Los conocimientos de la Edad Moderna se caracterizan por el ardiente deseo humano de conocer el mundo. Este sentimiento proviene, de manera continuada, de la filosofía de los últimos años de la escolástica, representada por Duns Scoto y Ockham.
Así damos por terminado el estudio histórico de la Edad Media y pasamos, con el humanismo, a estudiar los hervores de la edad moderna. Este nuevo periodo corresponderá aproximadamente a tres siglos de vida. Pensamiento y búsqueda; comprende desde la ultima mitad del siglo XIV, hasta la primera mitad del XVI, continuado hasta el siglo XVIII por la ilustración.
En todo caso, aunque esta etapa histórica esta constituida por movimientos dialécticos y contrarios, no por eso dejan estos de ser entre sí complementarios. Por una parte, el pensamiento de la Edad Moderna viene a constituirse, en primer lugar, como una vuelta hacia la cultura greco-latina y, en segundo termino, se caracteriza por ser un movimiento que trae consigo el renacer de una revolución cultural.
Pues bien, estos dos movimientos serán denominados, a lo largo de la historia, con los nombres de humanismo y renacimiento. Al primero de ellos. Al Humanismo, se le asignan la segunda mitad del siglo XIV y la primera del XV, mientras que. Por su parte, el Renacimiento comienza en la segunda mitad del siglo XV y llega a alcanzar, en muchos aspectos, hasta los comienzos del siglo XVII.
5.1 Humanismo: Caracterización genérica.
Podemos señalar, en primera instancia, que la palabra humanista proviene de humanitas-correspondiente al griego paidea - e implica la búsqueda del desarrollo integral y armónico de la personalidad humana.
Fundamentándose en la concepción de la cultura clásica, los humanistas se basaban en el estudio de las artes liberales y presentaban como meta ultima el desarrollo intrínseco de las potencialidades del hombre, sin tener casi en cuenta ninguna finalidad practica. Como consecuencia de ello, se puede asegurar que tal educación no preparaba realmente al alumno para llevar a cabo ninguna profesión o actividad futura en el campo laboral.
Es indudable que los humanistas buscaban en los antiguos el ideal de la valoración humana, pero a la vez trataban de enriquecerlo con el estudio de las matemáticas, astronomía, ciencias, artes y ejercicios físicos, resultado de ello, finalmente, una síntesis de ideas clásico-literarias, cristianas y caballerescas al estudio del vocabulario, de las palabras, para luego, en un segundo momento, pasar al conocimiento de la gramática y, finalmente, de los autores y obras literarias. Solo en la medida en que las ciencias naturales presentaban figuras de estilo literario, eran consideradas por Erasmo como dignas de análisis y tratamiento instructivo.
5.2 El Renacimiento y el ideal educativo de los siglos XV y XVI.
Veamos de forma breve cuales son los cambios que se producen y que definen el movimiento del renacimiento, para luego analizar con mayor detenimiento sus características principales.
Al hablar de renacimiento, nos situamos ante un término que ha tenido, desde el principio de su utilización, un sentido extremadamente positivo. En efecto, el renacimiento marca y determina una clara ruptura con el pasado, designando a su vez un movimiento cultural que sobrepasa ampliamente el plano de la concepción filosófica y de la técnica.
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En este sentido, el renacimiento se identifica con una idea o un mito especifico de fuerza, de creación y juventud. Es, en definitiva, un hecho de cultura, una concepción de vida y realidad, que impregna las artes, las letras, la ciencia y las costumbres en general.
No se trata pues de un primer movimiento a favor de la antigüedad, continuado por una segunda etapa de ruptura, sino de una evolución activa del pasado. Por tanto, podríamos señalar que la diferencia entre la edad media y el renacimiento estriba sobre todo en el orden intelectual. Lo importante, desde nuestro punto de vista, es que el renacimiento nace con la ambición de cambiar la concepción medieval.
Como habíamos anticipado ya en nuestras anteriores paginas, con la aparición del renacimiento se cambia la visión teocéntrica por una más humana, más terrenal. De esta manera, el antropocentrismo moderno trae consigo una nueva forma de concebir a dios, al hombre y al mundo.
Pero, detengámonos unos instantes a analizar como evoluciona, a lo largo de la historia, la visión del mundo y como incide esta sobre la concepción pedagógica.
Primeramente diremos que, para los antiguos Dios es inmanente a la naturaleza, ser mitológico que solo se diferencia del hombre en grado. Mientras que el dios del medioevo es un dios espiritual.
Principio de todo, creador y ordenador del mundo, ser al cual el hombre esta subordinado, pues para el hombre medieval todo viene impuesto por dios.
Así, pues, hasta la edad moderna, sin abandonar el pensamiento religioso, no se posibilita la libre investigación científica.
Por otra parte, el hombre en la antigüedad es concebido como un microcosmos, como una pequeña parte del mundo que esta sujeta a las leyes naturales. Sin embargo, con la aparición del cristianismo, el hombre pasa a ser hijo de dios, ser hecho a imagen y semejanza de aquel que todo lo puede.
Así es como el hombre pasa de ser un microcosmos -ser creado como las demás cosas y seres vivos- a ser poseedor de capacidades espirituales, de voluntad, libertad e inteligencia.
Finalmente, ya en el humanismo, el hombre no solo es concebido como ser un creado, sino como un ser creador de su propio mundo. De ahí que el hombre no sea ya solo pasivo, sino sujeto capaz. Mediante su acción, de dominar la naturaleza y crear un mundo propiamente humano.
En cualquier caso, cada uno de estos pensamientos sobre dios y el hombre incidan sobre la concepción del mundo. Recordemos que, en la antigüedad, mas que estudiar y tratar de comprender al mundo, el hombre se había limitado a contemplar la naturaleza, que entonces consideraba superior a el, cuando realmente el hombre llega a concebir un dios creador, supone al mundo como obra de del señor pero, como ya sabemos, el humanismo no ve el mundo como naturaleza ya hecha por dios, sino como naturaleza que se va haciendo, en un continuo crear interno de cada uno de los seres que la componen.
5.3 El individualismo renacentista y su influencia sobre el ámbito educativo.
Como es fácil de comprender, esta evolución en el pensamiento humano hace que, a lo largo del renacimiento, se produzca la exaltación del hombre, siendo las pasiones y sentimientos humanos justificados por la misma naturaleza humana. Como consecuencia de ello, surge el individualismo aportando a los principios educativos una forma distinta de ver la relación maestro-alumno. De hecho, la misión del educador renacentista se limitaba entonces a promover las energías internas del discípulo, a través de las cuales el individuo era considerado como ser capaz de trazarse su propio plan de acción y de vida.
Pero hay que señalar que este individualismo egocéntrico traía consigo ciertas connotaciones negativas. En concreto, daba lugar a la dominación de los mas fuertes sobre los mas débiles, ya que, como señala Agazzi, es un ideal que, lejos de fomentar la grandeza del hombre, exalta el despiadado dominio del hombre sobre el hombre.
5.4 La reforma o la pedagogía protestante: Lutero.
Ayudado por la revolución religiosa del protestantismo, movimiento procedente de Alemania, la corriente e individualista se apodera de gran parte de Europa. Surge aquí la figura de Lutero, nacido en 1843 en el seno de una familia pobre, que viene a reivindicar el hecho de que cada cristiano tiene derecho a interpretar libremente las sagradas escrituras, al mismo tiempo que lucha, a través de la formulación de 95 principios teóricos, contra el abuso social en que se desenvolvía la vida de los indulgentes. Por ello, dentro de esta concepción reformista, la actividad física conserva la claridad y frescura mental y corporal propias de la juventud. Etapa evolutiva ésta última altamente considerada en la Iglesia, pues de ella surgen los maestros del futuro.
Podemos señalar que, mientras la cultura se iba difundiendo entre el pueblo gracias al invento medieval del papel y de la imprenta, el ideal educativo se va tornando hacia la formación del hombre completo, creador de su trabajo, de la historia y de la civilización. De esta manera, la metodología científica-especulativa pasaba a ser deductiva, basándose en el estudio de la experiencia sensible, transformándose, finalmente, la escuela de libros en escuela de la vida.
Con el paso del tiempo, se reflexiona sobre la necesidad de educar para la realización posterior de una profesión. Comienzan así las luchas en contra del pedantismo, en contra de las escuelas dirigidas por maestros sin saber vivo, sin enseñanza de vida. Evidentemente frente a ello la educación se va haciendo cada vez más creativa, con un contenido más práctico y concreto. Pero, desgraciadamente, la escuela de castigos, disciplina extrema y memorización mecánica, no toca verdaderamente a su fin hasta el siglo XIX.
Como ya hemos tenido ocasión de ver, en esta gran lucha contra el pedantismo de las escuelas participaron grandes humanistas como Erasmo de Rotterdam, Luis Vives, Francois Rabelais y Michel Montaigne, quienes, promulgaron, en primer lugar, la necesidad de una escuela antilibresca, de disciplina liberal, de ambiente sereno, de desarrollo integral del hombre mediante una preparación para la vida y para la actividad social, de respeto hacia la naturaleza del niño y hacia su personalidad; y en segundo lugar, abogaron por una educación familiar basada en el amor, la comprensión y la ayuda, alejándose así, de forma determinante, de la antigua concepción educativa autoritaria.
5.5 La Restauración católica: Ignacio de Loyola y la Compañía de Jesús.
Está claramente comprobado que, al comienzo del siglo XVI, la Iglesia católica sufre una crisis sin precedentes en la historia. Sus causas fueron claras: el excesivo lujo de la época, debido al enorme auge de los comercios y la burguesía; el desarrollo de las nacionalidades; el prestigio de que gozaban los reyes, rivalizando con el poder máximo representante de la Iglesia en Roma, y sobre todo el combate victorioso de los protestantes, representados por el pensamiento reformista de Lutero.
Frente a todo ello, la Iglesia católica se vio obligada también a llevar a cabo una reforma educativa, mediante la cual se mostraban explícitamente el avance y el progreso habidos en la sociedad.
Dentro de éste medio burgués, en donde reinaban los valores laicos, es donde reinaban los valores laicos, es donde, los jesuitas, con Ignacio de Loyola como adalid, comenzaban el movimiento de la Restauración católica, que más tarde es continuado, por la acción de Juan Bautista de la Salle, en el ámbito de la instrucción primaria. Con la finalidad de restaurar el movimiento cultural religioso, este vizcaíno, nacido en 1491 y muerto en 1556, reúne en 1534 un pequeño grupo de siete estudiantes y funda el embrión de lo que luego sería la Compañía de Jesús.
Con su máxima obra Ratio Studioorum, Ignacio de Loyola promueve una pedagogía basada en la educación de la inteligencia, finalidad que es alcanzada mediante una metodología fundamentada primeramente en la explicación razonada de un texto a partir de su análisis histórico, etimológico, gramático y literario. Luego se proporciona un tiempo determinado al debate e intercambio de preguntas entre los miembros de la clase acerca del tema, posteriormente razonado. Y finalmente los estudiantes pasan al estudio silencioso y memorístico de lo ya bien comprendido.
Si analizamos este método educativo, podremos ver cómo el gran mérito de Ignacio de Loyola consistió en saber llevar a cabo una organización pedagógica que conciliaba las valiosas aportaciones de los escolásticos, junto a las ideas más preponderantes de la renovación educativa de su tiempo.