2. SITUACIÓN DE LA PESCA EN ESPAÑA
2.5. Andalucía Atlántica
2.5.1. Huelva: Una Provincia de Tradición Pesquera
Hubo un tiempo no muy lejano en que no existían ferrocarriles y las carreteras eran caminos. Por entonces, los puertos eran los principales enclaves para el transporte y el comercio. Mediante la navegación de cabotaje se comunicaba el país, mucho mejor que con el transporte de arrieros. A la misma vez, el mar era una fuente proteínica y alimenticia para las comunidades cercanas y otras más lejanas que aprovechaban sus productos en forma de salazones y conservas. Por tanto, el mar suponía riqueza y la posibilidad de transportar productos, personas e ideas.
Hoy, el mar y el litoral son utilizados por el hombre no sólo para la pesca y el transporte, sino también para otros múltiples usos como el turismo y la urbanización, la extracción energética y de áridos, la nueva agricultura, etc. Ello genera no pocos conflictos y competencias por el uso de las franjas litorales y de los recursos de las aguas próximas.
La actividad pesquera y marisquera empieza en este litoral onubense desde muy antiguo. El hombre inició el aprovechamiento de sus ricas aguas interiores, que tendían a convertirse en marismas; después, serían los bajos fondos del mar; y con el avance de la tecnología pesquera, progresivamente, se adentró en mares cada vez más lejanos. Estos siguen siendo los mismos caladeros pesqueros pero mucho ha cambiado el
panorama: las artes, las técnicas, la flota, los recursos marinos, los puertos y sus hombres.
Pueblos como Ayamonte, Isla Cristina, Lepe, Cartaya, Punta Umbría y Huelva forjan, con el paso del tiempo buena parte de sus economías y de su idiosincrasia cultural en razón a esa cercanía y dependencia del mar que la geografía física ha querido ofrecerles.
Fenicios, tartessios, griegos y romanos conocieron y aprovecharon estos puertos para la explotación de los recursos pesqueros y, sobre todo, para la explotación de un interior onubense rico en minerales y metales preciosos.
Desde la baja Edad Media empezó a tejerse un importante transporte marítimo desde los puertos del Guadiana, Piedras y Tinto hacia Flandes, Inglaterra y costas africanas. Estas experiencias sirvieron para que los puertos onubenses tuviesen un papel esencial en el descubrimiento y colonización de un nuevo continente: América.
Durante siglos, en la pesca se sustentaba el devenir de la villa de Ayamonte. Ya a mediados del s.XIX sus pesquerías se abrían a todo el golfo de Cádiz y llegaban incluso a Larache, en el norte de Marruecos. Sus carpinterías de ribera y sus industrias de conservas y salazones – un total de 39 en los años cincuenta – también latían al compás de las capturas pesqueras.
Las posibilidades pesqueras explican la fundación del núcleo de Isla Cristina, cuya economía giró de siempre en torno a la pesca, la industria y el comercio de pescado prensado y en salazón. Entre 1919 y 1920 su puerto fue considerado el segundo de España en cuanto a capturas, llegando a contabilizar casi medio centenar de fábricas. Antes de la generalización del turismo, la corta historia de Punta Umbría estuvo caracterizada por una dependencia total con respecto a la pesca; que, hasta hace unos años, ocupaba a más de la mitad de su población activa.
La capital onubense también ha vivido del mar. La pesca de subsistencia en sus rías del Odiel y Tinto se transformaría a mediados del s.XX, surgiendo una poderosa flota congeladora que repartiría también sus beneficios con otros pueblos onubenses de donde procedía parte de la tripulación.
Pero, si bien el litoral onubense tiene un centenar de Kilómetros de ribera con el mar, sólo es en el tramo del Guadiana al Odiel-Tinto donde históricamente más se ha dado esta tradición pesquera y donde aún persiste. Y es que en el litoral oriental, hasta el Guadalquivir, la falta de puertos naturales, en estuarios o rías, ha dificultado dicha actividad. Además, la tradición pesquera ha desaparecido de los pueblos ribereños del Tinto – Palos de la Frontera y Moguer -, dado el aterramiento de sus embarcaderos y los efectos contaminantes de sus aguas.
A nivel de Andalucía, el valor de la pesca desembarcada sólo suponía en 1991 unos 52.000 millones de ptas. y unos 19.000 empleos, lo que significa el 0’7% del V.A.B. regional y el 1% del total de empleos; valores relativos, no obstante, que duplican a los registrados a nivel estatal. Pero estos indicadores aumentan en dos provincias marítimas: Huelva y Cádiz. Así, en la primera, la pesca representaba todavía en 1990 el 32% del V.A.B. y el 26’6% del empleo vinculado al sector primario provincial. Aún así, la importancia de la pesca se centra en un conjunto reducido de localidades costeras donde sigue siendo fundamental en sus economías locales, no sólo por el valor en sí de las producciones pesqueras, sino también por la incidencia de este sector en la industria salazonera y de conservas, el comercio, el transporte y otros servicios.
Por tanto, aunque la pesca aparezca ensombrecida por el vigor de otras actividades, como la agricultura de regadío y el turismo, no podemos olvidar que ha sido trascendental su papel para explicar la actual configuración económica, demográfica, urbanística y cultural de un puñado de pueblos costeros de Huelva, para los que sigue siendo importante este sector.
Este es el caso de Lepe, un pueblo que, hasta hace poco tiempo, fue una comunidad muy pesquera, muy marinera. Por ello, la atención de este capítulo se va a centrar en
los antecedentes históricos y en la realidad económica de la mar y los marineros en Lepe. Al mismo tiempo se abordan aspectos sociológicos que rodean este peculiar sector y que son semejantes a otros espacios de España y, en especial, del Suratlántico andaluz.
• Pesca de bajura y Congeladora en Huelva
A la hora de escribir sobre la pesca no podemos generalizar. Son comúnmente señaladas las enormes diferencias que existen dentro del complejo mundo de la pesca. Así pues, encontramos diferentes tipos de pesca según la especialización en las capturas, según la flota, los puertos o los caladeros. Del mismo modo, las vicisitudes y problemática de la pesca dependen de estos mismos factores. Pero anudando distintas clasificaciones, es nuestro objetivo formular una nueva división acorde con la realidad geográfica de los puertos onubenses.
De esta manera, coexisten una pesca de bajura, artesanal o de litoral y una pesca de gran altura, industrial o congeladora; y entre ambas categorías, hay una tercera, que se ha dado en llamar pesca de altura, con un tonelaje, potencia y autonomía de la embarcación intermedio entre los anteriores extremos.
En la provincia de Huelva, la pesca de bajura, se desarrolla al abrigo de las rías del Guadiana, Carreras, Piedras y Odiel y engloba a la mayoría de las embarcaciones, respectivamente, de Ayamonte, Isla Cristina, El Terrón-El Rompido y Punta Umbría; a las que se suman algunas del puerto a Huelva.
Las características básicas de esta flota es que son barcos de bajo tonelaje y equipamiento y construidos mayormente en madera; se faena en caladeros nacionales, próximos al puerto base, durante un período corto que oscila entre uno o siete días; el número de tripulantes es de uno a diez, con frecuentes lazos familiares y de amistad entre ellos, por ser en su mayoría del mismo pueblo. Respecto al trabajo, no hay una jerarquización clara, participando igualmente todos los trabajadores en casi todas las
faenas; las capturas son al fresco, utilizando sólo la nieve granitada para la mejor conservación.
La pesca de altura ofrece unas características intermedias entre la bajura y la congeladora. Son barcos, generalmente entre 50 y 200 T.R.B., y de mayor tecnificación que la primera. Pero su autonomía es todavía limitada, por lo que faenan y son tremendamente dependientes del caladero marroquí y sahariano. Buena parte de esta flota trabaja con artes de arrastre y las capturas se especializan en el marisco.
La pesca de gran altura o congeladora se concentra principalmente en el puerto de Huelva, con varias empresas de dimensiones nacionales. Suelen ser barcos de mayor envergadura, con más de 200 Toneladas de Registro Bruto y una autonomía casi ilimitada. Gran parte de su tripulación sigue procediendo de los pueblos pesqueros del Poniente de Huelva.
Parejo al agotamiento de los caladeros tradicionales y mediante la incorporación del frío como perfecto medio para la conservación del pescado, desde principios de los años 60, se fue desarrollando en Huelva esta poderosa flota congeladora. Fueron empresarios principalmente gallegos, quienes primero vieron las posibilidades de industrializar la flota y conquistar nuevos caladeros más allá de las costas de Marruecos y del Sahara. De esta manera se fue descubriendo la geografía costera de África: Cabo Blanco, Senegal, Cabo Verde, Punta Negra, Angola, Sudáfrica y Mozambique; haciendo acto de presencia los barcos onubenses hasta en Argentina, Chile y Brasil.
Al mismo tiempo, los astilleros de Huelva cobraron una inusitada actividad, construyéndose numerosos pesqueros y mercantes, favorecidos por una política pública de crédito y subvenciones. El casco de hierro sustituía al de madera y los motores de gasoil a las velas, remos y vapores. Los pesqueros cada vez se hacían más grandes y adquirían mayor autonomía. Podían trabajar en cualquier caladero mundial, casi sin ver puerto, con la ayuda de una flota mercante de las mismas empresas o asociadas que les
suministraban redes, combustibles, alimentación y agua y, al mismo tiempo, recogía los frutos de la mar: peces y mariscos ultracongelados.
Son barcos principalmente arrastreros, muy especializados en la captura de crustáceos, entre los que la gamba era la estrella, aunque también era la especie con mayor porcentaje de descartes (especies capturadas y devueltas al mar) frente al total capturado. La alta cotización de estos mariscos permitía una alta rentabilidad. Pero ésta última también provenía de pescarse en caladeros casi vírgenes, desbordantes de recursos marinos y no adueñados jurídicamente aún por los nacientes países africanos. Pero lejos quedan ya aquellos tiempos en que esta flota congeladora daba empleo a miles de marineros onubenses. La independencia de Namibia, a principios de los 80, conmocionó a una flota que parecía no creerse las repercusiones de la extensión de soberanía de mares territoriales y zonas económicas exclusivas. Unos años después hasta las capturas del fletán negro, en aguas internacionales, tendrá problemas. Por otra parte, las negociaciones con Marruecos cada vez son más difíciles, afectando a una flota muy especializada técnicamente en este caladero.
Estos y otros problemas de la pesca de altura y gran altura se siguen dando, porque Andalucía y España tienen las posibilidades de los caladeros nacionales y, por tanto, casi totalmente dependiente de caladeros ajenos.
En este contexto, hoy, el número de onubenses, isleños, leperos o puntaumbrieños se ha reducido drásticamente en este tipo de pesca, al compás de sus crisis. La aportación humana de estos pueblos se reduce a personal enrolado como técnicos y especialistas, y los marineros rasos tienen su origen, principalmente, en los países africanos, dueños de sus caladeros.