SEGUNDA PARTE: NOTAS PARA UN ENSAYO SOBRE LA RISA
6.3. La risa, en sentido fisiológico
Si como se afirma en Psicología, la alegría es una emoción básica en el ser humano y el humor es un fenómeno mediante el cual expresamos la alegría, el humor debiera haber sido estudiado con la atención que merece su importancia en la vida psíquica, pero en muchos ocasiones ha sido despreciado, precisamente, por tratarse de un fenómeno que tiene mucho de irracional, lo que parece enfrentarlo al ejercicio de racionalidad que representa siempre el análisis.
Si, como sostenemos aquí a partir de los argumentos de Freud, la risa tiene una elaboración inconsciente, hay dos aspectos en ella sólidamente identificados: uno es su
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aspecto fisiológico y neurobiológico, que conduce al análisis funcional de la risa como respuesta psicofísica que, como es evidente, es, después del llanto, una de las primeras manifestaciones del recién nacido. Otro es la implicación psicológica necesaria en la organización del proceso inconsciente primario que no es simplemente mecánico, aunque sí orgánico.
La integración de ambas es una de las tareas tal vez pendientes y en relación a ellas se manifestaba en un capítulo anterior la necesidad de no hacer del psicoanálisis un modelo excluyente, sino interrelacionado con el resto de las investigaciones en el ámbito de todas las Ciencias de la Salud, pero también del análisis de la cultura, la comunicación y, en definitiva, el resto de las actividades de la vida social del hombre, que es el auténtico escenario pragmático en el que surge y se desarrolla el humor, como un componente esencial de la vida de las personas. Desde esta perspectiva integradora, multidisciplinar y en cierto modo inespecífica aspiramos a comprender un fenómeno tan complejo e irracional como es el del humor. Lejos de menospreciarlo por irrelevante, pensando que no forma parte de las patologías y por ello no debe estudiarse, pensemos que su relevancia parte también en cierto modo de su ausencia, como indicador de salud, o de su uso con efectos terapéuticos, en la restitución del equilibrio psíquico y emocional .
Son muchos los trabajos de investigación referidos a los efectos terapéuticos del humor, en los que obligadamente se repasan las implicaciones fisiológicas del proceso. Un interesante resumen de importantes investigaciones (Cousins, Moody, Fry y Savin, Berk, Goel y Dolan, Rika Zaraï, Yoshino...) sobre terapia asistencial y los aspectos fisiológicos y clínicos del humor ha sido realizado por Jorge L. Tizón (2005) y también por Begoña Carbelo Baquero (2005), a los cuales nos remitimos como personas mucho más autorizadas en temas de salud clínica. No es propósito de este trabajo incidir en estos aspectos ya estudiados por personas mucho más cualificadas, sino tratar de buscar una relación entre procesos culturales e implicaciones fisiológicas, o psicológicamente primarias, tan abundantes en las manifestaciones del humor.
La tesis que aquí mantenemos es que los procesos fisiológicos son un referente primario del humor en la medida la satisfacción de una necesidad genera una tensión emocional, caracterizada por un gasto psíquico. Así hay una forma de humor de muy escasa elaboración intelectual, que es propio de los niños y que persiste en muchas personas adultas que no se han desarrollado mucho culturalmente o que en sus conductas mantienen una firme vinculación con los procesos primarios.
Me refiero, por ejemplo, al humor tradicionalmente etiquetado de caca-culo-pedo-pis, de eficacia universalizada y, yo diría, intercultural, denostado por quienes hacen gala de refinamiento, aun cuando secretamente son pocos los que sucumben a sus efectos, si quiera en momentos de descuido o relajación de sus expectativas intelectuales.
Culturalmente es un humor tachado de desagradable. La educación lo reprime en los niños y es causa de menosprecio de los adultos (recuérdense los antaño populares
chistes de Jaimito). Entre los profesionales del humor se le califica de un recurso fácil o barato. Pero, aunque siempre conduce al menosprecio, el humor escatológico alcanzó
Francisco de Quevedo96 y en la literatura marginal, alternativa (o contracultural, diríamos hoy) que también tiene una raíz clásica (la erótica, la satírica, la macabra, etc, que son de enorme interés para el trabajo psicoanalítico).
Sea como fuere, la simple mención a un elemento escatológico, comúnmente suscita risa y libera placer. Esto explica el abundante uso de las palabrotas, que casi todas ellas quieren ser una forma ingeniosa y recurrente de presentar lo escatológico. Ni que decir tiene de la continua mención de los órganos genitales, tan recurrente en personas que quieren resultar simpáticas ante los demás. Si se consigue apelar al humor, la sociedad es muy permisiva con cualquier expresión soez, pues siempre hay un sentimiento de gratitud hacia quien nos hace reír, pues nos permite liberar resistencias y hallar placer en ello.
Recuerdo un profesor de "Narrativa audiovisual", en mis años de estudiante en la universidad, que decía tantas veces la palabra coño para dar rotundidad y gracia a su lenguaje, que los estudiantes jugábamos secretamente a contarlas. En una clase, dedicada a mostrar la admiración del profesor por el cine de Hitchcock, llegamos a contar hasta ciento diecisiete "tacos" en cuarenta y cinco minutos de clase, todo un récord digno del Guinness. Curiosamente no son sólo los hombres quienes incluyen en su lenguaje las continuas menciones al órgano genital femenino, sino que son las propias mujeres, seguramente por simple emulación, o porque también encuentra un extraño placer en ello, las que continuamente aluden a su atributo sexual.
No quisiera hacer escatológico este análisis, pero está en la mente de todos que las obscenidades constituyen una fuente de placer inagotable a la que se entregan indistintamente personas de toda edad y condición, y que el humor forma parte del soporte social que admite el uso indiscriminado del buen gusto. Como ya apuntábamos, se disculpa siempre una expresión soez si nos hace reír, pero si resulta fallida como recurso al humor, se la considera imperdonable, despertando el ánimo censor. Es curioso que muchos padres que dicen constantemente palabrotas, intentan (con ineficacia manifiesta, claro) reprenderlas en sus hijos.
Entre los humoristas profesionales, especialmente entre cómicos con oficio, aquellos que dominan muy bien la difícil técnica de sacar una carcajada al público en el momento necesario o indicado (para levantar una función, por ejemplo), se utiliza con eficacia este recurso a lo escatológico, con un arma infaliblemente popular. Una veterana actriz cómica, hoy ya retirada, me confesaba en una ocasión que ella había aprendido este recurso de otro veterano de nuestra escena, quien afirmaba: "cuando me
olvido del texto suelto un palabro y mientras el público se ríe tengo tiempo para pensar... si no doy con la frase que me toca, suelto otro palabro y mientras el público prolonga su carcajada, doy tiempo al apuntador para que me sople y me saque del apuro". Y es que "un palabro" encaja casi en cualquier parte y en cualquier momento en
el contexto de una situación cómica.
A veces el recurso es tan inconsciente que su uso escapa la voluntad. Recuerdo una anécdota contada por mi buen amigo y extraordinario humorista Guillermo Summers, que ya incluí en un trabajo sobre la evolución de los programas dramáticos de
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televisión97, que durante la emisión en directo de un tele-teatro en la recién inaugurada y mítica televisión del Paseo de la Habana, a un actor (a pesar de todas las advertencias previas) fue traicionado por el subconsciente, o la veteranía, se le escapó un ¡coño! en directo, que resonó como un auténtico sacrilegio en los atentos oídos de los censores. Al ser consciente de lo que había dicho, enmudeció, quedó bloqueado por el terror ante aquel desnudo de su irracionalidad y sólo la solvencia de sus compañeros de reparto sirvió para sacar adelante la situación, con algo de surrealismo, pero el actor fue inmediatamente despedido y nunca más volvió a aparecer en la pequeña pantalla. Aunque la situación hoy nos parezca anacrónica, me gustaría recordar el reciente escándalo generado en Estadios Unidos cuando emergiendo del escote de Jannete Jackson, en un dueto con Justin Timberloke, afloró por unos instantes un pecho de la cantante, en directo. Algo tal vez regocijante si se juzga espontáneo, un gag que hubiese sido admitido en cualquier película de serie B, se estimó tendencioso y pasó a convertirse en una agresión a la moral, suscitando un verdadero escándalo que, sin duda, engrosará las anécdotas de la Historia del humor, seguramente en un capítulo dedicado al absurdo98.
Esto da que pensar no sólo sobre la indudable eficacia popular del humor primario referido a los órganos sexuales y a lo escatológico, sino como la mejor prueba de la eficacia del humor como arma popular, que nace de la hilaridad que acompaña la propagación pública de algo que en privado hubiese resultado irrelevante.
Si lo primario referido a la conducta suele identificarse con lo fisiológico, aquello que precisa de menor elaboración intelectual, en un sentido social creo que puede considerarse primario todo lo que significa escaso desarrollo intelectual.
Esta hipótesis la mantengo para justificar la eficacia de los chistes de paletos, que a mi modo de ver debe relacionarse con la eficacia de los chistes escatológicos. Si el chiste
tendencioso es en la escala freudiana el de mayor grado de elaboración intelectual, este
tipo de chiste aparecería en la zona subterránea de la escala, pues ni tan siquiera creo que se deban equiparar a los chistes inocentes, que son los que entroncan con la raíz infantil del chiste. Si en el chiste inocente, como en el escatológico, asoma una raíz primaria que responde a la falta de desarrollo de la personalidad, en los chistes de
catetos creo que lo que prevalece no es un estado primario infantil, sino un desarrollo
hacia lo primario evolucionado que llamamos brutalidad, por lo que lo sitúo, apelando al humor del lector, en la escala subterránea. Si lo ingenuo está en el grado 0º y lo inteligente puede representar un avance en positivo en la escala de la elaboración intelectual, lo bruto (la obcecación en la ignorancia primaria) me parece que debiera situarse en una escala negativa. Naturalmente, esta es una escala de broma, que espero pueda ser admitida, incluso científicamente, en un estudio sobre el humor.
Revisando diferentes antologías de chistes, vemos que en la común agrupación "por
géneros" , junto a los chistes verdes, los referidos a los curas y las monjas, los de
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GARCIA SERRANO, F. "Evolución del lenguaje dramático en televisión", en Cuarenta años de televisión en España, Cuadernos de la Filmoteca de Valencia (1996)
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Mes de febrero del 2004. El país americano, sobrecogido, opinó, juzgó, criticó, tachó y hasta repudió tal acto. Lo que a primera vista pareció un gesto atrevido pero sin demasiada importancia, resultó ser la puerta que abrió todo un debate sobre la censura en el país. Desde entonces la cadena que retransmitió el acto retardó cada programa en directo 10 segundos para estar prevenidos en caso de actos similares.
Jaimito, etc.. , uno de los capítulos que parece obligados es el de los chistes de pueblerinos (un subgénero monográfico lo constituirían los célebres chistes de Lepe). Siempre me llamó la atención que es precisamente en ambientes rurales donde mayor éxito y difusión tienen estos chistes, lo que confirma la tesis de que el humor, como exponente de la salud, nada tiene que ver con la condición social e intelectual, y si mucho con la capacidad para reírnos de nosotros mismos. Todo aquel que carece de esta capacidad, como ya apuntara Freud, posee tan sólo un sospechoso y limitado sentido del humor, por no decir que carece de la más elemental de sus condiciones.
Pero, como lo escatológico, la apelación a lo intelectualmente primario, también demuestra su potencial capacidad para constituirse, a través del humor, en un fenómeno social. Un buen ejemplo de esto, lo hemos sufrido / disfrutado este último verano. Me refiero, como no, a la canción del verano, machaconamente escuchada por la radio y la televisión de este país en los días previos y durante el mundial de fútbol y, como resaca, durante el resto del verano: el "Opá", del Koala.
El "Opa" y el Koala: "Opá, yo vi acé un corrá", regresión primaria
A primera vista, sorprendente el éxito de este verano de El Koala con su canción "Opá", por él mismo calificada, humorísticamente, como "rock rústico de lomo ancho". Si llama nuestra atención es porque su éxito, como la propia canción, despierta una sonrisa, por lo que tiene de triunfo de un producto rural y primario, en un mundo dominado por el marketing y la desesperada búsqueda de novedades con las que saciar las expectativas del público, preferentemente joven, que marca tendencias en el mundo de la música roquera. Contraste que forma parte del fenómeno que avala su éxito. Para que todos nos situemos, ha sido muy sencillo encontrar en la web de El Koala99 la letra de la canción, así como el videoclip, objeto de millones de visitas y descargas en estas últimas semanas, especialmente coincidiendo con su utilización emblemática en el lanzamiento de una cadena de televisión, La Sexta, que salió al mercado aprovechando el fenómeno mediático del mundial de fútbol, con diferentes versiones e iconografías. Pero nosotros valoraremos, en principio, el original:
Letra de la canción de el koala (Rock rústico de lomo ancho)
Opá, yo vi acé un corrá, pa esha gallina y pa esha minino Opá, yo vi acé un corrá, pa esha perdice y pa esha pajarillo Opá, yo vi acé un corrá, pa esha guarrilla y pa esha guarrillo Opá, yo vi acé un corrá, pa esha potra, ¡ay con su potrillo! Yo t'ayuo a arrancá la guzzi, yo t'ayuo a pinta el land rover,
yo t'ayuo a sacá las papas, yo t'ayuo a lo k'haga farta.... pero que sepas que.... Opá, yo vi acé un corrá, pa esha gallina y pa esha minino Opá, yo vi acé un corrá, con tu permiso, hago un corralillo.... Tengo las maeras, y tengo dos tablones.
La chapa, der tejao, la he sacao d'unos bidones..
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.tengo las maneras y tengo las intenciones...opaito...
er domingo empiezo a ver si tengo cojones...¡¡OPá!!!!
(punteo wapo...)
Opá, yo via hace un corrá, pa esha coneja y esha conejillos Opá, yo vi acé un corrá, pa esha una perra, ay con sus perrillos Opá, yo vi acé un corrá, pa guardar cosas y hasta la amotillo Opá yo vi acé un corral, con tu permiso hago un corralilloo... Yo t'ayuo a barré los chumbos, yo t'ayuo a quemá ramón,
t'ayuo a lo c´aga farta, t'ayuo t'ayuo a tooo!!...pero que sepas que.... Opá, yo vi acé un corrá, pa esha cabrilla y sacá shivillos Opá, yo vi acé un corrá, pa esha guarrilla y sacá guarrillos...oink oink Opá, yo vi acé un corrá, con tu permiso yo hago un corralilllo Opá, yo vi acé un corrá, en las afueras, de Gibraltar el shico... Yo vi acé un corrá...(repetido ,muchas veces).... Opá, Opá, Opá, Opaito... vi acé un corraaaaaaalllllllllll
Podemos recordar que no es la primera vez que una canción de contenido jocoso, nacida en un contexto popular, plagado de referencias contraculturales, obtiene el refrendo comercial y lo que esto significa: aceptación masiva del público, presencia en los medios de comunicación, fenómeno económico de ventas, impacto social y cultural. La tesis que mantenemos, seguramente obvia, es que es precisamente el contenido humorístico del tema, como tantas veces ocurre, lo que provoca ese sentimiento de placer que acompaña las reacciones jocosas del público, singularmente proclive a ellas en temporadas estivales, en las que se asocia la vida a la relajación de costumbres y deberes, a las vacaciones. En otras palabras, Opá explota algo tan aparentemente obvio como la necesidad de reír, la necesidad de descargar tensiones acumuladas a lo largo del año; lo hace a través de algo tan extraordinariamente complicado (y buscado en el mercado discográfico), como es sorprender al público con un producto que cae en
gracia, en el momento oportuno y contando con los respaldos que posibilitan su
inserción en el mercado, en sintonía de público e industria discográfica.
No es la primera vez, ni mucho menos, que algo así sucede. Sólo hace falta remontarse al verano del 2003 para encontrar un fenómeno muy similar, nacido esta vez de una serie de spot comerciales de la ONCE, entre los que recordamos singularmente el titulado: "Las tapitas"
jefe, ven acá pacá/ Jefe, ¿qué es lo que tiene?/ ¿Que qué es lo que tengo? Que tengo de tó./
¿Que qué es lo que tengo? Que tengo de tó. Tengo gambas,/ tengo chopitos,/ tengo croquetas,/ tengo jamón,/ Tengo morcilla,/ tengo ensalá./ Tengo unas huevas mu bien aliñás. Jefe, que no me he enterao/Jefe, ¿que qué es lo que tiene?/ ¿Que qué es lo que tengo?, ozú qué pesao/
¿Que qué es lo que tengo? Que tengo de tó. Tengo gambas,/ tengo chopitos,/ tengo croquetas,/ tengo jamón, / tengo morcilla,/ tengo ensalá./ Tengo
unas huevas mu bien aliñás/. Y ensaladilla de confianza
¿Lo prefieren en peculiar spaninglish?
Míster, come on va pacá/ Míster, qué es lo que you have/ ¿Que qué es lo que I have? I have de tó/ ¿Que qué es lo que I have? I have de tó I have gambas,/ I have chopitos,/ I have croquetas,/ I have jamón,/ I have morcilla,/ I have ensalá./ I have unas huevas very good aliñás.
Míster, I don’t understand/ Míster, qué es lo que you have/
¿Que qué es lo que I have? Ozú qué pesao/¿Que qué es lo que I have? I have de tó I have gambas,/ I have chopitos,/ I have croquetas,/ I have jamón,/ I have morcilla,/ I have ensalá./ I have
unas huevas very good aliñás./ And confiation ensaladilla
Sólo hace falta echar un vistazo a las canciones del verano de las últimas décadas y observaremos como el fenómeno se viene repitiendo cíclicamente. Tan sólo mencionaremos:
"Asereje" (Las Ketchup). 2002 "Probe Miguel" (Triana Pura). 1999
"Cachete pechito y ombligo" (King Africa), 1996 "El tractor amarillo" (Zapato veloz) 1991
"Aquí no hay playa" (Los Refrescos), 1988
"Ellos las prefieren gordas" (Orquesta Mondragón), 1987 "Qué es que sé se merdé" (La Trinca) 1983
"Los pajaritos" (María Jesús y su acordeón. 1981 "La Ramona" (Fernando Esteso) 1976
"Saca el güiski cheli" (Desmadre 75) 1975 "Borriquito como tú" (Peret) 1971
"Juanita Banana" (Luis Aguilé), 1966
Creo que son datos suficientes como para merecer una breve reflexión, que ilustra muy bien la tesis de que el humor, considerado como fenómeno social, nace también de una descarga de tensiones sociológicas acumuladas (dimensión social de un inconsciente
colectivo), en la búsqueda de un equilibrio que casi podríamos calificar de terapéutico,
pero que encuentra una expresión sin ropajes ni disimulos en la necesidad de descarga, mucho más primaria que las fuerzas represoras que exhibimos socialmente. Sucede así, que a la primera impresión peyorativa sobre el carácter banal y degradante sobre la pobreza intelectual de los contenidos de los mensaje que difunden masivamente estas canciones, sucede la idea exculpatoria sobre el efecto terapéutico que acompaña siempre