y empezó a sentirse estirado a veces, como si hubiese vivido demasiados días y semanas y meses, pero no estuviera realmente presente. No se lo pudo explicar mejor a Gandalf, aunque lo intentó. Gandalf movió la cabeza pensativo. [317]

Gandalf había adquirido el hábito de aparecer furtivamente para verlo, sin hacer ruido y en secreto, y por lo general cuando no había nadie cerca. Daba el golpe acordado en la ventana o en la puerta, y lo dejaban entrar; generalmente llegaba cuando estaba oscuro, y no salía de la casa. Luego volvía a partir, por lo general sin avisar, de noche o por la mañana temprano antes de que saliera el sol. Además de Bingo, sólo Frodo y Merry sabían de esas visitas; aunque sin duda los que vivían en el campo lo veían pasar por el camino o los sembrados, y se rascaban la cabeza

tratando de recordar quién era o preguntándose qué hacía allí.

Gandalf reapareció por primera vez unos tres años después de la partida de Bilbo, le echó una mirada a Bingo, escuchó las noticias insignificantes de la Comarca, y partió una vez más al ver que Bingo seguía estando asentado. Pero regresó una o dos veces al año (salvo por una larga ausencia de casi dos años) hasta el decimocuarto. Bingo tenía 47 años. A partir de entonces empezó a aparecer a menudo y a quedarse por más tiempo.[240] Comenzó a preocuparse por Bingo; y también sucedían cosas extrañas. Hasta los hobbits más sordos y más tranquilos habían empezado a oír los rumores. Bingo había oído mucho más que cualquier otro hobbit de la Comarca, porque, claro está, conservaba la costumbre de Bilbo de recibir a enanos y a extraños forasteros y a veces incluso a algunos elfos. En todo caso, Merry y Frodo, sus amigos íntimos, creían que los elfos se mostraban amistosos con él [puesto entre paréntesis cuando se escribió el texto: y que conocía algunos de sus escasos refugios. Y eso era cierto. Bilbo le había enseñado a Bingo todo lo que sabía, e incluso lo que había aprendido de las dos lenguas élficas (que hablaban los Elfos) de esa época y esos lugares. En realidad, había muy pocos elfos en la Comarca, y rara vez los veía alguien además de Bilbo y Bingo. Cuando se escribió el texto esto fue sustituido por:] y que conocía algo de sus lenguas secretas, que probablemente le había enseñado Bilbo. Y tenían razón.

Los elfos y los enanos estaban inquietos, sobre todo los que ocasionalmente llegaban allí desde lejos, del este o el sur, o pasaban por el lugar. Pero rara vez decían algo categórico. Aunque mencionaban constantemente al Nigromante, o al [Señor Oscuro >] Enemigo; y a veces hablaban de la Tierra de Mordor [318] y de la Torre Negra. Parecía que el Nigromante se había puesto en movimiento otra vez, y que la confianza de Gandalf en que el norte no sufriría su presencia por muchos años no se justificaba.[241] El Nigromante había huido del Bosque Negro sólo para recuperar la vieja fortaleza del sur, cerca del centro del mundo de esa época, en la Tierra de Mordor; y se decía que la Torre Negra había sido reconstruida. El poder del Nigromante se extendía una vez más por las tierras y las montañas y los bosques se cubrían de sombras. Los Hombres estaban inquietos y avanzaban hacia el norte y el oeste, y al parecer el Señor Oscuro ya dominaba en parte o absolutamente a muchos de ellos. Había guerras, y muchos incendios y mucha destrucción. Los enanos estaban atemorizados. Los trasgos se multiplicaban de nuevo y reaparecían. En todas partes había nuevos trolls, aun más maléficos; se hablaba de gigantes, Gente Grande mucho más grande y fuerte que los Hombres, [? considerados comúnmente como] la Gente Grande, y no más estúpidos que ellos, que en verdad solían actuar con gran astucia y emplear poderes mágicos. Y también se hablaba vagamente de cosas o criaturas todavía más espantosas que los trasgos, los trolls o los gigantes. Los elfos iban desapareciendo, o se alejaban sin cesar hacia el oeste.

En Hobbiton se empezó a hablar de las extrañas gentes que andaban por todas partes, y que con frecuencia cruzaban las fronteras. El siguiente relato de una conversación que tuvo lugar en el Dragón Verde de Delagua una noche [en esa época >] en la primavera del ¿cuadragésimo noveno? ¿quincuagésimo? [sic] año[242] de Bingo os dará una cierta idea de lo que se sentía en el aire.

Sam Gamyi (el hijo [mayor >] menor del viejo Tío Gamyi y un buen jardinero) estaba sentado en un rincón junto al fuego, de frente a Ted Arenas,[243] el hijo del molinero de Hobbiton; y otros rústicos hobbits escuchaban la conversación.

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