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El humor en sentido diacrónico.

SEGUNDA PARTE: NOTAS PARA UN ENSAYO SOBRE LA RISA

6.4. El humor en sentido diacrónico.

La nula eficacia cómica de sus ejemplos, que tanto ha dificultado la difusión y el aprecio del estudio de Freud sobre el chiste, es un excelente referente de la subjetividad que caracteriza el fenómeno del humor, frente a la mayor objetivación que podemos encontrar según desentrañamos los mecanismos de lo cómico.

Esta subjetividad, que se basa no sólo en rasgos de carácter o de cultura, sino que también afecta al grado de originalidad, novedad o sorpresa que provoca un gag o un chiste, o cualquier suceso que consideramos cómico en la vida cotidiana, cuyo simple relato ya lo convierte en un producto humorístico culturalmente (conscientemente) elaborado, esta subjetividad, digo, debe ser considerada también en un sentido diacrónico. El humor está tan ligado a la sociedad y a la cultura, que difícilmente puede ser interpretado, como cualquier manifestación artística, si no aparece anclado en su tiempo y en el sistema de referencias culturales que, como una especie de código, sirven para su interpretación.

En cierto modo, podríamos analizar el proceso de conformación del humor como género, como el resultado de un proceso de evolución cultural, que va siendo progresivamente elaborado a partir de unos mecanismos primitivos, de un sentido de lo cómico.

Sin duda esa expresión de alegría del ánimo, que hoy comúnmente denominamos sentido del humor, debe ser tan antiguo como la humanidad, pues a buen seguro el hombre primitivo debió utilizar el mecanismo de la risa en la lógica evolución del aparato psíquico. Desconocemos en qué medida las pinturas rupestres pudieron representar alguna forma de humor gráfico, aunque la historiografía nos ha trasmitido más bien su función simbólica, representativa y mágica, ligada parece ser a ritos religiosos, de caza, o conmemorativos... Pero es una impresión generalizada que la manifestación de alegría del ánimo, aunque ignoro en este momento si existen documentos que puedan acreditarlo, que la necesidad del humor y su uso en la vida social debió de ser equivalente al resto de los sentimientos básicos del ser humano, como la tristeza, el miedo, el pudor o la necesidad de comunicarse. Sin duda, el humor debió de representar una singular forma de comunicación, como pueden atestiguar los antropólogos, que señalan las funciones del humor en las relaciones de cortejo y emparejamiento sexual de los seres humanos. Como hacen notar, una de las respuestas básicas al instinto sexual, es la risa, manifestación de respuesta a un estado de placer. No cabe duda de que el placer tuvo que existir para que el hombre pudiera hacer frente a la adversidad de un medio hostil, pero también dotado de los elementos para que el hombre desarrollara su vida con un cierto sentido de búsqueda de la felicidad a través del placer: los alimentos, la naturaleza, las relaciones sexuales y sociales, el nacimiento de unas normas para regular la convivencia, la invención del lenguaje, sin duda representan conquistas del hombre en la evolución de este sueño siempre perseguido y nunca alcanzado, que representa la felicidad, utópica plenitud del placer.

A pesar del hieratismo que aparece característico de las primeras representaciones de la figura humana, generalmente se ha reconocido como "naturalismo" la incorporación de expresividad en la cara de las figuras, que singularmente se representa mediante la sonrisa. Los retratos griegos y romanos ya ofrecen numerosos ejemplos, tanto en dioses como en humanos, de figuras amables que sonríen, expresión gráfica de que están capacitados para experimentar el placer.

A partir del primitivo rastro cultural del humor que aparece en la Grecia clásica, implícito en el Arte Poética de Aristóteles, pero también en textos de Esopo y Aristófanes, pero que no alcanza su verdadero significado (y puesta en escena, esencial para el humor entendido como género cultural) como expresión de la alegría en contraposición a la tristeza sino en el teatro griego, en la dicotomía entre tragedia y comedia, que se representa mediante la ya tópica máscara de la risa y el llanto. En la tragicomedia griega ya aparece esta concepción dual de la vida, en la que, como en los brazos de una balanza, el equilibrio aparece representado por tal contraposición. En la comedia, pues, hayamos un verdadero precedente del humor entendido como género cultural, y en ella ya aparecen los rasgos distintivos del placer que provoca la elaboración intelectual de lo cómico, como vemos en la sátira política, social y moral, característica de las grandes comedias griegas.

Podríamos considerar el mundo clásico romano (Fedro, Marcial, Apuleyo, Luciano...) como una proyección de los elementos humorísticos perfilados en la comedia griega, así como un cierto "humorismo" en la cultura medieval y renacentista, que bien podría estar representado por El Libro del Buen Amor o El Lazarillo de Tormes o La Celestina, o que está presente en textos de Leonardo da Vinci, Maquiavelo... etc... que sin llegar a constituir un género impregnan de humor las creaciones literarias.

A partir de estos precedentes, es en el mundo moderno cuando se van desarrollando no sólo los nacionalismos, sino las grandes corrientes culturales de las que irá surgiendo el humor entendido como género; éste, sin duda, no posee una única raíz, sino que apoyándose en un sentido bastante universal de lo cómico va desarrollando su propio proceso de elaboración, que impregna la cultura (y la mentalidad) de diferentes ámbitos sociales, de tal modo que hoy hablamos de un sentido del humor peculiar de cada cultura, si bien hoy, en plena globalización, tendamos a unificarlos mediante la difusión universal en medios de comunicación.

Así en la tradición española, con un fuerte sustrato popular que encontramos en la lírica tradicional, en las jarchas, en los juglares y en las tradiciones orales, no es sino humor lo que impregna ya la obra de Cervantes (el Quijote no es sin duda una novela de humor, pero si es uno de los más grandes exponentes del humor en la literatura universal), de Góngora, de Quevedo, Lope de Vega, etc.. que se proyecta en la cultura española del XIX (ya citábamos a Benito Pérez Galdós) y que enlaza con la tradición de un humor peculiarmente definido como español en la obra de Julio Camba, Wenceslao Fernández Flores, Ramón Gómez de la Serna, Jardiel Poncela, Miguel Mihura, etc... Paralelas líneas de elaboración cultural del humor aparecen en diferentes ámbitos: la Comedia dellÁrte italiana y la tradición humorística que representan Maquiavelo, Goldoni, Parani, Leopardo que enlaza con Sordi, Vitorio de Sica... La tradición francesa del humor de Rabelais, Voltaire, Dumas, Daudet.., que enlaza con Louis de Funes, Jean Anouilh, Jacques Tati..., etc.. La Inglaterra de Swift, Dickens, Oscar Wilde, Thackeray, George Bernard Shaw enlaza con Peeter Sellers... En Alemania la tradición podría estar representada por Sachs, Richter, Grimm, Reuter, Presber, Kluge... Como en Norteamérica, Irving, Poe, Twain, O´Henry, Pegler, Woody Allen, Mel Brooks...

De igual modo, durante siglos el humor se transmite exclusivamente por medios escritos, pero el humor gráfico y el desarrollo de las técnicas de ilustración en prensa vino a representar la creación de la caricatura, que se unió al chiste, en la expresión de productos culturales elaborados que sirvieron para ir forjando el humor como género. El paso definitivo lo dio el cine, con la incorporación del gag, exclusivamente visual con el cine mudo (Mark Sennet, Chaplin, Keaton, Oliver&Hardi..), que inmortalizó la aplicación de numerosos efectos cómicos procedentes de la comedia del arte y del circo, antes de llegar a crear, como una especialidad de la comedia cinematográfica, el cine cómico, basado en el concepto de situación, y en la elaboración de chistes verbales y

gags visuales...

6.4.1. La sonrisa de la Gioconda

Me he permitido elegir como ejemplo uno de los más universales misterios del arte, que es el que representa la sonrisa de la Gioconda, que siempre mereció la atención de los historiadores del arte y que no pasó desapercibida a Freud100.

100

FREUD, S. "Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci", (1910) versión castellana en Biblioteca Nueva, tomo v, págs. 1576-1619, traducción López-Ballesteros, Madrid, 1972.

Freud se refiere a la incomprensión de Leonardo por parte de sus contemporáneos, que queda reflejada en esta incomprendida sonrisa de Monna Lisa, esposa del florentino Francesco del Giocondo, en la que Leonardo trabajó durante cuatro años sin llegar a querer darlo por finalizado (como subraya Freud), sin entregarlo a quien lo encargó, llevándolo consigo a Francia hasta que le fue comprado por el rey Francisco I101. Es precisamente de esta desconfianza que suscita a sus contemporáneos de donde parte Freud en su repaso a lo que significa el enigma del controvertido artista florentino, recurriendo a Solmi para argumentar la tópica interpretación de que la afición por dejar inacabada sus obras tenía mucho que ver con su perfeccionismo y su curiosidad y su búsqueda llegar a la esencia misma de las cosas102.

Freud relaciona las representaciones de la figura femenina en Leonardo con la apelación al instinto sexual infantil reprimido, y su conocida tesis sobre las tres posibilidades (represión o inhibición erótica que da lugar a una neurosis; la resistencia intelectual ante tal represión, que sexualiza el pensamiento y acentúa las operaciones intelectuales de placer y angustia característicos de la obsesión; su sublimación, en lugar del retorno a lo inconsciente despoja a la obsesión de su carácter neurótico transformándola en ansia de saber, modelo que representa en este caso Leonardo).

Freud se muestra en la tradición de quienes se sienten fascinados por la singular y enigmática sonrisa de largos u ondulados labios, llamada leonardesca, característica de las figuras del maestro florentino, que constituye la superación del afán arcaico de pintar la sonrisa mediante una mueca de la boca en una cara rígida: me gustaría llamar la atención a que la peculiar sonrisa de Leonardo no procede sólo de la boca, sino de la expresión en su conjunto de la cara, una mirada y la posición serena de la cejas, una musculatura relajada, la frente sin arrugas, una expresión en conjunto placentera y bondadosa. Esencial, para el misterio, es la serenidad de la cara que se disocia, o se asocia en el misterio, a la propia expresión de unos labios arqueados sin acusar la tensión hacia arriba en la musculatura de la cara, tal como sucedería en una sonrisa fisiológica. El control por separado de cada elemento de la expresión de la cara nos recuerda a la imperturbable cara del jugador de póquer, fuente siempre de misterio. Su inexpresividad indica que oculta algo y de ese algo que permanece oculto nace el misterio.

La sonrisa de la Monna Lisa precisaba una explicación y ha encontrado muchas, pero

ninguna satisfactoria, dice Freud103 Con citas a Gruyer, a Muther, a Mütz, a Pater, a Herzfeld y a Vasari, Freud analiza las más clásicas interpretaciones que han dado los crítico del arte a la sonrisa de la Monna Lisa (expresión de la sensualidad, de la seducción, de la reserva de la intimidad, del pudor, incluso del propio placer que se desplaza del personaje representado al artista autor del retrato, que muestra en la sonrisa de la mujer su propio estado de ánimo, de tal modo, diríamos, que en al Gioconda sonríe Leonardo con la boca de una mujer). De todas ellas, Freud parece inclinarse del lado de quienes piensan que, en la Gioconda, Leonardo idealiza un modelo de mujer que nace de su infancia, que tiene que ver con la figura materna, o la suplantación de la figura materna de quien, como él, proyectó en otra persona que no fue su madre biológica los sentimientos edípicos. Por tanto, la Monna Lisa es una representación inconsciente del placer de la infancia, asociado a una sonrisa.

101

Op. cit. p. 1580. 102

Solmi, Leonardo da Vinci, en op. p. 1583. 103

Creo sinceramente que da igual la especulación sobre la causa de su sonrisa. La imagen de Leonardo expresa sobre todo el placer sereno, tranquilo, reflexivo y, en tal sentido, espiritual de una mujer que adquiere sensación de solemnidad simplemente por su sencilla naturalidad. Sin embargo, nunca se ha considerado un placer neutro, sino un placer enigmático, que nos hace preguntarnos por lo enigmática que resulta una sonrisa (frente al descaro de la risa) que encierra una forma mucho más sutil de expresión, más franca, más fácilmente fingida o "actuada" cara a la representación exterior del mundo interno de las sensaciones y los sentimientos.

La medida y enigmática sonrisa de la Gioconda nos hace pensar en las múltiples modalidades de expresar la alegría a través de la expresión en la cara que llamamos sonrisa, que si bien delata el placer del humor cuando se da, también encierra muchos fenómenos que pueden asociarse o no al humor, pero que son en general expresión del placer. La sonrisa aparece en la ternura, en la emoción que nos produce una música, en el intento de ocultar nuestros verdaderos pensamientos mediante una máscara que nos encubre o, simplemente, disimula nuestro enojo... Mediante la sonrisa manifestamos que deseamos ser aceptados, o intentamos mostrar el agrado que nos produce una persona... A veces utilizamos la sonrisa como una simple fórmula de cortesía, pero a veces la utilizamos como la más perversa herramienta para esconder nuestras verdaderas intenciones. La sonrisa es, sobre todo, representación. Muestra la fachada con la que nuestro inconsciente se proyecta hacia el mundo exterior, constituyendo una forma de lenguaje que nos encubre, o nos delata.