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EL HOMBRE DEL CABALLO BLANCO

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8 ¿CUÁNTO VALE USTED?

12. EL HOMBRE DEL CABALLO BLANCO

Este mensaje, "El Hombre del Caballo Blanco", es el número 12 de nuestra serie "¡SEA EL MEJOR EN SU CAMPO!".

No obstante ser el mensaje final de la serie "¡SEA EL MEJOR EN SU CAMPO!", espero, sinceramente, que sea sólo el comienzo para establecer una larga y amistosa asociación en los años que vienen. Espero también, que usted continúe usando este mensaje en su programa de "¡SEA EL MEJOR EN SU CAMPO!", Durante los meses y años por venir, y que, tanto éste como los otros mensajes, sigan siendo de utilidad para usted mismo y para tantos con quienes los comparta.

Pero, hablemos ahora del "Hombre del Caballo Blanco".

Todo negocio, desde el más pequeño hasta el más grande, necesita del líder. Los negocios cuentan con su Mesa Directiva, con sus diversas jerarquías de ejecutivos y, tal vez, con sus divisiones semiautónomas ampliamente distribuidas; mas, la empresa y todas sus divisiones, deben tener un guía firme y capaz. De manera contraria a la creencia popular, la moral de toda organización no se levanta, sin que se filtre desde arriba hasta abajo. La actitud de las personas que trabajan en cualquier organización, es siempre el reflejo de la actitud del líder. Y, si observamos este hecho, hallaremos que ese líder es una sola persona.

Estoy seguro de que usted se percata bien, del hecho de que, aún las más grandes y antiguas empresas, con sus miles de empleados y con sus cientos de ejecutivos, cuando se ven en dificultades, o cuando no les va tan bien como debiera irles, buscan a un hombre y lo colocan en el lugar de la autoridad final. Toda la empresa, la Mesa Directiva y, quizás, millones de accionistas, todos esperan de este hombre la guía y el éxito. Este hombre es, pues, el del "Caballo Blanco". Allí donde esté una empresa progresista,

ya se trate de una estación de gasolina, de un supermercado, de una Compañía de ventas y de servicios, o de una fábrica... allí se hallará, tras ese éxito, "El Hombre del Caballo Blanco".

Ese hombre es el ser más valioso del país. Él acciona el engranaje y hace funcionar a la economía. Es el hombre responsable del crecimiento de la nación y de nuestro puesto en el mundo; él es quien emplea a millones, es el soñador... y el planeador... y, para él, el reloj es algo que sólo los demás miran. Lo encontramos trabajando desde hora temprana hasta ya bien tarde... y cuando no está trabajando es porque está pensando en lo que va a hacer al día siguiente.

Allá por los tiempos de la depresión, durante los años treinta, la frase que más escuchaban los empresarios era aquella de "¡Estoy dispuesto a hacer lo que sea!". Millones de personas se veían sin empleo, miles de negocios habían cerrado sus puertas, y afuera de las agencias de colocaciones, largas colas de gentes se formaban, esperando encontrar un trabajo cualquiera.

Y fue durante esos tiempos, en Long Beach, California, repleta, a reventar, de miles de personas que habían emigrado hasta allí buscando trabajo, cuando no había suficiente que dar a sus residentes mismos, cuando un amigo mío hizo un descubrimiento interesante.

Encontró que podría ir a trabajar a cualquier lugar que quisiera. ¡Por asombroso que esto parezca, es verdad! Un día se dio cuenta de que los establecimientos de negocios,

de varias clases, estaban tan ansiosos de salir avantes, como lo estaban todos los que andaban en busca de trabajo.

Estos propietarios y gerentes de negocios estaban afligidos y preocupados por los duros tiempos que pesaban sobre la nación... y gran número de ellos buscaban al "Hombre del Caballo Blanco"... el hombre que, de algún modo, surgiría para resolver todos, o casi todos sus problemas de negocios. Todo lo que oían eran peticiones de trabajo y la consabida frase: “¡Estoy dispuesto a hacer lo que sea!". Estas personas pedían algo de un hombre y, muy probablemente, él mismo se tambaleaba al borde de la ruina financiera. Y así sucedió que en los escaparates de todas las comarcas aparecieron letreros que decían "no hay trabajo". Esto era una forma negativa de propaganda y, aunque mantenía a las quejumbrosas hordas alejadas de las puertas, también les señalaba un presagio... el de la quiebra.

Bien, este amigo mío decidió convertirse en "El Hombre del Caballo Blanco". Su método fue simple y dio el gran resultado. Escogió la clase de negocio que pensaba le gustaría más y en el que pudiera hacer carrera. Después, consagró un mes a aprender lo que más pudo acerca de ese negocio. Habló con personas del mismo ramo, se enteró de sus problemas y de lo que, según él, los negocios adolecían. Hasta se hizo pasar por persona del mismo negocio, que venía de afuera... y habló durante horas enteras, haciendo preguntas acerca de lo que se creía que era conveniente hacer, y así por el estilo. Fue a la Biblioteca Pública y leyó todo lo que pudo encontrar acerca de ese negocio. Entonces, se puso a pensar acerca de las maneras y los medios de mejorar el negocio.

Cuando se creía ya listo, llamó a la puerta de la compañía en que había decidido trabajar... En vez de pedir un empleo, dijo algo parecido a lo siguiente: “Creo que sé

varias maneras de aumentar considerablemente su negocio y me gustaría hablar de ello".

Aquí vemos que mi amigo estaba vendiendo, de entre todas las cosas de la tierra, aquella en la que su interlocutor estaba más interesado. Y la circunstancia de que mi amigo ya conociera muchísimo acerca de los problemas de ese hombre, le permitió hablar inteligentemente. Tomó la actitud positiva y expresó su disposición de ayudar a ese hombre a poner su negocio sobre una base sana y provechosa, y... sí, señor... obtuvo el trabajo. Millones de personas sin trabajo se encontraban pidiendo ocupación... pero un hombre halló la manera de ser útil.

¿Qué fue lo que hizo? Primero, se especializó en una clase de trabajo que él mismo había escogido, después decidió que ésta era la actitud en la que su futuro quedaba mejor colocado. Ahora, sólo le restaba demostrar lo que él era, y lo demostró.

El "aprendiz de todo y maestro de nada" fue quien sufrió durante la depresión. Los que sabían lo que estaban haciendo y hacia dónde iban, navegaron por esos años de la depresión como el buque navega capeando la tormenta. La cosa no había sido como podría haber sido, pero por lo menos la travesía se logró; por lo menos, el buque no se fue a pique y, de hecho, muchos negocios crecieron en tamaño.

La mejor manera de que usted desarrolle el sentido de seguridad que dura toda la vida, es convertirse en figura prominente de una clase de negocio en particular. Mire la cuestión en esta forma (sin tomar en cuenta los altibajos): la industria de la que ésta clase de trabajo es una parte, seguirá operando. No cerrará completamente. Y, mientras usted forme parte del 5 por ciento de la gente de esa

industria, siempre sabrá que es "el Hombre del Caballo Blanco"... no sólo en lo que atañe a esa industria, sino en lo que atañe a usted y a su familia también.

La persona que llega a ser verdaderamente prominente en su especialidad, de hecho tiene la sartén por el mango. He allí al hombre confiado, de mente en calma. He allí al hombre que serenamente se da cuenta de su destacada habilidad y de su conocimiento íntimo del trabajo de su particular industria. He allí al profesional. El ha llegado... y él y todo el mundo lo saben.

Ahora bien: hágase esta pregunta: "¿Soy yo esa persona?.

Allá en lo íntimo de su ser, usted sabe la respuesta. Si contesta "sí", está usted entre la gente más afortunada... y en uno de los más pequeños y escogidos grupos "élite" de la tierra. Si su respuesta es "no", ese "no" puede convertirse en "sí" en un tiempo sorprendentemente corto.

El primer paso para llegar a ser "El Hombre del Caballo Blanco" es tomar una decisión realmente grande e importante. Es una decisión que la mayoría de las personas trabajadoras nunca toman... y, como resultado, sufren. El no tomar esta decisión aparta a las personas de su curso y les impide definir sus metas.

Si usted toma la decisión que ahora voy a recomendarle, puede ya aspirar hondo y arrojar un suspiro de alivio; podrá fijar su vista firmemente en el blanco y lanzarse a trabajar con calma, cómodo, seguro de su convicción de que el éxito que busca es suyo.

Es la decisión de construir su carrera en la actividad en que ahora se encuentra, percatándose, como indicábamos en el Mensaje No. 2 ("Campos más verdes") de que, cualquiera que sea el trabajo que ahora tiene, pisa usted terreno propio, lleno de diamantes, que usted encontrará con sólo buscarlos.

El gran magnate del acero, Andrew Carnegie, cuando se le preguntó la fórmula del éxito, respondió: “Ponga todos sus huevos en la canasta y después cuide su canasta". Seamos francamente realistas. ¿A quién se le despide durante una crisis económica? Bueno, ¿Qué es lo que se tira fuera de borda cuando un avión o buque van hacia abajo? Todo aquello que no sea absolutamente vital para el funcionamiento de la nave y para la seguridad de los pasajeros.

Lo mismo pasa en los negocios. El objeto principal de un negocio es seguir en los negocios para siempre. Mientras permanezca operando, puede proporcionar un producto o un servicio que sea necesario -proteger la inversión de los que tienen fe en el negocio- y proporcionar ocupación a los que son vitales para la continuidad de la operación.

Es deber de la Gerencia de un negocio proteger a la empresa y a las personas que de ella dependan, tanto como es deber del capitán hacer todo lo que esté a su mano para mantener su avión en el aire o su buque navegando sobre el mar. Todo lo que una persona necesita hacer es estar cierta de ser una parte vital del negocio o industria en que trabaje. Aquellos que insisten en ser material reemplazable, deben esperar ser despedidos cuando las cosas se pongan de color de hormiga.

A nadie (y particularmente al capitán) le gusta ver cómo se arroja la carga fuera de la borda; pero, si ello sirve para salvar la nave, sencillamente, no hay otra cosa más qué hacer.

Por eso es por lo que se despide a la gente. Nada tiene ello que ver con la Gerencia, ni con las relaciones laborales, ni con personalidades... y a la larga, es lo mejor para todos, puesto que cuando se ha reanudado la marcha normal, pueden ofrecerse ya empleos adicionales.

Cada uno de nosotros debe decidir si va a querer formar parte del cargamento... o un miembro de la tripulación. Créame usted, ésta es una cuestión individual que incumbe a cada quien.

Se dice que hoy se sufre una enfermedad llamada "Panafobia". Panafobia, quiere decir "miedo de todo". Es una sensación desagradable, una sensación de inseguridad que, generalmente, se manifiesta como un nudo de temor que se aloja exactamente en la zona en que queda la hebilla del cinturón... especialmente los domingos en la tarde o en la noche y en la mañana de los lunes. Y a nada puede achacarse... es sólo aprehensión... presagio de algo malo.

Y este estado, desagradable en extremo, se dice que es el resultado del callado, pero consciente hecho de que se nos está pagando más de lo que realmente estamos devengando. Es la comprensión perfectamente natural y normal, allá muy dentro de cada uno de nosotros, de que algo anda básicamente mal en eso de obtener más de lo que devengamos... de que se nos paga por algo que no estamos haciendo tan bien como deberíamos hacerlo.

Si tenemos panafobia, el huir no nos sirve de nada. Vemos que nos sigue en las vacaciones, estando por allí en la casa, o en el jardín, y durante los fines de semana. Está dentro de nosotros y no importa qué tan rápido sea el "jet" que abordemos o qué interesante sea el programa de televisión que estemos viendo, pronto nos damos cuenta de ello... conforme sus garras nos aprietan de nuevo.

Existe una curación sencilla de esta enfermedad. Consiste en arrojarnos... no fuera de la ventana... sino a fondo de nuestro trabajo. Es la decisión que vale más de lo que nos pagan. Sólo así podremos crecer. Es como inclinar el plato de la balanza a nuestro favor, sabiendo que la comprensión vendrá como resultado natural.

Todo el que es honrado consigo mismo se da cuenta de que se ha sentido más feliz después de haber dado cima con éxito a un trabajo difícil.

Y hasta aquí el episodio que hemos contado.

Tenemos el más grande país, la mejor economía y la mejor forma de gobierno del mundo. Ahora más que nunca antes, necesitamos de líderes. Pero, ¿Qué es un líder?

Líder es cualquier individuo que se ayuda a sí mismo y que guía a los demás. Es la madre concienzuda, que desea que sus hijos crezcan sabiendo las reglas del éxito y de la felicidad. Es el padre que enseña con el ejemplo que cualquier trabajo que valga la pena, vale la pena de hacerlo bien. Es el agricultor cuya tierra pone ejemplo en su región, y el pequeño hombre de negocios cuya empresa sigue creciendo y prosperando en el transcurso de los años. Es el

empleado que tiene el buen juicio de percatarse que debe lealtad y dedicación a la firma que paga sus salarios... y que desempeña esa responsabilidad haciéndose aquel empleado 'poco común' en que la Compañía puede confiar plenamente y del que se enorgullece. Un líder es cualquier persona que se da cuenta de la importancia de ser una persona más grande y mejor cada semana o mes que pasan. Un líder asume la responsabilidad de su propio crecimiento; es un planeador, un pensador, un hacedor.

Cada uno de nosotros puede llegar a ser "El Hombre del Caballo Blanco", en el campo en que nos hallemos. No es cosa difícil y, a la larga, es mejor de lo

que a primera vista pudiera parecer. Simplemente, fije su vista en la meta que se ha fijado... visualícela con todo el entusiasmo de su ser... y váyase recto a ella. Mantenga una alegre y servicial actitud hacia todos. ¿Porqué no sentirse alegre, puesto que usted sabe que logrará todo aquello en que ha puesto su corazón?.

Conviértase, por así decirlo, en una esponja que absorba toda la información que lo ayude en su camino. No es necesario que gaste años cometiendo los errores que otros han cometido antes. Se sorprenderá usted al ver qué tan rápidamente alcanza su meta. Mas, no sea impaciente. Sepa y tenga fe en que lo que debe venir a usted, vendrá a su debido tiempo. Todo en el mundo funciona en favor de la persona que trabaja de acuerdo con las leyes de la naturaleza.

Especialmente, recuerde (si es que olvida lo demás), que todo en su derredor... todo lo que usted tenga, sepa o experimente, de cualquier modo, opera de acuerdo y como

resultado de la ley... la ley que es verdadera e inmutable... la ley de las estrellas y del equilibrio del mundo.

Como escribiera Emerson: “Dejad que aprenda la prudencia de un más alto esfuerzo. Dejad que aprenda que todo en la naturaleza, aún el polvo y las plumas, se rige por la ley y no por el azar... y que, lo que se siembra se cosecha".

Eso es todo... eso es todo lo que hay en el asunto. Mire a su derredor... tome inventario de su situación presente que no es ni más ni menos que el resultado de lo que ha sembrado. ¿Se siente usted feliz de ELLO?, ¿Eso es lo que usted quiere? Entonces sabrá lo que debe sembrar... hoy y mañana y el día siguiente... y, al sembrar, confíe seguro, tranquilo, sereno y alegre, en que, habiendo sembrado, usted cosechará óptimos frutos... una cosecha abundante.

¿Puedo sugerirle que oiga frecuentemente éste mensaje de "¡SEA EL MEJOR EN SU CAMPO!" en los meses que están delante? Tal vez, en un momento de tranquilidad, poco antes de ir a la cama o como primera actividad en la mañana. Aún años después, usted y su familia hallarán algo nuevo en cada uno de los mensajes, cada vez que los escuche. Y eso es porque uno está en constante cambio... los problemas, las necesidades y las metas, cambian... y conforme cambien, encontrará usted las nuevas respuestas que necesite, en "¡SEA EL MEJOR EN SU CAMPO!". Haga esto y dejará la tierra como un lugar mejor, porque así fue como usted transcurrió en ella.

13. EL SECRETO MÁS

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